The Letdown y el lado oscuro de la maternidad

Nuestro viaje por el mundo nos lleva este mes hasta Australia para conocer a un grupo de madres que nos muestra ese otro lado de la maternidad que va más allá de bebés de anuncio y felicidad extrema que las redes sociales se empeñan en mostrarnos.

The Letdown hace uso del humor para retratar el lado más oscuro de la maternidad. Y es que no es fácil convertirse en madre. Audrey (Alison Bell) se da cuenta de que la llegada de su bebé Stevie dista mucho de lo que Instagram o Pinterest nos pintan. De pronto, su vida da un giro de 180 grados. Pasa semanas sin dormir, su casa es un desastre, su pelo otro, su vida social se ha reducido tanto que es casi una extraña para sus amigos y el sexo es inexistente. 

A pesar de contar con Jeremy (Duncan Fellows), su pareja, Audrey está sola en esta nueva aventura ya que Jeremy pertenece todavía a esa generación de hombres a los que criaron para que se limitaran a ser el proveedor de la familia, lo que le convierte en un inepto total cuando se trata de cuidar a Stevie. Y sí, da rabia ver cómo este estereotipo se repite una vez más en televisión. Pero reconozcámoslo, nos guste o no aún está muy presente en nuestra sociedad así que ¿por qué no reflejarlo? 

Jeremy comienza siendo el típico tío que prefiere escaquearse y pasar incontables horas en el trabajo si con eso puede evitar sentirse como un verdadero inútil tratando de entender cómo funciona su bebé. Sin embargo, conforme pasan los episodios le vemos crecer en pantalla y poco a poco le vemos más presente haciéndose cargo de Stevie o al menos intentándolo. Real como la vida misma.

Por suerte Audrey cuenta con un grupo de apoyo para madres capitaneado por la enfermera Ambrose (Noni Hazlehurst), practicamente retirada y muy dura que, por momentos, parece carente de empatía y de sentimientos. Este grupo de apoyo es muy particular. Cuenta con una madre jovencísima que parece salida de una cuenta hipster de Instagram, una madre experimentada que cuenta ya con varios retoños a su cuidado, una madre que solo aparece de vez en cuando si su trabajo se lo permite (aunque su marido no se pierde una reunión y es prácticamente una madre más en el grupo), una madre modélica que tiene que lidiar con eso que nadie te cuenta, la incontinencia de orina, como consecuencia de haber dado a luz y que afecta a aproximadamente el 33% de las mujeres que han dado a luz, y hasta con una madre lesbiana que descubre que no solo a los hombres no les hace mucha gracia empezar una relación con una madre soltera.

Precisamente en este particular grupo reside todo el atractivo de la serie. Cada uno de sus personajes plantea un problema de la maternidad del que apenas suelen hablar las madres. El nacimiento del bebé no es solo dejar de dormir por las noches. Su llegada implica que se nos plantee la disyuntiva de si es buena idea volver al trabajo o si hemos de renunciar para siempre a esa carrera que tantos años nos ha llevado construir, por ejemplo. 

Y es que precisamente el núcleo de esta serie es la vergüenza que parecen sentir las madres por mostrarse humanas y débiles. Es como si la sociedad nos dijera que las madres han de ser fuertes y siempre perfectas cuando la realidad no es esa. Este grupo de mujeres nos muestra sin complejos que la maternidad puede ser frustrante en ocasiones, que está llena de sacrificios y que por muy estúpido que parezca a día de hoy las mujeres seguimos sintiendo la presión social de mostrarnos como la madre perfecta que organiza la mejor fiesta de cumpleaños para un bebé que apenas puede ponerse en pie.

La serie también nos muestra esa otra cara, la de la madre abnegada que ha sacrificado el tener una carrera profesional para dedicarse por entero a la maternidad. Una madre que ama con locura a sus hijos pero que cada tarde mira con ansia el reloj para poder tomarse una copita de vino que le sirva como válvula de escape de su lucha diaria con los niños. Un trabajo que no está reconocido por nadie porque las mamás no son superheroínas como los médicos o los policías. 

En su segunda temporada la serie se atreve a explorar su lado más oscuro. A pesar de que el humor sigue siendo la seña de identidad de la serie, The Letdown se atreve a explorar determinadas decisiones de su protagonista y la vemos pasar por una depresión fruto de la maternidad de la que ni ella misma es consciente. Otra realidad derivada de la maternidad que muchas madres no se atreven a reconocer por miedo a que las vean como malas madres.

Sus episodios de apenas media hora pueden verse íntegramente en Netflix. Por momentos la serie es hilarante y desde la carcajada logra plantearnos una visión de la maternidad que probablemente sea mucho más cercana a la realidad que la que solemos ver en la televisión donde el bebé es precioso y el único problema es que de vez en cuando llora. Porque, reconozcámoslo, los bebés en televisión dan muy poco juego y es más fácil ocultarlos al fondo de la escena para que nos olvidemos de ellos (hola, Modern Family).

La serie tal vez no sea para todo el mundo pero la maternidad sin complejos y sin tapujos bien merece un visionado. Porque no todo es maravilloso y precioso. El bebé no es solo un ser indefenso al que proteger y querer sino que, en ocasiones, es una bomba de relojería que trastoca el mundo de los padres hasta límites insospechados. Sin embargo, a pesar de la frustración, las noches sin dormir y los grandes sacrificios, estas madres nos demuestran que a pesar de todo la maternidad sigue siendo maravillosa.

La madre perfecta no existe, ni falta que hace. Cada madre es una mujer independiente que ve como de la noche a la mañana su vida da un giro radical y que tiene que afrontar una serie de retos para los que no hay manual de instrucciones. Es normal que tomen alguna que otra decisión cuestionable, que lloren, que se derrumben y hasta que enloquezcan por momentos. Lo importante es que, al final del día, siguen ahí con una sonrisa, meciendo a su bebe y dispuestas a darlo todo por ese ser humano en miniatura. Al final del día no importa que su pelo sea un desastre y que parezca que por la casa ha pasado un huracán, solo importa el amor y el cariño hacia sus retoños. ¡Qué vivan las madres imperfectas!

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Marta Ramirez

Estudiante de Derecho de día y seriéfila de noche. Un día colgué la bata y el fonendo para probar la segunda carrera que más veces se ha retratado en TV. Aspirante a ser la nueva Ally McBeal

About Marta Ramirez

Estudiante de Derecho de día y seriéfila de noche. Un día colgué la bata y el fonendo para probar la segunda carrera que más veces se ha retratado en TV. Aspirante a ser la nueva Ally McBeal