The Big Bang Theory 10×24: The Long Distance Dissonance

The Big Bang Theory 10x24: The Long Distance Dissonance

The Big Bang Theory 10x24: The Long Distance Dissonance

Series: The Big Bang Theory

4 Stars

Summary

Mientras Amy sigue en Princeton, Sheldon recibe la visita de una antigua amiga… convertida ahora en nueva enemiga de Amy.

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Al final la sangre no ha llegado al río, y eso que hemos estado todo el episodio con los nervios de saber qué pasaría. Como comentaba la semana pasada, el hecho de que estuviéramos ante la season finale de The Big Bang Theory, lo que obligaba a dejar las cosas en tensión para aguantar todo el verano con ganas de ver más capítulos, hacía que la relación de Sheldon y Amy se viera en peligro.

Ellos no dejaban de ser la pareja que estaba atravesando pequeñas dificultades en su relación debido a la marcha de Amy en Princeton. Y sí, sólo iban a ser tres meses pero, ¡la cantidad de cosas que pueden pasar en tres meses!

Y así ha sido como la repentina aparición de Ramona Nowitzki, esta vez convertida en doctora Nowitzki, ha sido rápidamente percibida como la del enemigo a batir. Porque por mucho que Ramona sólo hubiera aparecido en un episodio, allá por la segunda temporada de la serie, fue un personaje que caló rápidamente en Sheldon (era algo así como la presidenta de su club de fans inexistente), en sus amigos, y en todos nosotros.

Ella no dejaba de ser la Yoko Ono de Sheldon, como bien cantaba la canción de aquel episodio, y todo el mundo sabe lo peligrosas que pueden ser las “Yoko Ono” en una relación de amigos. Y si en aquella ocasión no terminó de caer bien Ramona, y eso que por aquel entonces Sheldon ni siquiera tenía pareja, era lógico que su nueva aparición fuera vista como la de un tiburón a punto de atacar a los Sheamy.

Porque, por muy odiosas que sean las comparaciones, los hechos están ahí. Y no me refiero al hecho de que Ramona sea una inteligente y guapa científica, rubia, alta y que además es nadadora olímpica. No, me refiero a esa mala fe que se vio que tenía desde el primer momento y que ha vuelto a destacar en cada palabra que decía, aprovechándose de la adorable (y un tanto desesperante) inocencia de Sheldon.

Así, donde Ramona era vista como una cazadora a punto de atacar a su presa, y encima sabiendo que esa presa ya estaba cazada, Amy era esa adorable científica que luchó lo que no está escrito para tener una relación con Sheldon: primero como amigos, luego como colegas que de vez en cuando se cogían de la mano…. Y mucho, mucho, mucho tiempo después, como dos novios que se besaban, ¡tenían sexo! Y vivían juntos.

En resumen, pensar que una Yoko Ono teñida de rubio iba a acabar con ese largo camino, aprovechándose de que Amy no estaba en el estado, habría molestado bastante.

Y entonces ha sido cuando ha llegado esa gran sorpresa reservada para el último segundo del episodio. La que hace que te quedes con la boca abierta pensando, ¿y ya está? ¡Nos dejan así!

Y sí. Nos han dejado así. Pero donde hace un par de años fue la aparición de un anillo de compromiso cuidadosamente guardado en un cajón del escritorio de Sheldon y que sólo se atrevió a enseñar a Gollum (me encanta cuando recuerdas lo que ha pasado en la serie y salen estas frases con total naturalidad), esta vez ese anillo ha sido mostrado a la persona a la que estaba destinado.

He de decir que hacía mucho que no me sorprendía tanto un giro argumental que, si somos sinceros, es el más típico de los tópicos. ¡Un final de temporada que termina en pedida de matrimonio! ¿Cuántas veces se ha visto eso en la historia de las series? ¿¿Un millón de veces??

Pero hay que decir que funciona. Mucho. Y más cuando se dan dos circunstancias. Una: se me había olvidado por completo la existencia de ese anillo, por lo que verle de nuevo ha sido toda una sorpresa. Y dos: los protagonistas de esa pedida de mano son dos personas que, a priori, no es que tengan entre sus prioridades el casarse.

Y así ha sido como ese momento en el que Ramona ha mostrado todas sus cartas y se ha lanzado al ataque, cuando POR FIN Sheldon ha descubierto sus verdaderas intenciones (será genio para algunas cosas, pero muy lentito para otras), el científico ha hecho lo más lógico para él: disculparse un momento, salir del edificio, coger un taxi, ir al aeropuerto, coger otro taxi, presentarse en el apartamento de Amy en Princeton llamando tres veces… y aparecer arrodillado con la cajita de terciopelo abierta.

La cuestión es: ¿Amy dirá que sí?

Sí, es verdad que no es mucho para pasarse todo el verano mordiéndose las uñas, esperando el regreso de The Big Bang Theory para su temporada número 11… Pero oye, mejor quedarse con ese buen sabor de boca, que como habría sido si el famoso cliffhanger de la season finale hubiera sido otro bastante más amargo.

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Barbara Cruz

Periodista y escritora a tiempo completo. En los ratos libres veo de todo y leo cualquier cosa que caiga en mis manos. Nunca se sabe cuál será mi nueva obsesión.

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