Daniel Monzón: “Después de El Niño el cuerpo me estaba pidiendo reír y hacer reír”

Yucatán se estrena en las salas de cine españolas el próximo 31 de agosto. Con motivo de su estreno los protagonistas de la cinta y el director, Daniel Monzón, hablaron con la prensa madrileña el pasado 28 de agosto para promocionar la nueva comedia que el director comparte con Luis Tosar.

Daniel Monzón se pone al mando de una nueva apuesta fuerte de Telecinco, aunque esta vez no es una obra dramática. Yucatán es una comedia sobre un crucero que va desde Barcelona hasta Cancún con un botín que más de un pasajero querrá para él. La ambición humana y los diferentes estratos de la sociedad actual conviven en esta comedia que, además de hacernos reír, dejará un trasfondo sobre el que pensar. Aunque si queréis saber mejor qué opinamos de la película, podéis leer la crítica de Yucatán.

Series On Day tuvo la oportunidad de hablar, junto a otros medios, en una mesa redonda con el director de la cinta, Daniel Monzón (Celda 211), y con uno de los protagonistas, Rodrigo de la Serna, quien interpreta a Clayderman en la película. Ellos nos hicieron conocer un poco mejor que había detrás de Yucatán.

Daniel Monzón.

Esta película es bastante diferente al resto de tu filmografía. ¿Tenías ganas de este cambio de aires?

Daniel Monzón: Sí, es que, ¿sabes? A mí me gusta no quedarme anquilosado en algo que ya he hecho. Quiero retarme a mí mismo, probar cosas nuevas, diferentes… Te refresca, te mantiene joven. Después de un drama tan intenso como Celda 211, y una película de acción también trepidante, tenía cuerpo de comedia. Yo estaba barajando distintos proyectos, valorando distintas opciones, pero sentía que me tiraba mucho la comedia. Yo a Luis lo conozco desde hace mucho tiempo y me he divertido mucho con él, es un hombre muy divertido. Siempre decía “alguien tendría que hacer una comedia con este hombre”. “Tú diriges cine, idiota, hazla tú”. Entonces, esto me empujaba bastante, veía que tenía que ser un tipo de comedia canalla, y me apetecía mucho este pequeño género de estafadores que siempre me ha divertido y sentí que era el momento. Después de El Niño el cuerpo me estaba pidiendo reír y hacer reír. Además había algo de lo que yo quería hablar, porque una comedia no significa que sea una cosa vacua, o sea tú hablas de cosas en las películas, y el género de la comedia te permite hablar del ser humano con mucha mordacidad solo que haciendo reír. Yo me planteaba mucho, con la crisis económica decía “¿por qué hemos llegado a donde hemos llegado, a este punto además?” Indudablemente es por la codicia, que es una enfermedad humana que se mete dentro del cuerpo como si fuera un cáncer, entonces convierte a las personas en seres abyectos, que cambian por completo el objetivo de lo que es la vida y van en busca desesperada de dinero. El dinero es fundamental y esencial pero hasta un punto. Y la mejor forma de expresar esto era con una comedia.

Una comedia te la tienes que plantear como un regalo al público, porque es el tipo de regalo que me han hecho a mi muchas veces como espectador. La comedia es el género, desde mi punto de vista, más generoso porque tu no puedes pretender que una comedia tenga reconocimiento, no, lo que tienes que pensar es que siempre es espectador disfrute y se lo pase bien.

El personaje de Rodrigo de la Serna, al principio de la película, ya lo plantea desde el mismo arranque. Está invitando a los que han embarcado a que disfruten esta burbuja de entretenimiento que les tienen preparada mientras dure el trayecto del barco, pero al mismo tiempo está invitando a los espectadores a disfruten de esa burbuja, que se olviden de sus  preocupaciones porque esto está pensado para divertirse. Quien busque otra cosa, bueno, quizá la puede encontrar, pero básicamente esto es entretenimiento y diversión. Que es curioso, por que cuando yo me subí por primera vez a un barco me di cuenta que tenía un cierto co-relato con las películas. La gente paga un pasaje y se mete allí y pretende, mientras dura el trayecto, vivir en un universo aparte en el que se le haga disfrutar. Eso tiene mucho que ver con lo que es una película de entretenimiento. En el cine, también, un espectador paga una entrada para disfrutar de un viaje a lo largo de dos horas que le haga olvidarse de su realidad cotidiana. Esto me interesaba también casi como un juego meta lingüístico de lo que es una película de entretenimiento de un universo en un crucero. Y todas esas consideraciones me ayudaron a embarcarme, literalmente, en Yucatán.

