Queen Sono: la reina del espionaje africano

Terminamos el año 2020 viajando hasta el continente africano de la mano de Queen Sono, serie sudafricana que, además, ostenta el privilegio de ser la primera producción original africana de Netflix.

Compuesta por seis episodios, Queen Sono nos cuenta la historia de una agente del Grupo Especial de Operaciones sudafricano (SOG). Un grupo secreto que se encarga de velar por la seguridad y el bienestar no solo del país sudafricano sino de todo el continente. Mediante labores de inteligencia tratan de evitar cualquier amenaza que ponga en peligro la libertad y la democracia en los países de África. Una labor titánica que deja entrever la fragilidad de los sistemas democráticos del continente. Sono es, además, hija de una respetada líder revolucionaria, Safiya Sono, que en su día luchó contra el apartheid y cuya muerte nunca llegó a aclararse del todo. La primera temporada de la serie se centra en las labores del SOG y en la búsqueda de respuestas de Sono acerca de los verdaderos motivos que condujeron a la muerte de su madre.

La serie está creada por el sudafricano Kagiso Lediga y cuenta con un elenco compuesto en su mayoría por actores africanos. Uno de sus grandes aciertos, por cierto. Esto se traduce en que podemos ver a un personaje hablando en un inglés con marcado acento sudafricano en un momento y al siguiente mantener una conversación con alguien cercano en alguno de los miles de dialectos que forman parte de la cultura y de la identidad del continente africano. Esta transición se hace con una naturalidad tal que probablemente si no hubiesen contando con un elenco autóctono probablemente habría resultado forzado y falso. 

Queen Sono es una serie con personalidad propia. No solo se nutre de la riqueza lingüística y cultural del país sudafricano sino que toda su propuesta resulta original. Es fácil encuadrarla dentro del género de los espías y que por momentos tratemos de buscar ciertas similitudes con ficciones más conocidas internacionalmente como Homeland o Alias. Sin embargo, a pesar de ser una historia de espías, Queen Sono sabe desmarcarse y se convierte por momentos en algo mucho más profundo que se atreve a criticar desde su posición de producto de entretenimiento la situación política del continente africano.

Poco a poco, capítulo a capítulo, se va destapando una compleja red de corruptela y sobornos que alcanza cotas inimaginables. Es la forma que tiene la serie de poner el foco en algunos de los problemas que preocupan a la población africana y que son grandes desconocidos para el público occidental. De alguna manera, la serie logra que el espectador se pregunte sobre si los intereses geopolíticos de ciertas naciones occidentales no esconden alguna suerte de neocolonialismo a mano de importantes corporaciones dispuestas a pagar a golpe de talonario por hacer y deshacer lo que les dé la gana en territorio africano. 

Además, la ficción nos permite ver las consecuencias derivadas del fin del apartheid donde, al parecer, la riqueza y el poder la siguen ostentando unos pocos privilegiados. La serie no deja títere con cabeza y en su corta temporada tenemos una importante empresaria rusa, Ekaterina Gromova (Kate Liquorish), al frente de una empresa de seguridad privada denominada Superior Solutions (ojo al guiño a la SS con las siglas), y a una guerrilla paramilitar que pretende liberar a todo el continente del poder encubierto que sigue teniendo Occidente sobre el territorio africano como grandes antogonistas. Pero también hay sitio para hablar de los diamantes de sangre o de la deuda que mantiene el continente en su totalidad con el Banco Mundial. Una deuda que no para de crecer día a día y que ahogan a los países africanos ante la pasividad del resto del mundo.

Y todo ello lo hace con sentido del humor y siendo muy consciente de que apenas han pasado treinta años desde el final del apartheid y  que el país sudafricano aún está buscando su lugar en el mundo. Para muestra la escena en la que en una cumbre internacional Ekaterina se enzarza en una discusión con la responsable de una ONG acerca del futuro de África y en la que una sorprendida Sono señala con sorna “mira, dos blancas decidiendo el futuro de África” como si no fuera algo que lleva haciéndose desde que los europeos descubrieron el continente.

Pearl Thusi encarna a Queen Sono, una agente con una personalidad muy marcada que deja claro desde el primer momento que hace las cosas a su manera. Seductora, deslenguada y en ocasiones imprudente. Una mujer de armas tomar. Fuerte como un muro y que no puede evitar derrumbarse al pensar en su madre o al hablar con su maravillosa abuela (Abigail Kubeka). Su fuerte personalidad siempre contrasta con la del resto de personajes, remarcando aquellos aspectos en los que Sono es diferente al resto. Es aquí donde el trabajo de Pearl Thusi brilla por momentos. Ha dotado al personaje de tantos matices que por muy elaborado que sea el disfraz o la tapadera Sono siempre aparece de alguna manera.

El resto de personajes también logran brillar pero la personalidad arrolladora de Sono hace que siempre queden en un segundo plano aunque esa no parezca ser la intención. Da igual la escena, si Sono participa en ella de alguna manera siempre logra robarla. Ella es así. Por suerte, el resto cuentan con pequeños momentos en los que podemos verles de forma auténtica, sin contraponerlos con la protagonista, sino por ellos mismos. Es aquí donde Abigail Kubeka y su Ekaterina logra infundir verdadero miedo y donde la vemos por la villana que realmente es, con sus diferentes aristas y no simplemente como un personaje antagónico que comparte escena con Sono.

Otro de los grandes aciertos de la serie son las localizaciones. En solo seis episodios vamos de una punta a otra del continente africano y descubrimos fotografías y lugares únicos. De la mano de Sono vamos de Zanzibar a las calles de Johannesburgo, pasando por Lagos y haciendo una parada en la sabana a los pies del Kilimanjaro. Un viaje rápido a lo mucho que tiene que ofrecer África al resto del mundo.

Si de algo adolece la serie es de presupuesto. A pesar de estar producida por el gigante de Netflix solo hace falta ver sus escenas de acción para darse cuenta de que no cuenta con el presupuesto de otras ficciones más ambiciosas como Narcos, por poner un ejemplo. Son escenas que tratan de ser trepidantes, repletas de acción, dignas de cualquier guión del género en Hollywood pero su ejecución se queda a medias. Es como si no estuvieses pulidas del todo, se echa en falta la presencia de más especialistas que peguen brincos o mueran de manera sorprendente, faltan explosiones y complejas escenas que hagan que una persecución un tiroteo parezca más de lo que realmente es. Al final, esta falta de recursos hace que Queen Sono parezca la hermana pequeña de otras producciones.

Queen Sono es original y diferente. Su banda sonora es sorprendente, llena de ritmos africanos que nos demuestran lo poco que sabemos del continente. Su historia engancha y la personalidad de su protagonista hace difícil no devorar los seis episodios casi de un tirón. A pesar de que sus defectos son evidentes, la serie logra hacerse un hueco dentro del apabullante catálogo de la plataforma. Su cliffhanger final hace que esperemos con ansias el estreno de su segunda temporada. Ojalá que para ese entonces y gracias al respaldo del público, la serie cuente con más presupuesto y brille en todo su esplendor. La inversión bien merece la pena. 

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Marta Ramirez

Abogada de día y cinéfila y seriéfila de noche. Un día colgué la bata y el fonendo para probar la segunda carrera que más veces se ha retratado en cine y TV. Aspirante a ser la nueva Ally McBeal.

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Abogada de día y cinéfila y seriéfila de noche. Un día colgué la bata y el fonendo para probar la segunda carrera que más veces se ha retratado en cine y TV. Aspirante a ser la nueva Ally McBeal.