The Walking Dead 10×02: We Are The End Of The World

The Walking Dead 10x02: We Are The End Of The World

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Series: The Walking Dead

4 Stars

Summary

Los Susurradores vuelven a ponerse en marcha para reunir un gran grupo de caminantes.

Coder Credit

Una semana más volvemos a sumergirnos en el apocalipsis, a bailar con los muertos y escuchar el sonido musical de los gruñidos de los caminantes. Es tiempo de revolcarse en la tierra, ponerse las máscaras y echar la vista atrás hasta los orígenes de Alfa y Beta.

Y es que los Susurradores no se entienden sin esta particular pareja. Mientras se suceden los acontecimientos que pudimos ver en el episodio de la semana pasada, los Susurradores vuelven a ponerse en camino. El invierno ya ha pasado y es hora de volver a traer de vuelta a los muertos, de juntar al rebaño y a la manada y de ver qué se cuece en el territorio de caza de los Susurradores.

Sin embargo, lo sucedido la temporada anterior no solo ha dejado una huella en forma de cicatriz en los supervivientes de las comunidades. En el grupo de Alpha empieza a haber dudas. Han visto que hay otro modo de vida más allá del vagabundeo errante de las hordas de caminantes. Los Susurradores han visto con sus propios ojos que se puede coexistir con la muerte, que los supervivientes pueden vivir en grupo como una verdadera comunidad civilizada donde nadie tiene que renunciar a nada. 

¡Si hasta la misma Alfa vive con el fantasma de Lydia! La líder de los Susurradores no pasa por su mejor momento. La marcha de Lydia la ha herido profundamente. Según las creencias del grupo Lydia ha muerto. Ya no forma parte de ellos y no deben recordarla ni pensarla. Su mantra de no querer a nadie para ser libres y poder ser unos con la muerte les obliga a hacer este tipo de sacrificios. Fue ella misma la que obligó a una joven madre a deshacerse de su bebé por el bien de la manada. Ahora esa madre vive torturada por el fantasma de su hijo, igual que ella con Lydia. La diferencia es que Alfa aún tiene que tratar de ocultar esa debilidad que la empequeñece y que mina su autoridad frente al grupo.

Beta lleva meses viendo cómo Alfa se tortura por ser víctima de una debilidad que la hace humana. Como su  mano derecha le preocupa que estas muestras de debilidad se contagien al resto del grupo y trata de hacer todo lo posible para que Alfa reaccione vuelva a ser la que era. No duda en ser la mano férrea que castigue al que transgreda el código de Los Susurradores.

Mientras somos testigos de la lucha interna de Alfa y de las dudas que comienzan a gestarse en la manada, vemos escenas del pasado de Alfa. Retrocedemos siete años y vemos a una Alfa que comienza a andar con los muertos agarrada a una pequeña Lydia. La niña se asusta al ver el ataque de unos caminantes a una pobre superviviente que se ha dejado dominar por el pánico. De nada les sirve tratar de andar y moverse como los caminantes. La niña es demasiado apetitosa y sus gritos les atraen sin remedio. Alfa coge a la niña de la mano y echa a correr buscando refugio en uno de los edificios cercanos.

Parece que todo está perdido para la madre y la hija pero Alfa consigue in extremis abrir la puerta de un oscuro edificio. Una vez en su interior se dan cuenta que no están solas. En el pasillo les espera un hombre corpulento con un pasamontañas que les permite quedarse en el edificio siempre que no pasen del corredor.

Por unos momentos vemos la complicada relación entre madre e hija. Está claro que Alfa no va a dejar que nada le pase a la niña pero queda más que patente el disgusto de la madre al ver que su hija no se parece en nada a ella. A Lydia le cuesta adaptarse a esta nueva vida y por mucho que lo intente no puede evitar sentir miedo rodeada de muertos. La vemos por momentos tratar de hacerse la valiente rechazando dormir con su conejo de peluche, como si con eso bastase para ser tan fuerte como su madre. En un momento de valentía y coraje la niña le dice que la quiere y que no la decepcionará. Lejos de sentir orgullo o cariño por las palabras de Lydia, Alfa se molesta y le dice a la niña que no vuelva a llamarla Mamá. La pobre Lydia no puede ocultar que su mayor temor es que su madre la abandone lo que, curiosamente, no deja de ser una muestra de debilidad más de la pequeña a ojos de su madre.