 

¿Te habías planteado desde un principio que el protagonista fuera Antonio (Joan Pera) en lugar de Lucas (Luis Tosar) o surgió en base al carisma de Joan?

D.M: Esta es una película de estafadores y está llena de sorpresas, de giros, de trampas, de cosas inesperadas. Esta es una de las grandes sorpresas que contiene Yucatán. Los propios tramposos, poco a poco, van dejando paso a un protagonismo inesperado, el de un personaje que parece un personaje secundario sin más, pero poco a poco va cobrando un protagonismo hasta el punto en el que te das cuenta de que el nombre de la película tiene que ver con el personaje. Esto era una cosa que a mí me apetecía mucho, estaba pensado y era así. Al principio conoces a los estafadores estafando a gente que usan como anzuelo la propia codicia. Pero claro, ¿qué pasa si de pronto se enfrenta a un tipo que, moralmente, es irreprochable?. Hasta los propios estafadores que llegan todo lo lejos que pueden incluso más, moralmente, hacen cosas despreciables. Enfrentarse a alguien tan bondadoso, tan limpio, pues te hace a ti también sentirte como una rata miserable. Todo ese proceso moral a mí me resulta terriblemente interesante, me parecía que era una sorpresa más de la película.

¿Joan está dirigido en clave de drama?

D.M: Él está dirigido en una clave realista. Lo que sí que buscamos es que el reparto esté en su sitio, que los actores estén perfectos con cada personaje, y lo que buscábamos era que todos te destilaran encanto y verdad, que siguiera sus dramas humanos y que te interesaran. Buscamos que fuera una película clásica en sentido de que sigue a los personajes y que los personajes son coherentes emocionalmente. Hay muchas películas que son concatenación de chistes, de gags, y los personajes no son tales, son perchas para gags, sin una coherencia interna. No hay que forzar un personaje para que salga el gag, el gag tiene que fluir de su propia personalidad, Y Joan está dirigido como todos los demás, lo que le ocurre es que no es tan disparatado, no lleva él la parte de comedia, si no la parte de drama. La parte incluso de melodrama. Joan Pera es un actor maravilloso que lleva muchísimos años haciendo teatro en Cataluña y ahí es muy conocido, es como un icono, muy popular. Pero fuera de Cataluña no lo conoce nadie. Por la voz, porque ha doblado mucho. Uno de los personajes que ha doblado y que todos conocemos es Woody Allen. Pero es un magnífico actor y el tipo de comedia que él practica es una comedia muy popular. Él estuvo muchos años haciendo La extraña pareja y es un hombre que tiene mucha sabiduría. Pero él hacía un registro muy diferente al que hace en Yucatán. En Yucatán realmente, incluso para el que le conoce, es una revelación. Porque de pronto ha hecho una cosa contenida, verdadera… Es un  tipo que te cae bien, que es entrañable, que tú consideras que es una persona sencilla pero descubres que de tonto no tiene un pelo,  y que acaba llevando la película sobre sus espaldas.

Y dentro de este reparto tan coral y que a mi me gusta tanto hay otra revelación maravillosa que es Stephanie Cayo. Ella es la primera película que hace, aunque tiene una trayectoria muy larga. Desde pequeña salía en series infantiles, cantaba y bailaba. Luego ha hecho muchas series en México, hizo una serie de gran éxito en Netflix que se llama Club de Cuervos que va por la cuarta temporada, pero ha hecho muchas más en Colombia y Perú. Ella es de cuna peruana pero ha triunfado mucho en México y en Colombia y tiene sangre italiana. Ahora vive en Estados Unidos en Los Ángeles. Ha rodado después de Yucatán su segunda película en América. Una película de cine independiente que parece muy interesante. Esta va directa para arriba. Es muy lista y luego tiene un glamour como de otra época. Dentro de este anhelo que tenía yo de hacer una comedia clásica es que Stephanie Cayo es una estrella. Canta, baila. Que baila mambo, clásico, contemporáneo… Y tiene ahí esa canción compuesta para la película, No sé qué da el dinero, y luego te interpreta una comedia y te interpreta el drama. Porque en ella también cae parte del drama y lo hace con pincel fino. O sea que yo creo que también es como una carta de presentación, una entrada en sociedad de Stephanie Cayo muy poderosa.

