‘Alice in Borderland’, tensión en el centro de Tokio

Un mes más, nos trasladamos desde Series On Day a un país que no está en la lista de grandes productoras de blockbusters y series de Emmy (aunque deberían). Nada americano, ni británico, ni español; agosto es para un país muy sonado últimamente por acoger los Juegos Olímpicos de 2020: Japón.

Con una temporada de ocho capítulos ya en Netflix y una segunda en camino, el thriller distócico japonés Alice in Borderland es una de las grandes producciones asiáticas de la plataforma (que cuenta con series de países vecinos como Corea del Sur, protagonista en nuestra sección de Series del Mundo el mes pasado con Navillera), y no es para menos teniendo en cuenta que ni su argumento ni sus actores tienen por qué envidiar series con mucho más presupuesto de sus vecinos angloparlantes.

Vamos con la trama. Arisu (Kento Yamazaki), Karube (Keita Machida) y Chota (Yûki Morinaga) son tres amigos algo inadaptados en la sociedad y cultura japonesa. Un día, huyendo de la policía por liarla en el tremendo paso de cebra a cuatro bandas de Shibuya (uno de los barrios céntricos de la capital japonesa más poblado), se esconden en el baño del metro. Cuando salen, después de un inexplicable apagón, toda la ciudad está desierta y los únicos que quedan en la calle son ellos. Para sobrevivir, tendrán que participar en unos macabros juegos a vida o muerte.

Olvidad la forma americana prototípica de contar historias. Alice in Borderland es una serie de intriga y los guionistas y realizadores saben muy bien lo que hacen: encajar poco a poco las piezas de un gran puzzle. Los espectadores somos un personaje más de la historia, tan perdidos como los protagonistas y descubriendo qué es lo que pasa a la vez que ellos. Y anda que no se sufre en cada juego.

Y olvidad también las actuaciones típicas americanas y su escuela de interpretación. Bueno, y, para el caso, también la escuela europea. No son actuaciones extremadamente emotivas ni con el típico drama al que estamos acostumbrados: los actores enganchan y consiguen que empaticemos no solo por lo que expresan, sino por lo que hacen y por cómo lo hacen. La acción manda y el actor es solo un personaje a merced del argumento.

Pero es que la producción, la calidad de imagen y el montaje no se quedan ni un centímetro atrás. La dirección de fotografía es magistral, con colores mayoritariamente fríos y más cálidos en los flashbacks y en las partes menos dramáticas de la historia. Y ver el paso de cebra más transitado del mundo absoluta y completamente vacío, ver una de las ciudades más pobladas del mundo desierta... es impresionante. Cuidan la imagen y la construcción de la distopía a la perfección.

En cuanto al montaje de cada juego, es alucinante como con tan poco hacen tanto. Nada de decorados extravagantes, ni una realidad completamente diferente: con elementos cotidianos construyen cada uno de los retos a los que se enfrentan los protagonistas. El maquillaje y el vestuario, la caracterización de cada personaje, las expresiones de los actores y el tratamiento de la presencia de los intérpretes en las escenas es un elemento más a la hora de contar la historia. No son personas haciendo de personajes, son el propio personaje viviendo una realidad que hasta para ellos es chocante.

Y el sonido... la forma en la que trabajan con la ausencia de banda sonora y la tensión que aporta el silencio en las escenas dramáticas en vez de desbordarlo todo con una tremenda orquesta que provoque la reacción es perfecta. Menos es más, y aquí no destaca ningún elemento por encima de los demás. El único protagonista es el argumento, todo el peso lo lleva la historia y las partes de la realización y la producción son herramientas para construirla.

Y diréis: "¿ni una pega para la serie?". No, no tiene ni una pega. Podría ponerme extremadamente exigente y decir que el piloto puede ser un poco lento, pero es que creo que es dolorosamente lento a propósito para que afecte. Para que asiente bien la base de una historia de acción que se sufre y que se disfruta por su calidad. Los creadores de la serie (bueno, "adaptadores", porque es la adaptación de un manga) han construido un universo distópico completo pieza a pieza en ocho capítulos de cincuenta minutos sin caer en aburridas explicaciones ni charlas sobre cómo funciona su mundo ficticio. Y eso es extremadamente difícil.

Así que es Alice in Borderland es una serie muy recomendable. Ocho capítulos frenéticos de maratón para hacer un poco de turismo virtual por Tokio con comida delante y estar encogido en el borde del sillón cada minuto de cada capítulo. Es una de las mejores series del catálogo de Netflix, por lo tanto, si os gustan los thrillers y queréis ver qué se cuece fuera de EEUU y de Gran Bretaña, guardadla en vuestra lista de la plataforma.

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Andrea Arias

Empecé a perseguir historias con Castle y me topé con el mundo del cine y las series. Ahora, para mí, las buenas películas y series suelen tener un policía y un caso, o, en su defecto, un escritor sarcástico.

About Andrea Arias

Empecé a perseguir historias con Castle y me topé con el mundo del cine y las series. Ahora, para mí, las buenas películas y series suelen tener un policía y un caso, o, en su defecto, un escritor sarcástico.