The assassination of Gianni Versace: American Crime Story 2×09: Alone

The assassination of Gianni Versace: American Crime Story

The assassination of Gianni Versace: American Crime Story

4 Stars

Summary

El final está cerca. Parece que tras el asesinato de una celebridad como Gianni Versace la policía se pone las pilas de verdad y da con el paradero de Andrew Cunanan, que anteriormente había matado a cuatro personas. Asistiremos además al funeral de Versace y veremos lo que espera en las vidas de sus seres queridos.

Coder Credit

Tres meses pasaron desde la primera víctima mortal de Andrew Cunanan hasta el asesinato de Gianni Versace. Tres meses y cuatro víctimas mortales más. Y ocho días fueron los que tardaron en capturarlo tras asesinar al diseñador.

Tres meses han pasado desde que presenciamos la recreación del asesinato de Gianni Versace a la puerta de su casa por primera vez. En este noveno y conclusivo episodio se nos vuelve a mostrar la escena que abre la serie y la sentimos diferente. Sentimos que los conocemos mejor y concluimos que la muerte del diseñador fue consecuencia de la mala fortuna. De cruzarse en el camino de una persona que se obsesionó con él porque encarnaba todas las cosas que él nunca llegaría a ser: un homosexual exitoso en su profesión y respetado por la sociedad que tenía un montón de amigos célebres que le adoraban.

Al igual que con el caso de OJ Simpson que se trató en la primera temporada, la persecución al asesino de Versace tuvo  una enorme repercusión en los medios estadounidenses pero apenas se recuerda en el resto del mundo porque posiblemente no se alargara la historia más allá de un fugaz titular en los telediarios del mediodía. Es quizá por eso que el espectador español (o al menos el no americano) podrá disfrutar de la historia sin expectativas y con mayor capacidad de sorpresa. Aun así, sin duda el punto fuerte de esta serie y por lo que será recordada es por la radiografía de una figura tan deleznable como fascinante que es Andrew Cunanan y por el dolor de conocer la historia de las víctimas que asesinó y que pasaron más desapercibidas por ser ciudadanos anónimos (y por qué no, homosexuales).

Este último episodio recrea los ocho días que pasan desde que Andrew Cunanan asesinara a Versace en plena calle hasta la conclusión de la historia: cuando aparece muerto en una casa flotante en la que había irrumpido para vivir sus últimos días de vida y gloria. No sé vosotros pero tras conocer a fondo el personaje de Cunanan, creo que el suicidio no le pegaba nada. Él ante todo era un superviviente y un cabezota. Se empeñaba en algo y lo conseguía, no importaba por encima de quién tuviese que pasar, que volvía a reinventarse en diferentes ciudades y arrimándose a la gente que se le antojaba para sobrevivir una y otra vez.

La rendición final del personaje en la que se mira al espejo y recuerda su encuentro con Versace se antoja como una mera licencia poética para dotar de dramatismo al momento, ya que no se puede saber con certeza lo que pasó en esa habitación ni por la cabeza del asesino en sus últimos momentos.

Lo que si se recreó con precisión y en base a las evidencias físicas que fue dejando, fue lo que hizo y lo que comió Cunanan en sus últimos y patéticos momentos. Se sabe que se afeitó la cabeza, que se veía a sí mismo en televisión, que vería el funeral de Versace. Y que sí, comió comida de perro. Para los que os lo preguntéis, Darren Criss no la comió. Se inventó para él un mejunje maloliente para que hiciera pasar por eso, pero no se alimentó de lo mismo que Cunanan.

Una conclusión para todos

Si hay algo que necesita todo final de serie es buen un cierre. Todos los asuntos que han ido quedando pendientes se deben abordar para que juntas formen el perfecto puzzle en que se ha convertido la persecución del asesino Andrew Cunanan.

En este capítulo se recuperan a dos personajes aparentemente olvidados como Marilyn Miglin (la esposa de la tercera víctima de Andrew) y Ronnie (Max Greenfield), el pobre amigo yonki que se hizo Andrew en sus últimos meses en Florida. Es Ronnie el que posee para mí el momento más interesante del capítulo, ya que con su pequeña voz de don nadie consigue sacar las vergüenzas al servicio de policía de Miami y echarles en cara que nunca pusieron el esfuerzo necesario en encontrar al asesino porque solo mataba a homosexuales y eso les convertía en víctimas menores. Pone en evidencia la homofobia del servicio de policía que pudimos ver en los dos primeros episodios, pero sobre la que no se profundizó demasiado en la serie. Creo que esta escena es clave para hacer un análisis de la sociedad de la época, de las filias y las fobias de los servicios de autoridad y de cómo afecta en su trabajo, y de lo poco que ha cambiado esto veinte años después.