 

Y hay muchos otros actores y actrices, por ejemplo la hija de Joan Pera, el personaje de Alicia, que se enamora de Brendon. Un actor puertoriqueño que vive en Los Ángeles… Son caras frescas, que a mi eso me encanta cuando veo una película con actores que están muy bien y que yo no los tengo ubicados de otras películas me resulta siempre como muy interesante. Yo estoy muy contento, orgulloso y satisfecho del reparto de Yucatán, que es una de las grandes bazas de la película.

El actor que hace de Brandon podría ser el hijo de Antonio Montero.

D.M: Bueno es verdad. Que también hace un papel tan peculiar el de Brendon. A mi me resulta muy tierno. Bueno es que es una película muy romántica por otro lado, ¿no? No es que haya una historia de amor, es que hay varias historias de amor. Está el triángulo de Lucas, Clayderman y Verónica, tan conflictivo. La historia entre Brendon y Leticia. La historia entre Antonio y Carmen. Y es una historia que termina y tienes un sentimiento muy romántico. También a lo que empuja la película es a que aproveches la vida. “Mientras suena la música, sigue bailando”. Es como un canto a la vida, a que disfrutes y aprendas a disfrutar. Que a lo mejor ese empecinamiento en ir detrás de cosas que tú crees que te van a reportar la felicidad no te la reportan tanto como cosas tan pequeñas como el anhelo que tiene este hombre de recordar aquel beso que tuvo y que empezó una vida amorosa de este jovencito entonces, abuelo ahora. Yo creo que es una película muy positiva. Es como una “feel good movie” que además creo que tiene un trasfondo que rasca un poco.

¿Cómo surgió la idea de Yucatán?

D.M: La letanía que repite Antonio es un dato real. Esto de “9 de cada 10 ganadores que ganan la lotería acaban asesinados, arruinados o en la cárcel” es real. El panadero que gana 160 millones en el Euromillón surge de un recorte que tenía Jorge. Él quería hacer una película de estafadores y me enseñó el recorte, a mi me pareció mítico. Ya teníamos a los estafadores, al panadero (la víctima) y el escenario (el crucero). E investigando lo que le pasa a la gente que le tocan premios de esta envergadura descubrimos dramas terroríficos. Hay gente que cae en la droga, que se lo gasta todo, que viene la familia, que la mujer contrata a un matón para que acabe con su marido y heredar la herencia… Todo es así. No hay una historia de alguien normal que gana semejante cantidad de dinero que acabe de una forma luminosa. Y este hombre lo tiene muy claro, desde la clarividencia, desde su sencillez lo dice, que está preocupado porque es una maldición. Al final es un poco lo que decía Hitchcock, es la historia de una persona normal en una situación excepcional, que eso siempre resulta interesante y apetecible. La película plantea todo ese desfile de personajes en el que cada uno se enfrenta al conflicto de qué hacer con todo ese dinero. Curiosamente en todo este viaje la figura femenina es la que sale mejor parada, es la que tiene la cabeza sobre los hombros. Los otros, los dos estafadores son como hámsteres en una rueda que no hace más que girar. Porque no quieren crecer, tomar responsabilidades. Porque lo que les tiene enganchados además del dinero es la adrenalina del no parar, del no reflexionar.

 

Los hombres en la película tienen diferentes papeles. Porque al final los dos protagonistas están en una lucha constante para demostrar a Verónica quién es el mejor. A parte de querer dinero, es como una lucha constante por reafirmar su hombría.

