Der Kastanienmann: Nordic Noir un tanto descafeinado

Este mes, en "series del mundo", nos trasladamos al norte de Europa con "El caso Hartung" (“Der Kastanienmann”). Esta es la serie que Netflix nos propone como nuevo ejemplo de Nordic Noir, y para ello elige a uno de sus creadores más en alza, Soren Sveistrup, responsable de la película "El muñeco de nieve", así como de la serie danesa "The Killing".

Con estos antecedentes, lo cierto es que uno espera encontrarse con todos los elementos característicos de esta variante del género negro. Eso es, un clima inhóspito, capaz incluso de aislar a las poblaciones más pequeñas, lo que vuelve aún más inquietantes los crímenes que se están cometiendo, ya que lo más probable es que el responsable sea un vecino de la comunidad al que todo el mundo conoce.

En definitiva, un crimen en el que, al miedo más físico a ser asesinado, se une un terror más psicológico por el hecho de que se está aislado y a merced de un asesino que puede ser tu propio vecino.

Sin embargo, en “El caso Haurting” nada de eso aparece. La acción transcurre en la ciudad y el anonimato pesa más que el hecho de que asesino y víctimas se conozcan entre sí. Incluso el clima se presenta bastante más magnánimo para un tipo de ficción que incluye el nombre “nordic”.

De hecho, a primera vista lo único que ayuda a identificar esta ficción como propia de ese género es el hecho de que transcurre en una ciudad de Suecia, así como la inquietante presencia de los muñecos de castañas que dan título a la ficción. Y es que estos muñecos forman parte de una tradición de los países nórdicos por la que los niños hacen muñecos con las castañas mientras cantan una canción tradicional.

Evidentemente, estos elementos contribuyen a dar un toque bastante espeluznante a los crímenes, sobre todo cuando descubrimos que el asesino en serie deja esos muñecos con castañas a sus víctimas para alertarlas de que son la siguiente de su lista.

Además, por si esto no fuera suficiente, se añade el inquietante detalle de que esos muñecos parecen estar directamente relacionados con Kristine, la hija de la ministra Hartung que lleva más de un año desaparecida y no hay ni una sola pista sobre su posible paradero. 

Sin embargo, aunque evidentemente el argumento tiene su intriga, resulta difícil diferenciar entre “El caso Hartung” y cualquier otra miniserie de asesinos en serie al uso. Y esto se percibe ya con los encargados de resolver estos macabros crímenes, quienes recuerdan irremediablemente a los protagonistas de cualquier thriller de factura anglosajona.

Así, tenemos como principal protagonista a la inspectora Naia Thulin, la cual está a punto de afrontar sus últimos días como policía (otra “novedad” entre las series de policías), ya que ha decidido dejar el puesto por un trabajo de oficina más monótono pero también más regular en cuanto a horario, lo que le permitirá pasar más tiempo con su hija. Y lo cierto es que razones para ello no le faltan, ya que ser policía y madre soltera no hace muy fácil la conciliación trabajo-familia.

A ella le acompañará el inspector Mark Hess, quien acaba de ser transferido desde la Europol precisamente para ayudarla a atrapar al asesino en serie. Y, como puede deducirse de un trasladado desde otro departamento, enseguida Hess dará muestras de que arrastra unos cuantos traumas, lo que en algún momento hará dudar sobre su idoneidad para resolver los crímenes. Sobre todo cuando, debido a la desaparición de Kristine, el caso se ha convertido en una carrera contrarreloj. Nada que no se haya visto ya...

De nuevo, esto no deja de ser lo que todo el mundo espera ver en un thriller. De lo contrario, uno escogería otra serie para pegarse un maratón en Netflix. Y precisamente por ello se puede decir que el mayor aliciente que ofrece “El caso Hartung” es descubrir quién es el asesino.

Lo mejor de todo, sin duda, es que se llega a esa resolución tras tan solo 6 episodios de una hora de duración. Por tanto, no hace falta esperar mucho para salir de dudas y jugar a los detectives, intentando descubrir quién es el malo de la historia.

En definitiva, una miniserie apropiada para pasar una tarde amena y de la que, eso sí, es mejor no esperar ningún giro imprevisible, a riesgo de acabar decepcionados.

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Barbara Cruz

Periodista y escritora a tiempo completo. En los ratos libres veo de todo y leo cualquier cosa que caiga en mis manos. Nunca se sabe cuál será mi nueva obsesión.

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