Person of Interest 5×11: Synecdoche

Person of Interest 5x11: Synecdoche

Person of Interest 5x11: Synecdoche

Series: Person of Interest

5 Stars

Summary

John, Shaw y Fusco tienen que viajar a Washington D.C. para salvar la vida del nuevo número que ha dado la máquina, nada más y nada menos que el del presidente de Estados Unidos. Por su parte, Finch ha iniciado un viaje en solitario con un plan que sus amigos desconocen.

Coder Credit

Los guionistas siguen sorprendiéndonos yendo un paso más allá de lo que podíamos esperar, tal vez ante la seguridad de que sería la última temporada de Person of Interest, decidieron dar a sus seguidores unos episodios que fueran inolvidables con tramas más elaboradas, un desarrollo cada vez mayor de la personalidad de los protagonistas y trepidante acción. La quinta temporada de la serie está resultando brillante y, a falta de dos episodios para terminar, sólo nos queda preguntarnos cómo acabarán las cosas.

Podemos dividir el capítulo en dos partes muy bien diferenciadas: el nuevo número que deben salvar John, Shaw y Fusco, y el viaje de Finch tras las decisiones tomadas a partir de la muerte de Root. Mientras que la trama de Washington es todo acción y espionaje en estado puro, la marcha de Harold nos aporta una pausa que unida a sus conversaciones con la máquina, con la voz de Root, nos confirma que Finch tiene una cara oculta, un lado oscuro que ha mantenido escondido por el bien de todos pero que amenaza con tomar el control.

Estamos por tanto ante un episodio muy completo, además también veremos cómo el resto del equipo sobrelleva la muerte de una de los suyos. Tanto Reese como Fusco estarán muy pendientes y preocupados por Shaw, la mujer está abatida y aún dudando de si lo que está viviendo es real o es otra de las simulaciones de Samaritan, pero el hecho de tener trabajo hace que salga de su estado para entrar en acción pese a que aún no vuelve a ser la misma de antes.

Harold se marcha con la única compañía de la máquina
Harold se marcha con la única compañía de la máquina

Lo que nos queda muy claro es que todos van a echar de menos a Root, la mujer se hizo un hueco irreemplazable en el equipo y todos lamentan su muerte, incluso Fusco que admite que aunque estaba loca, él la admiraba. Pero no sólo el equipo humano añorará a Root sino que la propia máquina habla de la pérdida con Finch para decirle que quería a la mujer, y que era alguien muy especial que tenía el poder de hacer cosas terribles pero decidió hacer el bien. Duele que tengan que enterrar a Root sin nombre para evitar que sus enemigos puedan dar con ellos, pero es de esperar que más adelante puedan darle un funeral digno.

John intentará hablar con Shaw que está harta de la situación y se dispone a entregarse a Samaritan cuando un tipo trajeado aparece de repente y le entrega un sobre. Sameen ve que la máquina le ha dado una nueva identidad como la mujer de un político, no entiende nada hasta que Reese comenta que tal vez ahora ella deba cumplir la función de Root, algo que Shaw no está dispuesta a hacer. La mujer sólo desea encontrar a Finch, porque le necesitan, y acabar con sus enemigos para acabar de una vez con toda esta situación. Pero las cosas cambian cuando la máquina llama y le da una identificación a John que no reconoce, y es Shaw quien le dice que la persona a la que tienen que salvar es al presidente.

Fusco se une a ellos en el viaje a la capital del país aún sorprendidos de la identidad de su nueva víctima y, peor aún, la dificultad que supone poder acercarse a él y protegerle cuando tiene tanta seguridad a su alrededor. Hay un momento bastante divertido en el que John desvela que pudo trabajar en el Servicio Secreto, pero que lo rechazó porque no podía elegir a quien proteger y trabajaría continuamente. Algo que hace gracia a Fusco y Shaw ya que es justo lo que está haciendo desde que conoció a Harold.

