Teen Wolf 6×20: The Wolves of War (Final de serie)

Teen Wolf 6x20: The Wolves of War (Final de serie)

Teen Wolf 6x20: The Wolves of War (Final de serie)

Series: Teen Wolf

4.5 Stars

Summary

La última batalla que se librará en Beacon Hills ha comenzado. Todo puede pasar.

Coder Credit

Teen Wolf llega a su fin y, como no podía ser de otra manera, lo hace con un sabor agridulce. Ofreciendo un último episodio que, pese a haber estado a la altura de las circunstancias, no deja de ser el último de una serie que se despide tras seis años en emisión.

Y lo hace ofreciendo todo lo que esperábamos e incluso más. Si la semana pasada tenía mis dudas sobre cómo podrían atar todos los cabos sueltos que quedaban pendientes, hoy no puedo por menos que decir que lo han hecho sorprendentemente bien. Y es cierto que muchos de esos cabos sueltos los han finiquitado apresuradamente, en plan, “una cosa menos, vayamos a por lo siguiente” (véase momento en que Jackson le dice a Lydia que está con Ethan y donde tristemente no se menciona a Danny, o la forma en que se deshacen de los dos grandes villanos de la temporada); pero para ser un episodio de final de serie creo que les ha quedado bastante cerrado.

Parte del éxito ha sido gracias, curiosamente, a que el final no ha sido del todo cerrado. Y es que cuando pensábamos que Scott y los suyos tendrían 50 minutos para acabar con el Anuk-ité y además poner fin a la guerra iniciada por Gerard, Maurel y su orda de cazadores amateurs, pues la cosa se antojaba bastante complicada. Pero al final se ha resuelto de un modo increíblemente lógico: aceptando que hay guerras que no se pueden ganar en una única batalla. En otras palabras, que Maurel va a seguir haciendo de las suyas, ahora que es la digna sucesora de Gerard (sus hijos biológicos le salieron rana, cada uno por un motivo distinto), pero que Scott y los suyos van a estar allí para seguir protegiendo al inocente. Ya sea en Beacon Hills o en cualquier otro lugar del mundo.

Y con respecto a los otros dos escoyos que tenían pendientes, Gerard y el Anuk-ité, pues también se ha resuelto de un modo sorprendentemente rápido, aunque eso sí es algo a lo que ya nos tenía acostumbrados Teen Wolf. Y es que por lo visto en otras temporadas ya se intuía que ese ser tan poderoso al final iba a ser derrotado de un modo increíblemente sencillo, sacándose de la manga un truco en el que hasta ahora nadie había caído…

Pero a diferencia de lo que me imaginaba, que sería usando un simple espejo para que el Anuk-ité se viera reflejado en él y se convirtiera en piedra, han conseguido derrotarle usando ese elemento sobrenatural que no habíamos vuelto a ver desde hacía tiempo, y que también tenía derecho a despedirse a lo grande después de los buenos momentos que nos había ofrecido: el mountain ash o serval.

Así es. La fantástica ceniza que en teoría ningún shapesifter podía atravesar (a no ser que fueras el True Alfa), la misma que había servido como protección frente a la manada de Alfas y la que usaron para refugiarse de los Oni en casa de Scott, volvía a ser útil una última vez para acabar con ese poderoso enemigo.

¿Que ha sido insultantemente fácil acabar con el Anuk-ité? Cierto. ¿Que Scott ha vuelto a ser el héroe, al ser el único al que se le ocurrió esa idea y encima demostrando que es el más sacrificado de todos? Pues también. Pero en ese sentido siempre tiene que quedar bien clarito quién es el prota. Yo con lo que me quedo es que gracias al mountain ash el único humano de la manada, ese que compensa su falta de poderes con una inteligencia fuera de lo común y al que ya vimos en su día usar la ceniza estupendamente bien porque él “era la chispa”, haya sido el verdadero responsable de acabar con el Anuk-ité. El colofón perfecto para ese trabajo en equipo que se ha podido ver a lo largo de todo el episodio, y que era otro de los elementos necesarios para esta season finale.

Porque una de las lecciones que siempre ha intentado mostrar Teen Wolf es que uno no es nada sin la ayuda de sus compañeros. Y que aunque el prota siempre es el que va descubrir la verdad y sin el que nadie sería capaz de sobrevivir, al menos en ese episodio final deja que todos cumplan con su parte en la gran batalla final.

