How to Get Away With Murder 3×14 – 3×15: He Made a terrible Mistake – Wes

How to Get Away With Murder 3x14 – 3x15: He Made a terrible Mistake - Wes

How to Get Away With Murder 3x14 – 3x15: He Made a terrible Mistake - Wes

Series: How to Get Away With Murder

5 Stars

Summary

Tras 15 episodios de dudas e incertidumbres, por fin descubrimos quién mató a Wes Gibbins.

Coder Credit

Como ya viene siendo habitual con cada final de temporada en Cómo defender a un asesino, se requiere un tiempo bastante largo desde que uno termina de ver los dos capítulos hasta que termina de aclararse las ideas y llega la hora de escribir qué es lo que le ha parecido ese final: si al final las teorías que había pensado eran las correctas (generalmente no es así, lo que sigue demostrando que Chris Nowalk, principal guionista y creador de la serie, es un genio a la hora de engañarnos) y si está conforme con las respuestas a todas las incógnitas que se habían ido formando a lo largo de toda la temporada. 

Y en parte ha sido así ya que, aunque haya sido en el último minuto del último episodio, tras hora y media de tensión y nervios porque seguíamos sin saber quién mató, cómo y por qué a Wes Gibbins, por fin hemos tenido la tan ansiada respuesta.

Y tengo que admitir que esa respuesta, aparte de la evidente sorpresa por descubrir que al final los Mahoney no tenía nada que ver (aunque sobre esto haré un apunte final), lo que sobre todo me ha causado es una profunda tristeza. Más incluso que el momento en que se desveló el cuerpo de Wes bajo la sábana, quedó claro que ya no volveríamos a verle (al menos en el presente), y que encima Wes se marchaba de este mundo dejando a una Laurel embarazada sin saberlo y con un millón de preguntar sin responder.

Y eso es lo más triste de todo. Que esta vez todos han conseguido librarse de la cárcel cuando más cerca han estado por culpa de un fiscal Denver obsesionado por acabar con Annalise, pero que ellos siguen sin saber el cómo, por qué o quién mató a Wes Gibbins.

Y nosotros, por primera vez desde que comenzó esta serie, somos los únicos que lo sabemos. Somos los únicos que hemos presenciado ese momento terrible en que Wes moría a manos de un desconocido que no teníamos ni la más remota idea de quién era, que estábamos convencidos que era un sicario de Charles Mahoney para borrar las pruebas que relacionaban a Wes con una violación del pasado, y que al final sí resultaba ser un sicario, pero de otro hombre tan o más peligroso que Mahoney: el señor Castillo, padre de Laurel.

Y después de hora y media en la que literalmente nos han estado mareando, presentándonos pruebas que sólo servían para confirmar que el asesino no era quien creíamos que era: primero Connor, por supuesto y luego Sylvia Mahoney, lo que nos dejaba con la tensión por las nubes porque “necesitábamos” que apareciera ese reloj que marcara el momento entre las 8:22 (cuando Wes llegó a la casa de Annalise y encontró a Nate) y las 9:06 (cuando Connor encontró a Wes, ya muerto en el sótano), cuando POR FIN hemos visto de una maldita vez quién mató a Wes… ha sido devastador. En todos los sentidos.

Porque no sólo ha servido para recordarnos que jamás acertaremos a la hora de descubrir quién es el asesino de cada temporada, sino también porque, al comprender la verdad, han ido cayendo todas las piezas que se habían ido poniendo sobre la mesa para hacernos ver que la situación era incluso más trágica de lo que habíamos imaginado.

