La forma del agua, el poder de los silencios

La forma del agua

La forma del agua

5 Stars

Summary

Un hombre anfibio es llevado a una fábrica en plena Guerra Fría para investigarle y así poder ganarle la carrera a la URSS. Elisa es una empleada muda que sentirá un interés instantáneo por la criatura.

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Nominada a 13 premios Oscars, La forma del agua es, posiblemente, una de las favoritas a convertirse en la ganadora de la noche. Poco queda para saber si nos sorprenderá como hizo La La Land en su día, pero lo que sí podemos saber ya es que Guillermo del Toro ha conseguido una cinta del deleite de muchos.

La forma del agua cuenta una historia simple y fantástica: cómo una mujer se enamora de un ser que no es del todo humano. A más puro estilo de La Bella y la Bestia sí, pero mucho más oscura y adaptada a la realidad social de 1963 donde todo aquello que era diferente más que ser llevado a la hoguera, era usado para investigación. Porque en el Estados Unidos de esa época había algo que importaba por encima de todas las cosas a los americanos, y era superar a los soviéticos en todo, empezando por llegar al espacio. En vista de que los rusos llevaron al primer animal al espacio, investigar a un ser con un doble mecanismo para respirar les parecía una opción tan buena como otra cualquiera.

El hombre anfibio llegará de este modo a un laboratorio donde trabaja Eliza (Sally Hawkins) como mujer de la limpieza junto a Zelda (Octavia Spencer). Eliza es muda y cuando le toque limpiar la sala del anfibio se sentirá atraída por la extraña criatura que, al igual que ella, no puede hablar con palabras.

Tampoco hacen falta muchas palabras para comprender esta historia. Porque desprende encanto en cada fotograma. La historia de Eliza y el hombre- anfibio es tan bonita que ni si quiera te paras a pensar en lo extraño de la situación o en que ni si quiera sabes el nombre de la criatura. Nada de eso hace falta porque los planos lo dicen todo.

Guillermo del Toro no solo hace un trabajo estupendo con esto, porque la película está cuidada al detalle. Y es que de una película que se llama La forma del agua  no podemos esperar otra cosa que eso, agua. Y está pendiente en todos y cada uno de los planos. En los colores fríos de las escenas. En el suelo mojado. En la lluvia. En todas partes, no nos podemos olvidar qué película estamos viendo y eso dota al filme de una gran coherencia.

Pero sin duda, algo que caracteriza a La forma del agua son sus silencios: bien medidos y que, en sí mismos, dan ritmo a la trama. Porque dan profundidad al personaje de Eliza, interpretado brillantemente por Sally Hawkins, y al del anfibio (Doug Jones) y ayudan a crear esa magia que se crea sin palabras y que tiene toda la película.

 

Aunque también hay palabras. Palabras de personajes como Zelda, al que Octavia Spencer caracteriza de fuerza y madurez y que muestra otra realidad de la época: el machismo. Zelda es la típica mujer casada que trabaja para llevar dinero a su familia y que, aún en casa, sigue trabajando. Y este machismo también está representado en el personaje de Richard Strickland (Michael Shannon), el científico que está dispuesto a llegar a cualquier extremo con tal de ganar porque no está acostumbrado a perder. Todo esto está presente pero queda en un segundo plano, dominado por la fortaleza y entereza de los personajes femeninos.

Del Toro no ha querido crear una película muy profunda. No quería castigar las barbaridades de la Guerra Fría ni criticar la época.  Lo que ha hecho, en su lugar, ha sido crear un cuento más adulto y oscuro pero también más fantástico. Un romance atípico pero que es capaz de enamorar al espectador. Y no solo lo ha conseguido con estética, también con la ayuda de una banda sonora creada por Alexandre Desplat que acompaña todo a la perfección.

 

Quizá, lo que queda más fuera de lugar en toda la cinta es la trama de la Guerra Fría. Es un buen escenario, pero el uso del anfibio para intentar llevar al hombre al espacio queda como una excusa un poco pobre y poco creíble que rompe un poco la magia creada. La intención podría haber quedado igual recreada si el propósito hubiese sido otro diferente.

En definitiva, La forma del agua es una película muy sensible llena de la magia del amor... Y de agua. Una historia a la que no le hacen falta las palabras para llegar al espectador y con la que, sin duda, saldrás sonriendo del cine. Porque es especial y es diferente. La forma del agua se estrena en España el 16 de febrero y promete llevarse varios premios, ¿te la vas a perder?

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María Jesús Navarro

Crecí con Disney y Harry Potter, pero los vampiros me llevaron por el camino de "un capítulo más" hasta que llegué a conocer el apocalipsis zombie. Entre serie y serie, intento estudiar periodismo y comunicación audiovisual con la esperanza de, algún día, emocionar a alguien con alguna buena historia.

About María Jesús Navarro

Crecí con Disney y Harry Potter, pero los vampiros me llevaron por el camino de "un capítulo más" hasta que llegué a conocer el apocalipsis zombie. Entre serie y serie, intento estudiar periodismo y comunicación audiovisual con la esperanza de, algún día, emocionar a alguien con alguna buena historia.