Stranger Things 2: el regreso nostálgico que los fans merecíamos

Stranger Things 2

Stranger Things 2

4 Stars

Summary

Un año después de que el joven Will acabara desaparecido en el Upside Down, comienza a tener ataques sobre cómo un terrible monstruo de las sombras acecha Hawkins. Los chicos tendrán que volver a trabajar unidos para salvar a su amigo y a toda la ciudad.

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Por fin ha llegado el ansiado momento. Un año y casi cuatro meses después, Stranger Things vuelve a Netflix para deleitarnos con una segunda temporada que no ha defraudado a los fans. Después de que la plataforma estrenara sus nueve episodios el pasado viernes y tras el correspondiente maratón, vamos a desmenuzar la segunda temporada de una de las series de moda. Así que si no habéis tenido tiempo de acabar la serie dejad de leer, porque este artículo va a contener spoilers.

Si algo dejaba claro el final de la primera temporada de Stranger Things es que aunque Will (Noah Schnapp) hubiera vuelto del Upside Down, algo en él se había quedado allí. Este será el elemento director de toda la segunda temporada, averiguar qué le pasa a Will que parece encontrarse entre dos mundos o dimensiones, con ataques cada vez más recurrentes a medida que se acerca el aniversario de su desaparición.

El que ya supiéramos manejarnos por el mundo de Hawkins y el Upside Down, conociéramos a sus personajes principales y que la serie tuviera un misterio más claro, ha originado una trama más directa que ha conectado con el espectador desde el minuto uno. El espectador sabía lo que estaba sucediendo, de manera que tenemos una temporada realmente emocionante y llena de calidad narrativa, algo que ha sido una de las principales bazas para el éxito de la misma.

Además se suma el hecho de la magnífica interpretación de Schnapp. El joven actor, al que en la primera temporada apenas degustamos dos capítulos (y no enteros), ha sido uno de los protagonistas absolutos de esta segunda tanda de capítulos. Su actuación ha estado llena de matices, desde la de un niño que se divierte con sus amigos pero que sufre bullying por ser "el niño zombie", hasta ser un huésped para el monstruo de las sombras (The Mind Flayer). En esta última situación nos ha dejado a muchos con la boca abierta y desde luego Schnapp debería llevarse todos los elogios por esta temporada. Junto a él encontramos una Wynona Ryder que vuelve a dar vida a esa madre coraje que lo haría todo por su hijo, pero que quizás no brilla tanto como en la primera temporada.

No podemos decir lo mismo de Dustin (Gaten Matarazzo). Los fans de Stranger Things hablaron alto y claro, Dustin había sido su personaje favorito (si obviamos a Eleven). La ternura del personaje y la gran actuación de Matarazzo crearon a ese pequeño friki al que todos queríamos. Los hermanos Duffer (creadores de la serie), no han sido tontos y le han dado a Dustin mucho más protagonismo que en la anterior temporada para alegría de los espectadores. No solo conocemos a su madre o su casa, sino que el personaje va a tener varias tramas separadas de la de sus amigos. No puedo no comentar el vínculo con Dar, el demodog que ya ha encandilado a medio mundo. Si no se convirtiese en una máquina asesina yo también querría uno.

También tenemos que hablar de Lucas (Caleb McLaughlin). Fue el personaje más maltratado en la primera temporada, su desconfianza hacía Eleven -aunque comprensible- y su enfrentamiento con Mike, lo convirtieron en uno de los personajes menos queridos de la pandilla (muchos colectivos destacaron la casualidad de que precisamente fuera el único personaje negro el que tuviera este papel). La segunda temporada de Stranger Things ha intentado redimirse con él. Nos hemos acercado a su vida, hemos conocido su casa, a sus padres y a su molesta hermana pequeña pero sobre todo lo hemos visto "enamorarse" por primera vez. Su relación con Max (Sadie Sink) ha sido realmente enternecedora y ese baile final donde consigue sacarla a bailar y se dan un beso fue uno de los momentos más bonitos y dulces del final de la temporada.

No obstante, no nos engañemos, Lucas no está del todo redimido. Aunque no llega a los niveles de enfrentamiento de la temporada pasada con Mike, Lucas tendrá que vérselas ahora con el favorito del público, Dustin, quién también se siente atraído por Max. El que al final de la serie Dustin consiguiera ser feliz bailando con Nancy solventó un poco la solución, pero si al final se hubiera quedado solo además de rompernos el corazón, habría enturbiado toda la relación de Lucas y Max.

