The assassination of Gianni Versace: American Crime Story 2×08: Creator/Destroyer

The assassination of Gianni Versace: American Crime Story

The assassination of Gianni Versace: American Crime Story

3 Stars

Summary

En este capítulo viajamos hasta la infancia de Andrew Cunanan (Darren Criss), y conocemos más a fondo a su padre, un inmigrante filipino hecho a sí mismo.

Coder Credit

A un episodio de cerrar la segunda temporada y con él la trama alrededor del asesinato del diseñador Gianni Versace (Edgar Ramírez) seguimos dando pasos atrás en el tiempo y nos adentramos en la infancia del verdadero protagonista de toda esta historia: Andrew Cunanan (Darren Criss).

En 1957 un joven Gianni Versace ya soñaba con convertirse en diseñador y dibujaba a escondidas siluetas de mujeres enfundadas en vestidos maravillosos. Unos años más tarde, un niño llamado Andrew Cunanan, hijo de una norteamericana de ascendencia italiana y un hombre filipino, se muda junto a su familia a una nueva casa.

Filipino inmigrante en Estados Unidos, bajito, malcarado y sin aparentemente nada especial: así es Modesto Cunanan (Jon Jon Briones), el padre de Andrew. Pero convertirse en alguien especial es un trabajo duro, es andar siempre un paso por delante de los demás y ser lo suficientemente avispado para ofrecer la imagen de ti que otros esperan. De esta manera, este hombre mediocre consigue venderse a si mismo como el mejor agente de bolsa, por encima de los jóvenes americanos y recién salidos de la universidad que competían con él por el puesto. Crea tu imagen y vístete para el trabajo que quieres. O para la vida que quieres.

Pronto vemos que Andrew es el hijo favorito de Modesto (tiene dos hermanos más que desconocíamos) y que deposita en él todas sus esperanzas de convertirse en alguien extraordinario que destaque sobre los demás. Le lleva a la mejor escuela, le prepara para convertirle en un ser a imagen y semejanza.

Hasta el momento un capítulo algo corriente en las insinuaciones de lo que llegaría a convertirse nuestro protagonista, pero la realidad es mucho más oscura y el turbio pasado que le acompaña va más allá de un padre opresivo o manipulador. Vemos pronto que ese hijo es consecuencia de un hogar roto de un padre que maltrata a su mujer y ningunea a sus otros hijos, que la relación que tiene con Andrew es tan turbia como nos dejan intuir unos cuentos de buenas noches y una luz apagada. Y pronto comprendemos de dónde viene la fijación de Andrew por los hombres mayores.

El joven Andrew crece como un chico guapísimo y descarado que vive la típica rebeldía adolescente al actuar contra la aburrida vida burguesa y complaciente tratando llamar la atención con su carisma desbordante y sus locuras. Si no hubiéramos visto el resto de la serie, ese jovencísimo Cunanan en el instituto podría haber perfectamente sido un personaje de Glee (como ya lo fue Darren Criss). Pero sabemos que esa constante necesidad de llamar la atención derivará en una psicopatía de la que hemos ido viendo las consecuencias, y que su persecución de la felicidad es una carrera de fondo que nunca llegará a su meta.

Un padre abusivo, mediocre, sin escrúpulos y encima corrupto. El ascenso social que había conseguido la familia gracias a la bolsa y las inversiones, se desploma al descubrir que tras su falta de escrúpulos había un delito detrás de otro y que había estando malversando dinero y estafando a sus clientes con engaños y embustes. Un asunto que no sorprendió a su madre Mary Anne (Joana Adler) pero que llega como un jarro de agua fría para el despreocupado Andrew, que ya veía su futuro perfecto a imagen y semejanza de su padre y sin pegar palo al agua.

Pronto descubre con horror que su padre les ha traicionado y que ha actuado siempre en beneficio propio llevándose por delante a quien fuera. Pronto descubre que su familia se ha quedado sin dinero y de que será un hombre mediocre que no va a tener todos los lujos con los que contaba. Pronto descubrirá que el efecto de su padre ha calado en él y que cada día se parece más a él, aunque se empeñe en negarlo.

En este episodio previo a la final dirigido por Matt Bomer, se indaga en el pasado de Andrew Cunanan y en sus antecedentes familiares para así hacerse una idea de cómo se fraguó la desatada locura que desencadenaría en todos los males que vimos en la serie. Una vez más, se muestra la familia del joven para "justificar" en lo que se acaba convirtiendo. Recurso fácil y poco necesario. Como más se regodean en la figura paterna de Andrew más parecen humanizarle o intentar que empaticemos con él de alguna forma. Creo que dedicar un capítulo entero a esto le quita toda la intensidad y dramatismo que se había alcanzado durante todo el arco argumental y se intenta señalar a Cunanan como una víctima. Una víctima de las circunstancias, de abusos, de opresión y de genes. Pues vaya.

La serie había adquirido puntos de sordidez e incomprensión que hacían de la trama algo fascinante. La absoluta maldad del protagonista y su insaciable búsqueda de la atención convertían a este ególatra frustrado en uno de los mejores villanos de la televisión y la interpretación de Darren Criss como una de esas que se recordará durante años. Pero la irregularidad de algunos capítulos sobre otros hacen que patine y vire en ocasiones hacia la película de sobremesa, como ocurre con este capítulo, sin duda el más flojo de la temporada.

Nos queda solo uno, solo un capítulo para que explote nuestra mente y cierren con maestría el círculo de tensión tan mágico que se ha creado durante los episodios anteriores. Lo comprobaremos la semana que viene.

 
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Beatriz Parra

Culpo a Jim Halpert de mis altas expectativas en cuanto a hombres. A Lost de mis altas expectativas en cuanto a compañeros de vuelo y a Leslie Knope de mis altas expectativas en cuanto a la vida. De lo demás al cine, que ha hecho de mí lo que soy.

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Culpo a Jim Halpert de mis altas expectativas en cuanto a hombres. A Lost de mis altas expectativas en cuanto a compañeros de vuelo y a Leslie Knope de mis altas expectativas en cuanto a la vida. De lo demás al cine, que ha hecho de mí lo que soy.