Todos están preocupados por Shaw
Todos están preocupados por Shaw

El equipo decide presentarse en los actos sociales del presidente que es donde puede ser vulnerable, la tapadera de Shaw incluye una invitación a una gala benéfica a la que acudirá el presidente esa noche. Pero John no tiene forma de acceder al evento, ni siquiera con su placa de policía ya que fuera de Nueva York no tiene ninguna autoridad. Será entonces cuando aparezca el multimillonario Logan Pierce (una víctima a la que Reese salvó en la temporada 2), que reconoce a John y le paga los 50.000 dólares que cuesta la entrada a la gala, suponiendo que está allí por un buen motivo.

Aún extrañado por el encuentro con un número pasado, John se reúne con Shaw para comprobar el recinto en busca de cualquier posible amenaza. Así acaban encontrando un pequeño explosivo en el jardín que esconden en una nevera para evitar heridos, la explosión provoca que se cancele la llegada del presidente y le lleven de vuelta a la Casa Blanca. Pero la cosa no termina ahí ya que, en ese preciso instante, alguien hackea las pantallas de toda la ciudad amenazando con matar al presidente al día siguiente si no apagan el programa que espía a la población.

John y Sameen tienen dos posibles implicados, por un lado Pierce que es experto en ordenadores y se escabulle cuando Reese va a por él. Y, por otro lado, un camarero que actuaba con demasiado nerviosismo y al que Shaw secuestra para interrogarle. Investiga la vida del tipo pero no encuentran nada sospechoso y deben pasar a métodos más drásticos para que confiese, y finalmente con un poco de tortura por parte de la mujer, el tipo confirma que no trabaja solo y que son un grupo que lucha contra la vigilancia a los ciudadanos por parte del gobierno. John y Shaw se marchan un momento, permitiendo que el tipo escape sabiendo que les va a conducir hasta los demás.

Sameen obligada a ir al evento y socializar con la gente
Sameen obligada a ir al evento y socializar con la gente

John va hasta el emplazamiento donde el presidente tiene otro acto, dejando que sean Fusco y Shaw los que persigan al camarero y den con la base de los criminales. Sameen se cuela en el edificio para encontrarse con que gran parte de los involucrados en la operación son personas ricas, como la mujer de un senador, la descubren y parece que van a acabar con ella pero el entrenamiento de Shaw junto a la oportuna llegada de Fusco hace que desarmen a sus enemigos y tomen el control de la situación. Ahora saben que hay alguien del Servicio Secreto implicado y no pueden contar con ayuda porque no saben quién es el infiltrado.

John sigue por la plaza buscando cualquier cosa sospechosa, y lo hace, porque se encuentra con otro número al que salvó la vida tiempo atrás: Joey Durban, un ex soldado que se acerca a él para saludarle y darle las gracias otra vez por todo lo que hizo con él. Reese le da largas al hombre porque hay mucho en juego y sigue analizando a las personas allí presentes, y Shaw hace lo mismo desde la azotea de un edificio. La mujer le ha robado el rifle a un agente de seguridad y utiliza la mirilla para comprobar el perímetro. Será Fusco el que, desde la base de operaciones de los terroristas, les avise que la amenaza es un dron que va a atentar contra el coche en el que se marchará el presidente.

John se pone a mirar a los miembros del Servicio Secreto que hay a su alrededor y descubre al topo ya que es el único pendiente del teléfono y el cielo, como si supiera lo que va a pasar. Pero no tiene tiempo de actuar porque éste también le descubre y avisa a todos los agentes que John es peligroso, por lo que Reese tiene que huir a toda prisa antes de que le detengan. Viendo que se quedan sin opciones, Shaw dispara a una columna que hay junto al presidente para evitar que le lleven hasta el vehículo. Tiene que efectuar varios tiros para frenarles pero logra su cometido, ya que el coche explota pero todo el mundo sale ileso.

Fusco alerta a sus compañeros del peligro
Fusco alerta a sus compañeros del peligro

El problema es que ahora tanto Shaw como John, que ha conseguido llegar hasta ella, son considerados una amenaza contra el presidente y tienen a toda la policía detrás. Escapar es casi imposible pero aparece Durbin para salvarles del apuro, les da ropa militar y salen con él como si formaran parte del grupo de soldados que está ahí para neutralizar a los terroristas. Pero aún queda una aparición más, la de Harper Rose (a la que conocimos el pasado año en varios episodios), que ayuda a Fusco a librarse del interrogatorio del Servicio Secreto cuando le descubren en la base de los terroristas.

