Strike 4: Lethal White, Capítulo 4

Strike 4: Lethal White, Capítulo 4

Strike 4: Lethal White, Capítulo 4

Series: Strike

3.5 Stars

Summary

Strike y Robin hacen un último esfuerzo para resolver la muerte del ministro mientras la mujer lidia con su matrimonio roto.

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Llegamos al final del cuarto caso y, aunque la resolución es un poco precipitada, mantenemos todas nuestras esperanzas puestas para que la agencia de nuestros protagonistas siga viento en popa con la llegada de una nueva aventura.

La trama continúa tal y como nos dejó la pasada semana: con Robin en un taxi tras abandonar (AL FIN) al idiota de Matthew. Con toda la discusión la mujer había olvidado que había quedado a tomar algo con Raff Chiswell, y cuando este la llama para ver dónde está decide dejar aparcado su drama por unas horas e irse a tomar una copa con el hijo del ministro.

El hombre se mostrará bastante amable con ella cuando le cuenta lo de la ruptura, y compartirá información con Robin sobre su hermanastro Freddie y que en realidad era una mala persona pese a que su padre tratara de vender su imagen de hijo ejemplar. También menciona lo que Freddie le hizo a la hija de los Winn y comenta sus sospechas sobre que Geraint Winn podría estar implicado en el asesinato de su padre.

Robin se lo planteará a Strike a la mañana siguiente, después de haber pasado la noche en el sofá de Vanessa (la policía que los estuvo ayudando cuando nadie más del departamento quiso hacerlo), el detective nota que a su compañera le pasa algo pero Robin insiste en que todo va bien y van a comisaría a ver el interrogatorio a Jimmy Knight. El sospechoso no es nada colaborador con la policía y tampoco tienen demasiadas pruebas en su contra, pero Knight comenta que los Chiswell le deben dinero porque vendieron sin permiso unas herramientas de su padre y de ahí lo del chantaje.

Robin conocerá un poco mejor al hijo de la víctima
 

La visita a comisaría les da otra pista más que los conduce de lleno a Kinvara, la esposa del ministro, ya que la noche previa al crimen estuvo paseando por la estación de tren asegurándose que las cámaras de seguridad la grababan. Strike ve sospechoso ese comportamiento y pronto capta algo más: a la mujer dándole limosna a un mendigo pero... ¿Y si en vez de limosna es un cómplice al que le ha dado la llave del apartamento? Nuestros protagonistas ya tienen otro hilo del que tirar.

Pero además hay dos nuevos testigos con los que hablar. En primer lugar tenemos a Henry Drummond, comerciante de arte que iba a vender varios enseres de los Chiswell y que tuvo una discusión con la víctima el día antes de morir. La reunión con el tipo sirve para recordarnos que Raff estaba trabajando en su galería de arte, pero lo tuvo que despedir por haber mantenido relaciones sexuales con una asistente en su lugar de trabajo.

Es momento también para que aparezca Charlotte, la ex novia de Strike, a incordiar un rato y decirle que le echa de menos y quiere volver con él. El detective no puede creer lo que oye ya que la mujer está casada y embarazadísima, la acusa de haberlo manipulado durante toda su relación, apartándolo de amigos y familia y finalmente se marcha dando a entender que ha pasado página.

Por su parte, Robin discute con su madre por la ruptura ya que ha bloqueado a Matt para que deje de molestarla con sus llamadas. Robin no le ha contado nada aún a Strike, ni siquiera que ahora se aloja en un hostal hasta que encuentre algo mejor, y eso que tiene la ocasión perfecta para contárselo mientras toman una copa en la oficina y el detective la mira con preocupación porque sabe que algo pasa.

El hombre estará preocupado por su compañera
 

La segunda persona con la que deben hablar es Tegan Barlow, responsable del establo y la coartada de Kinvara para el momento del crimen. Robin y Strike van en coche hasta la escuela de equitación donde ahora trabaja la mujer y es cuando las cosas se tuercen: Robin recibe una llamada de un número desconocido y un tipo, presuntamente Jimmy Knight, la amenaza provocando un ataque de pánico en la mujer que casi provoca un accidente.