Resulta que el lugar al que han ido a parar madre e hija es un viejo manicomio y por la extraña manera que tiene de comportarse el hombre podría decirse que se trata de un viejo morador del lugar. El hombre le llega a decir a Alfa en cierto momento que le gusta cuando los muertos cantan por lo que muy bien no puede estar de la sesera. Juntos se deshacen de unos cuantos caminantes y Alfa le confiesa que le gusta matar con él. El hombre le dice que ella es diferente y juntos evisceran los cadáveres. Es entonces cuando ella decide llamarlo B autodesignándose a sí misma A. Alfa le explica que en el mundo hay dos tipos de personas: los valientes que caminan con los muertos y el resto. Parece que ambos han llegado a una especie de entendimiento y reconocimiento mutuo. Tras este acercamiento, Alfa trata de quitarle el pasamontañas al hombre para poder ver su rostro. El hombre se aparta y se levanta a toda prisa diciéndole que tiene que  marcharse al amanecer.

En mitad de la noche, la pequeña Lydia se despierta y se cubre la cara con la sangre de los caminanes repitiendo una y otra vez a modo de mantra “Ahora todos somos monstruos”. Alfa corre en pos de su hija. Su búsqueda le lleva hasta las dependencias del hombre donde encuentras viejas fotografías en las que las caras han sido borradas. El hombre descubre a Alfa y se enzarzan en una pelea. De pronto un caminante aparece detrás del hombre y Alfa le da muerte para consternación del hombre. Por las ropas que lleva es uno de los hombres de la fotografía. Lydia evita que la pelea llegue a mayores. El hombre está consternado. Alfa le invita a caminar con ella por la oscuridad del mundo. Él le replica “yo soy el fin del mundo” a lo que ella responde diciendo “nosotros somos el fin del mundo”. A continuación le levanta el pasamontañas y observa su rostro con una sonrisa antes de volver a taparlo. Miran el cadáver y el hombre le dice que no puede abandonarlo. Ella le tiende el cuchillo y le dice que no tiene por qué hacerlo mientras observa cómo despelleja el cráneo para hacerse una nueva máscara.

En el presente, las dudas de la madre del bebé la llevan a cometer una locura. Cuando están reuniendo a los muertos para hacer una gran horda, la muchacha observa que uno de los caminantes lleva un portabebés. Enloquece y se lanza a grito pelado contra Alpha y contra los caminantes. Los Susurradores dejan que los caminantes la devoren mientras su hermana observa lo que sucede.

Ella ha sido testigo de las dudas de su hermana y ha intentado en vano encarrilarla. Sabe que la manada no pasa por un buen momento. Han perdido a varios de los suyos y Alfa se comporta de un modo extraño. De vuelta en el campamento, la hermana le dice que no se arrepiente de haber ayudado a acabar con la disidente. Alpha la elogia diciéndole que acabar con alguien de su propia sangre es signo de fortaleza y la rebautiza como Gamma. 

A la mañana siguiente, Beta pregunta a Gamma por el paradero de Alfa. Ésta le responde que su líder ha ido al viejo campamento. Beta la encuentra allí abrazada al viejo conejo de peluche de Lydia. Beta le confiesa que pensaba que había matado a su propia hija y ella le reconoce que es incapaz de hacerlo. Una vez más, Beta apoya a Alfa. Le dice que el grupo no debe enterarse de que Lydia aún vive aunque Alfa le dice que para ella Lydia siempre ha estado muerta porque no se parece a ella. Justo después, entrelazan sus manos y recitan “Caminamos en la oscuridad. Somos libres. Nadamos en sangre. Somos libres. No sentimos amor. Somos libres. No sentimos miedo. Somos libres. No necesitamos hablar. Somos libres. Vivimos con los muertos. Somos libres. Éste es el fin del mundo. Ahora es cuando todo termina. Somos el fin del mundo”, el mantra de Los Susurradores.

De nuevo en marcha. Los Susurradores ven cómo cae el satélite y saben lo que eso significa. Alfa se acerca a las inmediaciones sabiendo que muy probablemente Michonne y los suyos habrán cruzado la frontera y ya está pensando en las consecuencias de tal transgresión. El episodio termina con Alpha mirando fijamente a Carol.

Parece que el periodo de paz con Los Susurradores se acerca a su final. Ya sabemos cómo las gasta Alfa. Habrá que ver si el germen de la duda en el seno de Los Susurradores termina de brotar.

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Marta Ramirez

Estudiante de Derecho de día y seriéfila de noche. Un día colgué la bata y el fonendo para probar la segunda carrera que más veces se ha retratado en TV. Aspirante a ser la nueva Ally McBeal

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