Manual de un tacaño

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Manual de un tacaño

3 Stars

Summary

François Gautier es un hombre avaro. Nada le produce más placer que ahorrar unos cuantos céntimos y llevar su tacañería hasta los niveles más insospechados. Su plan de no gastar nada se verá frustrado al conocer a una jovencita que se presenta en su puerta diciendo que es su hija.

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Llega a nuestro país el último gran éxito de la comedia francesa, una vez más Dany Boon ha logrado situar una película suya entre lo más alto convirtiéndose en uno de los actores más taquilleros de Francia.

François Gautier es un violinista muy pero que muy tacaño. Evita prácticamente cualquier interacción humana porque eso supondría un desembolso de dinero y vive feliz en su aislamiento. Pero ahí viene la pregunta: ¿es verdaderamente feliz? No es difícil descubrir la metáfora que nos cuentan entre su afán por agarrarse al dinero y el cerrarse en sí mismo como persona. Con la excusa del miedo a gastar se ahorra el dejar que la gente entre en su vida y pueda hacerle daño, hasta que de pronto dos mujeres irrumpirán en su vida para romperle todos los esquemas.

En el mismo momento en que conoce a una chica que empieza a gustarle y con la que podría congeniar (Laurence Arné), aparece en su puerta una chica de 16 años que dice ser su hija biológica.  Incrédulo al principio y sospechoso por sus intenciones respecto a él, que piensa que serán de sacarle todo su dinero, deja alojarse a la chica en su casa con la condición de que le pague un alquiler.

Comedia familiar totalmente inofensiva que recuerda a las que se hacían en los años 90 en Hollywood. No cuesta imaginarse a Robin Williams o Steve Martin interpretando al avaro personaje de Dany Boon en alguna barriada del extrarradio en California y realizando las cutres artimañas de François Gautier para ahorrar unos cuantos céntimos.

Está claro que lo que mejor funciona de la película son los gags a costa de la tacañería del protagonista, que por cotidianos y ridículos dotan de la incomodidad y vergüenza ajena que se busca (las luces apagadas, los cupones de descuento, el pedir en un restaurante) y resulta agradable que por una vez se eviten los manidos gags visuales con tropezones, incendios, sarpullidos que tan característicos son en la filmografía de Dany Boon  se opte por un tono más amable y reconocible por todo tipo de público, que sonreirá al ver reflejado a nuestro protagonista en algún amigo, familiar o incluso en sí mismo.

Un gran acierto de la película es el personaje de la hija, interpretada por Noémie Schmidt, una joven encantadora a la que sitúan en un rango de edad entre la niñez y la madurez olvidándose completamente de presentarla como una típica adolescente. Resulta simpática sin ser empalagosa y pese a que la relación padre e hija podría estar mejor definida, tienen cierta química en sus escenas juntos y llegan a conmover un poquito si tienes el día sensible.

Con el transcurso de la película, François descubre que no sólo no siente disgusto al estar rodeado de gente que le quiere sino que empieza a gustarle y lo que el rasgo más deleznable de su personalidad era algo que le resultaba normal ahora le empieza a generar vergüenza al verse a través de los ojos de los demás. Sin embargo, un aspecto a destacar de la película es que en ningún momento se intenta cambiar al protagonista, es lo que es y forma parte de su naturaleza, pero quizá es la manera de gestionarlo lo que pueda tener un arreglo.

Toda la parte del orfanato resulta un recurso un tanto facilón pero resulta interesante en la manera en que genera dudas sobre lo que significa ser reservado, tacaño, ahorrador, ecológico o solidario.

Película simpática, sin complicaciones para pasar un rato entretenido sin pensar mucho y que no ofenderá a absolutamente nadie con su humor blanco, y completamente universal. No sería de extrañar que se preparase un remake en Estados Unidos, si no fuera porque este tipo de cine se ha quedado un poco anticuado y parece que las comedias amables ya no tienen hueco en una industria que prácticamente inventó el género.

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Beatriz Parra

Culpo a Jim Halpert de mis altas expectativas en cuanto a hombres. A Lost de mis altas expectativas en cuanto a compañeros de vuelo y a Leslie Knope de mis altas expectativas en cuanto a la vida. De lo demás al cine, que ha hecho de mí lo que soy.

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Culpo a Jim Halpert de mis altas expectativas en cuanto a hombres. A Lost de mis altas expectativas en cuanto a compañeros de vuelo y a Leslie Knope de mis altas expectativas en cuanto a la vida. De lo demás al cine, que ha hecho de mí lo que soy.