Aquel extraño verano del 85

Temporada 3

Temporada 3

Series: Stranger Things

3.5 Stars

Summary

El verano llega a Hawkins y el grupo de amigos formado por Mike, Dustin, Lucas, Will, Max y Once están dispuestos a exprimirlo al máximo al tiempo que se adentran en la adolescencia.

Coder Credit

Las vacaciones de verano son sinónimo de bicicletas, sol, piscina, rodillas peladas, largas tardes con los amigos y, también, un maratón de Stranger Things. La serie de los hermanos Duffer se ha ganado por derecho propio ser una de las grandes citas ineludibles del verano. ¿A quién no le gusta volver de vez en cuando a aquellos veranos que parecían interminables de nuestra adolescencia?

La tercera temporada de Stranger Things no decepciona a sus seguidores... pero tampoco sorprende. Una vez más, la apuesta de los Duffer es apelar a la nostalgia de los que ya no somos tan niños. Toda la temporada está plagada de referencias y guiños a una época y a una cultura pop que para los que ya tenemos una edad nos devuelve a los mejores años de nuestra vida. Desde Alien a E. T. pasando por la Historia Interminable, Terminator y Regreso al Futuro. Un viaje a lo mejor de los 80 donde cada escena nos permite paladear el sabor de aquel verano de nuestra infancia y con una banda sonora que es de las mejores que hemos podido disfrutar en televisión.

Sin embargo, da la sensación de que los Duffer saben que esta es la fórmula que les propició un éxito tan rotundo en la primera temporada y por eso la llevan hasta el límite. Hay tantísimas referencias en cada uno de los episodios que se nota el descaro con el que pretenden apelar a la memoria nostálgica del espectador, lo que hace que, en ocasiones, sea difícil tomarse en serio su propuesta. Y es que se nota que ante el descenso que supuso la segunda temporada sus creadores han buscado volver de alguna forma a sus orígenes pero conservando lo mejor de la segunda temporada: el alivio cómico de algunos personajes.

Tal vez por eso mi sensación al terminar el último episodio haya sido un “esto ya lo he visto antes”. Sí, es cierto que la historia no es exactamente igual a lo que me han venido contando y no negaré que efectivamente hay un desarrollo de los personajes muy interesante pero la trama principal es exactamente la misma que la temporada anterior. El Azotamentes ha vuelto. Pretende apoderarse del mundo y busca un nuevo receptáculo al que parasitar. La brecha con Upside Down ha vuelto a abrirse y… ya. La única novedad al respecto es que esta vez los responsables de este desastre no es una división supersecreta del gobierno de los  Estados Unidos sino los rusos. Un cliché de la época que no hace sino reforzar ese aire de nostalgia que retroalimenta toda la serie y que, al final, es lo que parece hacerla funcionar. Ni siquiera se molestan en plantear un villano interesante. La Madre Rusia y su complejo aparato de Estado es de por sí fascinante y ya en la vida real nos ha aportado “grandes villanos” sin tener que recurrir a la caricatura. Aquí los rusos son genios que consiguen reabrir el portal cerrado por Once. Un vistazo más cercano a estos terribles seres humanos nos deja ver que son tan brutos y tan tontos como mostraban las películas de la época. Eso sí, su genio les ha permitido crear un laboratorio secreto en el subsuelo de Hawkins bajo las narices de los estadounidenses. ¿Quién es más tonto aquí?

Aún así, la serie tiene sus momentos de brillantez. No se puede negar que el cambio de ritmo experimentado, con más escenas de acción, favorece la narrativa de una temporada que comienza algo lenta. Algo normal si tenemos en cuenta que esos primeros episodios son simplemente para presentarnos a los nuevos personajes y ser testigos de los cambios producidos en sus protagonistas como consecuencia del paso del tiempo. Y es que aquel divertido grupo de niños aventureros ha entrado de lleno en la adolescencia. Mientras Lucas y Mike se aventuran en terreno inexplorado en sus primeras relaciones amorosas, Max y Once descubren las maravillas de la amistad entre chicas. Lo malo de todo esto es que empiezan a aparecer las primeras grietas en la pandilla de amigos. La emoción de los primeros besos empañan la vuelta a casa de Dustin del campamento de verano. Sus amigos le han echado de menos aunque quizás no tanto como a él le hubiese gustado. Por su parte, Will se ve inmerso en una especie de lucha interna para evitar crecer y convertirse en un adolescente como el resto, como si atreverse a dar el paso a crecer le alejase aún más de sí mismo y sus amigos. 

