Dani de la Torre: “No teníamos nada que envidiarles a los americanos”

'La sombra de la ley', la apuesta española ambientada en la Barcelona de los años 20 y protagonizada por actores de la talla de Luis Tosar, Ernesto Alterio o Michelle Jenner, ya está en cines. Es el primer trabajo de Dani de la Torre desde que dirigió 'El desconocido', película también protagonizada por Luis Tosar.

Hemos tenido la oportunidad de preguntarle por su nuevo proyecto, esta súper-producción que ha llevado a la gran pantalla después de tres años.

P: ¿Qué películas has utilizado como referencia para 'La sombra de la ley'?

D. T.: Una de mis referencias claras fue 'Érase una vez en América'. [...] La Barcelona de esa época como Madrid o como el País Vasco era un lugar de referencia para la emigración española. Muchos se iban a buscar allí un sueño, la prosperidad. Y eso me atraía mucho, contar nuestra 'Érase una vez en América', y ese lugar era Barcelona. Yo me lo planteé así, y era una de mis referencias claras. Luego otras, pues 'Los Intocables' de Brian De Palma, o 'La muerte entre las flores' de los Cohen, o 'El camino de la perdición' de Sam Mendes. Para mí son películas claramente de referencia.

P: Y en la parte musical, ¿has utilizado también alguna referencia?

D. T.: Sí, claro, está 'Cotton Club', que era una película también de referencia, la de 'Chicago'... Siempre asociamos los años 20 a la locura, al desenfreno, al cabaret, ¿no? [...] Me gusta mucho que la música también forme parte de contar nuestra historia, de saber de dónde venimos y lo que nos gustaba hace cien años. Yo creo que eso forma parte de ver que era una Barcelona nueva, que era una Barcelona en plena efervescencia y que era uno de los centros europeos más importantes del ocio. Aquí venían grupos y actuaciones que no iban a París, o que no iban a Berlín, venían aquí, porque era un núcleo y venía gente de toda Europa para ver números que no existían en otros lugares.

P: En la película, introduces a través del personaje de Michelle Jenner el tema de la reivindicación de la igualdad de la mujer. ¿Realmente está documentado como el pistolerismo o ha sido una contemporización de este tema?

D. T.: Piensa que en esa época, poco después, Clara Campoamor consiguió el sufragio para las mujeres. Piensa que en esa época, la mayoría de la sociedad no quería que las mujeres tuviesen derechos ni que votaran. Muchas mujeres no querían, estaban en contra de esto también, ¿no? Un poco por el influjo social y por el influjo de los hombres en ese momento también, y de la propia sociedad y de la propia Iglesia. Entonces, ahí había como una especie de "vamos a mantener a este colectivo ahí, porque se nos va de mano. Cuanta menos gente vote y menos gente tenga algo que decir, más controlado tengo a todo el mundo". Creo que era una época que todos los cambios cuestan, y nuestra sociedad ya sabéis que es muy conservadora y que cuesta cambiar las cosas. Pero creo que en esa época nacieron movimientos en todos lados. En Inglaterra, las sufragistas estaban en pie de guerra reclamando el derecho a poder votar, y el derecho salarial, de igualdad. Las mujeres no podían tener una cuenta corriente, un hombre tenía que firmarles. [...] Era una cosa que mi abuela me contó a mí, que eso sucedió. Cuando se fundió a negro esto, y vino la Guerra Civil, y de alguna manera volvimos a involucionar, pues mi abuela me contaba esto. Que no podía tener una cuenta, que tenía que pedirle permiso a su padre... Incluso para hablar. O incluso había problemas si una mujer fumaba, porque eso lo hacen los hombres. O la manera de hablar, eso lo dicen los hombres. Eso pasaba en esa época. De alguna manera, en esa época de ebullición, de libertad, surgieron grupos feministas muy potentes que, de alguna manera, intentaban reivindicar un lugar de igualdad para la mujer. Y yo creo que eso está ahí.

P: ¿En Barcelona?

