Paul Urkijo: “En mi cine hay una constante: el viaje para conocer al monstruo”

Hoy, viernes 2 de marzo, llega a los cines ‘Errementari: el herrero y el diablo’, una película de Paul Urkijo que se propone conquistar a los amantes del cine gótico y fantástico.

SeriesOnDay ha podido hablar con el director y con algunos componentes del reparto, entre ellos, los ya reconocidos Kandido Uranga y Josean Bengoetxea, Eneko Sagardoy, ganador del Goya a mejor actor revelación, y la pequeña Uma Bracaglia, que a su corta edad ya ha debutado en la gran pantalla. El productor de la película, Alex de la Iglesia, también acudió a la presentación.  

 

Series On Day: ¿Qué papel desempeña la mitología vasca en ‘Errementari’?

Paul Urkijo: Ya llevo quince años haciendo cortometrajes y, en general, siempre son de género fantástico. Soy un apasionado del folklore y de las fábulas, en concreto, de las del País Vasco. He convivido con ellas, las conozco desde niño. Son parte de mi cultura e incluso de mi alma.

En concreto, de pequeño tenía un cuento que se llamaba ‘Patxi Errementaria’. Este cuento lo registró un cura que hizo un compendio de textos sobre mitología vasca. Yo tenía una versión en la que se contaba la historia de un herrero tan malvado que hasta los propios demonios del infierno, cuando van a llevarse su alma, se asustan porque el hombre es peor que ellos. De pequeño me hacía mucha gracia. Me divertía que los demonios fueran unos pobres desgraciados.

Después de tantos años haciendo cortos pensé que este cuento reunía muchos ingredientes para convertirse en un relato que me interesaba contar. Entre estos ingredientes se encuentra el hecho de que es una leyenda de terror gótico, oscura y de demonios, que, además, contiene elementos satíricos y de humor negro.

SOD: La estética está muy cuidada, ¿cuáles son tus influencias?

P. U.: Para mí estaba claro que si quería contar una historia tradicional de demonios tenía que recuperar la imaginería barroca de la mitología cristiana y dantesca. Quería crear demonios rojos, con cuernos, rabo con punta de flecha, tridente y unas puertas del infierno que tuvieran forma de fauces. En parte, creo que la historia ha sido una excusa para configurar toda esta escenografía que siempre me ha fascinado. También quería crear la atmósfera de cuento invernal, rural, un poco opresiva y violenta. Toda la estética la he llevado a ese punto.

Además, yo también soy ilustrador, y ya antes del rodaje había hecho el libro de arte. En ese sentido, lo tenía todo muy diseñado. Configurar la estética forma parte de un proceso creativo que a mí me encanta.

 

SOD: ¿Cuántos años lleva embarcado en este proyecto?

P. U.: Han pasado siete años desde que empecé a escribir el guion, desarrollar los detalles, localizar, y, sobre todo (lo más complicado), buscar el dinero. El rodaje fue sólo de siete semanas. Es muy poco tiempo para una película de género fantástico. ‘Errementari’ tiene una puesta en escena muy ambiciosa, hay criaturas protésicas, está ambientada en el siglo XIX, también aparecen niños, peleas, barro, fuego, efectos digitales y secuencias nocturnas. Tuve que adaptarme a una media de dos tomas por plano, pero lo importante es que, gracias al arropo de un equipo de guerreros y guerreras, pudimos terminar la película. Además, yo creo que todo esto se deja ver en el resultado final y le imprime cierta brutalidad.

SOD: ¿Cómo influye la escenografía del País Vasco en la imaginación de un artista?

P. U.: A mí me encanta subir al monte porque me imagino que se trata de una película y ponga donde ponga la cámara todo se llena de personajes, aunque no haya ninguna persona. Es como si el monte estuviera vivo. De hecho, casi todas las localizaciones son reales. Yo quería que todo tuviera una textura muy natural y ese universo se encuentra en el País Vasco. Ya había muchos espacios que yo conocía de antemano.

SOD: Vemos ahora el éxito que está teniendo ‘La forma del agua’ de Guillermo del Toro, ¿se podría pensar que está en auge el relato fantástico en el cine?

P. U.: Yo quería hacer mi pequeña aportación en la cadena de películas fantásticas. Siempre ha habido una sensación de que el género fantástico es menor, pero curiosamente los primeros directores de cine como Méliès hacían películas de esta categoría. A mí me parece el género más inventivo que hay. Si quieres puedes saltarte las leyes del universo y crear las tuyas propias. Te da una capacidad creativa que quizá un relato acotado en la realidad física no te da. Además, te permite profundizar en muchos estratos, no sólo se trata de ver al monstruo, sino de proyectar las frustraciones y los miedos de las personas. No por ello creo que haya historias con mayor valor que otras, todas tienen sus complicaciones, y por eso mismo no creo que el fantástico sea un género menor. Y bueno, poco a poco se le está tomando más en serio.

SOD: Paul, si tuvieras que identificar tu sello personal, ¿cómo lo definirías?

P. U.: Creo que todavía me queda mucho recorrido, pero lo cierto es que hay una constante en mi cine: el viaje para conocer al monstruo. Me gusta enfrentar al espectador con el prejuicio, con lo que se supone malo y feo para que se dé cuenta de que detrás hay una realidad muy distinta.