Al final del episodio descubrimos que los tres: Pierce, Durban y Harper trabajan para la máquina en la ciudad, y fue ésta la que les dio el número de Reese para que le ayudaran a cumplir su misión. Todos se preguntan si habrá más agentes como ellos por el resto del país, algo para lo que ninguno tiene respuesta. Pero lo que sí tienen es una pista de hacia donde se dirigía Harold, que le entregan a John para que consiga dar con su amigo.

La gran incógnita nos la plantea Shaw al recordarnos que la máquina sólo les da aquellos números considerados irrelevantes, ¿cómo puede ser que la vida del presidente sea irrelevante? ¿Acaso Samaritan quiere que muera? ¿Qué está sucediendo?

John entre la multitud
John entre la multitud

Harold va camino de Texas dialogando todo el tiempo con la máquina. Primero sobre la pérdida de Root a la que ambos querían y echarán de menos, pero también sobre el miedo de Finch a darle libertad absoluta a su creación. La Inteligencia Artificial le dice que se siente impotente porque él la diseñó para hacer el bien y ayudar a la gente pero no deja de ponerle límites y trabas, por lo que no puede ayudar a tantas personas como podría hacer si Harold le dejará total libertad.

Finch compara la situación con un científico que quería ayudar a la humanidad y acabó provocando el agujero de ozono, era un hombre que sólo pretendía hacer el bien y acabó siendo una de las personas más destructivas que se recuerdan, y no quiere que suceda lo mismo. Además, deja caer que nunca se operó de la pierna porque piensa que el dolor es su castigo por todas las cosas malas que ha hecho. Y todo para acabar declarando que durante años sólo ha querido ayudar y hacer el bien, pero tal vez es momento de cambiar de estrategia.

Al final del episodio descubriremos qué pretendía desde que abandonó Nueva York, y no puede ser más desconcertante. Harold se ha colado en una importante empresa informática para robar un virus que puede destruir Samaritan, hasta ahí todo bien, pero la máquina le advierte que además de acabar con su enemiga, puede causar grandes efectos colaterales que supongan un grave riesgo para la humanidad. Pero Harold está decidido a seguir adelante diciendo que no hay otra opción, le da igual todo lo que pase con tal de acabar con Samaritan.

Finch tiene un plan y no va a parar hasta llevarlo a cabo
Finch tiene un plan y no va a parar hasta llevarlo a cabo

Pero cuando Finch nos sorprende de todo es cuando un agente armado le detiene antes de abandonar el edificio, y Harold le amenaza con una frialdad que nunca le habíamos visto. Finch sabe, informado por la máquina, que la hija del hombre necesita un trasplante urgente de corazón y le promete que lo recibirá ese mismo día si le deja huir. Pero que si le detiene, se asegurará de que la niña se quede la última en la lista de espera y muera en pocas semanas.

Hay absoluta convicción en las palabras de Finch, como si no le afectara estar jugando con la vida de una niña, está cegado con su misión y el resto del mundo ha dejado de importar. ¿Ha sido siempre así? ¿Es esta actitud el lado oscuro contra el que Harold ha estado luchando tantos años? El guarda de seguridad le deja irse y Finch se marcha con el virus que puede suponer que todo cambie. ¿Lograrán encontrarle Reese y los demás antes de que sea demasiado tarde?

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Helena Rubio

Empecé en el mundo de las series acompañando a Mulder y Scully en Expediente X, luego seguí con Friends, CSI y otras cuantas, pero con Lost terminé de perderme. Cada año juro que no me engancharé a más series pero fracaso estrepitosamente, y mientras tanto hago malabares con los estudios.

About Helena Rubio

Empecé en el mundo de las series acompañando a Mulder y Scully en Expediente X, luego seguí con Friends, CSI y otras cuantas, pero con Lost terminé de perderme. Cada año juro que no me engancharé a más series pero fracaso estrepitosamente, y mientras tanto hago malabares con los estudios.