D.M: Efectivamente es una batalla por ella, porque ellos desde su punto de vista infantil piensan que si consiguen 160 millones de euros la chica será suya. ¿Pero esto qué es? ¿Qué mundo es este? Que estamos en 2008, este cuento ha cambiado. Que la mujer no es un florero. Ella quiere saber si de verdad hay interés por ella o si ellos van a seguir eternamente dando vueltas a la rueda. De ahí lo que les plantea a ambos.

¿Cuál ha sido la escena más difícil de rodar?

D.M: La ruleta rusa no estaba mal, porque es una secuencia bien compleja. Esta es una película que el espectador tiene que percibir como un divertimento, algo ligero, y que no tiene que percibir el trabajo que tiene detrás. Pero es una película que ya solo en su logística es infernal. Varios continentes, embarcado en un crucero a través del Atlántico durante cuatro semanas... Rodamos en Brasil, en México, en Casablanca, en el Teide. Además dices, vamos a Tenerife, pero no, vamos al Teide, a 4000 metros, que no te llega el aire.

Pero te diré que, en efecto, la de la ruleta rusa es muy complicada por ese crescendo, toda esa gente allí en Brasil… Aquella puesta en escena era un reto, pero voy a confesar que para mi fueron los números musicales. A mi me preguntaron qué género no haría nunca, y yo creía que no iba a ser capaz de hacer un musical. Entonces cuando se planteó Yucatán dije: “y números musicales”. Pero claro, es que lo pedía la película. Me apetecía de pronto retarme a mi mismo en algo que sabía que era incapaz, porque yo no sé bailar. Y estoy muy contento, muy satisfecho. Son números musicales que tienen que ser pequeños y creíbles dentro del crucero, pero son muy golosos. Tienen clase. También me apetecía incurrir en la comedia grosera, para que hubiera un poco de todo: la más alta comedia y la más baja, todo en el mismo paquete. Que es lo que te pasa cuando entras en un crucero, que te encuentras a gente de su padre y de su madre. Gente que tiene un camarote con unas vistas al mar y mucho dinero y gente que están doce en una habitación sin ventana y hacen el mismo viaje que aquellos. Esa conjunción es lo que yo también pretendía en Yucatán. Que hubiera muchos gags de distintas índoles, personajes… Que hubiera mucho bullicio, mucha vida, muchos géneros… Muchas cosas.

 

¿Cómo desconectas?

D.M: Yo vivo en un pueblecito en mitad de la huerta en Valencia con mi mujer y mi hija. No hay nada más que te lleve a otro mundo que pasear con tu hija, hablar con ella… E irte a un universo distinto al que te mueves habitualmente. Fregar también me ayuda a desconectar. Friego, hago la comida, voy a la compra… Todas estas cosas que son de una cotidianidad que a lo mejor durante un año te puede llegar a hastiar, durante cuatro o cinco meses me ayudan a desconectar. Estás haciendo una cosa mecánica y te ayuda a pensar. Y además así mantengo un poco vivo  mi matrimonio (risas).

¿Vamos a ver más a Tosar de galán?

D.M: ¿Por qué no? Tosar es un galanazo que no está aprovechado. A mi Luis también me inspira, Malamadre (Celda 211) es un personaje que hicimos para él sin que él lo supiera. Llegamos tan lejos con el personaje que el momento más terrible de mi carrera fue cuando me di cuenta de que yo no había hablado con Luis Tosar y llevaba un año entero pensando en él para el personaje y como él me dijera que no, no tenía plan B. Lo leyó muy rápido y le gustó. A partir de ahí ya hicimos Celda, nos conocimos muy profundamente. Y bueno, luego en El Niño hace una cosa maravillosa, que es un retrato de un policía veraz, de verdad, como son los policías. Porque a mi lo que me molesta de los retratos de policías en las películas españolas es que o son muy caricaturescos, muy por hacer la gracia, o son el modelo americano que no te terminas de creer. Entonces nosotros estuvimos conviviendo con policías para hacerlo. A mi me encanta el Jesús que compuso en El Niño, y en Yucatán es un cambio completo. A continuación no sé qué hará pero siempre me apetece pensar en Luis en una cosa completamente distinta para jugar juntos.

