La extinción de Jimmy McGill

Tercera Temporada

Tercera Temporada

Series: Better Call Saul

4.5 Stars

Summary

En esta tercera temporada la lucha fraticida entre los hermanos McGill llega a su fin. Durante el proceso, Jimmy McGill irá deshumanizándose poco a poco convirtiéndose en Saul Goodman.

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A nadie se le escapa que conforme avanza en temporadas Better Call Saul más cerca queda la absoluta conversión de James McGill en Saul Goodman. Siempre hemos sabido que Saul andaba peligrosamente sobre la fina línea que separa el bien del mal y lo aceptamos porque así se nos presentó al personaje pero duele ver cómo Jimmy McGill termina siendo fagocitado por ese personaje de moral más que discutible aunque entrañable.

Jimmy McGill nunca ha ocultado su lado oscuro. En un mundo tan gris en el que nos empeñamos que la justicia sea blanca o negra, el bueno de Jimmy no duda en acudir al engaño y la treta para conseguir lo que la justicia, de otro modo, denegaría. Son pequeños detalles sin importancia como cambiar un número en un escrito que le obligan a cruzar la fina línea de la legalidad sin dudarlo ni un segundo con tal de que la justicia deje de estar tan ciega. Siempre se ha dicho que los juicios se ganan haciendo que la balanza se incline a favor de uno y Jimmy McGill nunca ha ocultado su desdén por la norma si eso hace que se incline un poco más a su favor. Todo sea por evitar la frustración de una injusticia disfrazada de injusticia.

Tal vez por eso el papel de su hermano en toda esta historia sea tan importante. El bueno de Charles McGill es toda una eminencia en el mundo del Derecho. Siempre se ha jactado de andar bien derecho, cumpliendo a rajatabla la norma impuesta y utilizando las lagunas legales y los subterfugios que la ley le dejaba para defender sus intereses y los de su cliente. Si alguien debía ser la brújula moral de Jimmy nadie mejor que Chuck. Sin embargo, con el transcurso del tiempo el paladín de plata tiene cada vez menos de héroe y se ha retratado como un digno villano que no duda en poner la zancadilla al héroe pícaro de nuestra historia.

Ya en la temporada pasada podíamos intuir el desastre. Era cuestión de tiempo que la relación de los hermanos McGill saltase por los aires y terminase convirtiéndose en toda una guerra fraticida en la que solo uno podía quedar en pie. La vieja historia bíblica de Caín y Abel vuelve a repetirse una vez más. Sin embargo, resulta muy difícil determinar quién es quién. Si algo hemos tenido esta temporada es la cruenta lucha de dos hermanos que compiten en cinismo, mala leche y, por qué no decirlo, malsana hijoputez. Todo vale con tal de vencer al otro. Por eso el inicio del último episodio de esta temporada es tan duro y cuesta tanto de digerir. Resulta difícil creer que la historia de dos hermanos que se cuidaban el uno al otro, donde nos queda grabada la imagen del mayor reconfortando al pequeño, ahuyentando los fantasmas de la infancia y prometiendo que todo saldría bien mientras estuvieran juntos, pueda terminar de forma tan amarga, entre odios y reproches.

Toda la temporada se ha construido en torno a su última escena. Cuando creíamos que nada más podría pasar vemos a Chuck en su peor momento. Desacreditado por su propio hermano, tachado de loco y ovacionado como una vieja gloria en una hábil maniobra de Howard que ante el descrédito de su caballo ganador decide “invitarle” a dejar la firma para que descanse como recompensa a sus duros años de trabajo. No se le escapa a nadie que el gran perdedor de la temporada ha sido Chuck. La tercera temporada ha sido la degradación del héroe de la justicia. Le hemos visto deteriorarse ahogado en su propia locura, cavando su propia tumba en una vista contra Jimmy donde se creía victorioso desde un principio. ¡Ay, qué peligroso es el ego! Porque si de algo ha pecado Charles McGill es de soberbia, siempre creyéndose más listo que Jimmy. Despreciando a su hermano porque con pequeñas tretas no podría conseguir lo que la razón y la verdadera astucia logran. Qué duro resulta verle derrotado por las tretas del callejero Jimmy que logra tumbar a su propio Goliat. Y, lo que es peor, todo eso ocurre justo después de una supuesta recuperación, cuando Chuck sentía que poco a poco, por fin, estaba haciendo frente a su locura. Tal vez por eso el golpe resulta más duro.

Al final, la soberbia de Chuck termina con un saldo negativo. Las cuentas no salen. Lo que empezó siendo una apuesta segura de deshacerse de su hermano para siempre, de arrebatarle esas ínfulas de abogado que se gasta, termina saldándose con la pérdida definitiva de su amada esposa, su hermano, su trabajo, su reputación y, lo que es peor, su locura. Nada refleja mejor esta situación que la destrucción de su hogar. Una metáfora perfecta de la autodestrucción de Chuck que ha terminado por fulminar a base de golpes su propia vida.

Chuck es el villano. La serpiente sibilina que se arrastra dando un palo tras otro al bueno de Jimmy, al que hemos visto regresar apaleado una y otra vez al lado de su hermano preocupado por su salud y ansiando que por una vez su admirado hermano mayor baje la vista y le reconozca como un igual. Hemos sufrido viendo como esta relación tóxica entre hermanos devoraba a Jimmy desde dentro. Hemos odiado a Chuck, de ahí la genialidad de esa última escena que cierra una temporada que lentamente ha ido cocinando el fin de Charles McGill. Que un ser tan odioso termine dándonos lástima es una gran jugada de los guionistas pero que encima veamos cómo patada a patada, golpe a golpe, ese final está cada vez más cerca y que nos haga desear que pase cualquier cosa que frene el inevitable desastre es pura maestría.

