Orange Is The New Black Temporada 4

Orange Is The New Black Temporada 4

Orange Is The New Black Temporada 4

Series: Orange Is The New Black

3 Stars

Summary

La sobrepoblación en Litchfield, provocada por la privatización de la misma, anuncia nuevos cambios. Nuevas presas suponen un cambio en los roles de poder. Para contenerlas, los nuevos guardias de máxima seguridad harán que extrañemos a Mendez.

Coder Credit

Ha pasado un año en nuestras vidas y ya está aquí. La cuarta temporada de Orange Is The New Black se estrenó el pasado 17 de junio y no ha dejado a nadie indiferente. Una temporada que ha supuesto un cambio de ciento ochenta grados con respecto a la anterior y que por ello ha causado alegrías y odios a partes iguales, en la que quizás es su temporada más polémica. Sí aún no la habéis visto dejad de leer aquí porque este análisis contiene... ¡spoilers!

Y es que Orange Is The New Black es una serie complicada. Trata temas complicados, como complicada es la vida. Pero cuando reflejas la sociedad desde tu perspectiva (normalmente desde una posición privilegiada) es fácil olvidar ciertas cosas y eso puede provocar la indignación de muchos fans, que no la mía propia, pero empecemos.

Durante tres temporadas hemos visto como en gran parte el conflicto sexual e identitario de género era la piedra angular de la serie, pero esta vez eso pasa a segundo plano y deja paso a la cuestión racial. Sí, en la segunda temporada tuvimos el gran conflicto de las negras pero no se trató, en gran medida, como un conflicto absolutamente racial (más bien una especie de vendetta de Vee contra Red). En esta temporada sin embargo es la guía conductora de todas las tramas, la sobrepoblación de Litchfield ha provocado que ahora las latinas sean mayoría y los roles de poder han cambiado.

Diremos aún más, no las latinas, las dominicanas son ahora las que mandan, cansadas no solo de estar por debajo de las blancas, sino incluso por debajo de sus compañeras mexicanas. Es entonces cuando conoceremos mejor a María que tomará la antigua tradición paterna de orgullo dominicano para hacerse con gran parte del control de la prisión. El desarrollo de María y su posición como principal antagonista (en cierta forma) en esta temporada ha sido todo un acierto. Interpretación magnífica de Jessica Pimentel, que hasta ahora había estado en una posición casi terciaria y nos demuestra que tiene mucho más potencial.

Junto a ella Flores (Laura Gómez) ha sido otro de los grandes aciertos de la temporada. No solo su pasado, del que aún conocemos poco, sino también su persistencia nos han dejado fascinadas. Esas horas ahí de pie en la mesa sin moverse… ¿cuántas de nosotras habríamos aguantado más de un par de horas?

Las latinas tenían mucho que decir ante una serie que sistemáticamente las dejaba en tercera posición y han demostrado que pueden llevar sin problemas las riendas de la serie.

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Pero es obvio, ante este crecimiento de las que hasta entonces estaban oprimidas no resulta raro que las opresoras se rebelen. Y al hablar de opresoras me refiero a todas aquellas mujeres blancas que se beneficiaban de su posición en la cárcel por el mero hecho de serlo. Piper, que comienza la serie con sus aires de grandeza y egoísmo que ya nos ha acostumbrado, acabará formando (sin ella quererlo) un grupo nazi para evitar que las latinas le quiten su negocio de bragas usadas. Al grito de ¡white power! formamos al que podría ser uno de los grupos más peligrosos de la cárcel y que no es más que un reflejo de lo que sucede cuando el discurso del miedo, de lo diferente se instala en la sociedad (aunque algunas ya venían con el discurso aprendido de antes).

Y aquí viene una de las primeras críticas a Orange, ¿ha tratado con la suficiente seriedad este tema? Las nazis se quedan al final como mujeres que con sus más y sus menos nos pueden hasta llegar a resultar simpáticas ¿Debe Orange hacer que nos resulten simpáticas estas? Es cierto, la rubia que parece tomar el relevo del liderazgo tras la desaparición de Piper, parece la más centrada, no quiere pegar a Crazy Eyes cuando el guardia la obliga y quiere aliarse con las otras bandas para acabar con los guardias, ¿es esto suficiente? ¿y las skinhead? Más dureza en este tema era necesaria. El problema nazi no puede resultar algo divertido en esta cárcel. No criticaré, aun así, las actuaciones de una Piper que ha actuado precisamente como lo lleva haciendo desde la temporada uno, de manera egoísta. Para ella el problema que ha creado no le preocupa hasta que no le concierne (en este caso cuando las dominicanas le tatúan la esvástica en su brazo).

