Game of Thrones 8×03: The Long Night

Game of Thrones 8x03: The Long Night

Game of Thrones 8x03: The Long Night

Series: Game of Thrones

5 Stars

Summary

Da comienzo la batalla contra el Rey de la Noche. Jon trata de hacer lo imposible por matar a su enemigo. Antes de la batalla, Winterfell recibe una inesperada visita.

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La noche ha sido larga. Y oscura. Muy oscura. Nos prometieron la madre de todas las batallas y Game of Thrones no ha decepcionado. En 80 minutos saca toda su artillería pesada para construir un episodio apoteósico que es ya historia de la televisión. Lo tiene todo: fuego, sangre, lágrimas, héroes y un nivel de producción que ya querrían para sí muchos grandes títulos del cine. 

Hasta aquí ha llegado ese fatídico anuncio de "El Invierno se acerca". La amenaza termina aquí. Con una batalla épica como pocas, en la que convergen la crudeza de la batalla con los pequeños detalles que hacen que contengamos la respiración. Y eso que el relato es el de siempre. La eterna batalla de la Luz contra la Oscuridad. El Bien contra el Mal. La Vida contra la Muerte. Un relato que hemos visto en cientos de ocasiones pero que, en este episodio, se siente nuevo. Uno no se cansa de ver cómo sus héroes sufren y sangran, ni de ver cómo se desesperan en ganar una batalla que parece perdida. Y todo por una victoria que es tan solo una promesa de libertad que apenas se vislumbra en el horizonte.

Game of Thrones ha firmado un episodio redondo. No solo por su nivel narrativo sino porque aquí culmina gran parte de su historia. Llevamos años preparándonos para esta batalla. Temiendo a un enemigo del que poco o nada sabíamos. A día de hoy desconocemos casi todo de él pero eso no nos ha impedido temerlo ni odiarlo con toda nuestra alma. El Hombre del Saco que atormentaba nuestras noches y se alimentaba de nuestra desesperanza. El temible e imbatible enemigo por el que estábamos dispuestos a sacrificarlo todo si con eso poníamos fin a la Noche Eterna.

Queríamos una batalla que hiciera palidecer a la Batalla de los Bastardos y nos la han dado. Cargada de acción, tensión y dramatismo. Apelando por momentos a la heroicidad de los personajes y obligándonos a armarnos de valor para no cerrar los ojos y continuar viendo el espectáculo dantesco que por momentos se dibujaba en nuestras pantallas. Con un episodio que empezaba en el más absoluto de los silencios y con el primer plano de las manos temblorosas de Sam. Una imagen que reflejaba el nerviosismo del espectador que intuye que lo que se le viene encima va a ser grande. Un capítulo que comienza con un plano secuencia que se detiene precisamente para observar bien de cerca a Tyrion y a Bran. Dos personajes que sabemos que no blandirán espadas. Dos personajes cuya defensa y posibilidad de supervivencia descansa en la pericia de otros. Dos personajes que podríamos ser cualquiera de nosotros si nos viéramos en una situación como esta.

Pero la calma es ficticia. Es el preludio de la batalla. Un prólogo de lo que ha de venir. Que no es otra que un batiburrillo de imágenes de velocidad vertiginosa que hacen que nos perdamos por momentos en el relato. El director es tan consciente del caos que está creando que se recrea en mostrarnos imágenes de personajes muriendo y dando espadazos a diestro y siniestro una vez que se ha iniciado la batalla. No solo los personajes están perdidos en esa orgía de sangre y muerte. El propio espectador se siente desubicado por momentos, asfixiado por el caos que hay en pantalla. Sudando y sufriendo como si estuviéramos inmersos en el fragor de la batalla. Como si no hubiera una pantalla de por medio que nos separara.

La aparición sorpresa de Melisandre en Winterfell, justo antes de que de comienzo la batalla no es solo un intento por dejar atado el incómodo cabo suelto de la Sacerdotisa Roja. Su llegada viene acompañada de la mitología de ese dios de la Luz que apenas hemos explorado en la serie y con algún que otro truco bajo la manga. Es hora de ver qué papel tiene Melisandre en toda esta historia. Su repentina aparición enciende el instinto asesino de Davos y dota al ejército dothraki de armas imbuidas en fuego para hacer frente a la muerte.

Bran se dirige al árbol en compañía de los hombres de Theon. Durante todo el episodio le veremos bien guardado por el fiel Theon que aprovechará la ocasión para disculparse con el muchacho. Pero no hay nada que perdonar. Todas y cada una de las acciones de Theon le han llevado a ese momento. A volver a casa, a Winterfell, a ponerse delante de Bran y a protegerle aunque haya de morir para ello. Por fin parece que va a completar su misión y cumplir su misión.

