Okkupert: la Noruega ocupada por culpa del petróleo

Nuestro viaje por el mundo nos lleva este mes a las frías costas de Noruega. Okkupert nos muestra una Noruega distópica y preocupada por una economía más sostenible. La serie es todo un reflejo de las preocupaciones de la sociedad noruega actual a quien el negocio del petróleo hace tiempo que se le atraganta.

Lo mejor que tiene Okkupert es la sutil forma en la que nos muestran no solo a la sociedad noruega sino toda su historia reciente. Sin saber mucho del país uno es testigo del pasado noruego en la Segunda Guerra Mundial, su preocupación ante el gigante ruso al que es difícil ver como aliado y, sobre todo, sus discrepancias con la Unión Europea y su particular relación amor-odio que les convierte en socios y enemigos a ratos.

La serie corre a cargo de Jo Nesbo, uno de los escritores de ficción más prolíficos que nos ha dejado la literatura nórdica. En esta serie, como en sus libros, retrata las preocupaciones de los noruegos que andan más centrados en su papel en el cambio climático del planeta que en tener que preocuparse en si podrán llegar a fin de mes y hacer frente a la hipoteca. Hace tiempo que el país nórdico dejó de preocuparse por esas nimiedades gracias a su potente economía basada en la explotación del petróleo, fundamentalmente, un hecho muy controvertido en los últimos años y que, cómo no, tenía que tener su reflejo en la televisión noruega.

La historia comienza con el anuncio del Primer Ministro Jesper Berg (Henrik Mestad) de que Noruega dejará de ser uno de los principales exportadores de petróleo y gas natural del mundo para dedicarse al negocio de energías más limpias. Después de que el mundo padezca los peores desastres naturales por culpa del cambio climático, Berg y su gabinete deciden darle una oportunidad a una nueve fuente de energía más limpia: el torio. Sin embargo, esta noticia no sienta nada bien a la Unión Europea y a Rusia que temen un posible desabastecimiento energético y no dudan en urdir un intrincado plan para secuestrar al primer ministro y obligarlo así a dar un giro radical a su política si no quiere comenzar una guerra en territorio noruego.

Poco a poco y sin que la población se de cuenta los rusos comienzan una invasión silente situándose en puestos importantes de la administración noruega y convirtiendo al país en una especie de protectorado ruso. Y es aquí donde muy inteligentemente la serie muestra los paralelismos de la invasión rusa con la ocupación de Noruega por la Alemania Nazi en 1940, como si revivieran un oscuro capítulo de su historia. Ni siquiera como espectadores somos capaces de entender muy bien qué es lo que está pasando y durante la primera mitad de la serie apenas somos conscientes de que estamos ante una verdadera ocupación.

A partir de aquí todo es un juego de espionaje donde nadie confía en nadie. La credibilidad del Primer Ministro va menguando cada vez más cuando empiezan a alzarse grupos nacionalistas y periodistas acusándole de traidor por su inacción ante la ocupación rusa.

La invasión rusa se va intensificando conforme pasan los meses. La embajadora rusa en Oslo hace las veces de alta mandataria y a nadie se le escapa que la presencia nacionales rusos instalándose en Noruega no es sino la confirmación de lo que muchos temían. Poco a poco Noruega es cada vez menos dueña de su soberanía y las tiranteces con los nacionalistas no hacen sino crecer.

Mientras tanto, Berg trata de denunciar la situación ante la Unión Europea esperando que acudan en su ayuda a modo de aliados. Sin embargo, se encuentra con que la Unión Europea prefiere no entrometerse por miedo a quedar, literalmente, a oscuras. Todo esto no hace sino evidenciar lo que los nacionalistas más radicales llevaban tiempo denunciando: Noruega está sola y tendrán que ser los propios noruegos los que luchen por su estado y su soberanía.

El impasse en el que se encuentra Berg y su gabinete hacen que entre sus más allegados planee la sombra de la traición. Parece que alguien se ha unido al grupo nacionalista radical "Noruega Libre" y será Hans Martin Djupvik (Eldar Skar), miembro de la policía noruega, quien tenga que descubrir de quién se trata al mismo tiempo que cumple con su obligación de proteger a la embajadora rusa.

La serie no deja de ser un intenso thriller donde los verdaderos protagonistas son los héroes más anónimos. Ciudadanos de a pie que se ven en una complicada situación entre dos frentes: el ruso y su propio gobierno. Jueces, periodistas, policías, jóvenes... personas que nada tienen que ver con la política pero que, de una manera u otra, luchan por su país como pueden y de la manera que creen correcta.

Okkupert cuenta con todo un trasfondo ecológico que actúa como dura crítica de la hipocresía de la sociedad noruega donde todos presumen de reciclaje y conciencia medioambiental pero que se han beneficiado de la exportación del petróleo. Es una historia cruda donde los que antes sonreían a los invasores pensando en enriquecerse a costa de los nuevos moradores de Noruega terminan conspirando en la sombra para deshacerse de ellos.

Una interesantísima historia que sigue estando de actualidad, quizá hoy más que nunca. Una distopía que en ningún momento parece serlo y que nos mantiene esperando a ver cómo terminará todo esto: si en un despacho o en medio de una guerra civil.

El final de su primera temporada fue algo abrupto. Cuando la cosa estaba más interesante puso fin a su historia. Tendríamos que esperar dos años para continuarla. El pasado 29 de septiembre se estrenó su segunda temporada en Noruega y promete escocer tanto como la primera.

 
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Marta Ramirez

Estudiante de Derecho de día y seriéfila de noche. Un día colgué la bata y el fonendo para probar la segunda carrera que más veces se ha retratado en TV. Aspirante a ser la nueva Ally McBeal

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