El juego de los recuerdos de “True Detective”

True Detective: Temporada 3

True Detective: Temporada 3

Series: True Detective

4.5 Stars

Summary

La desaparición de una niña lleva a los detectives Wayne Hays y Roland West a liderar una investigación policial que se prolongará casi tres décadas.

Coder Credit

La tercera temporada de True Detective ha puesto la mirada en el pasado, en la memoria no solo de sus protagonistas sino en la de los telespectadores. Pendiente siempre del retrovisor y obsesionada con volver a mostrar aquella serie que encandiló al mundo, esta última entrega se siente y se respira casi como una continuación de aquella. El problema es que precisamente por eso en ocasiones la serie se siente como si se hubiera orquestado hace cinco años.

Su segunda entrega fue denostada por el público que pedía más Rust Kohle y más Marty Hart. Fue tan vilipendiada que hay quien pretende olvidar que ha existido cuando lo cierto es que ni la primera es tan buena ni la segunda es tan terrible. Por eso el inicio de su tercera andadura tenía que traer consigo el sabor del sur de Arkansas, la oscuridad de la América profunda y el olor del folk estadounidense. Sus primeros episodios logran que volvamos a la True Detective que el público pedía. Una pareja de detectives, un misterio por resolver y un puzzle al que le faltan piezas.

Una vez más, Pizzolato recurre a los tipos duros, complejos, de acción más que de palabra y atormentados por quién sabe qué fantasmas para contar una historia sobre la memoria y sobre el propio arte de contar historias. Si nuestra persona se construye en base a nuestros recuerdos, ¿quiénes somos cuándo nos despojan de ellos? Esta parece ser la premisa sobre la que gira toda la temporada con un Wayne Hays tratando de recordar una y otra vez los pequeños detalles de un caso más grande que él mismo. Un caso que le obsesionará durante casi tres décadas y que, sin pretenderlo, le definirá por el resto de su vida. Una historia que se cuenta en tres momentos temporales distintos, jugando con el concepto de tiempo y creando por momentos un juego de espejos que trata de enmascarar los problemas que tiene Pizzolato para contar su historia.

El acierto más grande de esta tercera entrega ha sido la elección de su protagonista. Mahershala Ali hace un papel soberbio como Wayne Hays. Un detective que parece llevar toda su vida buscando una respuesta. Un personaje lleno de capas, profundo y complejo al que al final, a pesar de haberle seguido en su historia, no podemos decir que conozcamos en absoluto. El otro gran acierto es su pareja de baile. Al contrario de lo que pudiera parecer, en esta ocasión, la réplica no la encontramos en su compañero de aventuras, Roland (Stephen Dorff), sino la excepcional, misteriosa y sensual Amelia excelentemente interpretada por Carmen Ejogo. La desaparición de la pequeña Julie Purcell es la excusa para que estos dos personajes se encuentren y nos lleven de la mano a un viaje, por momentos angustioso, a través de su matrimonio. La dulce Amelia aparece de la nada y llegamos al final sin saber cómo se ha ido. Lo único que sabemos es que su presencia ha sido una constante a lo largo de los años y de la investigación de Hays. Las escenas que ambos comparten juntos son las que le dan más fuerza al relato y, curiosamente, muchas veces la investigación obsesiva sobre el paradero de Julie Purcell queda en segundo o tercer plano. Lo interesante está en el desarollo de esa relación. En cómo pasan del frío al calor en cuestión de segundos, como se lanzan miradas que lo mismo te hielan como te atraviesan. Su química es tal que por momentos parece que van a saltar chispas. ¡Y vaya si saltan!

