How to get away with murder 6×15: Stay (final de serie)

How to get away with murder 6x15: Stay (final de serie)

How to get away with murder 6x15: Stay (final de serie)

Series: How to get away with murder

5 Stars

Summary

Ha llegado la hora de decir adiós a Annalise Keating y a sus chicos. Y lo hacemos con un final agridulce que termina donde todo comenzó, siendo el cierre perfecto para esta gran serie.

Coder Credit

¿Cómo se van a cerrar todos los hilos que quedaban sin atar en solo 45 minutos? ¿Va a ser un final atropellado que no se merece esta serie tan bien construida? Estas eran las dudas que probablemente todos teníamos cuando llegó la hora de ver el episodio final de “Cómo defender a un asesino”. Y con razón. Cuántas series buenas habían dejado un amargo sabor por culpa de un final que estropeaba la buena imagen que teníamos de ellas. Afortunadamente, este no ha sido el caso de HTGAWM y lo que hemos tenido ha sido un final redondo y perfecto ejemplo de cómo se puede dar a una serie fantástica un cierre a su altura.

Hacía mucho que no hacía un análisis tan largo pero, siendo este el último de la serie, permitidme que por favor me despache a gusto. Y es que no hay ni una sola escena de este episodio final que no merezca la pena comentarse.

Comencemos, lógicamente, por la primera escena. He de admitir que solo con el primer segundo todos los miedos que tenía sobre cómo iba a ser el episodio de despedida han desaparecido. Y es que antes de verlo pensaba que era una pena que no fuéramos a ver esa cuenta atrás que había sido una constante en toda la serie, especialmente en los episodios finales, pues no tenía mucho sentido que apareciera cuando ya se conocía la identidad de todos los muertos que, en teoría, tendríamos en el episodio final.

Así que imaginaros mi alegría al verlo de nuevo y, además, que este viniera acompañado de disparos y de un hipotético muerto que, por supuesto, no se desvelaría hasta el final. Con ese simple detalle quedaba claro que los creadores de la serie habían jugado muy bien sus cartas e iban a darle al espectador ese gran final que estábamos esperando, por lo que solo quedaba disfrutar.

Y eso es justo lo que hemos hecho… hasta más o menos la mitad del episodio, claro está, pues desde ahí hasta el final ha sido un auténtico mar de lágrimas.

El gran culpable de ello, lógicamente, ha sido Frank Delfino. Prácticamente no ha habido ni una sola escena en la que no apareciera, ya fuera solo o acompañado, que no me haya hecho soltar alguna lágrima (y supongo que a muchos de vosotros). En mi caso esto ya suponía una gran sorpresa, pues desde que se descubrió que Frank era el hijo de Sam y de Hannah estaba un tanto cabreada con este personaje. En fin, aparte de que fuera el hijo de Sam, lo que demostraba que Sam era aún más cabrón de lo que ya sabíamos, no entendía por qué se habían sacado ese as de la manga a falta de dos episodios para el final.

Pero reconozco que estaba equivocada, pues con ese “pequeño” detalle la relación de Frank con todas las personas que conocía adquiría un toque aún más dramático. Especialmente con Annalise, con Gabriel y sobre todo con el pequeño Sam. Precisamente por ello las escenas que ha tenido con ellos han sido tan desgarradoras como emotivas, además de que han servido para terminar de presentar a Frank como a un hombre fuerte y en el fondo bueno, o que al menos intentaba serlo, pero al que el destino parecía que se la tenía jurada desde el principio.

Con la conversación con Annalise hemos vuelto a ver a un Frank obsesionado por ayudarla, pensando que esa era la única manera de conseguir su perdón, ya que ella no dejaba de ser la única mujer que siempre había estado a su lado y a la que había acabado haciendo muchísimo daño. Y esta vez, a diferencia de esa época tan turbulenta entre los dos y en la que incluso Annalise le animó a que se suicidara, ella por fin le ha concedido el perdón con el deseo de que pasara página, ofreciéndole además un consejo que, por desgracia, Frank no ha tenido la oportunidad de seguir: el de que fuera él quien se perdonara a sí mismo, pues esa era la única manera de pudiera seguir adelante.

