Game of Thrones 8×05: The Bells

Game of Thrones 8x05: The Bells

Game of Thrones 8x05: The Bells

Series: Game of Thrones

4 Stars

Summary

Tras la muerte de Misandei, Daenerys se refugia en su castillo. Comienza el asedi ode King´s Landing.

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El final está cada vez más cerca. El reloj sigue imparable su cuenta atrás. Quién nos iba a decir que el tiempo iba a ser el gran enemigo de Game of Thrones esta temporada. A pesar de los episodios extralargos a la serie le falta tiempo de cocción. Tiempo para asentar la pérdida y volver a a construcción lenta pero segura de sus tramas en las que la sorpresa se escondía donde menos la imaginábamos. 

Lo malo de construir una historia tan elefantiásica como la que ha creado R. R. Martin es que tienes muchos cabos sueltos que atar. Eso es lo que parece haberle pasado a la serie en sus dos últimas temporadas. La narrativa lenta y en ocasiones extenuante ha dado paso al ritmo vertiginoso. No es solo que las distancias parezcan haberse acortado, es que ahora todo transcurre en un parpadeo. Esto parece la Fórmula 1 a lomos de un dragón. Y sí, todo es muy espectacular, el ritmo es ágil y los noventa minutos de episodio no se hacen pesados pero, ¿qué fue de aquella serie que nos encandiló hace ya tantísimo tiempo?

Al margen de los eventos de esta semana, más o menos predecibles, la serie adolece de un ritmo frenético que hace que extrañemos ese reposo que teníamos cuando la serie se tomaba su tiempo para contarnos las cosas. Las pérdidas se hacían sentir más. Se notaba el vacío. Daba tiempo a que la herida escociese, sangrase y supurase. Podíamos ser testigos de cómo se formaban las cicatrices en los personajes y podíamos tratar de aventurar cómo se traduciría en sus comportamientos futuros. La traición dolía más porque tenía consecuencias inesperadas. Se emponzoñaba y manchaba a los que estaban alrededor haciéndonos muy difícil predecir qué iba a pasar. Esa era parte de la clave de su éxito.

Sin embargo, ahora, no nos da tiempo ni a asimilar la pérdida. Pasan tantas cosas al mismo tiempo que casi me había olvidado de la valerosa muerte de Jorah. Curiosamente, ha sido la pérdida de Misandei la que lleva a Daenerys Targaryen al borde de la locura. Pero que nadie se engañe, la semilla de la locura ya estaba en Daenerys desde hace mucho tiempo. No quisimos verla. La serie nos ha mostrado su locura de manera tan sutil que chirría que de pronto haya estallado del todo. Ya fuimos testigos de sus extraño cambios de humor en la segunda temporada de la serie, aunque decidimos culpar a la adolescencia. De vez en cuando nos sorprendía con algún deje extraño pero lo de hoy... Lo de hoy nadie lo vio venir. ¿O tal vez sí?

Los que me conocen bien saben que nunca he sido fan de la Madre de Dragones. Nunca he terminado de creerme sus aspiraciones a un trono que no merece. ¡Pero si ni siquiera conocía Westeros más allá de un mapa! Su derecho legítimo, o no tan legítimo, viene de una vieja historia. Y aún así se hace llamar Rompedora de Cadenas y liberadora de pueblos. No es de extrañar que se le rompan los esquemas al ver que el supuesto pueblo al que ha venido a salvar no la quiere ver ni en pintura. Normal que le entren ganas de quemarlo todo y que vea sombras de traición en todas partes.

Su primera víctima: Varys. Por alguna razón que no alcanzo a entender del todo, Tyrion decide sincerarse con Daenerys y le cuenta los planes de Varys. Un momento, ¿qué planes? Más allá de un par de insinuaciones y una carta no hemos visto a Varys hacer nada sospechoso que nos haga pensar en una guerra interna o un intento de asesinato inmediato. Sí, nada más poner un pie en tierra tantea a Jon Snow para que acepte su papel como Rey de Westeros pero ante su negativa ¿qué puede hacer la Araña por mucho pajarito suelto que tenga revoloteando por ahí? No digo que su muerte no esté justificada dentro de esta gran historia, tarde o temprano le iba a llegar su hora, pero da la sensación de que su final ha sido apresurado. Varys era un cabo suelto muy molesto e incómodo y han hecho lo único que podían haber hecho. Quiero pensar que si la historia durara un poco más tal vez su final no habría sido distinto pero no se sentiría como una triquiñuela barata.

Detectada una traición, ahora Daenerys ve traidores por doquier. Jon por sincerarse con sus hermanos, Tyrion por contar el secreto de Jon sin consultarle, Varys por conspirar a sus espaldas, Sansa por existir... Parece que llegados a este punto a Dany solo le queda la confianza en sí misma y la sed de sangre y venganza. Y es que puede que la historia épica de honor que creimos todos que era esta historia al final va a resultar ser una epopeya acerca de la venganza. A estas alturas la mitad de los personajes está consumido por ella y los que no sufren sus consecuencias.