Mientras Sansa, Tyrion, Varys y Ellie se refugian en las catacumbas de Winterfell, en la superficie se desata un infierno de fuego y muerte. El ejército del Rey de la Noche es numeroso y no teme a la muerte. No tiene nada que perder. No como nuestros protagonistas que observan nerviosos como acaban con la caballería dothraki. De nada sirve el fuego. Los poderosos dothraki son diezmados por un ejército que ni siente ni padece. A partir de este momento la batalla será un toma y daca que parece eterno. Con continuos repliegues que nos hacen temer lo peor. Tal vez la Larga Noche comience aquí. Tal vez todos están condenados y nos hemos aferrado al ideal de la victoria.

La confusión es total. No solo para los personajes, también para el espectador. El ritmo enloquecedor del episodio nos zambulle en el fragor de la batalla y, como los personajes, por momentos solo logramos captar imágenes sueltas. Brienne embestida por los muertos, Jamie soltando un espadazo, Dolorous Edd convirtiéndose en la primera baja del episodio en su intento de salvar a Sam de una muerte casi segura...

Ni siquiera los muros de Winterfell son seguros. Los supervivientes deciden replegarse al interior del castillo confiando en la solidez de sus muros para protegerse. Arden las trincheras por obra de Melisandre y gracia del Señor de la Luz. Una barrera de fuego separa la vida de la muerte. Pero no nos engañemos. Este pequeño parón es ficticio. Pronto los muertos comienzan a desfilar hacia las trincheras, sacrificando sus cuerpos para hacer un camino que permita al grueso del ejército cruzar el fuego. Logran llegar hasta los muros de piedra de Winterfell y comienzan a hacer torres unos encima de otros. Comienza el asedio del castillo.

En el patio, Lyanna Mormont se afana por poner a salvo a todos los que pueda. Grita que cierren cuanto antes las puertas para ganar algo de tiempo. Los muertos están irrumpiendo en Winterfell y cada vez es más difícil contenerlos. Por si fuera poco, aparece una nueva amenaza. Un gigante hace su entrada en el patio del castillo llevándose por delante todo lo que encuentra a su paso, incluyendo a la pequeña Lyanna. Pero la joven Mormont no se rinde. Grita para distraer al gigante y le obliga a fijar su atención en su cuerpo malherido. El gigante la coge como si se tratase de una muñeca de trapo y aprieta fuerte. Lyanna no se rinde. Sabe que estos serán sus últimos momentos con vida pero hará que cuenten. El gigante aprieta más fuerte. Lyanna grita de dolor. El gigante observa complacido el final de Lyanna. Antes de expirar, la niña logra clavarle su espada en el ojo matando a su enemigo. Nunca un sacrificio fue tan heroico.

Mientras esto sucede en tierra, Jon y Dany observan a lomos de sus dragones la evolución de la batalla. Las cosas no pintan bien. Tratan de contener con ayuda del fuego de los dragones al ejército del Rey de la Noche pero en cuanto éste se percata de la jugada conjura una ventisca que dificulta la visibilidad. Jon, Dany y sus dragones no pueden hacer nada. Apenas son peleles a merced del viento y el hielo. Pero Jon no se rinde. Está obcecado con su idea de matar al Rey de la Noche para así dar fin a esta terrible batalla.

Por fin logran dar con él que se oculta entre las nubes a lomos de su dragón. Se produce una encarnizada lucha entre dragones que termina con Jon y el Rey de la Noche fuera de sus monturas y de vuelta en el suelo. Dany, que ha observado cómo caía el Rey de la Noche, no se lo piensa dos veces y desciende a lomos de Drogon hasta situarse justo encima del Rey de la Noche. Le ordena al dragón que escupa fuego y observa cómo se pierde su enemigo en el fuego. Sin embargo, le aguarda una sorpresa. El Rey de la Noche es inmune al fuego de dragón y le dedica una sonrisa de suficiencia a Daenerys. Para horror de Dany, el Rey de la Noche dispara una lanza de hielo que busca acabar con Drogon. Afortunadamente, logra esquivarla y volver a las alturas sin muchos problemas.

Jon ha sido testigo del intento de Dany. Aprovecha para situarse a espaldas del Rey de la Noche y le sigue en su camino hacia Winterfell esperando poder acercarse lo suficiente para asestar su golpe mortal. Por desgracia, el Rey de la Noche se percata de las intenciones de su perseguidor y se vuelve hacia Jon encarándole. Extiende las manos y hace uso de su magia para invocar a la muerte. Poco a poco los cadáveres comienzan a levantarse para horror de los que aún quedan con vida.

