‘Sex Education’, sexo, humor y lágrimas al más puro estilo británico

Sex Education

Sex Education

3.5 Stars

Summary

Otis Thompson (Asa Butterfield) es un joven de dieciséis años que vive con su madre Jean (Gillian Anderson), terapista sexual. Debido a años de conversaciones incómodas, Otis se ha convertido en una persona reprimida sexualmente, pero con un gran conocimiento sobre sexo y relaciones, por lo que cuando ayuda a un chico de su instituto a su compañera de clase, Maeve (Emma Mackey), se le ocurre la idea de montar una clínica clandestina para ayudar a los adolescentes con sus problemas sexuales

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Netflix estrena mañana su nueva serie británica, Sex Education. Protagonizada por Gillian Anderson (Expediente X, American Gods) y Asa Butterfield (La invención de Hugo, El niño con el pijama de rayas), Sex Education pretende aportarnos esa serie juvenil que parece que necesitamos cada comienzo de año (no olvidéis que The End of the F***ing World se estrenó mundialmente el 5 de enero del año pasado). Nosotras ya hemos visto los ocho episodios que conforman su primera temporada y os contamos qué nos han parecido, pero tranquilos, no hay spoilers.

Otis Thompson (Butterfield) es un joven de dieciséis años que vive con su madre Jean (Anderson), terapista sexual. Debido a años de conversaciones incómodas, Otis se ha convertido en una persona reprimida sexualmente; no solo es virgen, es que ni siquiera se atreve a masturbarse. Sin embargo, gracias a estas charlas y a estar rodeado de manuales y vídeos, Otis tiene un amplio conocimiento sobre sexo y relaciones. Cuando ayuda a un chico de su instituto, que era incapaz de llegar al orgasmo, a Maeve (Emma Mackey) -típica chica mala pero muy inteligente- se le ocurre la idea de montar una clínica clandestina para ayudar a los adolescentes con sus problemas sexuales.

Con esta premisa Sex Education  recuerda mucho al estilo de Skins The End of F***ing World; un estilo británico, casi noventero (a pesar de estar basada en la actualidad), con humor negro y sexo, mucho sexo. 

A pesar del gran trabajo de Mackey y Butterfield, uno de los puntos fuertes de la serie son sus secundarios o incluso personajes recurrentes, que conforman un instituto de lo más peculiar, pero que, en el fondo, tampoco está muy alejado de la realidad. Anderson está brillante en su papel de madre preocupada y entrometida; pero además su personaje tiene la suficiente independencia para que veamos como maneja su vida personal. Y es que, tras su divorcio con su marido Remi (James Purefoy), Jean no quiere verse envuelta en otra relación sentimental, por lo que sus múltiples compañeros sexuales pasan por su casa (y la habitación de Otis) sin quedarse demasiado tiempo.

Sin embargo, es Ncuti Gatwa, que da vida a Eric (mejor amigo de Otis), quien se lleva todos mis aplausos. El que parecía como típico personaje secundario (el amigo gay y divertido del protagonista) ha resultado tener no solo mucha más complejidad que los protagonistas de la serie, sino que también cuenta con las escenas más potentes de esta primera temporada. Cuando hablo de la complejidad de Eric no me refiero a la típica trama de adolescente gay que vive en una familia homófoba y trata de ser aceptado. El conflicto que tiene Eric es como expresa su identidad de género: el chico no es trans (o al menos no lo ha expresado o no se ha indicado en ningún momento), pero le gusta pintarse las uñas, ponerse maquillaje y llevar una ropa demasiado llamativa. El padre de Eric, inmigrante, sabe de la orientación sexual de su hijo, pero le gustaría que no vistiera de una forma tan estrafalaria, pues teme que pueda pasarle algo a su hijo si la gente lo ve vestido así. Eric tendrá que asimilar todas sus identidades, ser homosexual, negro, hijo de inmigrantes y de familia cristiana, para poder ser feliz.

Otros personajes más secundarios como Adam (Connor Swindells), hijo del director de instituto; Jackson (Kedar Williams-Stirling), el mejor nadador del instituto; o Lily (Tanya Reynolds), una chica fan de los alienígenas y deseosa de perder la virginidad, son también muy interesantes y a veces da la sensación de que podrían haber sido explotados más. Por ejemplo, la ansiedad que sufre Jackson debido a la presión de una de sus madres y del instituto en general, es un tema por el que se pasa de puntillas y es una auténtica pena.

Por otro lado, Otis y Maeve son que personajes que ya hemos visto en otro tipo de series (chico tímido, algo raro, enamorado de la chica guapa que no le hace ni caso y chica atractiva, aparentemente borde, con una historia familiar complicada pero muy inteligente) y por lo tanto resultan menos interesantes. Eso sí, Maeve protagoniza un episodio espectacular con respecto al aborto, uno de los mejores de la serie.

Al final, Sex Education es brillante, divertida e imprescindible cuando se centra en lo que la hace original: la sexualidad en los adolescentes. Las charlas de Otis con sus pacientes no solo son de lo más divertidas, sino que también son didácticas para los jóvenes que puedan ver esta serie. Si a eso le sumamos mensajes que se repiten, sutiles pero contundentes, como "no es no", "mi cuerpo, mi decisión" o "no podemos obligar a alguien a que nos quiera", la serie gana por goleada en calidad a otras del mismo estilo estrenadas en los últimos años. ¿Lo malo? Cuando reitera en tramas que ya hemos visto muchas veces y que, por lo tanto, sabemos cómo acaban. 

Aún así la serie es imprescindibles para los fans de este estilo y para los que no lo son tanto, sus ocho episodios no se hacen pesados y son bastante entretenidos. Una segunda temporada que corrija los fallos de la serie y aplique potenciales mejoras (imaginaos un episodio que tratara la asexualidad) la harían más relevante que la mayoría de las series para adolescentes en emisión.

El 11 de enero llega Sex Education a Netflix y tranquilos, la experiencia está sobrevalorada.

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Beatriz Noria

Empecé a ver Perdidos y ya no paré... Con Como Conocí A Vuestra Madre conocí lo mejor y lo peor de este mundo. Adicta a cualquier pantalla que emita series o películas. Mientras cargan, trato de estudiar algo.

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