Mad Men 7×12: Lost Horizon

Mad Men 7x12: The Lost Horizon

Mad Men 7x12: The Lost Horizon

Series: Mad Men

4.5 Stars

Summary

Los trabajadores de SC&P tratan de adaptarse a su nueva situación en las oficinas de McCann-Eriksonn.

Coder Credit

Estos últimos episodios de Mad Men tienen ese regusto amargo de saber que es un adiós. Con cada plano estamos más cerca de decir adiós a unos personajes y a una época que son ya un antes y un después en la televisión y sin duda Historia. Y es por eso por lo que cada secuencia destila melancolía, cada fotograma de estos últimos capítulos es un homenaje a sí misma.

SC&P cierra sus puertas y para siempre. Absorbida sin remedio por ese gigante que es McCann-Eriksson a sus trabajadores no les queda otra que adaptarse o perecer en el intento. Se acaba el sueño de Roger Sterling y Don Draper de ser dueños de su propio destino, de brillar en lo más alto del mundo de la publicidad para ser uno más de esos grises ejecutivos encorbatados que trabajan no para ellos mismos sino para un ente mucho mayor. Se acaba el independentismo y empieza el corporativismo.

Esta nueva etapa tiene sus luces y sombras. Mientras que algunos como Pete se ven favorecidos con el cambio, o al menos eso deja ver lo rápido que se aclimata a la nueva oficina, como si hubiera recorrido esos largos pasillos cientos de veces antes, otros como Peggy se ven casi ignorados y en un error la confunden con una secretaria, devolviéndola al puesto que tenía en aquella primera temporada. Pero Peggy está curtida en mil batallas, sabe ya lo que es reivindicarse en un mundo que no la toma en serio, que la ningunea y la subestima en exceso y por eso saca pecho y muy orgullosamente decide ser la última en abandonar el barco (ya hundido) de SC&P. Su sorpresa es ver que no es la única que se pasea por los fantasmagóricos pasillos de lo que queda de la firma que la vio nacer. Roger se resiste a renunciar de forma definitiva a su sueño y junto con Peggy (y una botella de alcohol olvidada) se lamentan por lo que ha pasado y brindan por tiempos mejores, por lo que fue y lo que podría haber sido. Ese paseo en patines de Peggy por la oficina vacía es una joya que encierra no sólo lo ridículo de la situación en la que se encuentran estos dos personajes sino una paseo melancólico, un triste último adiós a una era. Agridulce. Como ver a Peggy borracha patinando.

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Si hay alguien que sabe que con el cierre de SC&P se acabaron los sueños de ejecutivo serio esa es Joan. Los últimos episodios no están tratando bien a su personaje que ha tenido que aferrarse a su posición de socia con uñas y dientes para verse humillada e infravalorada a más no poder. Aunque trata de adaptarse a su nueva situación en McCann-Eriksonn sus directivos no la dejan ponerse demasiado cómoda en su despacho. No la toman en serio y consideran sus cuentas como menores de forma que supervisan cada uno de los pasos que se atreve a dar en sus altos tacones por los pasillos de McCann. Su situación no es fácil. Una vez más se convierte en un objeto al que ver contonearse, deleitándose con su voluptuosa y sugerente figura, para luego lanzar proposiciones indecentes entre bromas y miradas sugerentes. Joan no puede más que patalear y claudicar ante lo evidente: no la quieren allí. A pesar de sus quejas y de tratar de llegar a un acuerdo con McCann le dejan bien claro que simplemente dejan que se pasee por allí porque es socia y le deben dinero pero que con gusto desembolsarán lo que falta con tal de no tener que aguantarla. Aunque Roger tratar de interferir para aplacar los ánimos entre las partes la situación se salda con la marcha de Joan aceptando un trato. Una triste salida para una gran mujer. Una triste realidad. Roger, resignado, no puede hacer más que contemplar la triste marcha de su pelirroja favorita.

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Mientras tanto, el gigante de McCann-Eriksonn no se detiene. Por fin tienen a su ballena blanca. Su Moby Dick particular es ya parte de la plantilla y para encerrar al genio en su botella sólo han tenido que comprar una agencia de publicidad. Por fin tienen a Don Draper. Don, fiel a su naturaleza práctica, parece decidido a centrarse en su nuevo trabajo. El único reto que le quedaba podría cumplirse ahora que por fin tiene acceso a las grandes multinacionales podrá ver su firma en todo el mundo. ¿Qué publicista no quiere eso? Con paso firme entra en la Sala de Juntas de lo que será su nueva campaña, la primera en McCann. Su sorpresa es mayúscula al descubrir que la sala está llena de gente (creativos, directivos...) que como él no son más que una pieza en el engranaje de la gran maquinaria que es McCann y posiblemente todos y cada uno de ellos sean fácilmente reeemplazables. Don es un extraño en esa sala, no sólo por ser el último en llegar sino porque su naturaleza es la del lobo solitario, su proceso creativo es el del sofá, el humo y la copa en la mano. Aquí las cosas se hacen diferentes. Don está una vez más fuera del cuadro y por eso mira por la ventana y posa su mirada en un avión que surca los cielos de la gran ciudad (hay toda una teoría al respecto) y abandona la sala, en silencio, sin hacer ruido. Como si nunca hubiera estado allí.

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La única salida para un mundo que ya no es el suyo es la carretera. Interestatal y hasta que la gasolina o el cuerpo aguante. Don necesita una vez más encontrar algo que le conecte a este mundo que creyó haber hecho suyo hace ya tanto tiempo y busca su propia ballena blanca. Un refugio que le haga sentirse atado a algo o alguien, donde no sea un extraño. Dianne parece ser su respuesta. Y hasta su casa conduce, o al menos la casa en la que vivía antes de trasladarse a Nueva York. Al tocar a su puerta se encuentra con una mujer, la excusa para entrar es un papel que conoce bien: vendedor que viene a ofrecer un premio a la antigua dueña y señora de la casa. Con esta excusa la nueva esposa del exmarido de Dianne le deja entrar y esperar a que llegue su marido para tratar del asunto. Sin embargo, Don no debe ser el primer hombre que toca a la puerta de esta casa buscando a Dianne. El exmarido le saca de la casa nada más verle, de la forma más educada posible dadas las circunstancias, y le dice que vuelva a su casa. Que Dianne hace estas cosas. Conoce a un tío y luego desaparece. No es el único ni probablemente el último en llamar a su puerta preguntando por una mujer que va dejando una lista de cadáveres casi tan larga como la de Don.

Un capítulo que nos deja momentos memorables como el de Peggy entrando, por fin, en las oficinas de McCann-Eriksonn. Una joya.

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Marta Ramirez

Estudiante de Derecho de día y seriéfila de noche. Un día colgué la bata y el fonendo para probar la segunda carrera que más veces se ha retratado en TV. Aspirante a ser la nueva Ally McBeal

About Marta Ramirez

Estudiante de Derecho de día y seriéfila de noche. Un día colgué la bata y el fonendo para probar la segunda carrera que más veces se ha retratado en TV. Aspirante a ser la nueva Ally McBeal