Walking on Sunshine: un musical ochentero para el verano

Walking on Sunshine

Walking on Sunshine

3 Stars

Summary

Maddie ha decidido asentar la cabeza, aunque sea casándose con un guapo italiano al que conoció hace cinco semanas. El verdadero problema llega cuando su prometido, Raf, resulta ser el amor del verano que su hermana Taylor conoció hace tres años.

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Walking on Sunshine, más que un musical con las canciones de moda de los 80, es todo un videoclip de hora y media donde absolutamente todo está estudiado al detalle para que entre por los ojos y guste mucho (muchísimo diría yo), además de enganchar con sus ritmos pegadizos y canciones de sobra conocidas. No soy nada amante de los musicales. Se puede decir que el único que he visto es Grease y eso porque es imposible no haberlo visto de todas las veces que lo han echado en la televisión. Pero a diferencia de Grease y otros musicales de la marca Disney, lo bueno que tiene Walking on Sunshine es que toda su banda sonora está sacada de la mejor época musical de todas (esto dicho por una treintañera, claro está) como son los 80.

Es su selección de temas de la década de las hombreras y el pelo cardado lo que hace que canción tras canción (y son 14) aunque acabes un poco hasta las narices de tantas cancioncita y sobre todo tanta coreografía donde prefieres no pesar en lo absurdo que es que de pronto todo el mundo se conozca los pasos, incluidos los transeúntes que pasaban por ahí, o que aparezca de la nada un público super interesado en las conversaciones de los personajes; acabe gustándote la película.

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El argumento es, junto a esas coreografías metidas con calzador y que a veces pecan de retro (había veces que parecía estar viendo un remake de West Side Story pero más playero), lo que más canta de todo… Pero no canta porque sea estrambótico y absurdo, sino precisamente porque está diseñado para que absolutamente todo lo que pasa sea de cajón.

Así, si en la primera escena aparece Taylor, una chica que se enamora de un guapo italiano de Puglia pero al que deja para dedicarse a sus estudios, en la siguiente escena han pasado tres años y su hermana la ha invitado a pasar unas vacaciones para celebrar el fin de carrera. ¿Dónde? Pues en Puglia, por supuesto, porque el mundo no es tan grande como parece. A lo que añadimos que resulta que no son unas simples vacaciones sino que resulta que además su hermana Maddie va a aprovechar para a casarse. ¿Con quién? Pues evidentemente con el novio del verano, porque no es que haya tantos chicos en el mundo.

Surge así un triángulo amoroso como trama principal de la historia y que no es realmente un triángulo, ya que desde el primer segundo todos sabemos cómo va a acabar la historia. Pero afortunadamente los musicales no están pensados para ofrecer un argumento de lo más original o con escenas llenas de dramatismo que hacen que te comas las uñas pensando en qué va a pasar. No, afortunadamente los musicales están pensados para que pases un buen rato sabiendo que el final siempre va a ser feliz (asquerosamente feliz, diría yo, porque allí encuentra pareja hasta el apuntador), y salgas del cine con un buen rollito general porque la vida es maravillosa y además has escuchado 14 temas que no pueden faltar en el remix que todos tenemos en la guantera del coche con los éxitos de los 80.

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Pero eso no es todo lo que hay que ver en Walking on Sunshine. Curiosamente lo mejor de la película (al menos en el caso de una persona a la que no le van mucho los musicales, como es una servidora) es el en teoría personaje principal de la historia. Es decir, el chico que fue el amor de verano de una hermana y acabó convirtiéndose en el prometido de la otra hermana. Un chico italiano llamado Raffaele pero al que todos llaman Raf.

Como ocurre en este tipo de historias que están pensadas para el público femenino, el hombre de la discordia entre las dos hermanas destaca por lo poco que sale y por lo poco que parece importarle que las dos hermanas se estén disputando su amor… Al menos al principio claro, porque como todo buen musical que acaba bien al final la hermana que le dejó hace años le pide una segunda oportunidad, mientras que la hermana mayor que en teoría le quería mucho le deja marchar como si nada… En fin, creo que ambas cosas son suficientes para que uno acabe con un cabreo de tres pares de narices, pues más parece un muñeco que un hombre.

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Pero como todo buen protagonista masculino de un musical con fondo romántico, no parece haber ningún problema en ese sentido y el chico de la discordia se limita a irse con la que le hace un poco más de caso, como si no importara que le hubiera roto el corazón hace tres años… Vamos, el hombre perfecto.

Un hombre perfecto al que las dos hermanas tratan como un muñeco pero que en realidad ES UN MUÑECO. Y aquí es donde volvemos a la parte de que más que un musical, Walking on Sunshine es un videoclip en toda regla. Porque no hay ni una sola escena en la que no sale el tal Raffaele que no te quedas con la boca ligeramente abierta y la vista fija en ese pedazo monumento italiano. Y sí, sé que estoy pecando de materialismo, pero tampoco es que importe mucho en una película donde cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia.

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Volviendo a Raffaele, que es lo que importa, no sé muy bien con cual de sus apariciones estelares quedarme, y eso que no son muchas pese a ser el chico del triángulo: si cuando aparece por primera vez paseando a cámara lenta por la playa cual David Hasselhoff para a continuación darse una ducha (también a cámara lenta, por supuesto), cuando va a probarse el traje de la boda y se presenta con un smoking que ni el mismísimo James Bond, o cuando le disfrazan de una mezcla de Michael Jackson y George Michael que ni hecho a medida para su despedida de soltero.

Voy a ser sincera y admitir que cuando ya estaba un poco hasta las narices de tanta coreografía, que se sucedían a una media de cinco canciones cada media hora, ahogaba mis penas en Raffaele. Con él en la pantalla me daba lo mismo si había canciones y bailes de por medio, o si incluso el chico cantaba bien o se limitaba a quedarse callado contemplando la cámara.

Giulio-Maria-Berruti Y es que lo que se dice hablar tampoco es que hablara mucho, pero está claro que ese no era su cometido en la película, sino simplemente el de lucir perfecto con cualquier cosa que se pusiera… No en vano el actor en cuestión, Giulio Berruti, resulta ser un modelo que apenas ha salido en películas o telenovelas italianas. Vamos, que su actuación no es de Oscar pero ni falta que le hace. Porque si a su perfección física añadimos que de vez en cuando se ponía a hablar en italiano mientras paseaba por la bellísima ciudad de Puglia durante la puesta de sol, como que la película podía durar cuatro horas que no me iba a importar lo más mínimo.

En resumen una película que  no engaña a nadie y, siempre y cuando aceptes el hecho de que van a estar bailando toda la santa película, deja a todo el mundo contento: a los que nos gusta la música de los 80, y a los que a lo mejor esa música no es su preferencia pero tienen ojos en la cara y saben disfrutar de las vistas que nos propone este videoclip de hora y media.

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Barbara Cruz

Periodista y escritora a tiempo completo. En los ratos libres veo de todo y leo cualquier cosa que caiga en mis manos. Nunca se sabe cuál será mi nueva obsesión.

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