Game of Thrones 8×06: The Iron Throne

Game of Thrones 8x06: The Iron Throne

Game of Thrones 8x06: The Iron Throne

Series: Game of Thrones

4.5 Stars

Summary

La caída de Cersei deja el Trono de Hierro en bandeja de plata para Daenerys.

Coder Credit

Tras ocho temporadas Game of Thrones baja el telón desvelando por fin su gran secreto. El Trono de Hierro por fin tiene dueño. Un final más o menos inesperado que no ha dejado indiferente a nadie y que es ya historia de la televisión.

A lo largo de los años he repetido muchas veces eso de que realmente no importaba quién fuese a ocupar el Trono de Hierro. Desde el principio Game of Thrones se ha erigido como todo un homenaje al viejo arte de contar historias. Un canto de amor a la narrativa que nos embriagaba cuando éramos niños y soñábamos con mundos de fantasías, criaturas imposibles y con empuñar una espada luchando por el honor y la justicia. Y justamente eso es lo que ha vuelto a hacer la serie en su último episodio.

No nos engañemos. A estas alturas de la película nadie podía apostar por la Madre de Dragones como seria aspirante al trono. Su locura ha alcanzado cotas intolerables. Nada justifica que arrasar una ciudad de la forma en que lo hizo. Por mucho que quiera volver a vendernos su idea de un mundo nuevo y libre de la rueda. Lo malo de los tiranos es que nunca se ven a sí mismos como lo que son sino como salvadores del pueblo al que avasallan. Nos engañó a todos con su carita angelical y sus ideas de justicia.

Hasta Tyrion cayó en la trampa. Duele ver su rostro desencajado mientras recorre las ruinas de King´s Landing en busca de una pista que le haga pensar que, finalmente, sus hermanos lograron ponerse a salvo. Parte el alma cuando le vemos en las catacumbas de la ciudad desenterrando de entre los escombros los cadáveres de Cersei y Jaime. Él, el enano, aquel que puso toda su fe en una reina que, al final, ha resultado tan mala como el resto de pretendientes al trono. Más le hubiera valido hacer caso a Varys y haber planeado entre las sombras la muerte de Daenerys. Tal vez así todo este dolor podría haberse evitado.

Mientras Daenerys celebra la victoria dándose un baño de masas con su ejército y promete liberar al mundo entero de un yugo que solo ella parece ver, Tyrion vuelve junto a su reina para arrojar su distintivo como Mano de la Reina. Hasta aquí llega su alianza. Como no podía ser menos, Daenerys le acusa de traición y termina apresando a Tyrion. Pero ¿quién ha traicionado a quién? ¿Acaso no se traiciona Daenerys a ella misma con cada nuevo paso que da? Cada nuevo enemigo que se crea, cada nueva guerra que busca atenta contra todo aquello que detesta. Pero ella sigue sin verlo.

La única esperanza de Tyrion (y de Westeros) es Jon Snow. El heredero legítimo del trono que no puede tener más dudas sobre su reina. Su amor le ciega por momentos y trata de justificar las acciones de Daenerys. Pero lo que ella ha hecho no tiene justificación ninguna. Vive cegada por su fantasía, por la idea de trascender a un destino que ni ella misma conoce. A Tyrion solo le queda apelar al sentido común de Jon haciéndole preguntas incómodas acerca de lo que hubiera hecho él si hubiese estado a lomos de Drogon. Tampoco duda en recordarle que ahora Jon es una amenaza para Daenerys. Su verdadera identidad es un peligro para el reinado de Dany. "El amor es la muerte del deber" recuerda Jon citando al maestro Aemon. "A veces, el deber es la muerte del amor. Es terrible lo que te estoy pidiendo, pero también lo justo" dice Tyrion antes de que Jon se marche abandonándolo en su celda.

Daenerys llega por fin hasta el Trono de Hierro. El trono forjado con más de mil espadas de los enemigos de Aegon. El trono por el que se ha derramado tantísima sangre. Daenerys no puede esperar a sentarse en él y comenzar su reinado en Westeros. De pronto, ve a Jon al fondo de la sala y se acerca hacia él. Jon le recrimina que haya arrasado la ciudad matando inocentes. Le pide clemencia para Tyrion y para todos los que se planten frente a ella. Pero Daenerys no tiene piedad. Su visión del mundo es tan poderosa que no dudará en usar la fuerza contra todos aquellos que osen cuestionarla. "Eres mi reina, ahora y siempre" dice Jon antes de besarla. De pronto, el beso se interrumpe por la puñalada mortal de Jon que ha cogido por sorpresa a Daenerys.