 

SOD: ¿Cómo ha sido encarnar al demonio, Eneko?

Eneko Sagardoy: Ha sido muy divertido, aunque también ha supuesto un reto. Cada día de rodaje tenía siete horas de maquillaje en las que me pintaban todo el cuerpo. He tenido que trabajar diversos aspectos de la actuación, darle mucho dinamismo, cambiar la voz hasta el extremo. También me llevó bastante esfuerzo el diseño del personaje, me inspiré en personajes de la historia y del cine: Hitler, Jack Nicholson, Gary Oldman, Golum, entre otros.

SOD: ¿Qué rasgos personales le has aportado al personaje?

E. S.: Le he intentado aportar algunas características concretas como la forma de la boca y el movimiento de los dedos. Pero sobre todo he ahondado en él desde otra perspectiva. Paul me presentó a un diablo totalmente fuera de los cánones que se atribuyen a una figura como ésta. Me ha gustado profundizar en su vulnerabilidad, en la inocencia que tiene. Lo interesante del personaje era la paradoja.

SOD: ¿Cómo ha sido rodar en tu propia tierra?

E. S.: Un gusto. Rodar en Euskalerria es una gozada porque, aparte de que tenemos unas localizaciones muy bonitas, en las que el paisaje pasa a ser un personaje, es muy tranquilizador tener un equipo con el que ya has trabajado anteriormente. Y por supuesto trabajar en tu idioma es lo más natural y rápido. Creo que el idioma le ha aportado otra textura, un valor añadido.

SOD: ¿Cómo ha sido rodar en vuestra lengua?

Josean Bengoetxea: Me parece que es lo más rico y lo más sencillo. En concreto, el dialecto del euskera que hablamos en la película es, prácticamente, una recreación hecha para el rodaje. Se trata de una variante dialectal antigua y casi extinta. Se puede decir que esa lengua está construida con la finalidad de trasladar al espectador a la época de la posguerra carlista y, además, aporta una particularidad estética muy enriquecedora.

En cuanto a los espacios, todos en nuestra tierra son así de verdes, pero no todos son tan húmedos como la herrería en la que trabajamos. Fue un rodaje muy duro a causa de las condiciones climáticas; para el herrero, el demonio y la niña especialmente, pero el equipo completo lo sufrió. Creo que toda esa dureza al final ayudó a que la película transmitiera ese peso, esa fuerza a la que, afortunadamente, Paul pudo dar un giro para añadirle un toque importante de humor.

Uma Bracaglia: Para mi hablar en este dialecto fue un poco difícil, pero cuando cogí ritmo ya empecé a ir más rápido.

 

SOD: ¿Cómo es ser el malo de la película, Kandido?

Kandido Uranga: Ya estoy acostumbrado. Así soy también en la vida cotidiana (risas). Ha sido un placer encarnar al personaje del herrero en un proyecto tan interesante. Cada trabajo es una historia y poniendo toda tu experiencia se puede disfrutar de las particularidades de cada personaje.

SOD: ¿Cómo habéis preparado a vuestros personajes?

J. B.: Pues yo yendo mucho al psicólogo, aunque desde que conocí a Kandido ya no me hace falta (risas). En realidad, nuestro trabajo es jugar. Para ser actor tienes que tener la filosofía de un niño y plantearte que vas a jugar en serio.

SOD: ¿Creéis que ‘Handia’ abrió la vereda para lograr cierto reconocimiento en el cine vasco?

K. U.: Pues vemos que está habiendo un auge optimista. Hay todo un equipo en el País Vasco a los que nos apasiona hacer cine y el éxito de cada trabajo es una puerta para que se siga produciendo. Teniendo en cuenta las películas que se hacen al año y el porcentaje de las que son conocidas, podemos decir que el cine vasco se encuentra en muy buen momento de reconocimiento. Pero también hay que reconocer que no son todas las que están y que no están todas las que son.

J. B.: Afortunadamente, a la gente cuando se pone a ver cine no le importa de dónde es la producción. Obviamente las películas hechas en Euskadi van a tener ciertos elementos que van a diferenciarlas mucho de otras producciones, es inevitable que los paisajes, el entorno, y el idioma cambien.

SOD: ¿Cuáles son los mecanismos que deciden el cine que se va a difundir?

J. B.: Es una industria, al fin y al cabo. Yo creo que el dinero es el que manda en este sentido. Pero también hay una contrapartida. Las producciones con menos recursos económicos tienen más libertad expresiva y creativa. También este sistema está cambiando mucho con las nuevas plataformas.

K. U: Tengo en mente una película hecha en euskera que es una verdadera joya y quizá no ha sido muy difundida, se llama ‘Bi Txirula’. La calidad no está reñida con el éxito comercial.

                           
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Raquel Verdugo

Comencé a ver series porque a mis amigos no les ocurría nada interesante. Ahora he sustituido sus historias por la de los personajes a los que amo. A veces olvido el nombre de mis amigos, pero no importa si mantengo cerca el de Don Draper, Hannah Horvath o Jon Snow.

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