Cuando finalmente Daenerys y su ejército pone rumbo a King´s Landing nadie duda de que vamos a asistir a un baño de sangre. Cuesta creerse la promesa de una Daenerys consumida por la rabia, que apenas come y que pasa las horas oteando al horizonte en dirección hacia donde se esconde su enemiga. Es doloroso ver a Tyrion tratar de parar la masacre y abogar por las miles de personas que se refugian tras los muros de la capital. Curiosamente es el enano, ese al que todos desdeñábamos, que dedicaba su tiempo a malgastarlo en mujeres, bebidas y placeres mundanos, el único que parece querer dar voz a los que no la tienen en todo este asunto. Una vez más, el pueblo al que unos y otros han prometido liberar termina siendo prisionero del silencio.

Si tan solo tañesen las campanas de la ciudad... Solo así podría firmarse la paz en base a una rendición. El escenario ideal. Una ciudad completa que se rinde a su nueva Reina. Pero cuando llega el momento de la verdad, Daenerys sobrevuela King´s Landing como un ángel vengador. Las numerosas pérdidas, las traiciones y la falta de amor la llevan a ser imprudente y a gritar "Dracarys" a su paso. Se encara con la flota de Euron Greyjoy y en un abrir de ojos le prende fuego. Aquella ballesta infalible en manos de Euron no llega hoy ni a tirachinas. Las lanzas matadragones no logran siquiera despeinar a Daenerys.

Y si la flota de Euron le ha durado un suspiro el ejército de mercenarios de Cersei le dura aún menos. Que sí, que logra sorprenderles por la espalda pero es que a la mínima echan a correr sin oponer la menor resistencia. Ya sé lo que me vais a decir: no dejan de ser mercenarios, no hay que fiarse de ellos. Pero se supone que tenían que dar miedo, o al menos provocar algo de respeto en el rival. Me temo que estos soldados no valen ni para mondadientes de dragones.

Para cuando Jon Snow y el ejército formado por norteños, inmaculados y, sorpredentemente, dothrakis entra en la ciudad la pelea ya tiene un claro vencedor. El pueblo implora que suenen las campanas. La ciudad debe rendirse. Ni siquiera la gélida mirada de Cersei puede impedirlo. Se hace el silencio. El ejército Lannister arroja sus armas. Esto ya está ganado. Se hace el silencio. Tyrion pasea por entre las ruinas y los cadáveres mirando a la torre deseando escuchar el dulce sonido de la campana. Solo se oye un silencio roto por los gritos del pueblo. De pronto, las campanas de la ciudad comienzan a sonar una a una. La ciudad se rinde.

Pero Daenerys, a lomos de su dragón, está dispuesta a ganarse el amor de su pueblo aunque sea por la fuerza. Emprende de nuevo el vuelo y con ella se desata el infierno en la capital de Westeros. Su dragón escupe fuego. No le importa si lo que quema son soldados o civiles. Gusano Gris se lo toma como una señal y arroja su lanza contra un soldado Lannister desarmado. Jon trata de impedir que el resto le siga pero han venido para la guerra y nada puede hacer para detener el caos que le rodea.

Las calles de la ciudad se convierten en un mar de fuego. Una trampa mortal para los que creyeron que sus muros resistirían. La furibunda ira de Daenerys no tiene piedad. Está dispuesta a acabar con Cersei de una vez por todas y no le importa reducir la ciudad a cenizas para ello. Cersei observa impertérrita atrincherada en su torre. Confía en el milagro que la salvará. Pero no hay nada que pueda hacerse. Lo más prudente es seguir a Qyburn y tratar de huir.

Mientras tanto, Jaime ha logrado colarse en la ciudad. De nada ha servido que  los inmaculados le apresaran y trataran de evitar que llegase hasta Cersei. La noche anterior, Tyrion le libera de su prisión y le da una oportunidad para escapar junto a su hermana. Hasta este momento aún seguí creyendo en que los guionistas de la serie completarían la historia de redención de Jaime. Que lo llevarían hasta su hermana y que veríamos algún tipo de enfrentamiento que no tenía por qué acabar en muerte pero que daría un cierre más que digno a  su historia. Sin embargo, y buscando quizá algún tipo de sorpresa final, la redención no es tal sino que Jaime corre una vez más junto a su hermana para tratar de salvarla porque... ¿la ama? Llegados a este punto siento que me he perdido algo. ¿La historia con Brienne no significa nada? ¿Su arrepentimiento era fingido? ¿Por qué nos construyen un maravilloso arco de redención si al final volvemos exactamente al principio? Una vez más da la sensación de que ha faltado algo.

Jaime trata desesperadamente de encontrar un camino que le lleve hasta Cersei. Su hermana, parece haber asumido por fin la derrota y trata de huir del palacio en compañía de Qyburn y la Montaña. Al mismo tiempo, el Perro y Arya buscan a Cersei y se adentran en el palacio. Arya sigue empeñada en su idea de venganza. Lleva años pensando en darle muerte a Cersei y por fin ha llegado su hora. El Perro, por su parte, tiene otra cuenta que saldar. Piedra a piedra la ciudad va desmoronándose. El Perro detiene a Arya y le hace ver que su venganza no le traerá nada bueno. o mejor que puede hacer es ponerse a salvo y tratar de huir. Las palabras del Perro son casi paternales y logran que Arya decida abandonar su papel de Montecristo y se deshaga de la pesada carga de la venganza. Cersei está acabada. De una manera u otra Arya ya ha ganado.