Hablando de Max, su incorporación ha sido otro de los grandes aciertos de la temporada. Sadie Sink nos encandiló desde un primer momento con su habilidad para los videojuegos, su monopatín y su "tubular". Su principal problema es que la trama con su hermanastro ha resultado ser uno de los mayores fiascos de esta tanda de capítulos. En un principio pensábamos que había un gran misterio entre ambos,  algo realmente malo había ocurrido entre ambos, que se culpaban mutuamente de lo sucedido y que explicaba la actitud de Billy (Dacre Montgomery). Cual fue nuestra sorpresa al darnos cuenta que lo único que sucedía era que realmente eran hermanastros, que se habían mudado de California cuando sus padres se casaron y que el padre de Billy es un hombre autoritario. No hay por donde pillar esta trama que se queda vacía y sin que nos importe. El misterio se desvaneció y toda la actuación de Billy en la temporada sobra desde ese mismo momento, quedando solo para que veamos su tremendo parecido con Zac Efron y conseguir el empoderamiento de Max tras inyectarle un sedante para evitar que matase a golpes al pobre Steve (algo que podría haberse conseguido de la misma forma con un trasfondo mejor).

Uno de mis principales temores al inicio de esta temporada era que el trío romántico Nancy/Steve/Jonathan, cobrara un protagonismo innecesario. Sin embargo, los Duffer han conseguido solventar esto de una manera muy inteligente separando desde casi el inicio a Nancy (Natalia Dyer) de Steve (Joe Keery) (con la excusa de buscar justicia para Barbara, un gran guiño para otro de los mitos creadores en la primera temporada) y unirla con Jonathan (Charlie Heaton), algo que todos sabíamos que ocurriría tarde o temprano. Pero si Nancy y Jonathan estaban juntos ahora, ¿qué ocurriría con Steve? Su desaparición de la serie parecía lo más probable, pero cual fue nuestra sorpresa al ver uno de los mejores giros, desarrollo y tratamiento de un personaje secundario. Steve pasa a ser el niñero, primero de Dustin (que ante la desaparición de sus amigos se encuentra solo con el lío de Dar) y luego de la pandilla en general.

La relación de Steve con Dustin, el rey del instituto con el mayor friki del colegio, ha sido una de las mejores cosas que hemos visto en esta segunda temporada. Steve ha sido un gran apoyo para él desde el principio, lo ha ayudado, protegido (incluso contra terribles demadogs) y dado hasta consejos para ligar. Steve ha dado un cambio radical desde que lo conocímos al principio de la temporada y esa mirada a Nancy en el baile desde lejos  nos hace entender que si bien puede que el trío no se haya cerrado del todo, desde luego Steve ya es un personaje totalmente diferente... y nos encanta.

Y llegó el momento de hablar de nuestra querida Eleven (Millie Bobby Brown). Tras el final de la primera temporada, no sabíamos que había sido de ella y desde el primer momento se nos enseña que Mike tampoco lo sabe. El chico lleva 353 días tratando de contactar con ella pero no ha obtenido ninguna respuesta. Para nuestra suerte no tardaremos en saber que ha sido de ella y para nuestra sorpresa ahora se encuentra viviendo con Hooper (David Harbour), que trata de protegerla de cualquier peligro evitando que contacte con su amigo o que siquiera salga de la casa.

El comienzo de la trama es prometedora y nos gusta ver a Hooper en un papel más paternal, reformando su antigua cabaña con baile incluido. Sin embargo esta historia desaparece de golpe cuando ambos tiene una tremenda discusión. Eleven se siente como una prisionera y quiere escapar y Hooper se enfada porque no entiende el tremendo peligro que corre. Esto desembocará en la huida de Eleven hacia la búsqueda de su propia identidad.

Es así como conocemos a la madre de Eleven, lo que pasó con ella y como intentó recuperar a su hija de los terribles doctores que la secuestraron. También conocemos el verdadero nombre de Eleven,  Jane Ives, y lo más importante, conocemos a la "hermana" de Eleven, Eight aka Kali. Kali (Linnea Berthelsen) protagoniza la primera escena de la temporada y ya sabemos desde ese momento que parece tener otra especie de "superpoder", pues es capaz de hacer que la gente vea lo que ella quiere.