El Perro hace rato que se esconde en un rincón. El fuego y el saber que combaten contra un enemigo que no pueden vencer como es la Muerte le ha sobrepasado. Beric le grita para que reaccione. Son sus palabras junto con la visión de la joven Arya desviviéndose por deshacerse de los muertos las que hacen que Sandor Clegane vuelva en sí. Ese extraño e invisible vínculo que lo une con la joven Stark hace que deambule por el interior del castillo tras los pasos de Arya. ¡Y bendita aparición la de Sandor y Beric! De no ser por ellos la pequeña Arya habría sido una baja más en esta lucha.

Sin embargo, la salvación de Arya ha requerido el sacrificio de Beric. De nada ha servido la cabezonería de Arya de arrastrarle hasta que se ponen a salvo en el salón de Winterfell. Beric muere, esta vez para siempre, habiendo cumplido por fin su destino. Así lo anuncia Melisandre. "El Señor lo resucitó por un motivo. Ahora ha servido a ese motivo". Arya reconoce a Melisandre y recuerda lo que le dijo aquella vez: que "volverían a verse en un momento en el que se cerrarían ojos marrones, verdes... y azules". La sacerdotisa se despide de la niña diciendo "¿qué le decimos al dios de la muerte?". "¡Hoy no!", responde Arya antes de salir corriendo.

En este punto la batalla alcanza su clímax. La balanza parece estar decantándose del lado del Rey de la Noche. Los nuevos muertos pasan a engrosar las huestes del Rey de la Noche. Nuestros héroes parecen sobrepasados y exhaustos. Algunos malheridos aguantan como pueden. ¡Hasta en la cripta comienzan a levantarse los muertos! El dragón de Daenerys es atacado por una legión de muertos que provocan que su jinete caiga y acabe rodeada. Por suerte aparece Jorah de la nada y se convierte, literalmente, en el escudo de su reina. Lucha a destajo por tratar de salvar a su reina en una lucha que parece más que perdida. Mientras tanto Jon trata de llegar de manera desesperada hasta el árbol donde descansa Bran. Tyrion y Sansa comparte una mirada triste y de desesperanza en su escondite en la cripta. Tyrion le besa la mano y continúan mirándose sabiendo que el final está cerca.

Los hombres de Theon se quedan sin flechas y comienzan a caer frente a los muertos. Llega un momento en el que Theon es el único que queda en pie. Lucha con lo que puede. Su destino es salvar a Bran. De pronto, los muertos dejan de atacar y hacen un pasillo para que los Hijos de la Noche hagan su entrada triunfal. Está a escasos metros de su victoria. Lo único que se interpone entre ellos y Bran es Theon. Bran llama a Theon y le dice: "Eres un buen hombre. Gracias", cerrando así la historia de Theon. Aquí termina su historia. Con una pequeña espada y una lágrima sabiéndose muerto. De nada sirve su último intento de matar al Rey de la Noche. Aquí acababa su historia. Así estaba escrito. El Rey de la Noche avanza hacia Bran. Ya casi está. Se para frente a él y se observan detenidamente. Es el fin.

Inesperadamente aparece Arya de la nada y se abalanza sobre el Rey de la Noche al que trata de sorprender por la espalda. Pero el Rey de la Noche y sus reflejos de gato logran agarrar a Arya del cuello. Arya cambia de mano su espada y se la clava en el abdomen para sorpresa de los Hijos de la Noche. Uno por uno empiezan a caer todos los muertos. Es el final de la Batalla de Winterfell.

Amanece. Y con la luz del nuevo día es hora de mirar al futuro con esperanza. Salvo Melisandre. Tal y como le anunciara a Davos a su llegada al inicio del episodio, ella no pasaría del alba. Según despunta el día, la sacerdotisa sale por la puerta del castillo, se desprende de su collar mágico y se aleja paso a paso bajo la atenta mirada de Davos. Se aleja hasta que... se convierte en polvo.

La de Melisandre es una de las muertes más hermosas de la serie. Su desaparición nos deja con mil preguntas acerca de toda esa mitología que envuelve al dios de la Luz y por la que hemos pasado muy de puntillas. Su existencia parece relevante para esta historia, pero da la sensación de que por falta de tiempo no hemos ahondado lo suficiente en un misterio que continuará siendo a menos que acudamos a las páginas de la obra de R. R. Martin.

Con el fin del Rey de la Noche se pone fin a la amenaza del Invierno. Este episodio pasará a ser una historia más en el imaginario colectivo de Westeros. Quedan solo tres episodios para poner punto y final a Game of Thrones. ¡Pero qué tres episodios! Sin el enemigo invernal comienza el verdadero juego: el Juego de Tronos.

 
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Marta Ramirez

Abogada de día y cinéfila y seriéfila de noche. Un día colgué la bata y el fonendo para probar la segunda carrera que más veces se ha retratado en cine y TV. Aspirante a ser la nueva Ally McBeal.

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