Pasado el susto veremos a nuestros protagonistas sentados en una pequeña colina bajo la que han aparcado el coche, hablando de la ansiedad de Robin, su matrimonio roto y esos ataques que sufre. Strike no puede disimular su preocupación por ella, le pide que vaya a terapia porque la necesita al cien por cien y no duda en alabar el don que tiene para su trabajo: ¡incluso dice que con la poca experiencia que tiene es tan buena detective como él! Por último, Cormoran le dice que se vaya del hostal y se quede en casa de Nick e Ilsa (los mejores amigos de Strike y que lamentablemente son ignorados en la serie mientras que en los libros tienen mucha presencia). Sin lugar a dudas esta escena es una delicia para los fans de la pareja que queremos que haya algo más que una amistad entre ellos: sobre todo con el “beso” por error que hay cuando se abrazan.

Es hora de regresar al trabajo y hablan con su testigo quien afirma que Kinvara no se movió de la casa aquella noche, y asegura que lo habría sabido porque los suelos crujen muchísimo y es fácil saber cuando alguien se mueve por las habitaciones. Por último dice que por la mañana la mujer salió a dar un paseo en caballo de una hora por la finca y cuando regresó ya estaba allí la policía para informar de lo sucedido. Strike y Robin lo tienen claro: Kinvara le dio la llave a su cómplice en la estación y este se la devolvió durante ese paseo a caballo pero aún tienen que investigar más.

¿Pueden ser más adorables?
 

Con la nueva información que tienen, y como no están muy lejos, deciden pasar por la finca de los Chiswell para hablar con Kinvara y ver si sacan algo que la incrimine o les dé una pista sobre su cómplice. La mujer se altera mucho cuando los ve aparecer y deja que entren en la casa a regañadientes mientras se queja de que todo está patas arriba porque van a tener que vender casi todo lo que poseen por las deudas.

Lo que sí consiguen es que la viuda les cuente el motivo por el que Jimmy Knight chantajeaba a su marido, y es que el padre de Knight construía horcas que luego vendía y sacaba mucho dinero por ellas. Sin embargo, cuando murió quedaban dos horcas por vender y fue Chiswell quien se quedó con los beneficios en vez de dárselo a los hermanos. Kinvara cree que ya ha hablado suficiente con ellos y trata de echarlos, Robin vuelve a utilizar su excusa de tener que ir al baño y cotillea por la casa hasta el punto de escuchar pasos de alguien en el piso superior. Su búsqueda la lleva a descubrir un cuadro que no aparece en la lista de ventas del comerciante de arte y donde estará la clave de todo el caso.

Los detectives van a ver a una experta en arte, que resulta ser Sarah (la mujer con la que Matt engañó a Robin) y les confirma que el cuadro que Robin ha fotografiado vale muchísimo dinero. Es cuando Strike ata cabos y cree haber resuelto el misterio pero deben ir a hablar una vez más con Kinvara. El detective le suelta toda la verdad sobre el cuadro, a la vez que desvela que la mujer tenía una relación con su hijastro Raff, quien la engañó fingiendo quererla para deshacerse del ministro y apoderarse de la pintura.

No es un día fácil para la pareja
 

Ahora no hay ni rastro del hombre ni de la obra de arte, la policía los busca sin descanso y es cuando Robin recibe un mensaje de texto de Matt para quedar y hablar y la mujer accede a encontrarse con él pese a la extrañeza de Strike. El hombre no tarda en descubrir que todo es una trampa creada por su asesino para capturar a Robin y descubrir lo que saben sobre su participación en el asesinato. La detective tendrá que luchar con su ansiedad y mentir sobre las pruebas que tienen para que Raff decida entregarse y no matarla.

Robin logra los minutos suficientes para que Strike y la policía lleguen a tiempo de salvar su vida y detener al asesino. Mientras que en el libro la presencia de Raff era más continuada aquí sólo ha empezado a tener suficiente peso en el último episodio, lo que dejaba bastante claro que iba a estar relacionado con el asesinato. Aquí concluye el caso pero no es el final para Strike y Robin quienes deciden quedar para celebrarlo esa misma noche con Nick e Ilsa, y las miradas y sonrisas que se dedican dejan muy claro que antes o después van a tener que hablar de lo que sienten el uno por el otro.

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Helena Rubio

Empecé en el mundo de las series acompañando a Mulder y Scully en Expediente X, luego seguí con Friends, CSI y otras cuantas, pero con Lost terminé de perderme. Cada año juro que no me engancharé a más series pero fracaso estrepitosamente, y mientras tanto hago malabares con los estudios.

About Helena Rubio

Empecé en el mundo de las series acompañando a Mulder y Scully en Expediente X, luego seguí con Friends, CSI y otras cuantas, pero con Lost terminé de perderme. Cada año juro que no me engancharé a más series pero fracaso estrepitosamente, y mientras tanto hago malabares con los estudios.