En ese momento, Drogon que ha sentido que algo iba mal con su madre, aparece en el salón del trono. Observa el cadáver de Daenerys. Acerca su hocico hacia ella y trata de hacerla levantar. Al ver que su madre no responde aúlla de dolor y comienza a escupir fuego. Un fuego que no dirige contra Jon, el asesino de su madre, sino contra el Trono de Hierro, fundiéndolo hasta que no queda nada. Después, coge el cadáver de su madre en una de sus garras y se aleja volando. Su última imagen nos muestra al dragón perdiéndose en el horizonte.

¡Ay, si hasta la mente primigenia del dragón se ha dado cuenta de la engañifa! El Trono de Hierro no vale nada. El poder arrasa con todo a su paso. Acaba con familias enteras, destruye ciudades y emponzoña los amores más verdaderos. Pero, a decir verdad, ¿sobre qué pretendía reinar Daenerys? Westeros está en ruinas. El juego de tronos ha terminado con los siete reinos. Solo quedan cascotes e historias que se cuentan desde Dorne hasta el Muro y más allá.

Llegados a este punto, solo queda recurrir a la socorrida elipsis temporal y saltar en el tiempo para volver a ver una capital reconstruida. Y es aquí donde por momentos flaquea la historia. Y lo hace no tanto por el tono como por la potencia. La muerte de Daenerys merecía ser un final de episodio. Un desenlace trágico que nos dejara rumiando sus consecuencias y nos permitiese llorar por nuestra Reina de Dragones. Sin embargo, como viene sucediendo desde hace un par de temporadas, el relato decide continuar su ritmo y acelerarlo, obligado a cerrar todas las tramas que se le quedan abiertas. Ese ritmo ágil y artificioso hace que en cierto modo la historia chirríe y que todo el desenlace final parezca un truco que se han sacado de la chistera Benioff y Weiss.

El futuro nos muestra a un Tyrion bastante desmejorado y al que conducen hasta Pozodragón. Allí le esperan los grandes señores de Westeros. Esos líderes de las casas supervivientes a las numerosas masacres que han acontecido en los Siete Reinos. Es aquí cuando nos enteramos del destino de Jon. Preso de los Inmaculados por haber dado muerte a Daenerys. Un momento... ¿cómo saben que ha matado a Daenerys si no hay cuerpo?  Gusano Gris quiere hacer justicia acabando con la vida de Jon. Sin embargo, al no ser dirigente de Westeros no tiene potestad para decidir sobre el futuro de Jon o sobre nada, a decir verdad. Tyrion apunta a lo evidente: es hora de elegir un nuevo rey.

Serán los hombres y mujeres de Westeros los encargados de hablar por todos sus habitantes y elegir así a su nuevo monarca. Sam propone la locura de que sea el propio pueblo quien decida cómo quiere ser gobernado, adelantándose  por lo menos cuatro siglos y un dragón a su tiempo. ¡Como si la democracia no fuese un invento moderno! Su propuesta es recibida entre risas como si hubiera dicho una locura.

Tyrion tiene una idea mejor. Una idea que intrinca con todo el espíritu de la serie convirtiendo este momento en uno de los más meta de la historia de la televisión. ¿Qué es lo que une al pueblo? ¿Las huestes? ¿El oro? ¿Las banderas? No, lo que une a la gente son las historias. Esas historias que desde antaño se cuenta al calor del fuego y al abrigo de una buena bebida. Historias que nos dejan con los ojos abiertos, que nos destrozan el alma y que se llevan un pedacito de nosotros mismos. Historias de finales impredecibles. Historias como la de Bran. El niño tullido que atravesó el Muro y volvió convertido en el Cuervo de Tres Ojos. El archivo infinito de las historias de los hombres. El candidato ideal para el trono de Westeros.