Por otro lado ya era hora de una musulmana en la cárcel, una población tan grande como la de Estados Unidos necesitaba ya representación en esta serie. Abdullah (Amanda Stephen) viene a efectuar este papel y lo hace de manera más que notable. Su enfrentamiento con Cindy, esperable tras su conversión al judaísmo, solo hace que sea más dulce su reconciliación a través de la cienciología, llegando incluso al momento de mostrarle su pelo. Señores y señoras, lo que ha unido la cienciología que no lo separe la religión.

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El otro gran eje conductor de la temporada ha sido, como no, la crítica al sistema penitenciario estadounidense. El capítulo de la feria me parece el culmen de esta expresión llevada al absurdo. En plena crisis por la escasez de tampones, incluso en la feria nos introducen de manera sutil un tema tan actual entre las mujeres como el uso de la copa menstrual, una pena que Caputo no se decidiera por su compra, las risas estarían aseguradas.

La privatización de Litchfield no ha supuesto ni una sola mejora en la vida de las mujeres que allí están presas, porque sencillamente a la empresa no les interesa. Donde hay personas solo ven números, beneficios y eso es algo que vemos sistemáticamente toda la temporada. ¡Hasta se ve en los sistemáticos privilegios a Judy King!

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Para ahorrar, los guardias que contratan son antiguos militares de Afganistán, sin experiencia alguna en ser guardias de cárcel. Es aquí donde los hombres tienen su pequeño papel de protagonistas. Era difícil, muy difícil pensar que existiera alguien que nos cayera peor que el guardia que violó a Pennsatucky la temporada anterior y luego nos encontramos con todos ellos y ya tenemos dudas. Sus abusos de poder hacen que Mendez sea una hermanita de la caridad. El momento del guardia obligando a Maritza a comerse o un pequeño ratón vivo o diez moscas muertas ha sido lo más repulsivo y atroz que he visto en mucho tiempo. No sé en un minuto cuantas veces deseé que todos los hombres  de esa serie muriesen entre terribles sufrimientos.

Y aquí es donde llegamos a otra de las grandes críticas de la temporada, el cómo se ha retratado tanto a Healey como al policía violador de Pennsatucky. El primero, os lo admito desde ya, me cae bien. Sé que es un misógino, de verdad que sí, pero no puedo evitarlo. Cuando nos han contado su historia en este capítulo incluso me ha caído hasta mejor. Le veo, como el perfecto producto de la educación que recibió, con padre homófobo y una madre que le abandonó, con graves problemas mentales, ¿nos extraña algunas de sus actitudes? No me parece lo peor que ha pasado por Litchfield al respecto y su crisis al final de la temporada me ha parecido preciosa. Es un hombre que pese a todo solo intenta ayudar, aunque no le salga.

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Menos bien me ha parecido el trato entre el guardia violador (no pienso ni molestarme en buscar su nombre) y Pennsatucky. Era esperable su reacción, que pidiese perdón, que ojala pudiese hacerlo de otra forma, e incluso entiendo que ella le perdone, porque es una situación que desgraciadamente se da a menudo en nuestra sociedad. Pero la manera de reflejarlo ha hecho que hasta casi nosotros y nosotras le perdonemos. No. Eso no está bien. Menos mal que siempre está Boo para recordarnos que él es un violador y nada más. Orange tenía el deber moral de incidir en la perspectiva de Boo y desgraciadamente no lo ha hecho. Eso, sumado a los nuevos guardias han sido los causantes de esta nueva perspectiva al guardia.

La alegría de la temporada: la recuperación de Nicky (Natasha Lyonne), que se declara indispensable para el show. No solo aporta una frescura impresionante, sino que su sola presencia ya mejora otras tramas como la de Morello. Su caída en la droga de nuevo puede traernos una interesante relación con Pennsatucky la próxima temporada, aunque lo importante es que no vuelva a faltar. Menos bien me ha parecido que su caída haya sido primero a través de una guardia negra y luego a través de la red de las latinas (fundamentalmente). Por lo menos hemos visto gracias a ella, aunque solo sea unos segundos a Stella (Ruby Rose) y suplico desde aquí su recuperación para la próxima temporada.

