How to get away with murder 4×15: Nobody Else is Dying

La season finale de How to get away with murder no ha defraudado. Y nuevamente lo ha hecho con un episodio en el que las sorpresas no han hecho más que sucederse, empezando porque el título del mismo ha sido completamente sincero y esta vez nadie ha muerto.

Al menos, nadie que quisiéramos que muriera, porque lo cierto es que la muerte del fiscal Denver no ha sido precisamente trágica. Debe ser que ya estamos tan enganchados a Keating y su forma de ver la vida que ya no nos afecta tanto la muerte de una persona siempre y cuando esa muerte nos beneficie. Y está claro que la de Denver es de esas muertes que son recibidas con alivio pues, como dice el refrán, muerto el perro se acabó la rabia.

Porque ha sido precisamente la muerte de Denver la que ha permitido terminar de cerrar el círculo en torno a Jorge Castillo y atraparle con todo el lote completo. Así, han conseguido que el FBI le detenga por financiación ilegal, por corrupción y, como guinda del pastel, por el asesinato del propio fiscal Denver. Una completa lista que ha conseguido que acabe en la cárcel, donde probablemente se pase una buena temporada.

Pero una vez tratado el final “oficial” de la temporada, ese en el que por fin hemos visto cómo el malo pagaba por sus crímenes y los demás celebraban la victoria con Christopher reuniéndose con su madre, toca hablar de todo lo demás que ha pasado en este episodio final.

Y como es tantísimo lo que ha ocurrido, y encima con un episodio que sólo podría definir como redondo en tanto que ese discurso final de Annalise ha servido como cierre perfecto al camino recorrido por todos en esta temporada, creo que mejor voy a centrarme en cada personaje por separado.

Comencemos por, por así decirlo, la que menos sorpresas ha deparado: Tegan. El nuevo personaje femenino que hemos descubierto esta temporada y que fue verlo y enamorarnos de ella. Incluso si al principio caía un poco mal por el hecho de que iba a complicarle las cosas a Annalise y sus chicos, había que reconocer que era una mujer de carácter y fuerte, y sobre todo con principios, por lo que en el fondo era imposible odiarla.

Y precisamente por esos principios, cuando Annalise se ha presentado en su despacho solicitándole ayuda, por mucho que al principio viéramos que la respuesta era no, estaba claro que al final sería ella la que daría el golpe final a Jorge Castillo. Así que sinceramente espero volver a verla en el futuro, pues una abogada que por mucho que quiera triunfar no está dispuesta a cruzar ciertas líneas rojas, supone un enfrentamiento asegurado con otros abogados para los que eso de cruzar líneas rojas es lo normal de cada día.

Por ejemplo, Michaela Pratt. Desde hace varias temporadas ella era la que ocupaba el primer puesto dentro de los posibles sucesores de Annalise. Una chica que había tenido que luchar para conseguir llegar hasta donde estaba, que sabía lo que era sufrir y que la despreciaran por ser quien era, y que estaba dispuesta a todo para triunfar.

Así, han sido muchas las ocasiones en que la hemos visto comportarse como ese mafioso que te está amenazando de muerte, siempre con una sonrisa en los labios, por lo que ese momento en el que le ha dicho a Simon que no sería buena idea que le contara a la policía la verdad, en cierto modo no tendría que haber impactado tanto. Pero cuando eso ocurre al mismo tiempo que el resto de personajes está intentando ser buenas personas, como que choca aún más.

Por ello se entienden las caras de absoluto terror que han puesto todos, incluida su mentora Annalise, cuando ha soltado eso deya me he encargado de Simon” que ha sonado justo como lo que era: la palabra final de una Reina que en todo momento está controlando la partida y que no se va a detener ante nada. Y tal vez sea porque ahora no tiene a un Rey que le sirve como contrapunto y le impide hacer barbaridades, pero el caso es que Michaela acaba de adentrarse en un camino que da miedo saber dónde va a llevarle. Y, lo que es peor, dónde va a arrastrar al resto de sus compañeros.