Arya se marcha mientras el Perro se topa de bruces con la Reina Cersei. Se deshace de sus guardias hasta que solo le quedan sus leales Qyburn y la Montaña. Pero el Perro no está aquí para hacerle pagar a Cersei todas sus maldades. Su deuda es con su hermano, o, más bien, con lo que queda de él. Qyburn ordena a su creación que permanezca al lado de su reina y que no caiga en las provocaciones de Sandor pero la Montaña le responde con un manotazo que lo envía volando a su muerte. Cersei que sabe que allí no pinta nada sale corriendo por un lateral en una de mis escenas favoritas de la serie. Los hermanos se enfrentan en un duelo a muerte que nos trae recuerdos de la muerte de Oberyn Martell. Finalmente, Sandor se abraza a su hermano y lo empuja hacia el vacío cayendo con él hacia un mar de fuego. La cuenta ha quedado saldada.

Jaime logra llegar hasta la playa en la que desemboca el pasadizo secreto de las catacumbas del castillo. Cuando trata de entrar al castillo se ve sorprendido por Euron Geyjoy. Se enzarzan en una cruenta batalla en la que Jaime da muerte a Euron. Ha quedado malherido pero sigue su camino hasta Cersei. Finalmente, la encuentra en el patio de palacio. De pie sobre el mapa de Westeros. Un mapa que se resquebraja y sobre el que cae ceniza y piedra. Los dos hermanos se abrazan y huyen a las catacumbas. Lamentablemente, el túnel por el que pretendían escapar desaparece bajo los escombros. Los dos hermanos están atrapados junto a lo que queda de los antiguos dragones de los Targaryen. Jaime se afana en buscar una salida mientras Cersei cae presa de la desesperación. No quiere morir. Quiere que su hijos viva. No quiere morir y menos así. Jaime la coge entre sus brazos. La obliga a mirarle a los ojos y le dice que no hay nada más importante que ellos. Se abrazan mientras una nube de polvo y cascotes cae sobre ellos.

A estas alturas la ciudad es un pandemonio de fuego, sangre y horror. Jon observa a su alrededor tratando de impedir que la masacre vaya a más. Llega a enfrentarse a sus propios hombres con tal de salvar a los más inocentes. Poco o nada puede hacer. Su lealtad férrea para con Daenerys le ha convertido en cómplice de esta masacre. Arya corre por las calles de la ciudad buscando una salida. Su huida se ve obstaculizada una y otra vez por la gente que huye despavorida y por el fuego de dragón. Trata de ayudar a los supervivientes con los que se va cruzando pero es inútil.

Poco o nada queda ya de la ciudad. Jon mira a su alrededor. El espectáculo es dantesco. La ciudad es ahora un montón de ruinas donde se acumulan los cadáveres carbonizados de sus habitantes. Poco a poco se hace con el control de su ejército y lo lleva de vuelta fuera de la ciudad. Es hora de replegarse.

Arya despierta. La ciudad ha quedado en silencio. A su alrededor solo hay cadáveres y el fantasma de la ciudad esplendorosa que otrora fue. Una nieve de ceniza cae sobre la ciudad. Ceniza y polvo. Es todo lo que queda de la ciudad y sus habitantes. Parece que la única superviviente de la locura de Daenerys sea Arya. Ella y un caballo blanco cubierto de hollín y sangre. Una montura fantástica para escapar del horror.

Poco nos queda de esta historia. Apenas un episodio. El pescado ya está casi todo vendido. Las campanas esta vez no sonaron para Daenerys. Mucho me temo que no lo harán nunca. The Bells nos deja un episodio más que correctísimo, sobresaliente incluso. Sus problemas no son tanto del episodio en sí sino lo que se ha dejado por el camino la serie. Tal vez el problema de Game of Thrones en estos últimos episodios no sea tanto la falta de tiempo sino la presión de saberse única y querer ser eterna. La épica de su historia se refleja en unos números que van a ser muy difíciles de superar en mucho tiempo. Tal vez le haya podido la presión. El compromiso que tiene con sus fans es demasiado grande y sus ansias de querer coronarse en el Olimpo televisivo no es fácil de sobrellevar. O, tal vez, solo tal vez, nos pudo la ambición. 

Apenas queda una semana para el final. A estas alturas, ¿a quién le importa quién termine sentando sus posaderas en el Trono de Hierro? Suceda lo que suceda es ya historia de la televisión.

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Marta Ramirez

Estudiante de Derecho de día y seriéfila de noche. Un día colgué la bata y el fonendo para probar la segunda carrera que más veces se ha retratado en TV. Aspirante a ser la nueva Ally McBeal

About Marta Ramirez

Estudiante de Derecho de día y seriéfila de noche. Un día colgué la bata y el fonendo para probar la segunda carrera que más veces se ha retratado en TV. Aspirante a ser la nueva Ally McBeal