Sin embargo, esto parece afear la relación entre los dos detectives protagonistas de la historia. La relación entre Wayne y Roland no tiene la química de la de Matthew Mcconaughey y Woody Harrelson. La relación de los Hays se come la historia y llega a ensombrecer al personaje de Roland. Y eso que la interpretación de Stephen Dorff va de menos a más conforme se suceden los episodios. Pero Pizzolato está tan empeñado en jugar con la memoria de Hays y en mostrarnos esa cotidianidad del día a día de su matrimonio que perjudica sin quererlo al desarrollo de la historia de Roland que queda siempre relegado a ser la sombra de Wayne, un acompañante que parece casi un añadido y que nos priva de ir descubriendo las diferentes capas que lo componen. Porque de lo que no cabe duda es que Roland, al igual que Wayne, tiene sus propios demonios que lo consumen día a día y así como de Wayne vamos conociendo alguno no sucede lo mismo con Roland. Su relato queda cojo de alguna manera. Solo podemos sentir su remordimiento y cómo se ahoga en la culpa para terminar buscando una redención simbólica a través de una pelea de bar (y una de las mejores escenas de la temporada).

Tanto ir y venir a través del tiempo y de la memoria de Hays hace que el relato por momentos se pierda. El caso es la excusa para contarnos una historia en tres tiempos. De hecho es la excusa para mostrarnos la oscuridad que se esconde tras Roland y Wayne en su búsqueda de la verdad. Cada paso que dan en la investigación resulta en muerte y destrucción. Al final de su investigación no quedan más que cadáveres e historias a medio contar. Aún así, Pizzolato trata de rizar el rizo y alarga un misterio, el de Julie Purcell, que se convierte en motivo de frustración, no solo para los detectives, sino para el propio telespectador. En su intento incluso llega a relacionarla con los eventos sucedidos en la primera temporada en un nuevo juego de humo y espejos que, al igual que a los protagonistas, nos aleja de la verdad. Y la verdad es que el caso no era más que un engaño. Queda descafeinado, mal resuelto y hace que nos cuestionemos seriamente el empeño de los detectives protagonistas por resolverlo.

Como en toda historia de detectives no faltan las pistas falsas, los secretos, las medio verdades y los giros de guión inesperados. Sin embargo, una vez que llegamos al final el misterio no era tan terrible, la historia parece demencial por momentos y el espectador se queda con cara de tonto preguntándose “¿eso es todo?”.

Pero como ya dije anteriormente, el misterio de Julie Purcell es la excusa para jugar a contar historias. Para plantearnos un enigma y esconder en él una historia mucho más profunda y enrevesada como es el constructo de la persona a través de los recuerdos. Esos recuerdos que atenazan a Wayne cada noche incitándole a continuar con su búsqueda a lo largo de los años. Esa obsesión enfermiza que nunca le abandona y que le llevará a dar con su respuesta justo para olvidarla casi al instante. Los últimos momentos de la temporada son pura magia. Nos dejan tan descolocados como al viejo Wayne. Desorientados y perdidos al ver que nuestro supuesto héroe ha luchado contra todo: contra el tiempo, contra sí mismo, contra el olvido, ¡hasta contra sus superiores!, todo para hallar una verdad que se le escapa en el último momento. Un último recuerdo incompleto.

Lo más curioso es que después de tantos minutos sepamos como espectadores el destino de Julie Purcell y sin embargo no sabemos nada de la otra gran protagonista. Amelia Hays desapareció para nosotros de la misma manera que Julie desapareció para Wayne. Llama poderosamente la atención porque si algo deja claro esta temporada es que Amelia es ese otro gran pilar sobre el que se ha construido Wayne. ¿Qué pasará ahora que no tiene a ninguna de ellas?

La última imagen que nos deja la serie es un Wayne Hays de vuelta en la jungla de Vietnam. Un nuevo recuerdo que parece aflorar en la mente senil del detective Hays ahora que todo ha terminado. Una jungla tan enmarañada y oscura como la propia mente de Wayne. Una jungla de la que, tal vez, no vuelva a salir nunca ahora que le reclama el olvido.

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Marta Ramirez

Abogada de día y cinéfila y seriéfila de noche. Un día colgué la bata y el fonendo para probar la segunda carrera que más veces se ha retratado en cine y TV. Aspirante a ser la nueva Ally McBeal.

About Marta Ramirez

Abogada de día y cinéfila y seriéfila de noche. Un día colgué la bata y el fonendo para probar la segunda carrera que más veces se ha retratado en cine y TV. Aspirante a ser la nueva Ally McBeal.