Y si esa batalla final también es el final de la serie, pues con más razón. Y eso es precisamente con lo que más he disfrutado en este último episodio. Uno en el que se ha querido ofrecer a ese fan que ha seguido todo el recorrido de Teen Wolf (y eso que a veces hubo ganas de tirar la toalla), todo lo que realmente ha sido esta serie.

Porque Teen Wolf, por mucho que le pese a su creador, no es sólo la historia de un chico normal y corriente que pasaba desapercibido hasta que se convirtió en hombre lobo. También es la historia de ese grupo de amigos que rodeó al hombre lobo adolescente y a los que hemos acabado cogiendo cariño pese a sus manías y sus defectos. Y todos ellos (salvo ausencias clamorosas: Danny, Kira, Isaac o Cora) han tenido su huequito en esta season finale, ofreciendo algo así cómo un resumen de sus grandes éxitos.

Así, hemos tenido a Jackson hablando de su querido Porche y de lo útil que puede resultar tener una cola, regalo del Kanima en el que se convirtió. Hemos tenido a Stiles y Derek teniendo una de esas conversaciones de amor-odio tan suyas en las que además hemos podido ver dos versiones de una misma historia y que ya quedarán guardadas en el recuerdo de los fans Sterek. Hemos tenido al entrenador Finstock apareciendo de repente porque sí (él no necesita ninguna excusa para aparecer cuando le da la gana) sólo para soltar su frase de que es el mejor entrenador y con la que no podemos estar más de acuerdo.

Hemos tenido ese momento Stydia en el que es Lydia quien se da cuenta de que la única manera de que Scott se cure es recibiendo un beso de la persona que le quiere, como hace no mucho que vivió ella con Stiles... aunque también hay que decir que la pareja feliz ha tenido más intereacción y momentos románticos cuando no estaban juntos. Y también hemos tenido ese momento de reencuentro entre Jackson y Lydia con Stiles de testigo, donde los tres se han comportado tal y como se esperaba de ellos: Jackson soltando su sonrisita socarrona, Lydia demostrando que ella lo sabía todo desde el principio y Stiles pidiendo que corriera el aire.

Cada una de esas escenas daría para un análisis en profundidad y sólo voy por la mitad: Ese momento en el que Scott ve que Derek ha vuelto a Beacon Hills por él y se funde en un abrazo de hermanos que Peter, siempre a punto, rompe con una de sus frases irónicas. O cuando Melisa, a la que tanto echamos en falta la semana pasada, nos recuerda que sigue siendo la enfermera con más carácter de todo el hospital y que le ha cogido el gusto a la porra eléctrica… Y sí, para los fans de la pareja entre Melisa y Chris también ha habido un brevísimo reencuentro que, eso sí, ha dejado con ganas de más. Y para los que hubiéramos deseado que la pareja fuera la formada por Melisa y el Sheriff, al menos hemos tenido la ocasión de ver a Stilinski demostrando que allí Sheriff no hay más que uno, con discurso y paliza a los enemigos incluida.

Haciendo este rapidísimo repaso parece mentira que hayan bastado 50 minutos para darnos todas estas pinceladas que, por mucho que sirvieran para la historia que se estaba contando, sobre todo eran puro fan service. ¡Si hasta han traído de vuelta a Void Stiles! Y también ha habido hueco para los fans de Theo, quien por fin ha tenido su redención y encima estando junto a Liam para los seguidores de esta breve pero intensa relación.

Y es esto precisamente lo que ha hecho que muchos fans de la serie nos hayamos tirado de los pelos en tantas ocasiones a lo largo de las seis temporadas de Teen Wolf. Porque si de vez en cuando ofrecían estas escenas sabiendo perfectamente que con ellas harían felices a muchos fans, ¿por qué no hacerlo más a menudo?

¿Por qué en vez de meter más escenas de este tipo, aunque sólo durara un minuto o fuera una simple frase (nos bastaba con eso), se dedicaban a repetir situaciones que ya teníamos más que vistas? ¿Por qué llenar cada episodio de momentos románticos entre la pareja de turno cuando a su lado había tantos otros personajes que tenían su propia historia que contar? Y más aún cuando a la temporada siguiente esa pareja ya no estaba pero nadie parecía recordarla… ni siquiera ese novio/a que no se despegaba de ella la temporada anterior. ¿O acaso hemos visto a Scott preguntarse una sóla vez qué tal estaría Kira en el desierto?

