Julio Médem: “Lo más difícil fue, ya desde el guion, darle medida a las tramas”

Hoy llega a los cines 'El árbol de la sangre', la nueva película del director Julio Médem protagonizada por Úrsula Corberó y Álvaro Cervantes. Escrita y dirigida por él, y con actores en el reparto como Najwa Nimri ('Vis A Vis') o Daniel Grao ('Gigantes'), trata sobre una pareja joven, Marc y Rebeca, que decide viajar a un antiguo caserío vasco familiar para escribir la historia común de sus raíces familiares, una historia de amor, celos, infidelidades, secretos y tragedias

Después de películas como 'Lucía y el sexo', 'Caótica Ana', 'Mama' o el cortometraje de Amstel 'El pelotari y la fallera', Julio Médem vuelve a la gran pantalla con una nueva apuesta, esta vez, una historia coral de intriga y drama con catorce personajes. Hemos hablado con él sobre cómo ha sido el proceso de la película.

P: En tus obras, utilizas actores que tienen dotes de canto, como Najwa Nimri o Asier Etxeandía. ¿Por qué esta necesidad, como persona y como artista, de que tu cine tenga tanta musicalidad?

J. M.: Pues no sé cómo contestarte a esto, realmente. Por ejemplo, el personaje de Najwa, "La Maca", fue el único personaje que he escrito para una actriz en esta película. Ya me inspiraba en ella, yo la conozco, entonces ya creé un personaje que cantaba. Que luego tiene este problema con las voces, el hecho de que dentro de ella hubiera este niño, y su esquizofrenia. Pero luego aquí, lo que sí ocurre, es que hay por eso, porque me ha gustado así, porque este es un árbol que tiene raíces en el País Vasco, en Cataluña, en el Levante, en Madrid, en Sevilla... Entonces bueno, sí que me pareció también que podíamos escuchar. Me gusta cuando el padre de Amaia, Zugaza, el aita, le canta a su hija y le habla de la dama de Amboto, porque bueno, es que ahí está el monte Amboto. En la mitología vasca, es un personaje muy importante, que yo cuando era adolescente, además, escribía sobre este personaje; y que me inspiró, de alguna manera, para el personaje de Mary en 'Tierra'. Tiene que ver con eso. [...]

P: La película es meterse en un laberinto de pasiones. Hay un momento dado que, a medida que va avanzando, es difícil encontrar la salida. En este proceso, que hay muchos personajes, donde son piezas y cada una tiene su historia, ¿sales indemne del proceso creativo?

J. M.: A mí me gusta definir esta película como una historia de amor con forma de árbol. Una historia de amor que tiene dentro un árbol con sus ramas, que son otras vidas, otras historias de amor también, de desamor, de locura, de celos... y hay también tragedia. Y que bueno, existe la necesidad por parte de una pareja de jóvenes, tienen 25 años, de contarse el uno al otro, en frente, quedan los dos, se juntan los dos, en este caso, en el País Vasco, para contar sus veinticinco años de vida desde que fueron concebidos, y también las vidas, ahí las vierten a su relato, de sus familias respectivas. Pero también, sabiendo que hay una tercera familia, que son los Mendoza, cuyos hijos, que son Víctor y Olmo, tuvieron relación con sus madres. Es decir, ellos saben que pueden entonces, como les gusta decir, uniendo sus ramas y mezclando su sangre, digamos, crear un árbol, todo un gran árbol poderoso y potente que acaba siendo mucho más dramático y trágico de lo que habían imaginado. Pero claro, ellos, y la historia en sí misma, está contada a sí misma, porque ellos están narrándose el uno al otro. Ellos están idealizando también sobre sus pasados, el pasado de sus familias, de ellos mismos, deciden qué contar y cómo contarlo, y hay un motivo íntimo que está clarísimo, y es que tiene cada uno una verdad. Un secreto que contar al otro. Ella lo llama "mi verdad más grande", y él, bueno, pues quiere contarle... (Pausa) Bueno, no voy a decir mucho porque si no la contáis, pero bueno, ya sabéis cuál es la verdad de él. El caso es que, por encima de todo, quieren despejar su relación de sombras. Entonces claro, ocurre esto, ¿no? Que se crea un árbol que en el fondo tiene esta intención, de despejar. Entonces claro, lo más complicado fue, ya desde el guion, darle medida. Medida a esta cantidad de ramas, claro, es una historia súper-ramificada. Hay catorce personajes, pero siete son muy importantes. Ellos son los protagonistas, pero también ellos mismos hacen que sus padres, su madre, en fin, sean protagonistas porque los están sacando en la historia cuando aún son niños, aún casi no han aparecido, pero ellos están haciendo que esos personajes no sean tan secundarios, son muy importantes. Hay muchos importantes. 2+5, lo llamo yo, que son 7 personajes con mucha significación y mucha historia. Y lo más difícil fue, ya desde el guion, medir estas tramas para que resultara la historia clara de entender. Luego, el espectador puede saber, yo también creo que eso es bueno, que se entienda que hay recovecos, que hay huecos, que hay muchas capas... Porque claro, ellos, cuando cuentan la historia, también utilizan mucho el lenguaje simbólico. Y desde ahí [...] yo me he metido un poco en ellos, que son jóvenes, y me he dado un poco la licencia de ser todavía más libre y más joven. Y han salido cosas que tienen que ver con mi cine anterior, ha ocurrido de una forma natural.

