La Última Palabra: mil y una formas de decir adiós

La muerte ha sido siempre un tema recurrente en el mundo del arte, la literatura, el cine y la televisión. La única certeza que tiene el ser humano en esta vida es que, tarde o temprano, siempre llega.

Mucho se ha escrito sobre ella. Es una de las grandes preocupaciones del ser humano desde el principio de los tiempos. Desde la filosofía y la religión se ha intentado dar consuelo a lo que supone el fin mismo de nuestra existencia pero lo cierto es que llegado el momento nadie está realmente preparado para ella. 

La serie alemana La Última Palabra nos invita a reflexionar sobre el verdadero significado del duelo y de las distintas maneras que tenemos las personas para superar la pérdida de aquellos a los que amamos. Todo ello en clave de humor. Un humor negro que puede no gustar a todo el mundo pero que logra su propósito de restarle importancia a la muerte misma, algo tan solemne como inevitable.

La serie consta de seis episodios de aproximadamente una hora de duración y nos cuenta la historia de Karla Fazius (Anke Engelke), una mujer cuyo marido muere de forma repentina tras la celebración de su vigésimo quinto aniversario de bodas. La pérdida de su esposo supone un duro mazazo para toda la familia. Pero Karla no solo tendrá que lidiar con la pérdida del amor de su vida sino también tendrá que hacer frente al descubrimiento de ciertos secretos que su marido guardaba muy celosamente y que la llevarán a replantearse muchas cosas acerca de su matrimonio, su familia y ella misma.

El funeral de su marido supone un punto de inflexión para el futuro profesional de Karla que decide convertirse en oradora fúnebre para hacer frente a las deudas que no sabía que su marido tenía por ahí. De este modo entra a trabajar en la funeraria de Andreas Borowski (Thorsten Merten) quien ve en la mujer una nueva baza para reflotar un negocio que se hunde poco a poco. 

Cada episodio cuenta una historia diferente donde vemos un nuevo funeral y la historia que ahí detrás de esos dolientes que quieren despedir a un ser querido. A pesar de esto, la serie nunca pierde de vita la trama principal que vertebra la serie de principio a fin. El duelo de la propia Karla y las diferentes fases por las que pasa están siempre presentes en cada una de estas historias. 

Karla es la gran protagonista de esta historia. Toda la serie gira en torno a ella aunque en los seis episodios que la componen tenemos tiempo de ver cómo tratan de sobreponerse al dolor de la pérdida el resto de miembros de la familia. Así vemos como Judith (Natalia del Riego) deja a un lado su vida y su carrera para volver a Berlín tras la muerte de su padre y la vemos asumir el rol que le correspondería a Karla como cabeza de familia porque prefiere hacer cosas a simplemente sentarse y hacer frente a lo que siente ante la pérdida. Por su parte, vemos al adolescente Tonio (Juri Winkler) abrumado por el dolor y encerrado aún más en sí mismo.  

La serie está a medio camino entre el drama y la comedia. Aunque la intención de su tono busca quitarle hierro a la muerte, no puede evitar tratar de mostrar esa miríada de emociones que despierta en el ser humano la pérdida de aquellos a quienes amamos: pena, dolor, culpabilidad, ira, alivio… Son tantos los sentimientos que nos despierta la muerte que es interesante que la serie haya querido recurrir al humor más negro para mostrarnos la ide de que, al final, los funerales no son para los muertos sino para los vivos.

Esta idea no es nueva ni revolucionaria. De hecho recuerda peligrosamente tanto la temática de la muerte como el uso del humor negro a lo que vimos hace ya unos cuantos años en la excepcional A Dos Metros Bajo Tierra. Sin embargo, basta un vistazo rápido para ver que ahí acaban los parecidos entre las dos series. La Última Palabra no pretende ser una versión alemana ni mucho menos. Sabe en todo momento que juega en liga algo menor y simplemente se limita a contar su historia y a tratar de dar un mensaje más o menos optimista sobre la muerte y el proceso de duelo.

El único problema que tiene la serie es su ritmo. Pareciera que le costara cogerlo en algunos momentos y a algún que otro espectador se le puede hacer algo lenta. Su episodio final es el que quizás pueda resultar más extraño. Trata de ser el que ponga el punto y final pero por momentos es tan abstracto y su final es tan abierto que no queda claro si la historia ha llegado realmente a su fin o no. Tal vez sus responsables simplemente hayan querido dejar la puerta abierta a una posible segunda temporada aunque Netflix aún no se ha pronunciado al respecto. 

En definitiva, La Última Palabra es una comedia amable que busca darle al proceso de duelo un enfoque cargado de optimismo donde la muerte no sea el final sino el principio de algo. Los amantes del humor negro encontrarán en esta serie un entretenimiento ligero con el que pasar una tarde. Por suerte su humor no llega a ser terriblemente ofensivo por lo que es apta para todos los públicos. Una serie perfecta para reflexionar sobre los pequeños detalles, el último adiós y la existencia misma. Eso sí, siempre con una sonrisa.

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Marta Ramirez

Abogada de día y cinéfila y seriéfila de noche. Un día colgué la bata y el fonendo para probar la segunda carrera que más veces se ha retratado en cine y TV. Aspirante a ser la nueva Ally McBeal.

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Abogada de día y cinéfila y seriéfila de noche. Un día colgué la bata y el fonendo para probar la segunda carrera que más veces se ha retratado en cine y TV. Aspirante a ser la nueva Ally McBeal.