El Ministerio del Tiempo 4×05: Deshaciendo el Tiempo

El Ministerio del Tiempo 4x05: Deshaciendo el Tiempo

El Ministerio del Tiempo 4x05: Deshaciendo el Tiempo

Series: El Ministerio del Tiempo

4.5 Stars

Summary

La desaparición de Lola afecta a Pacino que decide viajar atrás en el tiempo para tratar de evitar que Díaz Bueno la rapte.

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El Ministerio del Tiempo desde sus inicios ha dejado claro que el tiempo es el que es y que por mucho que nos empeñemos no se puede cambiar. Cualquier pequeño cambio, el pequeño aleteo de una mariposa como le gusta decir a Salvador, termina convirtiéndose en un huracán de consecuencias inimaginables. Este episodio ahonda en en esta premisa básica de la serie al tiempo que nos vuelve a mostrar el dominio que tiene El Ministerio del Tiempo del tiempo mismo y del concepto de las paradojas temporales.

La historia nos sitúa once días después de la desaparición de Lola a bordo de la Anacronópete, la máquina del tiempo de Díaz Bueno. La desaparición de Lola no ha paralizado la actividad del Ministerio. Sus agentes continúan yendo y viniendo a través del tiempo. Todos menos uno. Pacino acusa la falta de Lola. Sus sentimientos por ella le llevan en este episodio a saltarse todas las normas del Ministerio y a volver atrás en el tiempo, no una sino varias veces, para tratar de evitar que Lola desaparezca sin dejar rastro.

Pacino se convierte así en el protagonista de este capítulo. Una oportunidad no solo para ahondar en el personaje sino para descubrir sus diferentes aristas. Junto a él realizaremos a lo largo del episodio un viaje catártico que le llevará a recorrer las diferentes fases de la pérdida. Desde la negación hasta la aceptación de la misma pasando por la ira y la negociación. Cada una de estas fases se traduce en un nuevo intento de Pacino por tratar de evitar lo inevitable. 

Desde su primera aparición Pacino se nos ha mostrado como uno de los personajes más humanos del Ministerio. Le hemos visto navegar en un mar de dudas, preguntándose una y otra vez si lo que hacía era lo correcto cuestionándose en ocasiones a sí mismo. Su decisión de saltarse todas las normas del Ministerio y cambiar el tiempo viene espoleada por los sentimientos que profesa hacia Lola. Un amor que hace que por momentos veamos las fortalezas del personaje pero, muy especialmente, sus debilidades. Pacino se nos muestra más humano que nunca, cometiendo errores imperdonables, dejándose llevar por esa pasión ciega que no le permite ver que cada nuevo intento de cambiar las cosas, cada viaje en el tiempo, trae consigo consecuencias inimaginables. Un precio demasiado alto que tal vez no esté dispuesto a pagar después de todo.

Cada intento tenía como inicio la misma premisa: evitar que Lola participe en su última misión, de esa forma jamás se produciría el rapto. Eso supone que Alonso tenga que reincorporarse de su baja antes de lo esperado para ocupar así el lugar de Lola. Lo malo es que cada intento lleva a un final y a una realidad alternativa en las que las consecuencias son tan inesperadas como variopintas: desde la muerte de Julián y Alonso a manos de los hombres de García Bueno hasta el rejuvenecimiento inesperado de Alonso y Julián, volviendo a ser casi unos niños y que nos deja con alguna de las escenas más hilarantes del episodio, como un Alonso de Entrerríos preadolescente ligando sin descaro con su esposa.

Son estas consecuencias inesperadas las que hacen que Pacino se empecine en volver atrás una y otra vez, buscando la forma de cambiar las cosas y lograr su objetivo sin sufrir las consecuencias. Pero cada nuevo viaje termina convirtiéndose en un nuevo mazazo para Pacino. Por más que lo intente es imposible. Salvar a Lola tiene un precio demasiado alto que, al final, Pacino no está dispuesto a pagar. Salvador tenía razón, el tiempo es el que es y por mucho que uno quiera no va a plegarse a nuestros deseos. 

