Todo es una mierda, pero merece la pena, como la vida.

Todo es una mierda

Todo es una mierda

4 Stars

Summary

Luke (Jahi Di'Allo Winston) y sus amigos viven en un pueblo en el que no pasa nada llamado Boring. Esperan que al comenzar el instituto arranque su popularidad y para ello deciden apuntarse al club de audiovisuales, lo que sacudirá sus vidas, pero no de la manera que habían imaginado.

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Un título como declaración de intenciones, un uso deliberadamente oportuno de la nostalgia y una década inexplorada pero cada vez más de moda: los años noventa.

Bajo este reclamo, además de contar con el sello Netflix, nace la nueva serie de adolescentes del momento. Instituto americano de una localidad tan remota como improbable llamada Boring. Un puñado de protagonistas sin nada especial a la vista, pero que en cuanto te molestas en conocer se convierte en gente fascinantemente normal (como cualquiera de nosotros ¿no?).

Un piloto que tira para atrás hace peligrar el éxito de esta nueva propuesta de Netflix, que estrena siempre sus series en viernes con toda la intención de que sean consumidas del tirón en un fin de semana. Esta serie no engancha. De hecho tiene un primer capítulo bastante anodino donde encontramos a unos protagonistas que recuerdan sospechosamente a los personajes de algunas de nuestras series favoritas. El mayor ejemplo de ello es Tyler (Quinn Liebling) que es una copia descarada de Dustin de "Stranger things", que aunque menos carismático que él, se le termina por coger cariño. Como a todos los demás.

Una historia de amor forzada que no cuaja, unos personajes perdidos y una trama que no acaba de arrancar hasta el mágico cuarto episodio. De hecho el final del tercer capítulo sienta las bases de la temporada en su escena final, cuando los tres protagonistas y su nueva amiga Kate deciden aplicar el dicho de "si no puedes contra el enemigo, únete a él" y proponen la unión de los enemistados grupos de audiovisuales y teatro para forjar un proyecto juntos en forma de película.

La fórmula de unir a los grupos antagónicos del instituto por un proyecto cultural común ya se utilizó en "Glee" de manera muy exitosa, pero es un formato que funciona porque emociona y consigue hacer evolucionar a los personajes que por fin sienten ilusión por algo en su hastiada adolescencia.

Los personajes

"Admitimos el hecho de tener que quedarnos castigados todo un sábado por habernos portado mal, pero pensamos que está usted loco al intentar forzarnos a escribir un ensayo explicándole quiénes creemos ser, porque usted simplemente nos ve como quiere vernos. En pocas palabras, la definición más conveniente sería que hemos sacado en limpio lo que hay en cada uno de nosotros: un cerebro, un atleta, una irresponsable, una princesa y un criminal."

Así terminaba la poderosa película de John Hugues "El Club de los cinco", donde cinco inadaptados de diferentes estratos sociales del instituto coincidían en un día de castigo que cambiaría para siempre su manera de verse unos a otros y a sí mismos. Sin apuntar tan alto, pero tomando como referencia al director de Michigan, en "Todo es una mierda" se pone un objetivo común a un puñado de adolescentes sin esperanza que viven en una ciudad remota donde no pueden tener sueños ni ambición y con ello dar un vuelco a sus vidas.

Con la esperanza de poder conquistar a la chica de la que se ha enamorado, Luke (Jahi Di'Allo Winston) saca partido de su afición al vídeo y se apunta junto con sus amigos Tyler y McQuaid (Rio Mangini) al club de audiovisuales donde deciden emprender el proyecto de hacer una película. La chica de la película se llama Kate (Peyton Kennedy) y, exceptuando su nombre, nada es convencional en ella. Es la hija del director del instituto (Patch Darragh) y huérfana de madre, lleva la ropa que le compra su padre y no es precisamente la más popular ni femenina. Sin embargo Luke ve algo en ella y se enamora, pero sin sospechar que él no es exactamente su tipo. Kate se encuentra en plena pubertad y las hormonas le van avisando de lo que le gusta y lo que no, y parece que se queda mirando más a la explosiva chica más popular de la clase que a su amigo y pretendiente.

Años de infrarrepresentación en la ficción han llevado a una sobredosis de personajes homosexuales femeninos en las series de los últimos años, sin embargo la manera tan certera y alejada de lo estereotipado que tienen de enfocar el despertar sexual de cada una de ellas, se sigue haciendo necesario. Kate no tiene claro lo que quiere, pero cada vez tiene más claro lo que no quiere. Que la etiqueten, besar a Luke o enfrentarse a un mundo que cada vez se le hace más difícil.