Llegamos así al famoso capítulo séptimo de esta temporada. Un capítulo que ha dado mucho que hablar en las redes y que muchos consideran el peor (y con diferencia) de toda la serie. El episodio en sí abandona Hawkins para marcharse con Eleven hasta Chicago, donde la chica se encuentra con su hermana y su banda. Todo es distinto en este episodio, desde la ambientación hasta la actitud de los personajes, pues la banda de Kali se encarga de asesinar a aquellos que les hicieron daño. Aunque Eleven parece un poco asustada afirma con valentía que ella también ha asesinado y se une al grupo, pues gracias a su poder es capaz de localizar a quienes quieran siempre que tengan una fotografía. La integración de Eleven en el grupo pasará por un cambio absoluto de imagen, más maduro y punky, pero la cosa se queda ahí. En el momento de la verdad Eleven es incapaz de asesinar al técnico que torturó a su madre y además evita que Kali lo haga. Será a partir de aquí cuando Eleven se de cuenta de que sus amigos la necesitan (al ver los problemas que tienen Hooper y Mike entre manos) y que debe volver a Hawkins.

El problema de este episodio, no es solo que nos saca del contexto habitual sino que toda la trama de la búsqueda de identidad de Eleven y el encuentro con su hermana se soluciona en un dos o incluso un único episodio. A pesar de entender el propósito que tenían los hermanos Duffer con esto, en mi opinión se necesitaba más introspección del personaje y una búsqueda más pausada, esparcida en el tiempo y no condensada en un único capítulo.

Además se ha tardado mucho en reunirla con el grupo de amigos, algo que había sido uno de los pilares básicos de la primera temporada. Su encuentro con la pandilla y Mike y cómo después acaba cerrando el portal han sido las mejores escenas. No puedo no destacar esa mano paternal de Hooper en el ascensor, o su mirada de admiración y miedo. La fuerza que Millie Bobby Brown transmite a la pantalla y a la vez la ternura es impresionante y deja claro que la joven tiene abiertas todas las puertas en el mundo cinematográfico.

En esta segunda temporada ha habido un elemento clave y es que la pandilla de amigos ha estado mucho más separada que en la anterior. La amistad de los niños, va dejando paso a tramas más individuales. Y es que este individualismo está probablemente vinculado al propio crecimiento de los personajes, que se van acercando a la adolescencia y dejan de lado -en parte- los juegos de rol para inmiscuirse en problemas como las relaciones o los conflictos familiares. Dustin tenía sus problemas con Dar, Lucas trataba de impresionar a Max y Mike... Bueno Mike (Finn Wolfhard) ha estado entre perdido y olvidado esta temporada, apenas ha tenido trama y su papel ha sido más de apoyo a Will y tristeza por la ausencia de Eleven que otra cosa. Quiero pensar que esto se trata más de un asunto de agenda del actor (que este año estaba envuelto en el rodaje de IT) que de una decisión del equipo creativo, puesto que el trabajo de Wolfhard en la primera temporada fue espléndido y los que ansiábamos ver su relación con Eleven, nos hemos tenido que contentar con un último baile y un inocente beso.

Creo que también es de recibo mencionar a Bob (Sean Astin, el mítico Mikey Walsh en Los Goonies). El hombre, nuevo novio de Joyce y fundador del club de audiovisuales del instituto, trata desde un primer momento de ser un punto de apoyo para Will y Joyce. Sin embargo, era un personaje tan inocente y bueno, pero tan sacado de contexto que teníamos una especie de deja vú. Efectivamente, tras un par de momentos cumbre y a las puertas de conseguir escapar los demadogs se le echan encima. Un simple dibujo al final de la serie será su in memoriam, lo sentimos Bob, eres la nueva Barb. 

La segunda temporada de Stranger Things ha cuidado mucho más la música, con grandes éxitos que acompañan todos los episodios. La última canción, la famosa "Every Breath You Take" de The Police, es un guiño claro a cómo algo todavía los está observando desde el Upside Down, algo confirmado por los propios directores. Un baile, dónde vemos a todos nuestros protagonistas siendo valientes y felices, pero que se torna en una escena muy peliaguda. Ese colegio helado, que parece estar en el Upside Down, deja una puerta abierta a una tercera temporada, al igual que ocurrió con el final de la primera temporada.

Stranger Things no ha mostrado signos de agotamiento y ha demostrado que puede expandir y evolucionar a sus principales protagonistas sin perder su esencia. Esperemos que los Duffer continúen así y no hagan repetitiva una de las mejores historias de la televisión actual.

   
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Beatriz Noria

Empecé a ver Perdidos y ya no paré... Con Como Conocí A Vuestra Madre conocí lo mejor y lo peor de este mundo. Adicta a cualquier pantalla que emita series o películas. Mientras cargan, trato de estudiar algo.

About Beatriz Noria

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