Porque ahora mismo Michaela Pratt es la nueva Annalise. Esto es, una mujer que conoce todos los secretos de las personas que la rodean, tanto los buenos como los malos, por lo que no dudará en aprovecharse de ellos para conseguir lo que quiera, tanto si eso es bueno como malo.

Como consecuencia, se puede decir que ahora Annalise Keating ha pasado a un segundo plano. Y en ese sentido la escena final en la que la vemos acunando al pequeño Christopher mientras le canta la canción que le cantaba su madre de pequeña, simboliza perfectamente el cambio producido en esta mujer. Una mujer que ha conseguido lo imposible. Porque no sólo ha conseguido que el Tribunal Supremo le dé la razón en su demanda colectiva, lo que ayudará a toda esa gente que tuvo un juicio injusto, sino que además lo ha conseguido siendo una mujer que en el pasado fue acusada de asesinato y fue despedida de su trabajo, además de tocar fondo con el alcoholismo. Es decir, Annalise es el ejemplo perfecto de que todo el mundo puede empezar de cero si le dan una segunda oportunidad.

Frank Delfino es el otro gran ejemplo de esa máxima. Y esta vez, y gracias a dios, parece que lo va a conseguir. Porque no hay que olvidar que Frank ya pasó por su propio infierno personal cuando se rapó el pelo y se quitó la barba y se dedicó a “impartir justicia” a su modo para que Annalise le perdonara… hasta que cuando parecía que por fin se había redimido lo primero que hizo fue partirle el cuello a Dominic.

Así que cuando le hemos visto siendo esa pareja y padre adorable, ese hombro en el que apoyarse que tanto Laurel como el pequeño Christopher necesitaban, juro que lo único en lo que podía pensar era “por favor, que no seas tú quien se ha “encargado” de la madre de Laurel”. Y es verdad que en el caso de Frank resulta especialmente complicado creer en eso de las segundas oportunidades, pues la lista de crímenes que ha cometido es bastante larga. Pero cuando le ves todo emocionado inscribiéndose en la universidad, convencido de que esta vez sí podrá ser ese gran hombre que sabe que es, como que haces la vista gorda con su pasado todo lo que haga falta, con tal de verle feliz de una santa vez.

Le toca el turno a los Colliver. Le tomo la palabra a Asher, quien ya se refiere a ellos como una entidad indivisible, para centrarme en esta pareja cuya relación está más fuerte que nunca. Y les ha venido muy bien, pues los últimos días han sido una auténtica montaña rusa de emociones. Por un lado Connor es feliz por ver que todo el esfuerzo realizado con la demanda colectiva ha tenido sus frutos, y por otro lado ha tenido que soltar ese gran secreto que mantenía oculto, siempre empeñado en no compartir sus problemas. Así, al reconocer que no dejó la carrera de derecho sino que suspendió, además de ilusionarse con la victoria ante el Tribunal Supremo y recibir el apoyo de todos sus compañeros, ha hecho que vuelva a emocionarse con el derecho, lo que es una maravillosa noticia.

Y por otro lado tenemos a Oliver. El más bueno del grupo y quien ha acabado pagando los platos rotos. Y es que no es nada justo que la única persona a quien le alegró saber que Simon estaba vivo, y el único a quien le pareció horrible que se planteara siquiera la opción de matarle o deportarle, al final haya sido quien ha sufrido su ira. Y aunque es normal que Simon le odie, pues desde su punto de vista Oliver fue quien le engañó, haciéndole creer que sentía algo por él cuando acababa de despertar del coma, para Oliver eso era lo menos malo que podían hacerle, además de ser algo que le dolió en el alma. Por tanto, no es justo verle sufrir ahora porque Simon le odie tanto, cuando él ha sido el único que se ha preocupado realmente por él como ser humano, y no como uno de esos cabos sueltos que había que tener bien atados.

Con respecto a Bonnie Winterbottom, la que la semana pasada todo apuntaba a que era la nueva víctima, pues parece que es la que más ha ganado con este final de temporada. No sólo ha conseguido deshacerse de la persona que la quería ver muerta (¡y encima ella no se ha tenido que manchar las manos de sangre! Todo un avance en su caso), sino que además parece que se avecinan buenos tiempos desde el punto de vista sentimental…

Claro que fijarse en un hombre que también trabaja en el departamento de la fiscalía, y al que por tanto no le costaría mucho encontrar sus trapos sucios (y que sabe que tiene unos cuantos), pues fijo que al final se volverá a su contra. Y aunque el expediente que recopilaba todos esos trapos sucios ahora está en poder de Nate, fijo que no tardarán en salir a la luz.