La homofobia latente en la sociedad se muestra de la manera más dura en el trato a la figura de Antonio D'Amico (Ricky Martin), que pese a ser el compañero de vida de Versace por más de diez años queda relegado de todos los derechos legales de herencia y además es repudiado por la familia y por el cura en el funeral, en una de las escenas más enervantes de la serie. No queda claro si a Donatella le disgusta que su hermano fuera homosexual o que eligiese a Antonio como pareja, lo que queda en evidencia es su animadversión hacia él y el desprecio con el que básicamente le dice que se las apañe solito a partir de ahora.

Como es bien sabido, Donatella Versace se ha manifestado en contra de la producción de esta serie, y vista la imagen que se retrata de la gran diva del imperio Versace, entendemos porqué. Pero lo que muestra la serie es un personaje fuerte y complejo que adora a su hermano y trabaja duro para hacerse un hueco en la industria de la moda. Y no va a permitir que nadie venga a quitarle lo que es suyo y de su familia. Aunque la tome con la persona equivocada.

Un final agridulce

Recordemos que pasa una semana desde que asesinan a Versace hasta que lo capturan. Lo que puede parecer mucho, especialmente porque él nunca se escondió, si no que se escondió a plena vista en la misma ciudad en que había sucedido todo. Pero es poco comparado con los tres meses que dejaron pasar entre la primera y la última víctima, y el reguero de víctimas que fue dejando atrás.

Al precipitarse los hechos y ampliarse la repercusión del caso Andrew Cunanan, se mostró un poco más de las víctimas anónimas que había dejado atrás. La prensa incluso manchó el nombre de David Madson, el entrañable arquitecto que presenció la muerte de su amigo Jeff Trail y tuvo que huir con Cunanan porque temía por su vida, alegando que podría ser un cómplice suyo. Todas estas pequeñas escenas duelen más una vez conocemos la fotografía completa.

A Andrew le interesaba solamente la fachada. De ese mugriento motel donde se alojó en sus últimos días pero que tenía vistas al mar y una pintura luminosa de cara a la galería, del aspecto y nivel económico de los que llamaba sus amigos, de los coches que robaba para lucir. Él quería lucir y llegar a aparentar ser aquello que deseaba.

Finalmente conoció la fama y llego a pasar a la historia. A una historia infame y sórdida donde su imagen iba ligada a la lista de los más buscados del país por el FBI (en una de las fotografías que repartía la policía incluso se le viste de mujer porque claro, como es gay le encantará vestirse de mujer) y su imagen de asesino en serie, pero se hablaba de él y se pronunciaba su nombre. Es suficiente. ¿Hubo cierta parte de satisfacción en su final o se sintió un fracasado? ¿La traición que presenciamos de su padre sucedió realmente? Aparentemente hubo entrevistas en las que Modesto Cunanan intentaba vivir a costa de la fama de su hijo, lo cual no deja de ser poético.

Al final lo que nos queda es una sensación amarga tras haber asistido a un sueño americano roto más. A un hombre al que no se le disculpa en ningún momento pero que no deja de ser fruto de una serie de circunstancias (un padre abusivo, una sociedad consumista, ser inmigrante, sufrir de insatisfacción crónica y delirios de grandeza) que terminan por arruinar la vida de hombres honrados que tuvieron la mala suerte de encontrarle en su camino. Un camino a la perdición que fue televisado en horario de máximo audiencia. Lo que él hubiera deseado. Aunque en realidad esté enterrado en lo más parecido a una fosa común que hay en Miami y su nombre se disipe entre cientos.

PD: Emmy y Globo de Oro para Darren Criss, que se marca el papelón de su vida. Un regalo en manos de Ryan Murphy que siempre quiso a Darren Criss como protagonista de su historia, y sin la cual no hubiera sido lo mismo. Fascinante y compleja interpretación de un hermoso monstruo con sonrisa que hiela la sangre.

       
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Beatriz Parra

Culpo a Jim Halpert de mis altas expectativas en cuanto a hombres. A Lost de mis altas expectativas en cuanto a compañeros de vuelo y a Leslie Knope de mis altas expectativas en cuanto a la vida. De lo demás al cine, que ha hecho de mí lo que soy.

About Beatriz Parra

Culpo a Jim Halpert de mis altas expectativas en cuanto a hombres. A Lost de mis altas expectativas en cuanto a compañeros de vuelo y a Leslie Knope de mis altas expectativas en cuanto a la vida. De lo demás al cine, que ha hecho de mí lo que soy.