‘Baron Noir’ es el espejo de la política francesa

Septiembre marca el final del verano y de las vacaciones. Pero septiembre también supone el inicio del nuevo curso político. Por eso este mes es perfecto para dar a conocer una joya oculta en el catálogo de HBO. Baron Noir es un thriller político francés que no solo es el reflejo de la política francesa sino que recuerda peligrosamente a la forma de actuar de algunos de nuestros políticos.

La serie creada por Eric Benzekri y Jean Baptiste Delafon nos cuenta la historia de Philippe Rickwaert (Kad Merad), diputado del Norte y alcalde de Dunkerque, la ciudad más grande del norte de Francia. La serie comienza con una acusación de la fiscalía francesa contra Rickwaert. El alcalde parece haber estado desviando dinero público para financiar una campaña política del partido socialista. Un claro fraude que pone a Rickwaert y al propio partido en una posición incómoda a pocos días de las elecciones. El primer episodio es una carrera contrarreloj en la que veremos a Rickwaert contra las cuerdas en todo momento. Tiene que conseguir dinero de dónde sea y no duda en vender sus electrodomésticos o recurrir a préstamos de dudosa legalidad para conseguir salvarse de la acusación.

Todo esto derivará en un enfrentamiento entre Rickwaert y su mentor, el candidato socialista a la presidencia François Laugier (Niels Arestrup). Esta será la trama que vertebrará toda la primera temporada de este apasionante thriller donde los dos pesos pesados del partido se miden no solo ante los votantes sino ante los propios miembros del partido. A partir de aquí veremos a Rickwaert llevar a cabo un sinfín de maniobras políticas para desacreditar a aquel que se atreva a enfrentarse contra él. Le veremos mentir, sobornar, aceptar dinero de empresarios, amañar elecciones… Nada que no hayamos visto ya en política.

Tal vez lo más interesante de esta serie sea que bien podría ser un espejo de la política española. Al igual que nuestro sistema democrático, en Francia la llegada a lo más alto en la carrera política de cualquier político pasa por el partido y por la administración local. Rickwaert es un hombre importante dentro de su partido precisamente porque goza del favor de sus votantes en una ciudad fundamental para las aspiraciones políticas del partido. Es por eso por lo que la historia de Rickwaert se nos hace conocida. Es el típico político corrupto que cae bien porque, aparentemente, se desvive por sus votantes.

Pero no nos engañemos. A pesar de que el alcalde pudiera parecer alguien con el que el ciudadano medio de a pie pudiera identificarse, Rickwaert es un animal político más. Ni siquiera podría decirse que es un hombre del partido. En cierto momento incluso llega a enfrentarse al partido que le ha dado alas para llegar hasta donde está. Pero él siempre es consciente de que el cariño y el favor de sus votantes es algo que se ha ganado con el paso del tiempo. Consciente de la necesidad de arañar votos, no duda en plantar cara a todo el que le contradiga. Le importa un bledo el bienestar de sus votantes. Ellos son la excusa para llegar a lo más alto. 

El ascenso al poder de Rickwaert y su pugna por llegar a lo más alto es lo que mantiene al espectador enganchado. Sus tácticas son viles. Su moralidad es escasa o inexistente. Es el tipo al que quieres odiar con gusto porque no le importa nada ni nadie. Y eso es fascinante. Es imposible empezar a ver la serie y no engancharse. Por momentos recuerda a House of Cards con atisbos de El Ala Oeste de la Casa Blanca. Pero engancha más porque a diferencia de la política americana la francesa se parece demasiado a la nuestra. Esta es la historia del alcalde de Dunkerque y su ascenso político pero bien podría ser la del alcalde de cualquier ciudad española.

El ritmo de la serie es endiablado por momentos. La tensión en ciertas conversaciones se puede cortar con un cuchillo. Baron Noir es una de esas series en las que cada conversación esconde un mensaje más allá de las palabras. La acción es máxima en las discusiones más acaloradas y, sobre todo, cuando se están llevando a cabo las tretas políticas más viles y rastreras.

Lo más interesante sin duda son los personajes que van desfilando a lo largo de las tres temporadas que conforman la serie. Desde el joven idealista que llega a la política hasta el candidato aparentemente más perfecto. Y es que en esta serie todos brillan. Incluso los personajes más secundarios. Todos tienen algo que decir. Cada uno de ellos es complejo y lleno de aristas. No todo es blanco y negro. En política el mundo se define por su escala de grises y Baron Noir los tiene todos, sobre todo las tonalidades más oscuras. Si hasta tenemos en su tercera temporada un joven candidato a la presidencia del Elíseo que es clavado a Macron reforzando la idea de que esta serie ES un espejo de la política francesa.

Aunque sin duda, el que destaca por encima de todos es Phillippe Rickwaert. La interpretación de Kad Merad es soberbia. Siempre convincente. Ante el electorado es el tipo amable de la izquierda progresista que se desvive por su pueblo y que trabaja codo con codo con los sindicatos para mejorar las condiciones de los trabajadores. Es el tipo que quieres que te caiga bien. Pero entre bastidores, es un personaje oscuro y peligroso que no duda en bajar al fango cuando hace falta. Sus tácticas son rastreras. Su carencia de escrúpulos asusta en ocasiones. Deberíamos odiarle y, sin embargo, no podemos evitar empatizar con él y con su particular lucha contra todos. Baron Noir hace que la política sea intrigante y divertida.

Conforme avanza la serie vemos a Rickwaert tomar sendas cada vez más oscuras en su camino hacia lo más alto. Hacia el final casi podría decirse que en lugar de una serie política estamos ante una verdadera historia de mafiosos. Así es como parece funcionar la política de nuestros días. Una idea inquietante y aterradora a la par que fascinante. 

El thriller político de Baron Noir es adictivo. Sus episodios muestran la peor cara de la clase política. Sus maquinaciones e intrigas enganchan desde el primer momento. El personaje de Rickwaert debería ser el candidato al villano perfecto en cualquier otro contexto. La historia de su ascenso político es fascinante. A pesar de la repulsión que pudiera causar su personaje es difícil no encontrarse deseando que llegue a lo más alto. Es sorprendente que una serie nos haga simpatizar tanto con alguien tan mezquino y ruin. Una joya oculta que merece ser descubierta. 

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Marta Ramirez

Abogada de día y cinéfila y seriéfila de noche. Un día colgué la bata y el fonendo para probar la segunda carrera que más veces se ha retratado en cine y TV. Aspirante a ser la nueva Ally McBeal.

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