La gran enfermedad del amor

La gran enfermedad del amor

La gran enfermedad del amor

4.5 Stars

Summary

Kumail (Kumail Nanjiani) es un joven pakistaní que vive en Chicago que conduce Ubers e intenta hacerse hueco en el mundo de la stand-up comedy. Un buen día conoce a Emily (Zoe Kazan) y se enamoran contra todo pronóstico. Pero este no es más que el principio de la historia...

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Mucho se habla de la crisis de la comedia romántica. Poco se habla de que la comedia romántica como concepto fue asesinada por Hollywood al retorcerla de tal manera a lo largo de la década de los 2000 hasta convertirla en una sarta de películas lamentables y sexistas que nada tenían que ver con lo que este maravilloso género puede ofrecer.

Afortunadamente, y como toda excepción a la regla, de vez en cuando aparece alguien que lo entiende todo y lo hace parecer fácil. Las chicas ya no buscan un príncipe ni se ponen a lloriquear frente a una tarrina de helado porque no encuentran novio. Las chicas de hoy en día si quieren novio salen a la calle o se descargan una aplicación. Si se cansan dejan al chico y si el chico les deja pues se van con sus amigas de fiesta. No hay más drama. Esta generación debe ser educada en la resiliencia y en aceptar la vida como venga siendo dueño de tu destino. La generación de millenials, especialmente los que rodean los treinta años son la generación más frustrada de la historia ya que creció con una serie de promesas laborales y sentimentales que se les mostraba en las películas que veían de pequeños y que luego no se han hecho realidad. Todos han/hemos tenido que aplicar un Plan B a nuestras vidas, un plan que puede resultar mejor que el original.

Así pues, ¿qué mejor manera de contar una historia de amor contemporánea que desprenda verdad y resulte conmovedora que relatar una historia real? ¿Y quién mejor para escribirla que los propios protagonistas de la historia?  Kumail Nanjiani escribe, protagoniza y produce junto a su esposa Emily V. Gordon (interpretada por Zoe Kazan) la película que cuenta la historia de cómo se conocieron diez años atrás y la manera tan original que tuvieron de enamorarse, empeñándose totalmente en lo contrario y haciendo frente a diferencias culturales y una misteriosa enfermedad.

En “Mientras dormías” (Jon Turteltaub, 1995) Sandra Bullock fingió ser la novia de Peter Gallagher para que le dejaran entrar a verle al hospital cuando estaba en coma. Esto provocó que su familia, que nada sabía de la vida personal de su hijo, la tomara por su novia y se encariñaran tremendamente con ella. La verdadera historia se fraguó a través de la relación de una chica con esa familia.

Algo parecido sucede con esta entrañable historia, donde una vez nos hemos enamorado de Kumail y Emily, un hecho totalmente inesperado trastoca sus vidas y obliga a Kumail a reflexionar sobre su vida y evaluar sus sentimientos por Emily. Esa gran enfermedad a la que hace referencia el título no es el amor, como indica su traducción al español, el título hace referencia a una gran enferma y esa es la adorable y estrafalaria Emily a la que da vida una encantadora Zoe Kazan, la gran enferma que debe esperar paciente a que el mundo se mueva a su alrededor y las fichas se coloquen en su sitio mientras ella duerme.

Y al igual que en “Mientras dormías” lo verdaderamente relevante de la película se fragua en una sala de hospital cuando ponemos en un mismo escenario a tres personas muy diferentes a las que une un sentimiento común: Terry (Ray Romano) y Beth (Holly Hunter) son los divertidos y protectores padres de Emily, que se encuentran en la tesitura de conocer por primera vez a un chico pakistaní con el que sale con su hija. El choque de culturas, la falta de confianza mutua y la incomodidad que genera esta situación dan lugar a hilarantes situaciones e ingeniosos diálogos donde los actores dan lo mejor de sí mismos y brillan reclamando la atención de todo el público y de cualquier académico con ojos en la cara (por favor las nominaciones a Ray Romano y Holly Hunter como intérpretes de reparto debería estar imprimiéndose ya, y la de Zoe Kazan a ser posible también).

Las relaciones familiares cobran en esta película una merecida relevancia, mostrándosenos las tradiciones y lo que supone para un joven pakistaní que se ha criado en Estados Unidos adoptar las costumbres de su nuevo país y sentirlas como propias por encima de las tradiciones de su cultura que le inculca su familia. El honor, el respeto y las dudas internas ocupan un lugar importante en la película y en las decisiones de los personajes, algo tremendamente veraz y que se explora muy poco en las películas de este tipo.

Así pues y dicho esto, nos encontramos ante una de las películas del año, una prueba fehaciente de que la comedia romántica no solo no ha muerto si no que si se pone bajo las manos adecuadas puede regenerarse hasta convertirse en un producto todavía más maravilloso de lo que ya era, adaptado a los nuevos tiempos y mostrando unos personajes imperfectos y completos en sí mismos que deciden amarse por lo que son sin provocar vergüenza ajena con situaciones inverosímiles.

Una de esas historias que sin duda se llevarán el cariño de la gente y serán recordadas dentro de unos años. Y quizá hasta encuentre su hueco en un par de categorías menores de los grandes premios sin ganar, por supuesto, porque lo que no ha cambiado todavía es que la comedia siga considerándose un género menor y que las obras que nos hacen felices tengan menos prestigio.

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Beatriz Parra

Culpo a Jim Halpert de mis altas expectativas en cuanto a hombres. A Lost de mis altas expectativas en cuanto a compañeros de vuelo y a Leslie Knope de mis altas expectativas en cuanto a la vida. De lo demás al cine, que ha hecho de mí lo que soy.

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Culpo a Jim Halpert de mis altas expectativas en cuanto a hombres. A Lost de mis altas expectativas en cuanto a compañeros de vuelo y a Leslie Knope de mis altas expectativas en cuanto a la vida. De lo demás al cine, que ha hecho de mí lo que soy.