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Pero la revelación de la temporada ha sido Lolly (Lori Petty). Ha sido sin duda alguna el personaje de esta temporada. Su inocencia, su locura (sana e insana), su pasado, todo nos ha llegado al corazón, para ver como finalmente cae víctima de su propia inocencia. Al psiquiátrico irá como culpable del asesinato de un guardia que no cometió. Todo esto aderezado con una actuación de Petty durante toda la temporada de diez. Este año el Emmy, sintiéndolo mucho por Uzo, debería ser para ella.

Y así llegamos a los tres últimos capítulos de la temporada. El 4x11 ya nos rompe el pecho con el pasado de Crazy Eyes. Entre sutiles críticas a la compra de armas, vemos a una vendedora feliz que ante la soledad acaba “secuestrando” a un niño que se acaba tirando por la ventana. Incidente desafortunado por el cual nuestra querida amiga acabará en Litchfield. Aunque quizás esté mejor ahí, con una familia y unas amigas que la quieren que ante una sociedad que la discrimina por triples motivos. Uzo Aduba sigue queriendo quedarse con el Emmy y hace méritos en este capítulo, pero en mi opinión el despertar de Lolly durante toda la temporada hace que Petty sea mi favorita.

A partir de este final debo confesarlo, el llanto fue continuo. El 4x12 no mejoró la situación. ¿Por qué un flashback de Bayley? ¿Quieren demostrarnos que no todos los guardias son iguales? La respuesta al final. La muerte de Poussey ha sido una jarra de agua fría para todos y todas las seguidoras de esta serie. Una chica demasiado buena para Litchfield, demasiado buena para la sociedad.

Durante una temporada hemos visto como se conseguía sobreponer ante los estánderes racistas, incluso los de su propia novia Soso. Era una relación bonita, su relación con Judy King y las promesas de un trabajo nos hacían verlo todo de color de rosa. Por eso duele más su pérdida. Orange Is The New Black no podía matar a ninguna otra presidiaria y provocar estos sentimientos entre el público. ¿Muerte necesaria? Solo el tiempo lo dirá, pero yo me aventuraría a decir que sí. Era el cruel despertar que necesitábamos para volver a recordar que Litchfield es, al fin y al cabo, una cárcel, dónde desgraciadamente esto ocurre.

El último capítulo es cruel. Solo un alma cruel nos planta un flashback de la propia Poussey y sin embargo, es extraordinariamente bello. Un canto a la vida, un canto a la libertad. Samira Wiley nos vuelve a enamorar y nos brinda su última interpretación como Poussey con algunas de las escenas más bellas de la temporada.

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Todo mientras Caputo trata de lidiar con el conflicto. La defensa de Bayley será otra de las críticas que han realizado a la serie. Era un buen chaval, pero lo siento, lo que ha hecho se llama asesinato. Otra cosa es que la culpa deba recaer al 100% en su figura. No, la culpa es del sistema encabezado por Piscatella y en ello, Caputo, no has estado atento en la rueda de prensa. Taystee representa todos nuestros sentimientos (su expresión ya con la muerte de Poussey fue la exteriorización de los mismos) y encabezará la gran revolución con la que acabará la temporada. Cliffhanger final, al igual que la tercera que desemboca con una Daya que tendrá que tomar una terrible decisión.

La cuarta temporada de Orange Is The New Black tiene un adjetivo claro: drama. Las críticas que le realizaron cuando pasaron a esta categoría en los Emmys (consideraban que debía pertenecer a comedia) han sido acalladas. Hemos visto la caída de Piper, la de Alex, la de Nicky, la de Healey y la de un largo etcétera. Hemos visto la historia de Sophia hundiéndose en aislamiento (sigo sin entender por qué no es una historia de primer nivel) y hemos visto el final de Crazy Eyes y Lolly en la "locura" máxima.

Orange Is The New Black se ha marcado, en mi opinión, la mejor temporada desde la primera temporada. Hacía falta drama, hacía falta dolor para recordarnos que esto es una cárcel y esto es lo que ocurre en nuestra sociedad. Puede haber cometido fallos, no los escondo, pero necesitábamos a alguien que criticase de una vez todo lo que exclama con cada fotograma esta serie. Las cosas no son de color de rosa fuera de nuestras pantallas y como Litchfield hay cientos de cárceles, incluso peores, más cerca de lo que imagináis.

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Beatriz Noria

Empecé a ver Perdidos y ya no paré... Con Como Conocí A Vuestra Madre conocí lo mejor y lo peor de este mundo. Adicta a cualquier pantalla que emita series o películas. Mientras cargan, trato de estudiar algo.

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