D. T.: Sí, sí, en Barcelona y a nivel nacional. [...] A todos los niveles, en Madrid también, en el País Vasco... Sobre todo en lugares grandes, donde realmente empezaba a haber esa convivencia con otro tipo de mentalidades más abiertas, se empezaba a leer autores y libros de otros países, que de alguna manera llamaban a una libertad, a un cambio, a una anarquía, a fórmulas políticas diferentes... Yo creo que ahí fue un poco el nacimiento de que todo el mundo podía reivindicar su lugar, no aceptar lo que venía impuesto. Creo que empezó a rebelarse la gente ahí, y eso se trasladó a nuestra época porque tuvimos un pasado muy oscuro, y que de alguna manera se volvió atrás en muchas reivindicaciones y en muchos derechos, ¿no? Que otra vez volvimos a ganar, pero todavía siguen sin arreglar muchas cosas.

P: Has intentado huir deliberadamente del maniqueísmo, ni hay buenos-buenos ni hay malos-malos. ¿Eso estaba en el guion o lo has puesto tú?

D. T.: Estaba en el guion, y de alguna manera queríamos enfatizarlo un poquito más. Yo no quiero decir "esto es malo" o "esto es bueno". A mí cuando me dicen que hay que hacer un tipo de cine o hay que ir a ver una película en concreto, me raya, digo "¿pero por qué?". Eso lo llevamos hoy en día a todo, "hay que hacer esto"... No. Todas las propuestas son buenas, y luego la gente que escoja la que le dé la gana. Cuanta más libertad tengamos, pues mejor. En este caso, yo lo que quería contar era que, de alguna manera, no quería perder la trama principal, que era un thriller de aventuras; pero no quería perder ese carácter y ese contexto histórico y de reivindicación de cada personaje, y de cada sector de la película. Y no creo que hubiese buenos y malos, creo que había gente que buscaba su lugar, y que buscaba que le escucharan y que, de alguna manera, buscar su sitio, ¿no? Y bueno, hay gente que lo consigue de una manera honesta, otra gente, deshonesta, y... bueno, ahí se ve un poco cómo la gente joven empuja para conseguir las cosas muy rápido y cómo la gente veterana que ha vivido esos problemas en primera persona intenta, de alguna manera, contemporizar, e intentar llegar a los lugares de una manera más segura y no tan rápida que lo que traen son problemas.

P: Es una producción un poco insólita en el cine español, y quizás muchos no se atreven, porque tienen que manejar diferentes campos, de producción, de vestuario, de decorado, de efectos especiales... ¿En qué parte te sentiste más cómodo? ¿En cuál surgieron más problemas? ¿Cuál fue la que más te divirtió?

D. T.: Mira, yo cuando acepté el guion, hablé con los productores y les dije "si cuento esta historia, quiero poder abrir los planos, quiero mostrar la Barcelona grande, la Barcelona que se veía, la Barcelona de cambio, ver esas estaciones de tren, ver esas calles llenas de coches, ver ese music hall lleno de gente con bailarinas...", ¿no? Como era, realmente. Ves las fotos y era así. Para encerrarme en una calle y contar una historia pequeña y sórdida, pues no me interesa irme a los años 20 ahora mismo. Si contamos esto, es para que luzca, y contarlo con todo su esplendor. El reto era ese, poder llegar a ese nivel y no hacer una fiesta de disfraces (ríe). Realmente, creerte que estás en la España de los años 20, en concreto en Barcelona, pero que no teníamos nada que envidiarles a los americanos. Barcelona no era peor visualmente que Chicago. Aquí teníamos... pues ya veis, toda la arquitectura que nace a finales del XIX y principios del XX es una referencia mundial y todavía sigue siendo uno de los iconos de la ciudad, y un reclamo para el turismo de todo el mundo. [...] Como puesta en escena, me apetecía hacer una peli grande visualmente, y yo creo que hoy en día podemos afrontar películas que antes no se podían afrontar simplemente porque tenemos empresas muy top a nivel de efectos visuales en España. Ranchito, la que hizo la nuestra, acaba de ganar un Emmy por 'Juego de Tronos'. Entonces claro, a nivel visual, logramos planos que antes eran impensables. No porque no hubiese talento, sí lo había, el tema es que no había dinero para poder pagar eso a nivel de puesta en escena sin los efectos digitales. Imagínate recrear una calle de Barcelona en los 20 tal cual, ¿no? Es que era casi imposible. Eso, y también he de deciros que hemos tenido la suerte de que uno de los coleccionistas de coches antiguos más importantes de este país está en Coruña, y tiene una colección privada impresionante, que es Ángel Jove, y nos cedió los vehículos para llenar nuestras calles. Entonces eso también hace que el cine sea mágico, y hace que encuentres cosas que nunca te habías imaginado.