Por su parte, con Gabriel le hemos visto roto de dolor al confesar el crimen de Lila. Ese crimen que lo inició todo y que, si ya le destrozó en su día, pues se vio obligado a matar solo porque era la única manera de que Annalise no supiera que había perdido al bebé por culpa de su traición, ahora rompía a Frank más aún porque ese asesinato se lo había ordenado su propio padre. Sin embargo, aun con todo ese dolor, en lugar de dejarse llevar por la rabia y mandarlo todo a la mierda, teniendo motivos más que suficientes para hacerlo, Frank consiguió tener un último momento de lucidez para llevarle a Gabriel ese dinero que nunca pudo gastar por culpa de los remordimientos, con la esperanza de que él si pudiera olvidarse de Sam antes de que acabara destrozándole la vida… Y qué decir de ese momento frente a la tumba del pequeño Sam, pidiendo perdón por haber matado a ese hermano que nunca nació.

Con todas estas escenas Frank ha demostrado que ha sido uno de los personajes más fuertes de esta serie (sinceramente, con todo lo vivido no sé cómo podía levantarse de la cama cada mañana) y uno de los primeros en haber aceptado lo que es: un asesino que probablemente no merecía ser feliz, pero que aun así le gustaría intentarlo. Y una vez comprendido que eso ya era demasiado tarde para él, no ha tenido problemas en sacrificarse una última vez por los demás.

Eso sí, antes de matar a la Gobernadora “porque para eso está Frank, para hacer las cosas que a nadie le gusta hacer”, se ha dedicado a ir cerrando todas las heridas que quedaban abiertas: con Annalise, con Gabriel, con el pequeño Sam y con Bonnie. Y con esta última ha vuelto a demostrar que tenía un corazón más grande de lo que él mismo creía, hasta el punto de ser capaz de perdonar a Bonnie pese a todo el daño que le había causado saber la verdad porque eso era lo que ella necesitaba oír. Y si bien era un perdón a futuro que desgraciadamente no podrá darse, dejar atrás su rabia por el bien de Bonnie, quien lo único que pedía era una relación sin mentiras por una vez en su vida, le ha permitido marcharse siendo recordado como un buen hombre. Este es el único consuelo que nos queda tras ver el final de Frank, lógico y trágico a partes iguales.

Pasemos ahora a Oliver y Connor, que también nos han hecho pasar por un auténtico calvario. De entrada, Connor ha acabado convirtiéndose en el único que va a la cárcel, pero no porque sea el único culpable, sino porque siente que debe pasar por ese periodo para dejar atrás la culpabilidad y los remordimientos. Pero con esa decisión, si bien ha sido horrible verle alejarse de un Oliver destrozado, ha permitido abrir una puerta a la esperanza. Y es que Connor había aprendido de su experiencia y comprendía mejor que nadie que si no pagaba ahora por sus pecados estos acabarían destrozando su vida y, lo que sería peor, arrastrando con ello a las personas a las que quería.

Aunque Connor se equivocaba en una cosa: para dejar atrás esos pecados no necesitaba dejar también a Oliver, como ilusamente intentó al decirle a la cara que no le quería… En serio, qué necesidad había de hacerle tanto daño cuando los dos sabían que era mentira (supongo que la explicación más lógica es que ver sufrir a Oli era otra de las constantes de la serie y por ello no podía faltar en el episodio final). Afortunadamente, no hemos tardado en quitarnos esa espinita al verlos juntos y convertidos en unos adorables ancianos. Y es que, como bien decía Oliver, un personaje que nos conquistó el corazón desde el primer día (normal, por otro lado, al ser el único cuyas manos no estaban manchadas de sangre), qué son 5 años separados si tras ese tiempo en la cárcel, necesario para dejar atrás los demonios del pasado y los remordimientos, podrían disfrutar del resto de sus vidas juntos.