Rodrigo de la Serna

¿Qué ha sido lo más difícil de interpretar a Clayderman?

Rodrigo de la Serna: Tocar el piano, porque no soy pianista. Me costó un mes y medio de práctica ese plano de presentación del que tenía que ser pianista del crucero. Pero no, más allá de eso fue un rodaje muy placentero. Lo que más costó fue el alta mar. Convivir 22 días ahí con cruceristas brasileños que estaban de fiesta permanente las 24 horas. Combinar la filmación con la realidad de ese crucero, aunque también nos nutrimos mucho de esa situación. La idiosincrasia del crucerista es muy puntual y particular y pudimos ser testigos de todo ese universo y de todo ese mundo. Fue un rodaje muy ameno, muy placentero, y esto habla muy bien del talento que tiene Daniel Monzón no solo como narrador, sino también como capitán de un barco. Supo rodearse de un equipo humano… En el cine arriba de un barco creas una familia que puede ser funcional o disfuncional, que ya es peligroso, pero el caso es que fue muy agradable y muy ameno.

¿Qué es lo que más te gusta del cine español?

R.S: Lo que más me gusta es que uno se siente como en casa trabajando, más allá de las diferencias que tenemos como pueblos y naciones, hay una idiosincrasia común, una cultura común, un talento extraordinario a nivel técnico y artístico. La calidad y la calidez que uno encuentra en países como este no se da en otros lados del mundo. No sé si podría trabajar en Hollywood. Pero no, muy honrado y muy agradecido de haber participado en una película de cine español.

¿Cómo fue la dirección de actores? ¿Decíais el guion, hablabais con el director, entre vosotros, construiste tu propio personaje...?

R.S: Primero me entregué a ese guion que estaba muy bien confeccionado, es una pieza de relojería. Y el devenir de todos los roles está muy bien trazado y muy bien cristalizado en ese guion. Entonces ya con esa estructura y esa base ya tienes para jugar tranquilo. Pero sí, había que tener muy claro el pasado de estos roles, porque de eso se trata esta película, ese triángulo que conforman los roles que ejecutamos Stephanie, Luis y yo tenían un pasado en común, de estafas en común, de amor y de desamor entre ellos también. Entonces teníamos que tener muy claro y muy definido ese pasado de los estafadores que también son seres humanos y que también tienen sus pasiones y sus debilidades. De eso trata la película un poco también.

Daniel es un director que se nutre mucho de los actores y los elige por algo. Deja que tú propongas absolutamente todo. Muy pocas veces dijo “basta” y las pocas veces que lo dijo fue porque ya me estaba pasando. La impronta que me gusta darle a los personajes es tan expresiva que en este caso vino bien. Es una comadreja este personaje que interpreto. Y todo ese histrionismo estaba muy bien marcado por la dirección de Daniel y solo dos veces me dijo que me lo pensase un poco antes de ser tan voluptuoso en la actuación. Y tenía razón, es un gran director realmente. Es un maestro del cine.

¿Hubieras hecho el papel de Lucas?

R.S: No, me enamoré de Clayderman y de sus bigotes inmediatamente. Es un rol muy atractivo para un actor. El de Lucas también, por supuesto. Es un genio, tiene un cerebro maravilloso. Y ese vínculo que tenemos de una competencia también feroz pero también de una admiración. Clayderman admira profundamente el talento y el nivel de estafa y desapego moral que tiene Lucas.

 

¿Qué similitudes o diferencias tienes con tu personaje?

R.S: Por suerte me considero una persona no tan ambiciosa. Tengo mis ambiciones, por supuesto, pero son de otro orden, no uno tan material. Esto no es por ennoblecerme pero es así. No tengo tanto apego por lo material.

¿Te consideras el villano de la película?

R.S: Yo no me considero nada (risas). Pero en todo caso, no es tan villano. Es un tipo patético, con un patetismo desorbitado. Y es un antihéroe, le sale todo mal. A los villanos les salen mal las cosas pero no es un villano. Yo creo que se puede empatizar con él. Si genera gracia sí. Y si ves a una persona sufrir por amor ya… ¿quién no ha sufrido por amor? Eso te genera cierta empatía más allá de lo canalla que sea este tipo. Puedes entender y ver el conflicto que tiene. Creo que sí, que es una película muy empática, todos los roles generan empatía en algún punto. Ese es el talento de Jorge Guerricaechevarría y Daniel Monzón como colaboradores en el guion.

