El Blues de Beale Street, el amor reconvertido en lucha

El Blues de Beale Street

El Blues de Beale Street

3.5 Stars

Summary

En el Nueva York de los años setenta, Tish (KiKi Layne), una joven embarazada del Harlem inicia una carrera contrarreloj para sacar a su prometido, Alonzo (Stephan James), de la cárcel tras ser acusado de violar a una mujer.

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En Memphis hay una calle con nombre propio. Una calle que vio nacer un género musical de manos de aquellas personas que la sociedad no aceptaba. A finales del siglo XIX, cientos de músicos negros se unieron en Beale Street y surgió el blues; en 1974 Tish y Alonzo se miraron y surgió el amor.

El Blues de Beale Street es la adaptación de la novela homónima de James Baldwin, uno de los autores afroestadounidenses más importantes del siglo XX y todo un referente para la comunidad negra en el país. La historia narra cómo Tish (KiKi Layne), una joven embarazada del Harlem inicia una carrera contrarreloj para sacar a su prometido, Alonzo (Stephan James), de la cárcel tras ser acusado de violar a una mujer.

El filme narra así en dos tiempos la vida de Tish y Alonzo. Por un lado sus primeros paseos, bailes y besos y por otro lado la dura batalla de Tish para demostrar la inocencia de Alonzo. Para ello contará con el apoyo de su familia y un abogado (Finn Wittrock) que intentarán demostrar que el joven fue acusado sin pruebas por unos policías que no necesitaban demasiadas para meter a cualquier joven negro en prisión.

La segunda película de Barry Jenkins tras la oscarizada Moonlight reafirma al director como uno de los autores más interesantes de los últimos años; y lo que es más importante, establece ya algunas de las características claves de su cine.

Los primeros planos de Jenkins a la pareja no están hechos porque sí, sirven para que el espectador vea las miradas, cristalinas y enamoradas de los dos personajes protagonistas. Unas miradas que se dirigen al espectador para transmitirnos todas sus sensaciones y emociones. El director pone su cámara al servicio de la novela de Baldwin con el más absoluto de los respetos y por ello consigue escenas tan impresionantes como la conversación de Alonzo con su amigo Daniel (Brian Tyree Henry), que acaba de salir de prisión. La cámara se desplaza entre ambos con una suavidad y gentileza que parece que estamos viendo una danza que sirve como presagio de lo que va a ocurrirle a Alonzo. Brian Tyree Henry sigue siendo uno de los actores más prometedores del momento, pues pocos tienen la capacidad de decir tanto solo con sus ojos.

Quizás KiKi Layne no tiene esa capacidad de Henry y eso suponga un problema para el desarrollo de la película. Layne defiende el filme pero sus compañeros de reparto tienen semejante nivel que la actriz se queda pequeña. No en vano, es difícil competir no ya con Henry o James, sino con la mismísima Regina King, la cual da vida a la madre de Tish y que tiene otra de esas escenas que se te quedan clavadas en el cerebro tras terminar la película. Una escena frente a un espejo que bien le ha valido la nominación al Óscar a Mejor Actriz de Reparto y que, aunque sea difícil, podría valerle la estatuilla la próxima madrugada del 24 de febrero.

El otro gran problema de la película –y que le ha impedido tener tanta aceptación como Moonlight- es que puede que muchas de las historias de las que el espectador quería saber más (por ejemplo el viaje de Regina King en busca de la mujer que acusó a su yerno) se quedan en meras anécdotas. Desconozco si las historias se narran de esta forma en la novela de Baldwin, pero lo cierto es que en la película esta fórmula no termina de funcionar.

Jenkins compensa estos desperfectos en su película con una banda sonora perfecta. Sin estridencias, es la música de la calle y de esa comunidad negra protagonista de la película, por lo que no es de extrañar que haya recibido la nominación al Óscar. Gracias a la música y a sus planos, Jenkins construye a fuego lento una película muy emocional y personal y que aún así te obligará a estar en tensión durante la última parte, sintiendo como a Tish se le acaba el tiempo.

Al fin y al cabo El Blues de Beale Street narra una historia con un mensaje contundente, lo que empezó como una historia de amor se convirtió en una lucha contra el sistema policial y judicial de Estados Unidos en los años setenta. No es la mera historia de dos chicos enamorados, es la historia de toda una comunidad que fue (y es) perseguida, violentada y encarcelada cada día por su color de piel.

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Beatriz Noria

Empecé a ver Perdidos y ya no paré... Con Como Conocí A Vuestra Madre conocí lo mejor y lo peor de este mundo. Adicta a cualquier pantalla que emita series o películas. Mientras cargan, trato de estudiar algo.

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