Respecto a Michaela, hablando precisamente de remordimiento, podría pensarse que ha sido injusto que ella no fuera a la cárcel, más si cabe porque ella ni siquiera parecía sentir remordimientos por todo lo que había hecho. Pero, como bien ha confesado en otra de esas conversaciones con las emociones a flor de piel, puede que ella hubiera hecho cosas malas, pero también había sufrido, y mucho, durante toda su vida. Y si durante su infancia nadie estuvo ahí para ayudarla y tuvo que ser ella quien saliera adelante, convirtiéndose en ese milagro del que tanto le gustaba presumir, ahora no pensaba ser ella quien se quedara atrás y renunciara a su sueño yendo a la cárcel por simples remordimientos. Todo lo que había sufrido compensaban su aparente egoísmo. De este modo, su actitud ha sido otra manera de seguir adelante y que, si bien es diametralmente opuesta a la de Connor, hay que aceptarla y alegrarse de que en su caso también funcionara.

Visto el final de todos estos personajes (me reservo a Annalise para el final), si tuviera que elegir una moraleja final para esta serie, esa sería que todo el mundo merece una segunda oportunidad, pero que a veces esta llega demasiado tarde. Connor, Michaela y Laurel pudieron tenerla, cada uno usando sus propios métodos: Connor aceptando la condena, Michaela firmando un trato para hacer borrón y cuenta nueva y Laurel, siendo la digna heredera de un mafioso, asegurándose de que su padre no volviera a interferir en su vida ni en la de su hijo.

Lo mismo ha ocurrido con Gabriel, quien siguió el consejo de Frank y se olvidó de su padre para empezar una nueva vida, y qué decir de Nate. Él ha sido una de las grandes sorpresas del episodio al apoyar a Annalise tras habérsela tenido jurada durante tanto tiempo, a veces sin razón aparente. Por el contrario, su decisión final ha tenido muchísima lógica. Y es que, si no testificó en su contra, no fue por el simple deseo de ayudarla, sino porque sabía que esa era la única manera de terminar de pasar página y alejarse definitivamente de Annalise, una mujer que le había ayudado de mil maneras posibles y le había hecho daño de otras mil. En otras palabras, era una mujer a la que debía decir adiós para poder empezar una nueva vida en la que, además, también dejaba atrás la rabia por haber perdido a su padre y usaba el dolor de lo ocurrido para hacer algo bueno y darle a los ex convictos la oportunidad que su padre nunca tuvo. Un digno final para este personaje con el que hemos vivido una auténtica montaña rusa de sentimientos.

Por el contrario, Bonnie y Frank no pudieron disfrutar de esa segunda oportunidad, pues cuando esta llegó ya estaban completamente rotos y hundidos en ese fango formado por sus propios pecados, pero que no dejaban de ser consecuencia de todos los traumas que les había tocado vivir.

Nunca sabremos qué habría pasado si Frank Hubiera desoído el consejo de Sam de alejarse de Bonnie y hubieran iniciado una relación cuando acababan de conocerse. Tal vez podrían haber sido felices pues, efectivamente, los dos sabían lo que era vivir en un hogar que era un infierno y que se merecían la oportunidad de ser felices e incluso de formar una familia. Pero en lugar de ello optaron por alejarse de ese sueño, creyendo que eso sería lo mejor, y tomaron otro camino que solo los llevó a más sufrimiento y, finalmente, a su muerte.

De ese modo sus muertes se han convertido en uno de los instantes más épicos de la serie, y eso que desde el instante en que Bonnie ve a Frank ya intuíamos cómo iba a acabar la cosa. Sin embargo, esa “muerte anunciada” no ha bastado para no sobrecogernos con los gritos de Annalise suplicándoles que se quedaran, cuando hacía solo un minuto la habíamos visto sonreír porque había sido declarada “no culpable”.  

Y llegamos así a Annalise Keating, a Anna Mae Harkness, una mujer que ha conseguido mantenernos con la intriga hasta los últimos segundos de la serie. De entrada, ella era la que más razones tenía para ir a la cárcel, pues como bien decía en su discurso, no era ni mucho menos una buena persona. Por el contrario, era una mujer que había usado sus conocimientos y su inteligencia para librar de la cárcel a asesinos, a violadores y a corruptos. Pero ese no era el delito por el que se la estaba juzgando ahora, sino por el de asesinato. Justo el único crimen que no había cometido.

Por otro lado, se podría pensar que su caso era como el de Frank o más en concreto el de Bonnie, siendo una mujer que sufrió la violación de un familiar cuando solo era una niña y que ese terrible hecho marcó su vida para siempre. Y dado el tiempo que había transcurrido y la cantidad de nuevos errores cometidos desde entonces, en su mayoría por ese miedo a que volvieran a hacerla daño (alejarse de Eve, caer en el alcoholismo, casarse con Sam…), uno podría pensar que ya era demasiado tarde para esperar una segunda oportunidad.

