The Sleepers: un juego de espías en plena Revolución de Terciopelo

Los dramas de espías siempre han atraído. Ese género en el que algo tan aparentemente inofensivo como es dar un paseo por el parque en realidad está marcando el curso de los acontecimientos políticos y donde a nadie le tiembla la mano al ordenar el asesinato de alguien poco colaborador. Pero si a esa historia de espías y contraespías se une el consabido “basado en hechos reales”, además de una estética oscura casi lúgubre que refleja la pobreza de una población sometida al yugo del Gobierno, entonces no queda más que disfrutar.

Ese es el caso de “The Sleepers”, obra inquietante que HBO Internacional nos ofrece desde la República Checa, que es adonde nos vamos este mes para cerrar el 2019 de Series del Mundo. Una historia de secretos que no se desvelarán hasta el último instante y cuyo punto de partida es uno en principio muy simple: un matrimonio checoslovaco que lleva años viviendo en Londres porque Viktor Skála, profesor de Universidad y disidente, tuvo que huir de su país natal. Y su por aquel entonces novia Marie Skálová, una violinista bastante más joven que él, decidió acompañarle por amor.

Gracias a esa huida a tiempo el matrimonio disfrutó durante años de una apacible vida en Inglaterra, siendo testigo a través de la televisión de la situación política que se estaba viviendo en su país, cada vez más insostenible. Pero un día Marie se entera de que su sobrina va a ser madre y decide visitar a la familia pese a la reticencia de su marido. Básicamente está pidiendo volver al que es para ellos el lugar más peligroso del mundo. Sin embargo, Marie siente que no puede seguir dándole la espalda a su familia, pues ni siquiera estuvo con ellos cuando murió su padre.

Pero antes de meternos de lleno en la trama ficticia de The Sleepers conviene hacer un breve recordatorio del escenario histórico y real en el que transcurre la historia. Y es que, si hay que ponerle un pero a esta miniserie, es que está claramente pensada para el público checo y eslovaco, que conoce muy bien lo que ocurrió, pues muchos de los espectadores incluso lo vivieron en primera persona. Por ello, no vaya a ser que nos perdamos en el ya de por sí complicado juego de espías, es necesario un breve resumen de lo que estaba ocurriendo en la década de 1980 en un lugar llamados Checoslovaquia:

Todo parte del final de la Guerra Fría, con el que Europa vivió una época de lo más turbulenta con la disolución de la URSS y de Yugoslavia. Pero al mismo tiempo tuvieron lugar otras divisiones, tal vez menos conocidas por eso de que no estuvieron teñidas de sangre. Fue el caso de la denominada Revolución de Terciopelo porque, a diferencia de otras disoluciones, la de Checoslovaquia fue pacífica y a través del Parlamento, sin que interviniera el ejército. La división del antiguo Estado de Checoslovaquia comenzó en 1989 y entró en vigor de manera oficial el 1 de enero de 1993, cuando el gobierno comunista fue derrocado y se creó la República Checa y Eslovaquia.

Volviendo ya a la historia que ahora nos interesa, y como era de esperar, el que en principio iba a ser un viaje relámpago a Praga, usando para ello identidades falsas para no atraer la atención de la policía, acaba convirtiéndose en una auténtica pesadilla para Marie y Viktor: intentos de asesinato, secuestros y finalmente la angustia de no saber si el otro sigue vivo, ya que la mayor parte del tiempo están separados. Y en el caso concreto de Marie, además, se añade el hecho de que ni siquiera cuenta con el apoyo de la embajada de Inglaterra pese a tener la doble nacionalidad.

Y es que durante la persecución a la que se ve sometida, Marie descubrirá que el futuro de Checoslovaquia interesa a más personas y países de lo que en un principio parecía. Se desarrolla así una guerra a tres bandas protagonizada por el MI6, la KGB y el StB, el servicio de inteligencia de la República de Checoslovaquia. Y en ella nadie tiene la seguridad de estar hablando con aliados o con contraespías que no dudarán en matar a quien haga falta.

Marie será muda espectadora de esta contienda, pues a pesar de que le toca de lleno y sufre en sus propias carnes esa lucha de intereses, la mayor parte del tiempo no sabrá lo que está sucediendo ni con quién está hablando realmente. Esa es otra de las consecuencias de su larga ausencia del país natal: los que consideraba amigos puede que ya no lo sean tanto.

Pero Marie no será la única que corra peligro desde el mismo instante en que pone un pie en el país. Muy cerca está Miluska, otra mujer que también acabará inmersa en una guerra de espionaje simplemente porque tiene la mala suerte de ser la secretaria de un antiguo espía, Václav Vlach, además de la amante de Jan Berg, un ex policía con ganas de desvelar misterios que habría sido mejor que permanecieran ocultos.

Esta historia de espías y contraespías, narrada principalmente a través de los ojos de estas dos mujeres, transcurre a través de situaciones y escenas de aparente calma pero que sorprenden cada dos por tres y de la peor manera posible: a través de asesinatos y de “ajustes de cuentas” en los que nadie querría verse inmerso.

Otro detalle importante que hace de The Sleepers una miniserie de 6 episodios para saborear con calma, es que está lejos de ser esa producción de espías al estilo James Bond o Jack Ryan. Aquí las explosiones brillarán por su ausencia y ni siquiera serán especialmente detallistas a la hora de mostrar las torturas. Por el contrario, todo sucederá con una tranquilidad asombrosa que precisamente contribuirá a crear más angustia, pues nunca se sabe cuándo alguien llegará a su casa para encontrarse con el cadáver de un viejo amigo, o incluso si va a poder llegar a casa sano y salvo.

A esta angustia constante contribuye el juego de cámaras que es una de las señas de identidad de la miniserie. Los zooms que acercan hasta los primerísimos planos y que recuerdan al mítico realizador Valerio Lazarov de RTVE. Los planos fijos en los que aparentemente no está ocurriendo nada, pero que nos hacen dudar de si ese personaje está tan solo como parece o por el contrario hay mil ojos observándole. Una iluminación y fotografía espléndida que permiten reflejar, a través de una penumbra que parece envolverlo todo,  la pobreza y la soledad de una población que solo trata de ser libre. Y por encima de todo ese silencio angustioso donde en ocasiones solo se escucha la respiración cargada de miedo de los protagonistas.

Y, por último pero no menos importante, la presencia constante de un sentimiento de injusticia que cobra mayor fuerza al recordarnos que estamos en una historia de espías a nivel internacional. Una en la que, cuando parece que ya ha sido desvelado el gran secreto, descubrimos que solo es la punta del iceberg y que la trama de secretos de estado entronca con todos los niveles del Gobierno; incluyendo figuras que parecían estar allí por casualidad pero que en realidad estaban vigilando a los que vigilaban.

Y es que es mucho lo que está en juego. Y en ese juego de poder en el que todos quieren su parte del pastel la integridad de las personas es lo de menos. Y aún menos importante es la felicidad de una violinista que abandonó su país por amor.

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Barbara Cruz

Periodista y escritora a tiempo completo. En los ratos libres veo de todo y leo cualquier cosa que caiga en mis manos. Nunca se sabe cuál será mi nueva obsesión.

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