Pensemoslo por un momento. De haber contado con más tiempo probablemente la idea hubiera podido desarrollarse sin que pareciera un truco de última hora. De hecho tiene sentido. El papel de Bran ya de por sí era muy tramposo en toda esta historia. El niño con poderes mágicos. El visionario que siempre sabía lo que estaba pasando pero que siempre decidía quedarse en un segundo plano, observando. Una de las pocas personas en todo Westeros al que no le interesa lo más mínimo el poder. Un ser incorruptible que probablemente reinará mejor que cualquier otro pretendiente.

Tras la aceptación de Bran ("¿Por qué crees que vine hasta aquí?"), uno a uno los señores aceptan a su nuevo rey. Todos menos... Sansa. Una vez más la pelirroja saca las uñas y declara que el Norte permanecerá como un reino libre. Dice hacerlo en honor de los norteños que se han dejado la vida luchando por su libertad pero todos sabemos que el final de esta historia tenía que ser con ella llevando una corona. Aunque suene a premio de consolación. Bran acepta la propuesta de su hermana y sin más dilación se decide el futuro de Tyrion y Jon.

El primero pasará el resto de su vida tratando de enmendar sus errores como Mano del Rey. Un puesto que Tyrion no desea para nada pero que Bran "El Tullido" decide, en su infinita sabiduría, decide otorgarle. A continuación, se decide el destino de Jon. Una vez más, Jon será desterrado al Muro. Cumplirá cadena perpetua como miembro de la Guardia de la Noche. Un final perfecto para el heredero legítimo al trono. Ese que nunca quiso reinar y que simplemente quiso ser el escudo de los hombres. De algún modo vuelve a sus orígenes y a estar donde debe estar.

Jon se despide de sus hermanos. Le reconoce a Sansa que el Norte sea libre gracias a ella. A Bran le pide perdón por no haber estado cuando le necesitaba, pero el Rey le responde que estaba donde tenía que estar. Y Arya... La pequeña de los Stark ha decidido explorar qué hay al Oeste de Westeros, más allá de donde terminan todos los mapas.

Y una vez más el episodio vuelve a la idea de las historias. Esas que cuentan los vencedores. Y así vemos a Brienne hacer justicia a Jaime por medio de la pluma. Continuando la historia del Matarreyes, otorgándole la redención que tanto buscó Jaime en sus últimos días. Solo hace falta una última frase "Murió protegiendo a su reina" para convertirlo en el héroe que era en el fondo. Por su parte, vemos reunirse al consejo de Bran en el que aparece Sam con un libro: "Canción de Hielo y Fuego" la historia reciente de los acontecimientos pasados para que, una vez más, las historias empiecen a contarse.

Las últimas imágenes de la serie son para los Stark. Sansa reinando feliz en el Norte con mano férrea. Jon y Arya retirándose del mundo. Curtidos en mil batallas y cansados de luchar. Sí, ambos personajes se merecen vivir la paz en sus retiros. Uno de vuelta a sus raíces, a lo que siempre fue. Un guardián de los hombres, libre en los bosques del Norte donde empieza a verse un resquicio de primavera. A Arya le aguarda todo un nuevo mundo por explorar, un mundo desconocido y lleno de esperanza para la joven Stark. Un nuevo mundo en el que poder ser ella misma. Ambos hermanos vivirán ajenos al mundo. Un mundo que contará sus historias. Mitos que pasará de boca en boca, de generación en generación convirtiéndolos en héroes de leyenda en los que veremos lo mejor de nosotros mismos y querremos emular sus hazañas.

Al final la historia termina como tiene que acabar. Con un final feliz para los verdaderos protagonistas de esta historia. Los Stark siempre hemos sido un poco todos. Merecían un buen final pero sin que llegara a empalagar. Y este final les ha hecho justicia.

Esta historia ya nos la han contado antes. La vieja historia de la lucha del Bien contra el Mal. Una historia tan antigua como el mundo. Una historia que volveremos a contarnos una y otra vez porque nunca nos cansamos de escucharla.

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Marta Ramirez

Estudiante de Derecho de día y seriéfila de noche. Un día colgué la bata y el fonendo para probar la segunda carrera que más veces se ha retratado en TV. Aspirante a ser la nueva Ally McBeal

About Marta Ramirez

Estudiante de Derecho de día y seriéfila de noche. Un día colgué la bata y el fonendo para probar la segunda carrera que más veces se ha retratado en TV. Aspirante a ser la nueva Ally McBeal