P: ¿Y podemos encontrar ahí también tu verdad?

J. M.: Bueno, hay una parte de... Bueno, la mía... vamos a ver. (Ríe) Hay un intento de usar la verdad. Hablo de la conciencia. En el fondo, el tema clave es la conciencia. Es decir, personajes, unos cuantos, bastantes, de cada familia, han cometido en el pasado actos que su propia conciencia... bueno, pues les provoca un sentimiento de culpa, que eso ya es una forma de castigo, de auto-castigo. Pero luego llega el momento en el que estos personajes también se pueden redimir. En este caso, la redención es un aspecto muy importante. O en vida [...] o bueno, también el sacrificio, el sacrificarse a sí mismo. Tiene mucho la historia de romanticismo, del que me gusta a mí, el romanticismo trágico, el romanticismo que está entre la vida y la muerte, el sexo, las pasiones... Esa atmósfera romántica está. Y luego ellos también idealizan su historia. Entonces claro, yo aposté, y así se lo dije a todo el equipo, yo apuesto por la belleza. Quiero que sea una película que claramente apuesta por la belleza. Pero la belleza, también yo les decía, una belleza amenazada. Amenazada de muerte, una belleza que da miedo, porque contiene, claro, tiene un tronco que contiene ahí... La idea de la sangre no es solamente la sangre digamos familiar, ancestral. Es también la sangre que tiene que ver con las tripas, tiene que ver con los órganos, con las vísceras, con la violencia. Entonces, la sangre que recorre el árbol, pues tiene esa potencia, ese vigor, también.

P: ¿Por qué con 'El árbol de la sangre' has buscado alejarte de tus últimos trabajos e ir al universo de los primeros como 'Vacas'? ¿Por qué parece que ha decidido, por la estética, volver a empezar?

J. M.: Claro, hay como una paradoja. Porque, por un lado, yo, como hago con todas mis películas, me intento alejar siempre con la película que hago de la anterior. Me quiero alejar muchísimo. No sé, 'La ardilla roja' está alejadísima de 'Vacas', 'Tierra' está alejadísima... Todas se alejan. Es mi intención. [...] En este caso, lo que más me ponía y me provocaba así como reto era que fuera tan coral. Aquí pueden caber casi tres o cuatro películas mías de antes (ríe), no sé, es que... es... Claro, hay muchas vidas, muchas historias. Entonces, el reto para mí era este, fundamentalmente este. Que fuera tan coral. Y entonces, ¿qué ha ocurrido? Que, por el hecho, como os contaba, de que está contada por sus dos protagonistas, ha ocurrido que, yo también esto lo he visto, que ha tirado y ahí puedes ver muchos ecos a momentos míos de mi cine anterior. [...] No quiere decir que vaya a continuar por aquí, no sé, pero en esta ha ocurrido esto. [...] Luego uno tiene sus límites. Yo estoy limitado. Yo no puedo hacer más que lo que sé hacer, que lo que me sale hacer. Esa es mi limitación. Entonces yo tengo, pues lo que tenga, el universo mío es el que es, y entonces bueno, pues aunque yo quiera salirme... En este caso, pues no me he alejado mucho (ríe).

P: En una entrevista, dijiste que los personajes femeninos respondían a la mirada que tú tenías sobre la mujer, una mirada sublimada; y que el hombre era una parte de ti, o algo tuyo o algo oscuro. ¿Se mantiene esto en 'El árbol de la sangre'?