Y hablando de eso ¿alguien se creyó realmente que los había destruido? ¿Y con respecto a que Nate es el único del que no había informe secreto en la caja fuerte de Denver?… Seguro.

Y llegamos así a los dos peces gordos del episodio. Esos que han sido la sorpresa de las sorpresas, aunque por motivos completamente distintos. Por un lado tenemos a la gran protagonista de la temporada, Laurel Castillo. Un personaje del que hemos aprendido muchísimo en estos 15 episodios, pero que es sólo la punta del iceberg.

Lo que está claro, sin género de dudas, es que Laurel creció en la familia más disfuncional que podría haberle tocado, lo que es normal que le acabe afectando. Porque con un padre que secuestró a su nieto y al que amenazó para conseguir el dichoso disco duro robado en Gold and Caplan, pero que luego se atreve a decir que le quiere muchísimo y que sólo quiere proteger a su familia; y con una madre que en teoría tendría que odiar a su ex marido (aunque en ningún momento se llaman ex), pero al que sigue llamando para que solucione los problemas “a su modo”, eso no es nada normal.

Y si a eso le añadimos el problema de la enfermedad de la madre de Laurel, cuya posible herencia genética fue lo que arguyó Jorge Castillo en primer momento para quedarse con la custodia de Christopher, pues para de contar.

Así ha ocurrido lo que en cierto modo se veía venir. Y cuando todos ya han dado por hecho que Laurel es incapaz de hacerle daño a nadie (para Annalise ya no hay dudas, mientras que Frank ha tenido que preguntárselo, aunque en su caso le puede el amor que siente por ella) nos encontramos con el hecho de que, tal vez, sí que es capaz de hacerlo. Y lo que es peor, que el trastorno bipolar que tenía su madre en su caso la lleva a hacer cosas de las que luego no es consciente, como por ejemplo matar a su propia madre.

Claro que hasta que no aparezca el cuerpo de Sandrine no se podrá afirmar cien por cien que Laurel mató a su no tan querida madre.

Y por último tenemos esa gran sorpresa que ha sido descubrir que, efectivamente, en este episodio no muere nadie del grupo, y que además llega un nuevo integrante: Gabriel Maddox.

Y teniendo en cuenta que es un chico al que no hemos visto ni medio minuto y del que sólo sabemos su nombre, pero que ya ha abierto la puerta a miles de posibles teorías, está claro que este chico va a revolucionar las cosas. Porque si sólo hubiera sido verle pasearse por la universidad, podríamos haber sospechado que en la Universidad de Middleton sus alumnos deben pasar por un filtro para que sólo entren los más guapos. Pero no, Gabriel ha sido presentado con una frase “el hijo de ella está aquí”, que además ha sido dicha por Frank a no se sabe quién, lo que hace que las teorías aumenten.

¿Es el hijo de Bonnie, que Nate acaba de descubrir que tal vez siga vivo? ¿Es tal vez el hijo de Annalise, a quien engañaron haciéndola creer que murió cuando en realidad le enseñaron el cadáver de otro bebé? ¿Un posible hermano de Wes? ¿El hijo de otra mujer a la que todavía no conocemos pero que entronca con el pasado oscuro de Frank?

Todo es posible. Lo que está claro es que, como dice Frank, los buenos tiempos, y que han durado algo así como día y medio, se han acabado.

The following two tabs change content below.

Barbara Cruz

Periodista y escritora a tiempo completo. En los ratos libres veo de todo y leo cualquier cosa que caiga en mis manos. Nunca se sabe cuál será mi nueva obsesión.

About Barbara Cruz

Periodista y escritora a tiempo completo. En los ratos libres veo de todo y leo cualquier cosa que caiga en mis manos. Nunca se sabe cuál será mi nueva obsesión.