He de reconocer que no lo vi venir. Pensé que Chuck estaría acabado, sí, pero que terminaría levantándose como ya ha hecho otras veces. Su odio hacia Jimmy es demasiado fuerte. Sólo así se explica que no dude en soltarle un frío “Nunca me has importado” cuando Jimmy, consciente de lo que ha hecho, trata de arreglar las cosas con su hermano. Jamás pensé que terminara quitándose la vida y menos de la forma en que lo hizo. Al final, Chuck ha sido una víctima más de sí mismo y de las maniobras de truhán de Jimmy.

Pero no nos engañemos. Su muerte no es solo la caída del gigante y lo que vendría a coronar la victoria de Jimmy. La muerte es su gran jugada. Si algo ha sabido explotar Chuck a lo largo de los años es el sentimiento de culpabilidad de Jimmy y si de algo no me cabe duda es que la muerte de Chuck pesará y mucho en la conciencia de Jimmy.

La muerte de Chuck solo puede suponer una cosa. El esperado punto de inflexión de Jimmy. Cuando comenzamos a ver la serie ya sabíamos a lo que veníamos. El honesto y bonachón sin suerte de James McGill terminaría convertido en el caricaturesco y falto de moral Saul Goodman. Hemos podido ir viendo pequeños atisbos de la persona en la que se convertirá pero siempre por una buena causa. Sus jugadas mentirosas y propias de la calle enmascaraban un verdadero espíritu de bondad, quizá el peor defecto de Jimmy. La muerte de Chuck puede ser el catalizador que precipite la extinción definitiva de Jimmy McGill. Sin Chuck a Jimmy solo le queda la fiel Kim Wexler pero después de haber probado la amargura de la victoria habiéndose valido de subterfugios parece decidida a dar un cambio a su vida y muy probablemente lo suyo con Jimmy acabe en desastre. Es inevitable.

Pero en esta temporada no solo hemos asistido a la degradación de los personajes de Jimmy y de Chuck. La serie se ha permitido echar la vista atrás y traernos a Gus Fring, llenando las lagunas que los seguidores de Breaking Bad teníamos sobre cómo había logrado convertirse en el peligroso y poderoso líder de una organización narcotraficante. Además, hemos podido saber cuáles fueron las causas que provocaron la enfermedad del líder del clan Salamanca y hasta dónde se remonta el odio visceral de Héctor Salamanca y Gus Fring. Es curioso sentir nostalgia pero es inevitable si se piensa que, a partir de ahora, con la inminente llegada de Heisenberg, una a una van a ir cayendo todas las piezas de este entramado.

Si algo ha empañado esta temporada es la historia de Mike. No porque no esté a la altura de la serie o del personaje. De hecho su trama por sí sola funciona a la perfección. Y es ahí donde radica el problema. Su desconexión con la historia de Saul Goodman es tal que parece más un punto y aparte en esta historia que un punto y seguido. Como si su historia fuese un spin-off dentro de otro spin-off. Aquellas historias compartidas entre Mike y Jimmy son cosa del pasado. A juzgar por lo que hemos visto, los caminos de estos personajes parecen condenados a no encontrarse hasta que Walter White acuda a Saul Goodman. Su historia está muy bien hilada con la de Nacho Varga y esta temporada nos ha dejado momentos muy típicos de Mike que retratan a la perfección al personaje: como ese duelo al sol del desierto con Gus Fring y los camiones de los Pollos Hermanos o las zapatillas con droga. Sin embargo, persiste la sensación de que, por momentos, estábamos en dos series diferentes: por un lado la de Mike y por otro la de las aventuras y desventuras de Jimmy.

Ahora que nos hemos despedido del drama entre los hermanos, tendremos que aguzar la vista en la relación entre Jimmy y Kim. Es el único pilar que le queda a Jimmy ahora que Chuck ha desaparecido para siempre de escena. Pero esta extraña relación tiene pinta de terminarse dentro de muy poco. La deshumanización de Jimmy continúa. Las jugadas propias de Saul están cada vez más presentes: ese comentario que se le “escapa” en la aseguradora cuando va a negociar su seguro de responsabilidad civil donde señala la fragilidad mental de su hermano, las tretas utilizadas contra la pobre Irene para dejarla sola en la Residencia de Ancianos y que sus amigas presionen para aceptar de una vez por todas el acuerdo con Sandpiper y poder cobrar su comisión, o la jugada de la batería del móvil en el bolsillo de Chuck para ganar la vista en el Colegio de Abogados. Todo esto supone un conflicto para la buena de Kim que poco a poco la vemos ser más y más consciente de que las acciones de Jimmy producen daños colaterales. Como cómplice por acción u omisión su conciencia empieza a martillearle y es cuestión de tiempo que se niegue a seguirle el juego a Jimmy. El problema es que cuando quiera pararle los pies a Jimmy probablemente se encontrará frente a Saul Goodman.

“Al final vas a dañar a todo el mundo que tienes a tu alrededor; no puedes evitarlo. Así que deja de pedir perdón por ello y asúmelo”. Es una de las últimas acusaciones que la lengua maliciosa de Chuck lanza contra su hermano. Y si bien probablemente describa al Saul del futuro, el Jimmy McGill del presente aún puede evitar el daño y su conciencia y corazoncito le impiden asumir que esté condenado a ser un maldito destructor. Habrá que ver cómo afectará exactamente la muerte de Chuck en todo este proceso de deshumanización de Jimmy.

La evolución llama a la puerta y se llama Saul Goodman.

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Marta Ramirez

Estudiante de Derecho de día y seriéfila de noche. Un día colgué la bata y el fonendo para probar la segunda carrera que más veces se ha retratado en TV. Aspirante a ser la nueva Ally McBeal

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