J. M.: Yo he cambiado mucho desde entonces. [...] A partir de 'Los amantes del Círculo Polar', que tiene algo esta película, solo que en este caso cuentan los dos amantes juntos, se miran a la cara y se cuentan el relato, y en 'Los amantes del Círculo Polar' lo cuentan por separado, me tuve que poner en el personaje de una mujer, tuve que construir el personaje desde mi lado femenino, desde mí. Y lo he desarrollado muchísimo. [...] A partir de ahí, ya no he dejado de construir protagonistas femeninas. [...] Entonces, muchas veces con este tema digo "es que, en el fondo, no estamos tan... si es que nos podemos buscar". Yo con los actores lo que hago, por ejemplo, yo... escribo el personaje. Los personajes están escritos, están en mi imaginario. Y yo con cada uno de ellos, primero lo que hago, por separado, es que les voy llevando al centro de personaje. Lo que quiero es que ellos se limpien, pero que sean ellos, que esté hecho el personaje que me van a dar con su materia, con su alma. [...] Porque nos podemos buscar. [...] Si tienes la oportunidad, y te sabes despejar de todas tus circunstancias, te encuentras. Puedes encontrar dentro de ti, por ejemplo, a este personaje, a Úrsula (Corberó). Bueno, a Rebeca. Y lo encuentras. Me pasa eso. Cuando escribo personajes femeninos, yo también hago eso. Yo me los busco y los saco de mí. Y a las mujeres, los personajes femeninos, es mi lado femenino también. Es que creo que eso nos ayudaría a todos más. Yo también, por otro lado, soy feminista. Lo soy, directamente. Pero claro, es que aparte sí me gustaría que los hombres, y también las mujeres, ¿eh?, nos buscáramos más a nosotros. Dentro, buscáramos al otro. Quiero decir, los hombres a las mujeres y las mujeres a los hombres, tal cual, porque nos contenemos también dentro, ¿no? Yo eso lo hago, yo tengo el privilegio de ser una persona que su trabajo es crear personajes y hacerlos vivir dentro de historias. Entonces claro, eso es una introspección y un ejercicio maravilloso de conocimiento de... bueno, pues vamos a decir de la psicología humana, ¿no? Y eso es fascinante.

P: ¿En qué más sientes que has evolucionado o mejorado como director desde 'Vacas'?

J. M.: Yo, rodando... sigue siendo para mí el momento mágico. Yo puedo tener toda la historia claro, lógicamente, previsualizada, porque está ensayada, ensayo muchísimo con los actores. Y luego, pues claro, he localizado, he hablado con todo el equipo... En fin, imaginaos. Pero el momento del rodaje es el momento mágico, en el que ya está todo el equipo, equipo de cámara, los actores... Y yo ahí lo que sí quiero es, todavía, seguir pensando que, tal y como voy, a rodar va a ser mucho mejor de lo que me imaginaba, de lo que había previsualizado. Entonces, estoy siempre en el estado de búsqueda. Casi como un niño que tiene la ilusión, todavía, de que salga mejor. Estoy muy emocionado, ando buscando planos... [...] Y eso me doy cuenta de que, con el tiempo, cada vez lo consigo más fácilmente. (Pausa) Y también que he podido rodar esta película en siete semanas. Hace... diez años, no hubiera podido. Es muy poco tiempo, cada vez tenemos menos tiempo. Cada vez hay menos dinero para el cine... (ríe).

P: Cuando escribes, ¿piensas en estos temas universales antes de empezar a escribir? ¿O van surgiendo a medida que vas escribiendo la historia?

J. M.: Es mucho más tarde cuando miro e intento entender de qué estoy hablando. Yo me dejo llevar por un instinto que es muy, como decía antes, muy inconsciente. Desarrollo, o sea, ejercito, tiro mucho del inconsciente. Y luego, yo aparto el consciente y digo "¡Fum! ¡Sal!" (ríe). [...] Entonces, yo voy detrás. Cuando, de pronto, veo muy fácilmente un final y veo la línea, pues prefiero no verla. Entonces, tiro por otro sitio. [...] (Mis historias) van creciendo, al principio, mucho a lo ancho... Pero luego ya... Luego pongo orden. [...] Pero no hay nada predeterminado, quiero decir, en ese sentido.

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Andrea Arias

Empecé a perseguir historias con Castle y me topé con el mundo del cine y las series. Ahora, para mí, las buenas películas y series suelen tener un policía y un caso, o, en su defecto, un escritor sarcástico.

About Andrea Arias

Empecé a perseguir historias con Castle y me topé con el mundo del cine y las series. Ahora, para mí, las buenas películas y series suelen tener un policía y un caso, o, en su defecto, un escritor sarcástico.