The Big Bang Theory: adiós a toda una era de frikismo

The Big Bang Theory: adiós a toda una era de frikismo

The Big Bang Theory: adiós a toda una era de frikismo

Series: The Big Bang Theory

5 Stars

Summary

Dos amigos, genios y frikis, conocen a su nueva vecina Penny. Doce años después su vida ha dado un giro de 180 grados y toca decirles adiós.

Coder Credit

En cuestión de semanas estamos asistiendo a un montón de despedidas, tanto en la televisión como en el cine, y The Big Bang Theory ha sido una de las series “agraciadas” que ha salido bien parada. Y es que por duro que sea decir adiós a una serie que nos ha acompañado durante años, más duro es ver que ese final no es el que esperábamos, lo que hace que la despedida sea aún más trágica.

Pero The Big Bang Theory ha cumplido con éxito las expectativas, ofreciendo un doble episodio que sirve tanto como cierre de una etapa inolvidable en la vida de sus protagonistas, como de final abierto porque la vida siempre continúa. Y poder despedirse de esta comedia con lágrimas de emoción, como me ha ocurrido mientras Sheldon pronunciaba su discurso de aceptación del Nobel, con Amy a su lado y sus amigos en la segunda fila, era todo lo que podía pedir para una serie que es cierto que podía haberse despedido hace tiempo, pues cuanto más se alargan las cosas más riesgo hay de cansar y efectivamente ha habido episodios (y temporadas) muy olvidables, pero que ha sido capaz de ofrecer un cierre redondo. ¡Incluso para el ascensor!

Así, recibir el Premio Nobel, que era algo con lo que Sheldon soñaba desde crío, supone el broche final para una comedia que ha sabido combinar a la perfección, incluso en sus episodios más memorables como este último, el humor, el frikismo y la ciencia. Y si no que se lo digan a Bufy Cazavampiros, quien se ha convertido en la invitada de honor al Premio Nobel.

Echando la vista atrás no puedo por menos que recordar todo lo que hemos aprendido con estos genios un tanto alocados: la teoría de cuerdas, la superasimetría, y sí, también al gato de Schrodinger. Parece una tontería ahora, visto en la distancia, pero resulta de lo más inspirador descubrir que esta serie, aun siendo una comedia que comenzó protagonizada por dos frikis de los cómics y de los videojuegos, así como por una camarera con inspiraciones de actriz, nos ha enseñado tanto sobre la ciencia. Y precisamente por ello el discurso de Amy animando a todos los jóvenes a perseguir su sueño de dedicarse a la ciencia, el mejor trabajo del mundo, ha sido de lo más acertado.

Pero además de enseñarnos todo esto y mucho más (los científicos de verdad habrán sacado mucho más jugo a los chistes de matemáticas que el común de los mortales), The Big Bang Theory también ha servido para que los que siempre teníamos un poco de frikismo dejáramos de esconder ese lado que hasta hace no mucho no estaba bien visto y era motivo de burla, para poder decir eso de “soy friki y a mucha honra”.

Así, poder sentirnos de lo más identificados cuando les veíamos hacer cola virtual para comprar las entradas de la Comic Con, acudir nerviosos y emocionados al estreno de Star Wars: Episodio VII como si de la “primera vez” se tratara o tener serias discusiones sobre qué pasa si a Batman le muerde Manbat, si un hombre puede nadar después de convertirse en hombre lobo o sobre qué ocurriría si Thor mete el martillo en un ascensor, conseguían que aquellos apasionados de los cómics y de la ciencia ficción pudiéramos sonreír como tontos porque, ¡qué razón tenían!, y, ¿por qué a nadie más se le había ocurrido antes algo así?

Y conseguir eso hoy día, incluso con toda la variedad de entretenimiento que hay y más con un tema que hace doce años parecía impensable, es todo un logro. Así que puedo decir, sin lugar a dudas, que The Big Bang Theroy ha tenido para mí el mejor final posible. Uno que además nos ha regalado una última lección de vida de lo más esperanzadora: la vida es una constante sucesión de cambios.