Pero a diferencia de Frank y de Bonnie, y como también deja clarísimo en ese discurso que debe ser enmarcado para la posteridad, ella también era una mujer fuerte. Y esa fortaleza arrolladora era lo que había conseguido que afrontara todas las adversidades y que siempre se levantara, daba igual las veces que la hicieran caer, hasta el punto de dejarla exhausta… Exhausta pero vencedora.

Aunque, como parece ser su sino, esa victoria en forma de veredicto de “no culpable” no ha sido tan dulce como habría cabido esperar, ni siquiera tras haberse desecho finalmente de la Gobernadora Birkhead. Y es que el mismo día que podría haber marcado el inicio de una nueva vida libre de acusaciones ha debido decir adiós de la peor manera posible a Frank y a Bonnie, las dos únicas personas que siempre estuvieron a su lado y que ella deseaba más que nadie que tuvieran la oportunidad de ser felices.

Por desgracia, los remordimientos y la culpa ya se habían instalado en los dos como ese cáncer con el que tantas veces comparé a Annalise, por lo que esa opción ya no era posible. Pero Annalise, siendo la otra persona que debería haber corrido su misma suerte, pues ella tampoco era capaz de perdonarse sus pecados y pasar página (lo que sí pudieron hacer sus chicos), ha tenido otro final muy distinto.

Llegamos así a esa escena final que durante las 6 temporadas de HTGAWM siempre nos dejaba con ganas de más. Sin embargo, esta vez debía cumplir un objetivo completamente distinto y servir de cierre. Uno que, además, fuera acorde a esta gran serie.

¡Y vaya si lo ha conseguido!

Porque en lugar de ver el funeral de una mujer que podía haber sido asesinada de mil maneras posibles, con lo que nos hemos encontrado ha sido con el homenaje a una mujer que nunca dejó de ser fuerte; que nunca dejó de luchar frente a las adversidades y de levantarse; que nunca dejó de amar y de hacerse sentir queridos a todos aquellos que tuvieron el honor de conocerla. Pero también el de una mujer a la que, precisamente por ser tan fuerte, tan intensa y con tanto dolor contenido, resultaba muy difícil de amar a largo plazo, pues ella era la primera que pensaba que no merecía ser amada.

Así, aunque hemos podido ser testigos de una larga vida en la que ha viajado, ha conocido a mucha gente, ha amado y la han amado, no ha tenido ese final de “y vivieron felices para siempre” que tal vez habíamos esperado que tuviera junto a Tegan. Sí, habría sido un digno final feliz tras haber soportado tantísimo dolor… pero no habría sido un final acorde a Annalise.

Afortunadamente, después de ese maravilloso trávelin por la vida de Annalise, tan hermoso como trágico al ver al final su mano sola, sin nadie que la sujetara, aún nos quedaba esa escena final. Y con ella las lágrimas vertidas por comprender que Annalise no terminó de dejar atrás sus demonios como sí pudieron hacer sus chicos, y que nunca quiso el perdón de los demás cuando ellos sí estaban dispuestos a dárselo, han resultado menos amargas.

Porque con esa escena final que terminaba donde todo empezó, esta vez con Christopher ocupando el puesto frente a la pizarra, la despedida no nos ha dejado ese sabor agridulce de que se ha acabado todo.

Por el contrario, nos permite imaginarnos que la vida de Christopher Castillo, la única vida nueva que hemos visto entre tantas que han sido arrebatadas, sigue adelante. Y quién sabe, pronto también acabe envuelto en nuevos asesinatos de los que tratará de librarse.

The following two tabs change content below.

Barbara Cruz

Periodista y escritora a tiempo completo. En los ratos libres veo de todo y leo cualquier cosa que caiga en mis manos. Nunca se sabe cuál será mi nueva obsesión.

About Barbara Cruz

Periodista y escritora a tiempo completo. En los ratos libres veo de todo y leo cualquier cosa que caiga en mis manos. Nunca se sabe cuál será mi nueva obsesión.