El Cid: el origen de la leyenda

El Cid: el origen de la leyenda

El Cid: el origen de la leyenda

Series: El Cid

3.5 Stars

Summary

Rui, un joven escudero de Vivar, da sus primeros pasos como escudero del infante Sancho. Por delante tiene un futuro lleno de sangre, sudor y lágrimas que le acabarán convirtiendo en “el Campeador”, el gran héroe de la Reconquista.

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Rodrigo Díaz de Vivar “el Cid” es uno de los pocos héroes españoles conocidos en todo el mundo gracias al “Cantar de mio Cid”, el cantar de gesta más importante de la literatura medieval española. Con esta obra el hombre se convirtió en leyenda y, como suele ocurrir con las leyendas, la realidad acabó siendo superada por el mito. Y en el caso de “el Cid”, para qué mentir, que en los años 60 lo interpretara Charlton Heston solo sirvió para que la imagen de este héroe castellano fuera aún más espléndida.

Ahora, por fin, es una ficción española la que narra las gestas de este héroe nacional. Más en concreto, sus humildes orígenes como escudero al servicio del infante Sancho, el futuro rey Sancho de Castilla. Y además lo hace de la mano de una excelente producción y con un gran elenco de actores, tanto veteranos como jóvenes, si bien Jaime Lorente (Rodrigo de Vivar en la ficción) ya cuenta con una importante trayectoria a sus espaldas.

El resultado es una ficción que muestra a la perfección una de las etapas más convulsas de la Historia española. Esto es, cuando los Reinos de Castilla y de León tenían en su punto de mira al “infiel” musulmán, pero ello no impedía que de vez en cuando se aliaran con los reinos de taifas (pequeños reinos musulmanes cuya existencia la corona permitía a cambio de tributos). Y es que dentro de los muros la situación no era precisamente de paz, pues los reinos cristianos estaban constantemente enfrentados, y eso que sus señores eran hermanos. En definitiva, una época tan trágica como apasionante que ahora podemos “descubrir” en formato serie.

En ella la política se entremezcla con la religión y con los lazos de sangre y, evidentemente, las intrigas palaciegas ocupan buena parte de la trama. Y sin duda este es uno de sus grandes aciertos, gracias también al gran papel que hacen José Luis García Pérez como Fernando I El Grande, Elia Galera como Sancha la Bella y Ginés García Millán como el rey Ramiro de Navarra (y hermano de Sancha). Rivales en la política, pero hermanos al fin y al cabo, a lo largo de los cinco episodios de la primera temporada les veremos atravesar importantes dilemas morales, pues sus ansias de poder acaban chocando con ese espíritu que en teoría todo cristiano debe tener… Claro que cuando la Iglesia es la primera interesada en levantarse en armas contra el enemigo (y además siempre está la “bula papal” para perdonar cualquier pecado, por muy atroz que este sea), entonces lo de “paz entre hermanos” ya no importa tanto.

En ese sentido el espectador no se va a sentir defraudado, pues las traiciones y las alianzas imposibles van a estar a la orden del día. Y además ello va a servir para conocer un poco más de la Historia de España, lo que siempre es un punto a favor.

Ahora bien, un detalle que no se puede dejar pasar por alto en esta ficción histórica es que a veces la parte “histórica” se pierde un poco en el camino. Por ejemplo, con algunos modismos empleados a la hora de hablar y, sobre todo, con la actitud de algunos personajes. Evidentemente, no es cuestión de rasgarse las vestiduras porque los personajes no hablen en castellano antiguo, pues lo cierto es que como lo hicieran absolutamente nadie entendería lo que están diciendo. Pero sí que se habría agradecido que el “vos” o el “vuesa merced” se usaran un poquito más a menudo, en lugar de un “tú” que llama poderosamente la atención cada vez que se menciona.

Lo mismo sucede con el comportamiento de los personajes más jóvenes. Empezando por Rui “el Cid” y su enamorada Jimena (Lucía Guerreo) y pasando por los tres hermanos que, en una repetición de lo ocurrido con sus padres, acabarán sumiendo al reino en guerras internas: Sancho VII el Fuerte (Francisco Ortiz), Alfonso VI (Jaime Olías) y la infanta Urraca (Alicia Sanz). Con ellos, y especialmente en el caso de los personajes femeninos, nos encontramos con una actitud que choca de lleno con lo esperado en un cristiano del siglo XI.

Y no ya solo por algunas conversaciones triviales entre escuderos o damas de compañía en las que uno olvida que está ante una serie histórica, pues parecen estudiantes disfrazados de medievales y hablando de su día a día. También destaca, y mucho, el empoderamiento que han querido darle a todas las mujeres de la ficción. Por un lado, una Sancha que odia ser “la mujer del rey” cuando la corona tendría que haber sido suya por derecho propio; por otro lado, una infanta Urraca que no consiente que la usen como un peón y decidan con quién debe casarse; y, finalmente, una Jimena que incluso le levanta la voz a su prometido.

Por supuesto, esto no quiere decir que las mujeres deban ser sumisas y hacer todo lo que los hombres les digan. Solo que ese empoderamiento por el que hoy, en pleno siglo XXI, seguimos luchando, en el siglo XI no tenía ninguna cabida. Por aquel entonces la idea de que una mujer debía tener los mismos derechos que un hombre estaba tan lejos de ser una realidad que era prácticamente imposible que una mujer, por muy reina o de fuerte carácter que fuera, pensara siquiera en esa posibilidad.

Está claro que no es cuestión de verlo todo blanco o negro. Y con esta decisión de modernizar a los personajes femeninos hay que entrever un intento por acercar la ficción a un público más joven al que ver mujeres totalmente subordinadas les revuelve las entrañas… Y eso es bueno, está claro, pues significa que las cosas están cambiando en cuanto a igualdad de género en la actualidad. Pero no hay que olvidar que, en el caso de “el Cid”, estamos ante una serie histórica en la que, además de narrar los hechos tal y como ocurrieron y ambientar los escenarios tal y como eran, también habría que mostrar a sus protagonistas tal y como actuaban.

Pero, como comentaba al inicio, a veces el mito acaba superando la realidad. Y a veces es mejor obviar detalles que enturbian esa imagen del héroe. Además, el objetivo de toda serie no deja de ser que la gente la vea y el espectador de ahora, afortunadamente, está muy lejos de pensar como se hacía en el siglo XI.

Está claro que se trata de una decisión muy difícil: ¿narrar las cosas tal y como eran y arriesgarse a que el espectador actual pierda interés porque esa época le es tan ajena que ni siquiera parece que pertenezca a su propio mundo? ¿O hacer la vista gorda con algunos detalles para que al menos la vean y así, de paso, aprenden un poco de la historia de España?

Sin duda, un dilema propio de las gestas de Rodrigo Díaz de Vivar “el Cid campeador”.

El Cid se estrenará el próximo 18 de diciembre en Amazon Prime Video.

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Barbara Cruz

Periodista y escritora a tiempo completo. En los ratos libres veo de todo y leo cualquier cosa que caiga en mis manos. Nunca se sabe cuál será mi nueva obsesión.

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