La sociedad literaria y el pastel de piel de patata

La sociedad literaria y el pastel de piel de patata

La sociedad literaria y el pastel de piel de patata

3.5 Stars

Summary

En 1946, la escritora Juliet Ashton goza del éxito, pero sigue en busca de una historia que le inspire de verdad. Una carta de un habitante de Guernsey, pueblo inglés ocupado por los nazis, hará que se replantee toda su vida y encuentre la inspiración que tanto necesitaba.

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La Segunda Guerra Mundial sigue inspirando películas en el Reino Unido, para que luego digan que el cine español está obsesionado con la Guerra Civil.

Es increíble que 70 años después se siga encontrando fascinante la época y se sigan escribiendo historias al respecto. Mike Newell, el director de la cinta, lo aduce a que el pueblo británico es muy orgulloso y está muy orgulloso de su intervención como país en la guerra, y que probablemente fue la última época en que fueron importantes en el mundo entero, así que deciden explotarlo al máximo.

Sea como fuere, la novela que adapta la película que nos ocupa habla de algo mucho más noble: de cómo un libro puede salvarte la vida. Y cómo la cultura une y crea comunidad.

La historia comienza con un grupo de personas de distintas edades que vuelve de fiesta un día cualquiera. Pero no es un día cualquiera, es 1941 y son tiempos de guerra. La pequeña isla de Guernsey vive bajo la ocupación nazi que controla hasta el más mínimo detalle de los habitantes de su tierra. Entre los derechos vulnerados está el de reunión, así que cuando la Gestapo encuentra a este inocente grupo de personas divirtiéndose sospecha que traman algo. En un momento de inspiración, Elizabeth (Jessica Brown Findlay) explica que se han reunido porque son una sociedad literaria, y que lo único que hacen es comentar libros y comer pastel de piel de patata.

Los agentes compran la coartada y les permiten a partir de entonces reunirse semanalmente con motivo de su club de lectura. En tiempos de soledad y desolación, la reunión semanal de su sociedad literaria unida a cenas improvisadas juntando los limitados ingredientes que les está permitido cocinar por la carta de racionamiento se convierten en un bálsamo para sus vidas y en la formación de una familia improvisada.

El entrañable abanico de personajes es lo mejor de esta tierna y sencilla película. Intérpretes habituales de la televisión y el cine británicos llenan esta película de carisma, con una Lily James muy inspirada a la cabeza. Es curioso ver cómo una vez más coincide pero no coincide con Jessica Brown Findlay tras "Downton Abbey". Ellas funcionan como el eje motor de la historia, una desde el pasado y otra desde el presente, dos mujeres valientes que buscan justicia y defienden lo que creen cada una a su manera.

Una adaptación complicada

Las subtramas y los distintos puntos de vista se pierden un poco con la adaptación debido a que la novela es de carácter epistolar y ordenar todas esas cartas de distintos personajes para condensarlos en una película de dos horas se convirtió en el mayor reto para los productores. Algunos personajes se perdieron por el camino y algunas cosas cambiaron, pero la película es más que digna tanto si has leído la novela como si no y se consigue una sensación de comunidad y de familia con todos los personajes que resulta de lo más reconfortante.

El amor los libros como metáfora de la necesidad de abstraerse de unos tiempos oscuros, el pastel de piel de patata como paradigma de la supervivencia en tiempos de estrecheces y la reunión semanal como necesidad de amor en tiempos de soledad.

La llegada de Juliet Ashton al pueblo lo pone todo patas arriba. Ella llega con la determinación de conocer a ese hombre con el que se ha estado carteando y que le informa de que su novela más querida y menos exitosa les ha cambiado la vida. Pero han pasado los años, la guerra ha terminado pero las heridas están todavía abiertas y no hay ganas de remover el doloroso pasado que ha dejado la revuelta en sus vidas.

Poco a poco conseguirá ganarse a ese peculiar grupo de lugareños e integrarse como una más de ellos, lo que le hará replantearse toda su sofisticada vida como escritora en la ciudad de Londres, con novio americano incluido y preguntarse si la felicidad no cabe en una cajita más pequeña.

El cine inglés tiene algo que lo hace cercano y entrañable. Quizá unos actores que sentimos como de nuestra familia y que nos encanta ver una y otra vez en distintas producciones. Quizá es la campiña inglesa, tan verde y lluviosa. Quizá es su historia. Quizá es su humor y su frialdad. Quizá sea todo junto. Tanto es así que esta película funciona porque es consciente de sus limitaciones y de su sencillez. Tiene pocas pretensiones y lo sabe, simplemente quiere hacer sentir bien y transmitir amor por los libros y por la gente buena. Y en tiempos tan cínicos y de vuelta de todo como los que vivimos es de agradecer.

Recuerda un poco a "Su mejor historia", la cinta de Lone Scherfig ("One day", "An Education") que coincidió en cartelera y temática con "Dunkerke" y por eso pasó tan injustamente desaparecida, os invito a que la recuperéis.

Estamos ante una de esas películas que se convierte en un safe space, un lugar seguro al que volver cuando quieres sentirte bien, como tu libro favorito. Aunque sepas de sobra lo que va a pasar desde el primer minuto, y precisamente por eso te gusta. 

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Beatriz Parra

Culpo a Jim Halpert de mis altas expectativas en cuanto a hombres. A Lost de mis altas expectativas en cuanto a compañeros de vuelo y a Leslie Knope de mis altas expectativas en cuanto a la vida. De lo demás al cine, que ha hecho de mí lo que soy.

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Culpo a Jim Halpert de mis altas expectativas en cuanto a hombres. A Lost de mis altas expectativas en cuanto a compañeros de vuelo y a Leslie Knope de mis altas expectativas en cuanto a la vida. De lo demás al cine, que ha hecho de mí lo que soy.