Muchas de esas historias, especialmente las de personajes que quedaron en el camino, no han tenido un cierre digno y ni siquiera han tenido el reconocimiento que se merecían. Y eso siempre va a estar ahí y siempre va a doler, sobre todo si partimos de que esta es una serie donde se supone que lo más importante es la amistad. Y es que tal y como han ocurrido muchas cosas da la sensación de que en esa amistad hay niveles y que a no ser que estés en el más alto del todo, en cualquier momento puedes pasar a ser prescindible.

Pero intentemos quedarnos con lo bueno y con todas esas otras tramas que, aunque haya sido apresuradamente… muy apresuradamente, al menos sí que han tenido un cierre más o menos digno. Así, hemos podido ver al padre de Scott volviendo para ayudar a su hijo, ni más ni menos que luchando junto al padre de Stiles para recuperar la comisaría y con Parrish como fiel Hellhound (sí, habría esperado un poquito más del poderoso Hellhound que tanto nos prometía, pero al menos esta vez sí ha aparecido).

Y también hemos podido ver un momento que llevaba muchísimo tiempo esperando: el reencuentro familiar entre los Argent, y donde cada uno ha dejado bien claro qué clase de persona es. Chris ese enemigo que ha acabado convirtiéndose en el mejor aliado con el que podía contar la manada de Scott; y Gerard y Kate como dignos padre e hija que se han puesto cada uno en su sitio, y no sólo metafóricamente hablando.

Pero al igual que ha ocurrido con el resto de momentos largamente esperados el final de Gerard, el que ha sido el gran villano de la serie, ha sido tristemente rápido. Y otro tanto con Kate, la digna hija de su padre y que compite con él en locura, y a la que apenas hemos visto un par de minutos en toda la temporada cuando podría haber dado muchísimo más de sí.

Pensar lo que podría haber sido Teen Wolf si se hubiera dado más cancha libre a todos esos personajes y tener que quedarnos con este cierre apresurado es lo que hace que el final de la serie tenga ese sabor agridulce. No sólo porque se acaba y ya no volveremos a ver a los hombres lobo y todos esos seres sobrenaturales que tanto folklore y mitología nos han enseñado; sino porque en el fondo queda esa espinita clavada de saber que contaban con una buena base para hacer una serie épica, y que sin embargo no supieron estar a la altura de sus expectativas.

Porque si el primer año nadie daba un duro por este remake de la película de Michael J. Fox, bastaron cinco minutos para enganchar a unos seguidores que disfrutábamos con las historias de dos amigos que de la noche a la mañana pasaron a descubrir un mundo sobrenatural sorprendente. Pero en lugar de seguir ofreciendo esa buena química, el afán por sorprender y tener a los fans pendientes de un hilo sobre quién era el que moría cada temporada se fue cargando poco a poco esa magia, como bien demostró la bajada de audiencia.

Porque lo que no se puede hacer es crear personajes que sabes que van a gustar al fan y darle momentos fanservice a tutiplén, y días después cargártelos sin motivo aparente (o que se marchen de Beacon Hills para no saberse nada más de ellos, o que al que ponían ojitos la temporada anterior a la siguiente ni coincidan en una habitación) y, lo que es peor, no volver a mencionarlos jamás, como si nunca hubieran existido y, por tanto, en realidad no fueran tan importante como nos habían hecho creer.

Es cierto que con una serie que cuenta con tantos personajes y donde lo normal es que cada fan se sienta identificado con uno en concreto, resulta muy difícil darle a todos lo que quieren... Pero cuando te encuentras con este episodio final que consigue justo eso, uno no puede evitar preguntarse cómo habría sido si hubiéramos tenido esto todo el tiempo. Y las pruebas están ahí, no sólo siendo Teen Wolf una serie que alcanzó audiencias de récord en la cadena para luego bajar estrepitosamente, sino que también cuenta con uno de los fandoms que más cantidad de fanfictions y fanvídeos ha creado en base a sus personajes.

A partir de ahora tendremos que conformarnos con este submundo creado a partir de Teen Wolf, así como recordar con cariño esta serie que tanto nos hizo reír y llorar. Por mucho que también hayamos sufrido con ella, al menos podemos quedarnos con que algo así no lo consigue cualquier serie, y que ya para siempre los chicos de Beacon Hills tendrán un huequito en nuestros corazones.

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Barbara Cruz

Periodista y escritora a tiempo completo. En los ratos libres veo de todo y leo cualquier cosa que caiga en mis manos. Nunca se sabe cuál será mi nueva obsesión.

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