How to get away with murder 6×07: I’m the Murderer

How to get away with murder 6x07: I’m the Murderer

How to get away with murder 6x07: I’m the Murderer

Series: How to get away with murder

4 Stars

Summary

Tras ver de primera mano lo que puede ocurrir si se mantienen ocultos demasiados secretos, surgen algunas confesiones entre el grupo. Y algunas de ellas son sorprendentes.

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Ya hemos alcanzado casi la mitad de la temporada. Eso significa que estamos a punto de llegar a ese punto álgido en el que todo lo que se ha venido desarrollando hasta ahora confluirá en esa noche en que tenemos 1 muerto (presumiblemente Annalise Keating) y de entrada 4 personas en comisaría relacionadas supuestamente con ese crimen.

Hasta ahora teníamos a Michaela como principal sospechosa del crimen, al que luego se unió Connor. Pero en este nuevo episodio nos hemos encontrado con Frank asegurándole a Oli que Connor es listo y puede cuidarse él solito (lo que no es muy cierto, pues en ese mismo instante Connor está teniendo un infarto), y con Oli en estado de shock para al final soltar una declaración impactante.

Y justo con ese último minuto hemos tenido un ejemplo maravilloso de dos cosas que nunca han decepcionado en esta serie. Por un lado, esa capacidad de mantenernos siempre en tensión con algo tan aparentemente inocente como es el título del episodio. Porque supongo que no he sido la única que se ha extrañado cuando, a medida que pasaban los minutos, veía que nadie decía esa frase tan impactante que titulaba el episodio de la semana: yo soy el asesino. Pero como en otras ocasiones había pasado lo mismo y al final resultaba que era una frase sacada totalmente de contexto, admito que ya me había olvidado prácticamente de ese punto, pensando que no tendría ninguna importancia…

Pero no, justo en esta ocasión esa frase ha tenido muchísima importancia. Sobre todo viniendo de quien ha venido. ¿Oliver confesando un asesinato? ¡Jamás nos habríamos imaginado algo así! De hecho, viendo su cara de desesperación antes de gritarlo a los cuatro vientos, y sobre todo por lo que parecía estar recordando antes de autoinculparse, da la impresión de que ha confesado ese crimen solo para exonerar a su exmarido.

Y eso nos lleva al otro elemento que ha vuelto con fuerza en este episodio y que, sinceramente, había echado de menos. Y es que a lo largo de toda la serie la tónica general ha sido la de enlazar todas las tramas que habían ocurrido en el pasado, reapareciendo incluso personajes que parecía que ya habían dicho todo lo que tenían que decir, porque al final todo estaba mucho más relacionado de lo que parecía.

Sin embargo, últimamente nadie hablaba de ese primer asesinato que cambió la vida de todos para siempre: el de Sam Keating la famosa noche de la hoguera. Así que ha sido una grata sorpresa ver que de pronto, como consecuencia del juicio que han debido afrontar esta semana y que ha dejado una moraleja bastante clara: “no te guardes los secretos, pues al final estos acabarán estallando de la peor manera”, se han puesto a recordar esa noche.

Más en concreto, han dejado claro que nunca olvidarán esa noche, pero que no se atreven a hablar de ella ni siquiera entre ellos, pues es más fácil fingir que nunca pasó. Incluso si eso implica ocultar lo ocurrido a las dos personas que, aunque no estuvieron presentes esa noche, están tan metidas en el asunto como el resto.

Una de esas personas es Oliver. El dulce Oliver que durante las primeras temporadas se encontró odiando y queriendo a Connor a partes iguales, llegando a pensar incluso que era un alcohólico porque era la única explicación posible al constante estado de ansiedad en el que se encontraba. Y aunque hace tiempo que Connor le había confesado que estaba involucrado en la muerte de Sam, hasta ahora no le había dado ningún detalle concreto. Así que ha debido ser todo un shock descubrir de pronto que fue Connor quien desmembró el cuerpo de Sam para deshacerse del cadáver. Solo un pequeñísimo retazo de los miles de secretos que guarda su marido y que me imagino habrá convertido la mente de Oliver en un autentico hervidero.

