Refugiados 1×04

Refugiados 1x04

Refugiados 1x04

Series: Refugiados

3.5 Stars

Summary

Comienzan a surgir rumores de que los refugiados son portadores de un virus que, sumado a las acusaciones de violación, les ponen las cosas aún más difíciles

Coder Credit

En el cuarto capítulo de Refugiados vemos que, aunque la trama principal no ha avanzado prácticamente nada y la familia de Alex, que fue el punto donde nos quedamos la semana pasada, sigue sin aparecer; han empezado a surgir nuevas tensiones entre la familia de Sam, y especialmente entre los “apacibles” ciudadanos del pueblo al que han llegado los refugiados.

Creo que en este capítulo el protagonista por excelencia ha sido Sam, tanto cuando formaba parte de la escena como cuando no lo hacía pero era el protagonista de la conversación. Y lo curioso es que, cuanto más conocemos a Sam, más íntegro se le ve pero al mismo tiempo más pena da. Especialmente cuando acaba pagando los platos rotos de otro, como le ocurre al final.

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Porque Sam, a diferencia de otros personajes, es de las pocas personas que es tan consecuente consigo misma y a sus creencias, que estas acaban convirtiéndose en una pesada cruz para él. Por ello, pese a que ha perdonado a Emma porque le engañara, pues estaba obligado a hacerlo desde el mismo instante en que ella se lo pidió, eso no quita que sigan teniendo tres cadáveres enterrados en medio del bosque.

Es lógico así que Samuel esté teniendo problemas de fe, problemas a la hora de confiar en el resto del mundo, y especialmente problemas sobre qué demonios hacer ahora, que cada vez está todo más descontrolado.

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Uno de esos problemas que se unen a las dudas de Sam es la aparición de su hijo Tomás, recién llegado del futuro. De esa momento me quedo con varias cosas: La cara de Sam cuando abre la puerta y Tomás le dice: “Hola, papá”… En serio, pobre Samuel. Y lo increíblemente relativos que son los 15 minutos que se supone no pueden pasar los refugiados con sus familiares antes de que los “hombres de negro” les descubran, pues a veces esos 15 minutos impiden tener una conversación medianamente larga, y otras (como ha sido este caso) permiten que Tomás se presente a su padre, que su padre dude de él, que Alex amenace a Tomás porque no se fía de él, y que al final Emma y Sam le acaben entregando ropa, dinero y objetos que vender a Tomás…

En fin. Todo sea por la continuación de la historia. El caso es que las dudas de Alex, que sigue siendo el que más madera de héroe tiene (a veces, claro), son perfectamente lógicas y quedan perfectamente resumidas en una única frase: Todo el mundo miente. Por tanto, ¿por qué creer a un recién llegado que dice ser su hijo, que lo primero que pide es dinero, y que además no se parece a Sam? Bueno, eso último sí tiene sentido, pues si Anna no es la hija de Sam, por qué va a serlo Tomás… Sí, Emma dijo que era su hijo, por supuesto pero… ¿no miente todo el mundo?

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Pero hablando de Alex, me encanta lo increíblemente fiel que es así mismo a lo largo de los capítulos. Por un lado sigue comportándose como el que más o menos sabe cómo actuar a la hora de deshacerse de los cadáveres y hacerle creer a Sam que fue él y no Emma quien mató al último de los hermanos Silva; pero por otro sigue siendo asombrosamente torpe.

Ese momento en el que Oscar está buscando a Alex en casa de Samuel y Emma en compañía del díscolo ayudante del Sheriff, y ya de paso trata de propasarse con Emma pero Emma no dice ni mu para que no descubran que Alex está encerrado en el armario… Solo para que al final sea Alex quien casi se descubre por moverse cuando no debía… Este chico sigue siendo tan torpe como al principio.

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Pero sin duda este capítulo ha servido para dejar las cartas sobre la mesa sobre el asunto verdaderamente importante que supone la llegada de millones de refugiados. Porque resulta que el problema no es cómo va a dar alimento y cobijo el planeta que ahora mismo está masificado de gente, o saber por qué demonios viajaron del futuro y precisamente a su época.

El problema es que, como ocurre cada vez que el ser humano se encuentra con algo distinto, actúa con miedo y violencia, segregando a aquellos que son diferentes. Una de las escenas que más me ha impactado es en la que, sin haber nada de acción, están los ciudadanos del pueblo reunidos con el alcalde y tienen una conversación exactamente igual a la que se debió tener en el pasado cuando la segregación racial de los blancos y negros, o durante el holocausto judío.

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Vemos así a personas que solo ven a los refugiados como personas y quieren ayudarles o incluso se enamoran de ellos, como le ocurre a Sofía, pero donde siempre está ese miedo a que la masa lo descubra y acaben siendo juzgados; y por otro lado esas personas que solo ven en los refugiados al diferente que ya empieza a ser señalado como el enemigo porque uno violó a una chica, o porque son portadores de enfermedades… Enfermedad que, y eso es lo más gracioso, ha surgido del dibujo de una niña a la que de repente todo el mundo cree como si un simple dibujo fuera un hecho empírico.

Resulta curioso así que Refugiados, aún tratándose de una historia sobre un viaje del futuro al pasado (nuestro presente), lo que se ve en realidad es una repetición de los errores cometidos en el pasado, y donde unos hombres se creían superiores a otros. Todo lo demás: cómo llegaron, por qué han venido, qué es lo que quieren y qué es todo eso de lo que no pueden hablar, al final acaba siendo lo menos importante, incluso para las personas que lo están viviendo en primera persona.

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Barbara Cruz

Periodista y escritora a tiempo completo. En los ratos libres veo de todo y leo cualquier cosa que caiga en mis manos. Nunca se sabe cuál será mi nueva obsesión.

About Barbara Cruz

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