¿Qué mejor moraleja para aquella pareja de amigos que cuando conocieron a su nueva vecina Penny pensaban que jamás tendrían novia y mucho menos hijos, por mucho que Leonard fantaseara con que los hijos de Penny y él serían guapos e inteligentes? Porque, fíjate tú, al final lo ha conseguido. Y lo mismo con Howard, quien fue al espacio y ahora es un orgulloso padre y marido, o con Raj, el chico que al principio no era capaz de hablarle a las chicas salvo si había alcohol de por medio, y que ahora se atreve incluso a darle la mano a Sarah Michelle Gellar.

Y en cuanto a las chicas, de dos camareras del Cheescake, una con aspiraciones de actriz y la otra estudiando microbiología, se han convertido en dos grandes profesionales del mundo de la farmacia y madres (unas por convicción y otras por accidente). Y es verdad que aunque a veces el comportamiento de alguno de estos personajes resultara un tanto contradictorio, hasta el punto de que no entendíamos cómo era posible que estuvieran juntos, al menos tenían el buen juicio de ser ellos los primeros que lo decían.

Es cierto que a lo largo de estas doce temporadas algunos personajes han tenido más importancia que otros, lo que se ha traducido en una evolución más o menos lógica y fluida en algunos casos (Sheldon), mientras que con otros debíamos asistir a una constante marcha atrás y adelante (Raj y Leonard) pues ni ellos parecían tener muy claro lo que querían. Sí, las eternas discusiones entre Leonard y Penny y las infinitas peticiones de mano que protagonizaron no fueron precisamente memorables, y lo mismo ocurrió con la sucesión de novias  de Raj y con las que no terminó de cuajar ninguna relación.

Precisamente por eso me ha alegrado ver que, en el caso de Raj, no se sacaran de la manga una novia en el último minuto, que es algo bastante común en los cierres de serie: esa obsesión por cerrar un arco, aunque sea de manera atropellada, con tal de darle un final. Y es que, si la vida es esa constante sucesión de cambios, ¿por qué tener que buscar siempre ese cierre de etapa, en este caso encontrando a la persona con la que compartir el resto de su vida? O casi mejor ¿por qué no dejarlo simplemente tal y como estaba, con un Raj feliz rodeado de sus amigos, sin estar obsesionado por encontrar a esa persona? Si The Big Bang Theory ha conseguido que nos sintamos orgullosos de ser esos frikis que en el fondo siempre hemos sido, ¿por qué no sentir también orgullo de estar solteros?

Lo importante es ser feliz con lo que uno hace, perseguir tus sueños, da igual la cantidad de gente que te diga que no lo vas a conseguir, y ante todo ser agradecido. Y esa ha sido precisamente la última lección que nos ha dejado esta comedia ya inolvidable de la mano de Sheldon Cooper: un personaje único que hasta entonces jamás habíamos visto en televisión y que conseguía a partes iguales que nos riéramos y quisiéramos partirle la cara (mucha gente dejó de ver la serie porque no aguantaba a una persona tan egocéntrica e insensible como era él). Porque sí, por muchos momentos divertidísimos que regalara, la mayoría eran a costa de los demás, lo que no es precisamente una buena manera de actuar, incluso si “no lo hace adrede”.

Así que solo puedo decir que ha sido genial ver cómo al final ha sido el propio Sheldon quien se ha dado cuenta de que esa manera de ser no siempre tiene gracia. Y que efectivamente no habría hasta el atril para dar su discurso del Nobel, si no hubiera tenido a su lado a sus amigos.

Y en fin, para todos aquellos que siempre quisimos darle una bofetada a Sheldon por ser como es, incluso si no lo hacía adrede, también hemos cumplido ese sueño de la mano de Leonard, quien sin duda tenía más derecho que nadie a hacerlo.

Como digo, un final redondo para una serie no siempre redonda, pero con la que hemos disfrutado de lo lindo. Y, admitámoslo, con la que seguiremos haciéndolo cada vez que veamos la reposición de sus episodios.

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Barbara Cruz

Periodista y escritora a tiempo completo. En los ratos libres veo de todo y leo cualquier cosa que caiga en mis manos. Nunca se sabe cuál será mi nueva obsesión.

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