¿Cuál ha sido la escena que más veces habéis tenido que repetir porque no parabais de reír? Porque me consta que ha pasado mucho.

R.S: Sí, nos ha pasado (risas). Las escenas del gore con las máscaras. Eso fue un delirio, porque no podíamos salir de los personajes. Decían corte y seguíamos. Esa jornada fue hilarante. De verdad, nos dolía la tripa de tanto reírnos y todo el equipo técnico también, estaban todos que no podían filmar de la risa. Yo creo que fue la secuencia más divertida de filmar de la película.

¿Alguna anécdota de rodaje?

R.S: Todo esto que te digo y también Agustín Jiménez. No puede parar, dicen "corten" y cada vez es más gracioso fuera de cámara. Con sus bromas permanentes, con truquitos de magia, vozarrones, micrófonos, que te hacía decir cosas en la mesa… Es un tipo que no para de crear situaciones de humor. Pasaron muchas cosas, también hubo un motín de cruceristas brasileños que querían parar la película y tirar las cámaras por la borda porque querían seguir de fiesta, tomando alcohol. Y en un momento se parapetaron gravemente y hubo un motín de unas dos horas en las que no pudimos filmar. Es que pasó de todo en ese rodaje, si fueron tres meses, mucha vida hemos vivido.

Hay algún tipo de moraleja en la historia, ¿cuál es la que tú extraes?

R.S: Que la ambición no conduce a ningún lado y el apego por lo material tampoco. Creo que es un poco eso, que tiene mucho que ver con esta sociedad en la que vivimos hoy. Esta es una sociedad que tiene un apego absurdo por lo material, la acumulación y por el poseer. Creo que la moraleja final es esa. ¿Vale la pena todo eso?

 

¿Qué estás preparando ahora?

R.S: Estoy con una gira con mi grupo de música en Argentina. Tengo un cuarteto de guitarras argentinas que hacemos tangos, milongas… Música criolla argentina y tal vez me venga para España unos meses a partir de diciembre para un nuevo proyecto.

¿Se puede decir cuál es?

R.S: No, pero es uno que tuvo mucho éxito. Tercera y cuarta temporada sería.

¿Qué es lo que más te gusta de Yucatán?

R.S: Más allá de que te descostillas de risas durante todo el devenir de la película estas aventuras tan patéticas y graciosas, creo que uno se va con esas preguntillas. Que tiene un calado profundo, no es una película pasatista y nada más. Hay un corazón emocional ahí abajo que hace su juego. A mí se me han caído algunas lágrimas como espectador también. Te hace preguntarte esas cosas que, hoy por hoy, está muy bien.

¿Se aprende mucho de hacer comedia como actor?

R.S: La buena comedia es muy difícil. Esta comedia que conjugue todas estas capas dramáticas. Shakespeare hacía todas estas comedias trágicas con finales felices. Esto es una comedia bien hecha, un poco shakespeariana, donde están todos los dramas humanos en juego. Puede ser más divertida, sí, pero no tiene un final trágico, por eso también es una comedia. Y sí, uno aprende mucho.

Podréis disfrutar de Yucatán el próximo 31 de agosto en cines.

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María Jesús Navarro

Crecí con Disney y Harry Potter, pero los vampiros me llevaron por el camino de "un capítulo más" hasta que llegué a conocer el apocalipsis zombie. Entre serie y serie, intento estudiar periodismo y comunicación audiovisual con la esperanza de, algún día, emocionar a alguien con alguna buena historia.

About María Jesús Navarro

Crecí con Disney y Harry Potter, pero los vampiros me llevaron por el camino de "un capítulo más" hasta que llegué a conocer el apocalipsis zombie. Entre serie y serie, intento estudiar periodismo y comunicación audiovisual con la esperanza de, algún día, emocionar a alguien con alguna buena historia.