Uno de los grandes aciertos de la serie esta temporada ha sido la de separar por grupos a los personajes. Por un lado tenemos a la pandilla de Lucas, Max, Once y Mike y Will que entre amenazas sobrenaturales lidian con los dramas propios de la adolescencia. Hopper y Joyce forman una extraña pareja que les llevará a un improvisado viaje por carretera y a trabar amistad con el enemigo ruso. Dustin y Steve vuelven a formar equipo para alivio de los fans. El último grupo lo conforma la pareja formada por Jonathan y Nancy que, tras finalizar el instituto, se enfrentan por primera vez a la vida real.

Esta separación grupal de los distintos personajes funciona, sobre todo porque está muy bien resuelto cuando al final las historias de los diferentes grupos convergen en el centro comercial de Starcourt. Sin embargo, evidencia uno de los grandes problemas de la serie: no todas las historias son interesantes. 

La trama de Jonathan y Nancy se diluye cuando nos la plantean en medio de la caricatura misógina en la que trabajan. Nancy busca su lugar en el mundo y trata de reivindicarse como periodista en un mundo de hombres que solo espera de ella que les traiga el café a la mesa. Un conflicto que podría resultar interesante si no pareciese una simple caricatura de perpetuación de arquetipos y si Nancy no fuera tan cargante. La historia no se resentiría lo más mínimo si Nancy y Jonathan desapareciesen del relato y eso, a nivel narrativo, es un problema para los personajes.  No les vemos madurar ni hacer nada interesante. Son exactamente los mismos críos que hace dos años.

El grupo más interesante es el de Steve y Dustin. El tándem se ve reforzado con la presencia de Robin (Maya Hawke) y Erica, hermana pequeña de Lucas, las mejores adiciones que la serie podía pedir. Sin duda ambos personajes, junto con las actrices que los interpretan, son la sorpresa de la temporada, aportando frescura y un arsenal de frases y citas que hace las delicias de los amantes de los memes. El viaje de este grupo por las entrañas de un centro comercial es de las aventuras más entretenidas y surrealistas que uno tiene el placer de disfrutar en televisión. Trepidante, divertido y que no se resiente en ningún momento. Una delicia que nos devuelve a las aventuras de la infancia.

Por su parte, el grupo de Mike, Lucas, Once, Max y Will viven los problemas típicos de cualquier adolescente. Mientras Lucas y Mike tratan de entender a sus novias, Will se aferra a sus libros de Dragones y Mazmorras como si con eso pudiese parar el cruel paso del tiempo. Una idea interesante de explorar y en la que, sin embargo, apenas se profundiza. El foco de la acción se centra tanto en la relación entre Mike y Once y en el descubrimiento de la nueva amistad entre Once y Max que tanto Will como Lucas quedan relegados a un plano tan secundario que, al igual que pasa con Jonathan y Nancy, apenas notaríamos su ausencia. Lo cual es una pena, especialmente en el caso de Will. Su miedo a crecer y su experiencia como receptáculo del Azotamentes podían hacer pensar que Will tendría mayor relevancia en esta temporada. Desgraciadamente su papel ha quedado reducido al de un niño obstinado y temeroso, un desperdicio del talento de Noah Schnapp.