Duele ver como con cada nuevo viaje Pacino va resignándose a aceptar que la desaparición de Lola es inevitable y que tendrá que ser él solo quien lidie con las consecuencias. Será él quien tenga que afrontar la soledad, la culpabilidad y el vacío que su ausencia supone. Su última despedida, su último beso, su último café compartido con Lola desgarra el alma. A Pacino no le queda otra que dejar que Lola se marche a una misión de la que sabe que no volverá.

Pero en este ir y venir del pasado al presente Pacino no estará solo. Junto a él estará Carolina, siguiéndole desde la distancia primero y convirtiéndose en la voz de la razón después. La joven afronta su primera misión con la pasión y el arrojo del principiante ilusionado. ¡Y menuda misión! Vigilar a Pacino por orden de Irene se convierte en una tarea nada sencilla. Cada salto en el tiempo supone una nueva realidad con nuevos retos para la agente novata. Al final, es ella quien apunta lo obvio. No se puede cambiar el pasado. La desaparición de Lola no puede deshacerse. Tiene que ocurrir por mucho que duela.

Tal vez sea su primera misión pero Carolina demuestra estar a la altura de sobra. Es impresionante el salto que da el personaje en tan solo un episodio, sobre todo si tenemos en cuenta que para ella apenas han pasado unos pocos días. Una de las escenas más interesantes de este episodio la tiene a ella como protagonista. Es brillante la idea de los guionistas de convertir lo que tendría que ser un monólogo interno del personaje en un verdadero diálogo entre la Carolina del presente y la Carolina del pasado, de hace apenas unos días. En esta escena queda patente lo mucho que ha crecido la nueva agente del Ministerio en su primera misión. Su inseguridad inicial queda a un lado y terminamos viendo una mujer mucho más segura de sí misma que no duda en actuar y en poner los puntos sobre las íes cuando hace falta. Carolina promete y apenas hemos visto nada de ella.

¿Y Lola? Al final del episodio la vemos en el Anacronópete, donde Díaz Bueno le da la bienvenida y le ofrece una extraña bebida. Le dice que la tome para evitar los efectos de viajar en el tiempo a bordo de la Anacronópete pero Lola no se fía y termina tirando el vaso y su contenido. Su anfitrión decide mostrarle que no miente y realiza un viaje de ocho años, a 1945 para mostrarle las consecuencias de viajar en una máquina del tiempo. En cuestión de segundos Lola envejece ocho años. Pero Díaz Bueno no ha medido bien el salto temporal y terminan en 1945, en plena II Guerra Mundial y en medio de una batalla aérea. Lola aprovecha la confusión para tratar de escapar de sus captores. Se deshace de ellos y se hace con el control de la Anacronópete. Su única opción es tratar de viajar al futuro. Introduce la fecha en la máquina y se afana por tomar hasta la última gota del líquido blanquecino que logra encontrar.

El episodio termina con todo un cliffhanger. El viaje de Lola al futuro es una acción in extremis. La máquina está dañada al haberse visto envuelta en un bombardeo aéreo y, además, ni siquiera sabemos si ha logrado ingerir la cantidad suficiente de la bebida especial como para lograr evitar las consecuencias del viaje temporal. 

Tanto viaje en el tiempo nos deja con un episodio redondo, donde la acción y la tensión nos ha tenido pendientes de todo lo que pasaba frente a la pantalla. Todo a un ritmo vertiginoso sin resultar agotador y que por momentos ha hecho que nos preguntemos si lo que estábamos viendo pertenecía al presente o era parte de una de las muchas realidades alternativas creadas por Pacino. Un episodio en el que la serie abraza del todo la ciencia-ficción, con máquina del tiempo incluida de forma magistral. Una delicia que apetece ver una y otra vez. 

 
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Marta Ramirez

Estudiante de Derecho de día y seriéfila de noche. Un día colgué la bata y el fonendo para probar la segunda carrera que más veces se ha retratado en TV. Aspirante a ser la nueva Ally McBeal

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