Porque, ¿qué puede estar sintiendo Oliver ahora mismo? ¿Miedo por el hombre con el que se ha casado? ¿Lástima por todo lo que ha debido afrontar solo pese a que le tenía justo a su lado?

Y el que se encuentra en la misma situación es Asher, el otro integrante del grupo que no formó parte de ese primer asesinato, lo que hizo que durante mucho tiempo fuera el excluido del grupo… Un detalle que, en el caso de alguien tan temperamental como Asher, fue el detonante de nuevos crímenes por su parte: recordemos cuando atropelló a la fiscal del distrito en un arranque de cólera, a lo que tal vez se ha añadido ahora un nuevo crimen si hacemos caso a su cara de circunstancias cuando ha ido a ver a Bonnie.

Y es que lo que tampoco cambia en esta serie, y lo que es muy probable que nunca cambie, pues solo quedan ocho episodios para el final, es la incapacidad confiar en los demás y sincerarse. Ni siquiera cuando han tenido de primera mano un ejemplo de lo que puede pasar cuando no van con la verdad por delante.

Así ha ocurrido con el nuevo juicio que han debido afrontar y donde esta vez hemos visto a Gabriel ejerciendo de primer abogado. Este juicio, además, ha servido para poner sobre la mesa el grave problema de las armas en Estados Unidos, pero esta vez añadiendo un componente muy dramático: el miedo de los profesores cada vez que van a clase con todo el historial de tiroteos cometidos en centros escolares. Y ese constante miedo hace que algunos decidan ir también armados a clase, llevando por delante el siempre recurrente “por si acaso”, y a lo que se ha unido en esta ocasión un último desencadenante de la tragedia: un alumno conflictivo que, además, acababa de descubrir que el profesor era gay.

Por último, no quiero terminar este análisis sin mencionar los dos últimos elementos que han vuelto después de un tiempo y que han traído consigo emociones enfrentadas.

Por un lado tenemos la vuelta de Bad Frank. Y es que no solo hemos visto que Frank tiene una capacidad de recuperación sorprendente (parecía estar más en forma que antes de la paliza), sino también, y esto es lo que me duele, que Frank nunca ha dejado de ser un juguete al que usar ha voluntad.

¿Cuántas veces le habían dicho todos que debía dejar atrás su vida de matón? ¿Cuántas veces habían ido después para pedirle que hiciera lo necesario para solucionar el problema? Porque es cierto que muchas veces ha sido el propio Frank quien ha decidido dejar atrás su buen propósito de no matar a nadie más para ayudar al resto, lo que es muy loable a la par que triste… Pero cuando encima son los demás los que se lo piden, siendo en muchos casos una orden, es terriblemente injusto.

Porque si ya ha quedado claro que en las situaciones de vida a muerte cada uno va a pensar exclusivamente en sí mismo… ¿Por qué involucran siempre a Frank? ¿Es que él no tiene derecho también a salvarse?

Afortunadamente, esta vez Bad Frank no ha matado a nadie y tan solo se ha limitado a asustar de lo lindo a Tegan para que no siga con el caso del padre de Nate. Aunque sus esfuerzos de poco han servido, ya que lo único que ha conseguido es que Nate y Bonnie, justo las dos únicas personas que siguen creyendo que Ron Miller estaba relacionado con la muerte de Nate Lahey Senior, se hayan aliado para ir ahora contra la Gobernadora.

Y eso nos lleva a la última reaparición estelar del episodio: la de la Gobernadora Lynne Birkhead. Y ya era hora, pues por cómo terminó la temporada anterior había esperado verla todos los días maquinando cómo deshacerse de sus enemigos.

Pero con su breve intervención de hoy ha dejado claro que el que no hubiera aparecido hasta ahora no significaba ni mucho menos que no estuviera al tanto de la situación. De hecho, ella siempre ha ido dos pasos por delante, gracias también a los servicios de Xavier Castillo, quien definitivamente es el “Bad Frank” del otro bando (no diré del “bando de los malos” porque aquí no hay nadie inocente).

Con ganas de descubrir que habrá tramado.

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Barbara Cruz

Periodista y escritora a tiempo completo. En los ratos libres veo de todo y leo cualquier cosa que caiga en mis manos. Nunca se sabe cuál será mi nueva obsesión.

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