The assassination of Gianni Versace: American Crime Story 2×07: Ascent

The assassination of Gianni Versace: American Crime Story

The assassination of Gianni Versace: American Crime Story

4 Stars

Summary

Año 1992: Gianni Versace (Edgar Ramírez) decide que ya es hora de que su hermana Donatella (Penélope Cruz) tome el mando de la compañía y se convierta en una estrella. Mientras tanto Andrew Cunanan (Darren Criss) decide apuntarse a una agencia de acompañantes para ganar dinero rápido.

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El ascenso de Andrew Cunanan a la vida que siempre había soñado y el ascenso de Donatella Versace como poderosa dama del imperio, al margen de su hermano Gianni, centran el argumento del apasionante séptimo episodio de "American Crime Story".

Allá por 1992, en el taller de Versace en Milan, Donatella (Penélope Cruz) sugiere un par de ideas a sus diseñadores para que las lleven a cabo. Su hermano Gianni (Edgar Ramírez) sufre en silencio la evolución de una enfermedad que le asola y de la que no sabe las consecuencias, pero el temor al peor destino le llevan a apresurar el aprendizaje de Donatella para que se convierta en el legado de la compañía. Debe dejar de sugerir cambios y ser la asistente de los diseñadores, debe dar un paso al frente y alzarse como la gran empresaria y artista que es hoy en día.

El miedo a la muerte y a ver su imperio destrozado agrían el caracter de Gianni, que recrimina a su hermana que no está haciendo lo suficiente para empoderarse en la compañía y que no puede vivir siempre a expensas de él. Es entonces cuando le propone que diseñen entre los dos el vestido definitivo, el que marcará un antes y un después en la casa Versace y del que se hablará durante años.

Para presentarlo, nadie mejor que la propia Donatella, una mujer que cumple mejor que nadie los valores de la compañía: es valiente, independiente, moderna y atrevida. Así que en la Gala aniversario de Vogue de aquel año, Donatella se alzó como la gran dama de la moda que es hoy en día. Y del mismo modo, Penélope Cruz se alza en este episodio como una estrella internacional marcándose un papelón y callando las bocas críticas que no la veían en el personaje.

El vestido resulta un abrumador éxito y esa noche los Versace consiguen una publicidad impagable por parte de la prensa especializada. Pero los focos no dan dinero, y lo que triunfa en la alfombra roja por atrevido y rompedor, resultaba demasiado extravagante para la consumidora media. Gianni Versace fue un adelantado a su tiempo, y sus diseños abrieron camino a las extravagancias de la moda que conocemos hoy en día. Versace se negó a modificar su diseño para que fuera más accesible como le sugirió su hermana. Quería mantener su esencia y no doblegarse ante los deseos de la sociedad, ni en la moda ni en su estilo de vida. El tiempo le dio la razón.

Ascenso social

¿Y qué estaba haciendo el bueno de Andrew Cunanan mientras tanto? Os preguntaréis. Pues el joven Cunanan ( Darren Criss), a sus 23 años, se encontraba trabajando en una droguería de mala muerte y viviendo con su madre en San Diego, calibrando la manera de salir de ese entorno vulgar y opresor que le rodeaba. Las mentiras que Andrew se dice a sí mismo y a los demás podían quedar en el aire o conseguirle algún momento embarazoso cuando se descubrían detalles falsos en sus patrañas. Pero la mentira que contó a su madre de que la llevaría consigo en sus aventuras cuando por fin triunfase marcaron un antes y un después en su vida y ayudaron a convertirle en el despiadado asesino que vemos en los anteriores capítulos.

El primer paso para alcanzar una vida de lujos sin pegar un palo al agua en la lógica de Andrew es apuntarse a una agencia de acompañantes. Sin embargo, vive su primera gran humillación cuando la encargada del negocio le rechaza sin miramientos por ser un americano de ascendencia asiática, los hombres buscan a chicas asiáticas continuamente, pero nadie quiere un asiático. Con el orgullo herido pero la cabeza alta, Andrew se propone trabajar por su cuenta y agenciarse a un viejo adinerado que le proporcione la vida con la que siempre había soñado. Y lo consigue. Aunque tenga que empezar a maquillar su vida para hacerla más atractiva: un apellido portugués, una ex mujer a la que tuvo que dejar por ser gay, una preferencia por la gente más mayor, conocimientos adaptados a los intereses del interlocutor...

Encontrándose en el punto que se propuso y habiendo conquistado a un hombre que le proporciona la vida que desea y sobre la que puede inventar una y mil veces conoce a David Madson (Cody Fern), y su mundo se para. David representa todo lo contrario a Andrew. David es todo corazón, un chico guapo y humilde que se ha labrado a base de trabajo una prometedora carrera de arquitecto, y su inseguridad y bondad le llevan a caer rendido a los encantos de un Andrew que despliega toda su artillería pesada para conquistarlo. Y lo hace, viviendo entonces la noche mágica en San Francisco a la que se ha estado haciendo referencia a lo largo de la serie. Pobre David, la que le espera. Resulta más doloroso ver la serie hacia atrás, cuando sabemos el destino que espera a esos personajes a los que cada vez cogemos más cariño, como son David y Jeff Trail.

A falta de dos episodios restantes, este capítulo resulta muy poderoso en cuanto a crítica social y también porque marca el destino de los protagonistas. La muerte del primer sugar daddy de Andrew en manos de un psicópata reprimido que se lo carga a sangre fría en su casa porque intenta besarle, propulsan en Andrew Cunanan unos deseos de sangre y venganza que no sabía que albergaba (en la serie se toman la licencia de que Andrew estaba presente durante el brutal asesinato). La policía trataba con desgana los delitos contra homosexuales a los que siempre culpaba en cierta forma por su estilo de vida, lo que dejaba a varios asesinatos quedar impunes. 

La inseguridad que vivía la comunidad gay en aquella época, que sufría los estragos del VIH y las agresiones homófobas, no consiguieron ningún tipo de protección especial o empatía en la sociedad, sino que se les miraba con recelo por haber elegido un "estilo de vida" peligroso e indeseable.

Andrew decide entonces que no va a ser una víctima, que se convertirá en verdugo si hace falta para pasar por encima de quien sea y alcanzar lo que siente que merece, la quimera de una vida perfecta que él ha inventado.

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Beatriz Parra

Culpo a Jim Halpert de mis altas expectativas en cuanto a hombres. A Lost de mis altas expectativas en cuanto a compañeros de vuelo y a Leslie Knope de mis altas expectativas en cuanto a la vida. De lo demás al cine, que ha hecho de mí lo que soy.

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