P: Y la actualidad política, la Cataluña de ahora, no sé si te ha llegado cómo ve esta recreación.

D. T.: Hemos tenido un pase en Sitges, que para mí era un pase especial por eso, ¿no? Un gallego cuenta la historia de los catalanes de los años 20, a ver qué pasa aquí (ríe). Muy bien, la verdad es que han reaccionado muy bien. Yo creo que también han agradecido ese esfuerzo que hemos hecho de hacer una película que muestra una Barcelona diferente, y una España diferente. No otra vez cañas y barro, la cloaca, la España oculta, sórdida... Que está muy guay, contar esas historias, pero hemos abierto otra puerta. Que se puede también contar algo de lo que estamos orgullosos, de muchas mejoras y de mucha luz que ha traído también las ciudades y a la vida de la gente. [...] Y luego también lo que decíais antes de que la peli no es maniquea en ese aspecto, la peli cuenta una realidad y cuenta que los personajes reivindicaban su lugar, pero no eran ni mejores ni peores unos que otros.

P: ¿Cómo ha sido el proceso? ¿Patxi Amezcua escribió el guion y se puso en contacto contigo, te lo ofreció la productora...?

D. T.: Pues mira, este es un guion que escribió Patxi hace más de dieciséis años, creo, o diecisiete. Y estuvo intentando ponerla en marcha, poder dirigirla incluso, pero le fue imposible. Entonces lo tenía una productora, lo liberó porque no les interesaba hacerlo, y llegó a las manos de Emma Lustres, casi veinte años después. Emma llamó a Patxi y le dijo que si le interesaría abordar otra vez ese guion. Y Patxi renunció como director para dejármelo a mí, y él lo que quería era que se contara esta historia. Ya no se veía mucho en ella, pero quería seguir escribiéndola, seguir siendo el padre de la historia, y él es el que nos ha traído aquí. A veces, las cosas no suceden en el momento y mira llegan a un sitio y ¡pum!, y se hace ahora. Emma vio que era el momento de hacer una peli así, años 20, yo también lo vi. [...] Hoy en día es muy difícil competir contra las plataformas, y competir contra el calor de casa. Creo que esta película es una peli para ver en pantalla grande, para disfrutar en el cine, para ver esos decorados y esos music halls, esos bailes, esos tiroteos... Verlo en grande. Es como el cine de antes, cine de entretenimiento. Yo así lo concebí como la hice. Como cuando yo iba al cine con mi familia o con mis amigos y era un disfrute total ver en pantalla grande todo esto. Yo creo que 'La sombra de la ley' sí es una peli que necesita la pantalla grande.

P: Y otra vez has vuelto a contar con Luis Tosar, ¿por qué?

D. T.: Luis Tosar es amigo. Es parte de la familia. Hicimos 'El desconocido' juntos, creamos una vinculación muy grande entre los dos, yo le quiero mucho como persona... Para mí, aparte de ser el mejor actor del mundo, es una persona increíble, generosa, que, de alguna manera, es mi extensión en el set... Es mi yo. Yo si fuera actor, me encantaría ser Luis Tosar (ríe). Entendemos el cine igual, nos entendemos casi sin mirarnos... Y ojalá pueda hacer todas las películas que me faltan por hacer con él. Sería, para mí, un privilegio.

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Andrea Arias

Empecé a perseguir historias con Castle y me topé con el mundo del cine y las series. Ahora, para mí, las buenas películas y series suelen tener un policía y un caso, o, en su defecto, un escritor sarcástico.

About Andrea Arias

Empecé a perseguir historias con Castle y me topé con el mundo del cine y las series. Ahora, para mí, las buenas películas y series suelen tener un policía y un caso, o, en su defecto, un escritor sarcástico.