El Mundo de Mateo: un crimen donde nada es lo que parece

Este mes de mayo nos trasladamos a Argentina en nuestra sección de series del mundo, coincidiendo con el primer aniversario del estreno de esta serie de corte policíaco pero que esconde mucho más en su interior. Con una segunda temporada en proceso, con el rodaje detenido actualmente por la crisis del COVID-19, estamos ante una ficción situada en un pequeño pueblo donde todo el mundo tiene algo que ocultar.

La historia se centra desde un principio en Mateo (Renato Quattordio), un joven de 17 años cuya vida no pasa por un buen momento. Enseguida vamos a ver que esconde un secreto en forma de visiones o alucinaciones de las que le cuesta escapar, el joven siente una ansiedad cada vez que se sucede uno de estos episodios que además ocasionan otros problemas como que no recuerde lo que ha hecho durante una de esas alucinaciones o sufra desmayos. Las cosas en casa no están muy bien, ya que ni su padre ni él han superado que su madre se marchara y los abandonara, pero en el instituto tampoco es que las cosas vayan mucho mejor.

Mateo lo pasa mal y somos conscientes de su sufrimiento por ser incapaz de controlar lo que le sucede, sobre todo por no entender esas visiones aunque trata de buscar pistas y señales y hará que el propio espectador trate de desentrañar la maraña de información que se le ofrece.

Pero nuestro protagonista no está solo en este duro trance ya que cuenta con el apoyo incondicional de su padre Alejo (Fernán Mirás), dispuesto a hacer lo que sea necesario para protegerlo. A él también se sumará la psicopedagoga del instituto, Paula Quevedo (Martina Gusman), quien enseguida se da cuenta de que Mateo oculta algo y querrá brindarle su ayuda.

 

Pero estamos ante una serie de temática criminal y no nos olvidamos de ello: un compañero de Mateo aparece muerto en extrañas circunstancias y pronto todo el pueblo está cuchicheando sobre quién ha sido el causante. ¿Qué ocurre si le sumamos que la última vez que vieron al fallecido fue con Mateo y que este no recuerda nada de ese periodo de tiempo? Que ya tenemos a un potencial sospechoso y un misterio que investigar para saber si el chico tuvo algo que ver con el asesinato o ha sido otra persona.

Aquí entra en acción la policía a través del comisario Ledesma (Luciano Cáceres) mucho más empeñado en cerrar el caso sea como sea que en encontrar la verdad. Y es a raíz del crimen cuando la serie toma impulso y empieza a jugar con nosotros: dándonos pistas que pueden ser útiles o dar lugar a engaño. ¿Hasta que punto aportan información las alucinaciones de Mateo? ¿Por qué se marchó su madre? ¿Por qué Paula está tan empeñada en investigar lo que ha ocurrido?

Por si no hubiera bastante con la eterna duda de “¿qué hizo Mateo en esas horas que su mente estuvo en blanco?”, seremos testigos de extrañas conversaciones y llamadas telefónicas de otros personajes que sólo nos aportan más desasosiego y necesidad de saber qué ocurre en el pueblo y qué diablos esconde cada uno de ellos.

 

Según avanzamos en la temporada van surgiendo más detalles que nos atrapan, que nos hacen ser conscientes de que el asesinato es solo la punta del iceberg y que hay mucho más que no nos están contando. Mientras tanto tenemos a Mateo siendo el objetivo de todo el pueblo, sus compañeros no van a tener ni un ápice de compasión y no tardarán en tacharlo de asesino pese a que no haya pruebas que indiquen su relación directa con la muerte.

Esto no quiere decir que a raíz de este momento sea cuando comienza el bullying contra Mateo, porque ya nos dejan entrever que las cosas ya estaban mal de antes, pero vamos a sentir como propia la impotencia del protagonista y los que creen en su inocencia cada vez que alguien lo acusa directamente.

Pero sin lugar a dudas uno de los grandes aciertos de la serie es el factor psicológico presente en cada episodio. Ese miedo y ansiedad que tiene Mateo y que le provocan sus delirios, su temor a seguir sufriéndolos, a no poder escapar de ellos y, sobre todo, a no entender el motivo por el que le ocurren. Aquí es cuando Paula podrá ser más útil, intuyendo que la mente del adolescente trata de decirle algo a través de todas esas imágenes: tal vez la solución al misterio se esconde tras esa puerta que visualiza en su cabeza.

 

Los ocho episodios, de una media hora de duración, suelen acabar dejándonos con la boca abierta y con ganas de ver el siguiente, de manera que cuando queramos darnos cuenta ya estamos tan involucrados con la historia que necesitamos saber la verdad sobre lo que sucedió ese día. Pero también querremos más información acerca de las subtramas que se van abriendo: el grupo de amigos de la víctima escondía algo, el instituto no es un lugar seguro pero tampoco lo son las calles de la localidad.

La madre de Mateo y su inexplicable fuga es algo que también estará presente, una obsesión que atormenta al muchacho más que el hecho de que lo consideren culpable de asesinato. ¿Tuvo él la culpa de que se marchara? ¿Hay algo que su padre le oculta? Las preguntas se irán amontonando con el paso de los capítulos mientras algunas consiguen respuesta, y nos divertiremos tratando de ser los detectives que resuelvan el misterio. ¿Os atrevéis a entrar en el Mundo de Mateo?

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Helena Rubio

Empecé en el mundo de las series acompañando a Mulder y Scully en Expediente X, luego seguí con Friends, CSI y otras cuantas, pero con Lost terminé de perderme. Cada año juro que no me engancharé a más series pero fracaso estrepitosamente, y mientras tanto hago malabares con los estudios.

About Helena Rubio

Empecé en el mundo de las series acompañando a Mulder y Scully en Expediente X, luego seguí con Friends, CSI y otras cuantas, pero con Lost terminé de perderme. Cada año juro que no me engancharé a más series pero fracaso estrepitosamente, y mientras tanto hago malabares con los estudios.