Refugiados 1×06: La duda

3.5 Stars

Summary

El acercamiento entre Emma y Alex no termina de gustar a Annie, quien decide marcharse de casa. Una decisión que acabará beneficiando a la última persona interesada en que se queden los refugiados

Coder Credit

Las relaciones personales y los sentimientos siguen siendo la piedra triangular en torno a la que se desarrollan las historias de los refugiados, pero por desgracia ninguno de esos sentimientos es el adecuado. Pues si en los primeros días la familia de Sam trataba de ofrecer ayuda, apoyo y consuelo a los recién llegados, esta vez solo hay celos, engaños y odio de por medio.

No deja de haber ocurrido lo que en el fondo todos estábamos esperando, que era que la tensión sexual existente entre Emma y Alex estallara de algún modo. Pero claro, por muy bueno que eso sea para los dos, aunque solo se tratara de un beso más o menos pasional (más que nada porque Emma acababa de perder un hijo y no creo que estuviera en condiciones de hacer algo más íntimo), a la hija que ve como su mamá se enrolla con el recién llegado mientras su “papá” sigue en la cárcel, pues como que no le hace tanta gracia.

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Empieza así un juego bastante curioso entre todos los personajes donde, quitando a los dos macho Alpha que acaban de confirmar su posición en el pueblo y de los que hablaré luego, tan pronto te dan pena porque nadie les entiende, como te encuentras llamándoles cosas poco bonitas porque, seamos sinceros, no están haciendo nada bueno.

Por un lado está Emma, la mujer descarriada que creía haber encontrado un lugar seguro y una vida normal junto a Sam, pero que de repente se encuentra con Alex y, claro está, una no es de piedra. Especialmente cuando su marido sigue en la cárcel, lo que le da vía libre para refugiarse en los brazos de Alex, que solo quiere ofrecer apoyo y consuelo.

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Luego está Annie, que por muy niña inocente que sea y que no le haya hecho gracia ver como su amigo Alex besa a su mamá mientras su papá está en la cárcel, también podría haberse quejado con palabras, y no haciendo una representación de la escena del crimen en su casa de muñecas, lo que no deja de ser MUY espeluznante: Lo que se añade al extraño hecho de que hasta ahora no hemos visto a Annie jugar con ningún niño del pueblo (y ahora con los refugiados como que podría tener nuevos amigos para aburrir) pero sí pasarse las horas delante de la casa de muñecas, escenificando con pelos y señales todo lo que ocurre en ella.

En fin, muy normal no es ese comportamiento, con lo que marcharse de repente de casa es lo más lógico que podría hacer, además de chivarle a su querido papá lo que mamá se dedicaba a hacer mientras él no estaba. Y sí, chivarse no es algo bueno, pero comparado con lo de la casa de muñecas, sigo pensando que lo más normal que se le podría pedir.

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Y finalmente tenemos al pobre Sam, que no olvidemos acabó en la cárcel por intentar proteger a Alex, y que de repente se entera (si bien la sospecha ya estaba ahí desde hace mucho) que su querida mujer y la madre de su hija (a no, eso tampoco, y me da que Sam también lo sabe) se ha enrollado con el refugiado al que estaban protegiendo, y al que Emma quiso echar el primer día sin preguntar… Cómo cambian las cosas.

Normal que cuando Sam llega a casa saque su vena chunga, que de poco acostumbrados que estamos a verla a veces resulta un tanto espeluznante (mira, a lo mejor eso sí que lo ha sacado Annie de su “padre”), y haga todo lo posible por hacer sentir incómodo a Alex y Emma, en plan “sé lo que hicisteis la última noche”. A lo que se añade que cada vez que Sam se pone en modo cabreo la ceja le sube tanto y se le hinchan tanto las narices, que me le veo teniendo un infarto cerebral antes de que acabe la serie. Eso sí, antes le ha dado tiempo a denunciar a Alex que, de nuevo, por muy mal que haya hecho y más viniendo de un cristiano que siempre decía que había que hacer el bien, pues como que se entiende que haya hecho algo así.

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Comparado con el comportamiento de la familia de Sam, casi el más normal es Alex. Porque puede que él se acercara a ellos solo para poder ver a su familia (era el requisito que la Annie del futuro había pedido para poder llevar a su familia al pasado), pero teniendo en cuenta que ha pasado una semana y ni rastro de su mujer e hija, como que normal que el pobre empiece a conformarse con lo que tiene allí.

Lo que no es nada normal es lo que está ocurriendo con los otros protagonistas de la historia, donde tenemos a un Sheriff que se desentiende de todo a la primera de turno, a un alcalde del que pasa todo el mundo, y a una pareja de compañeros de crimen al que cada vez se les va más la pinza. Especialmente a Oscar, que no tiene mucho sentido la tome así con los pobres refugiados cuando no le han hecho nada… Vale sí, Alex le robó un par de escopetas, ¿pero para tanto es? ¿Hasta el punto de secuestrar a una niña y amenazarla con matarla para que todo el mundo crea que han sido los refugiados?

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Lo más triste de toda esta situación es que, por esperpéntica que resulte y sin ninguna lógica, a Oscar solo le basta tener a un par de acólitos para que el resto del pueblo (ese ser lento y torpe), le de la razón como la masa sin cerebro que realmente es. Y el primero de todos, su acólito más fiel, es Luis. El ex ayudante del Sheriff, al que tan pronto ves con rabia por ser tan capullo, como con lástima porque en el fondo Luis solo quiere que alguien le tenga en cuenta, da igual para qué.

Pero como ya he comentado otras veces, con Refugiados no deja de verse una situación tantas veces repetida en la Historia y que por absurda y sin sentido que fuera, acabó desencadenando en una tragedia… Y empieza a mascarse esa tragedia.

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Barbara Cruz

Periodista y escritora a tiempo completo. En los ratos libres veo de todo y leo cualquier cosa que caiga en mis manos. Nunca se sabe cuál será mi nueva obsesión.

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