Por último, la extraña pareja de Jim Hopper y Joyce Byers nos sumerge en un relato que nos lleva a profundizar en los entresijos de la paternidad. Ya en la segunda temporada pudimos ahondar en la relación paterno-filial entre Hopper y Once, una nueva dinámica que, como sus personajes, también evoluciona. Hopper es ahora el padre de una adolescente que ha venido sin manual de instrucciones, que pasa demasiado tiempo con nuevo novio y que tiende a encerrarse en su cuarto a hacer Dios sabe qué. Un panorama casi tan terrorífico como la amenaza del Azotamentes. Aunque Once no será el único quebradero de cabeza de Hopper. Su tira y afloja con Joyce nos deja algunos de los mejores momentos de la serie y he de reconocer que, personalmente, agradezco que Dustin y Steve no sean los únicos alivios cómicos a los que puede recurrir la serie. Es divertidísimo ver a Hopper volverse loco y discutir con Joyce y con prácticamente todo aquel que le contradiga. Y, sobre todo, es refrescante ver a Joyce en otro papel que no sea el de madre sufridora. Se agradece ver un nuevo registro de este personaje que sigue siendo esa madre coraje al tiempo que se resiste a seguir adelante con su vida y a la que le cuesta vencer el trauma de perder a su amado en la temporada pasada. 

Otro de los grandes aciertos de esta temporada ha sido Starcourt. El centro comercial termina por convertirse en un personaje más de esta historia. Un intrincado laberinto de pasillos y puerta que alberga un laboratorio ruso secreto y el lugar de la batalla final contra el Azotamentes. Un sitio que por momentos parece tener vida propia y que evidencia la América de aquella década, rendida al consumismo excesivo que se entregaba a la vida en el centro comercial en detrimento del pequeño comercio. Y si no que se lo pregunten a Joyce y al centro de la pequeña ciudad de Hawkins.

Sin embargo, la historia sobrenatural no ha estado a la altura. Sí, el Azotamentes ha dado vida a una criatura espeluznante y asquerosa pero su modus operandi poco o nada ha cambiado con respecto a la segunda temporada. En esta ocasión el Azotamentes elige una nueva víctima, Billy, un personaje que la temporada anterior se quedó casi en anecdótico. Su conversión en receptáculo prometía ahondar en el personaje, pero esto solo ocurre y de manera muy superficial en el último episodio. Ese último acto llevado a cabo por Billy para proteger a Once del Azotamentes le redime del olvido absoluto pero mentiría si dijera que voy a echar de menos a su personaje en la próxima entrega. Esta temporada era perfecta para ahondar en la mitología de Upside Down y para tratar de descubrir más cosas sobre el Azotamentes. Al final, la temporada termina sin que sepamos nada nuevo de este extraño mundo.

La Batalla de Starcourt, episodio que cierra la temporada, bien podría proyectarse en una sala de cine. Tiene ese sabor de película de los 80 que nos recuerda por momentos a Carpenter y a Spielberg y que hace gala de la mejor producción audiovisual que tiene Netflix. La temporada termina con un regusto agridulce, cientos de preguntas sin contestar y la sensación de que lo que hemos visto ha sido la excusa perfecta para tener una cuarta entrega. 

A pesar de los problemas de esta tercera temporada, es indiscutible que tanto para los más fanáticos de la ciencia ficción como para los simples nostálgicos, Stranger Things sigue siendo una apuesta segura en lo que a entretenimiento se refiere. Puede que esta temporada haya sido algo tramposa contándonos de nuevo la misma historia pero no se puede negar que cuando la temporada termina el final es bastante satisfactorio. Los distintos personajes han crecido emocionalmente y les vemos poner fin a un importante capítulo en sus vidas. La escena postcréditos no hace sino confirmar lo que muchos sospechábamos. La historia de Hawkins aún no ha terminado. Lo malo es que lo que nos muestra vuelve a ser más de lo mismo y eso hace que tanto el factor intriga como el factor sorpresa se vean reducidos prácticamente a cero. 

A estas alturas uno solo espera que la temporada estival nos permita desconectar de los problemas del día a día. Durante ocho episodios Stranger Things logra que nos olvidemos del mundo y que volvamos a esos veranos de días eternos en compañía de los amigos. ¿Qué más se puede pedir?

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Marta Ramirez

Estudiante de Derecho de día y seriéfila de noche. Un día colgué la bata y el fonendo para probar la segunda carrera que más veces se ha retratado en TV. Aspirante a ser la nueva Ally McBeal

About Marta Ramirez

Estudiante de Derecho de día y seriéfila de noche. Un día colgué la bata y el fonendo para probar la segunda carrera que más veces se ha retratado en TV. Aspirante a ser la nueva Ally McBeal