Sin embargo entre Luke y Kate se irá formando una relación más profunda que nada tiene que ver con el romance: se hacen verdaderos amigos. Pensando que "es lo que hacen los novios" Luke se desvive por hacer feliz a Kate y le obsequia con regalos maravillosos como escaparse a un concierto de su cantante favorita Tori Amos. Ella se siente cada vez más culpable de su falta de deseo por Luke y le acaba culpando de su propia infelicidad, a lo que él responde con mal genio y chantaje emocional.

Lo que podría ser una relación del todo tóxica, el de Kate utilizado a Luke como tapadera y el de Luke esperando que ella cambie de opinión y se enamore de ella se termina convirtiendo en una relación preciosa de amistad. Por otro lado tenemos a la pareja más guapa del instituto, y no son la jefa de animadoras y el quarterback del equipo de fútbol, en este micromundo los más deseados del instituto son los mejores actores del club de teatro, que representan sus idas y venidas amorosas en el escenario del instituto: Emaline (Sydney Sweeney) y Oliver (Elijah Stevenson). Emaline proyecta su vida a la sombra de su novio y de lo que esperan todos que sea, por lo que su falta de personalidad la hacen ser una bruja al principio. Lo mismo con Oliver, un auténtico tirano que se cae del pedestal a lo largo de los capítulos.

Los personajes secundarios van adoptando más protagonista y se crean relaciones inesperadas y entrañables como la de Oliver con Tyler o la de Emaline con McQuaid, y se crean escenas verdaderamente memorables entre todos mientras ruedan la película. Esa película tan marciana como ellos se convierte en lo que hace que todo deje de ser una mierda. Que llegue ser incluso razonablemente guay.

Los padres

Uno de los mayores aciertos de "Todo es una mierda" es que dota a los padres de los protagonistas de una personalidad y una trama independiente a la de sus hijos, y a su vez consigue crear con ellos una relación paterno-filial encantadora.

Ken Messner, el padre de Kate se ha desvivido por su hija desde que se quedara viudo diez años atrás. Es el director del instituto y sabe cómo funcionan los adolescentes, pero se le escapa completamente lo que está sucediendo en la vida de su hija, y consigue acercarse a ella de la manera más inesperada al empezar a vivir su propia vida. Sherry O'Neill es la madre de Luke, que acude al despacho del director del instituto para hablar sobre una pequeña fechoría de su hijo, y de la manera más sorprendente, consigue conectar con Ken de una manera que no esperaba.

El romance que se va forjando entre ambos personajes resulta muy emotivo, la química entre ambos personajes funciona y uno no puede evitar alegrarse porque estos dos adultos que se habían rendido con su vida encuentren por fin la felicidad.

Coming of age noventero

La serie aprovecha descaradamente el tirón de la nostalgia, y pese a que le cuesta arrancar al principio, donde lo único que destaca es la estética noventera y la música molona. Sin embargo, el rodaje de la película hace que salga lo mejor de los personajes, y que se lleguen a formar momentos inolvidables que llegan al corazoncito: la charla en el túnel entre Kate y Luke, la primera cita entre Ken y Sherry, el final de la película, el viaje a Dominguez Rocks, la evolución de la relación entre Emaline y Kate...

Salvando las distancias, intenta ser un "Dawson crece" con toques de John Hugues y "Stranger things" al mismo tiempo, y si hay una segunda temporada, esperemos que consiga definir su tono y seguir por el camino de la emoción que adoptó en los últimos capítulos, que si se lo propone, puede convertirse en el coming of age que necesitan los millenials.

     
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Beatriz Parra

Culpo a Jim Halpert de mis altas expectativas en cuanto a hombres. A Lost de mis altas expectativas en cuanto a compañeros de vuelo y a Leslie Knope de mis altas expectativas en cuanto a la vida. De lo demás al cine, que ha hecho de mí lo que soy.

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Culpo a Jim Halpert de mis altas expectativas en cuanto a hombres. A Lost de mis altas expectativas en cuanto a compañeros de vuelo y a Leslie Knope de mis altas expectativas en cuanto a la vida. De lo demás al cine, que ha hecho de mí lo que soy.