Porque no sólo es horrible que Wes haya muerto dejando a una Laurel destrozada porque ha perdido al hombre al que quería, o a una Annalise igualmente echa polvo porque ha perdido a su hijo (brutal ese momento de Connor gritándole que “todos” sus hijos han muerto, o el discurso final de Annalise despidiéndose de su hijo en la reunión de alcohólicos anónimos). También es horrible que Wes haya muerto sin saber por qué iba a morir; que haya muerto sin saber que su padre no era Wallace Mahoney, sino Charles; que haya muerto sin saber que fue Bonnie quien mató a Rebbeca; que haya muerto sin saber que Annalise realmente le quería y que ha tenido que hacer algo tan horrible como llamarle monstruo para salvar el resto. Y, finalmente, que haya muerto sin llegar a saber quién, cómo o por qué mató a Wallace Mahoney.

Y es cierto que esa duda sigue sin haberse respondido. La que se suponía que iba a ser la incógnita de esta temporada: quién mató al “padre” de Wes y que comenzó con todos los dedos señalando a Frank Delfino, al final ha pasado a ser lo menos importante… Y lo que lo vuelve aún más triste todo es pensar que ahora que Wes ha muerto y que con su muerte ha conseguido que Annalise y sus chicos se libren por fin de todos esos cabos sueltos que les ataban (la muerte de Sam y la muerte de Rebecca), tal vez nunca lleguemos a saberlo. Porque Wes era el principal interesado en saber quién mató a Wallace y a Rebecca. Y ahora que Wes no está…

No deja de ser lo mismo que pasó con la muerte de Lyla y que inició todo lo demás: son muy pocos los que saben que fue realmente Frank quien mató a Lyla, ya que para el resto del mundo su asesino fue un conveniente cadáver llamado Sam Keating. Es lógico, por tanto, que la historia vuelva a repetirse cuando esa no deja de ser la solución más sencilla.

Pero el caso es que terminar la temporada con esa sensación de que parte de las dudas que atormentaban a Wes nunca llegarán a desvelarse, o que ahora mismo nadie del círculo cercano de Wes sabe por qué murió realmente, deja un vacío incluso más grande que el que se pudo sentir al final de la midseason, cuando supimos que el muerto era Wes.

Y sí. Está claro que en la próxima temporada al menos habrá alguien interesado en descubrir quién mató a Wes. Pero que esa persona sea Laurel Castillo, y que cuando descubra la verdad será incluso peor que cuando no la sabía…

En serio. Es sorprendente el giro tan asombroso que han conseguido darle a la serie. Un giro de 180 grados tanto en forma como en contenido. En forma por medio de ese relojito que tanto habíamos llegado a odiar en temporadas anteriores porque sabíamos que se estaba utilizando con el único objetivo de engañarnos pero que, ¡oh, sorpresa! esta vez apenas ha aparecido. Sólo lo ha hecho durante cinco minutos que han servido para dejarnos acongojados al descubrir el motivo por el que Connor había estado tan raro desde el principio, y para darnos con el primer canto en los dientes al descubrir que la fiscal Atwood no era la que estaba detrás de todo, sino el fiscal Denver.

Porque Denver era ese personaje que en ocasiones había llegado a pasar sin pena ni gloria y al que incluso mirábamos con pena (al menos, yo reconozco que sí lo hice) pensando que no era rival para Annalise, pero que al final ha sido un hombre capaz de hacer cualquier cosa para meter en la cárcel a Annalise: por ejemplo, secuestrar a Connor.

Pero pasado ese instante de tensión con Connor, el reloj de la cuenta atrás ya no ha aparecido. Porque llegado a ese punto en el que por fin descubrían quién estaba detrás de la conspiración que se había montado en torno a Annalise, lo importante ya no era acusar al asesino de Wes (Laurel con Mahoney como sospechoso y Annalise con el fiscal Denver), sino salvar sus propios traseros.

Y la solución a la que han llegado, una vez más, ha sido la más lógica de todas y al mismo tiempo la más triste: acusar a Wes de todas las muertes por las que tanto Frank como Annalise habían sido incriminados y decir que se acabó suicidando por el sentimiento de culpa, para que así pudieran salir de la cárcel y se archivaran sus casos para siempre.

Y por mucho que le duela a Laurel ver que un buen hombre que ha muerto va a cargar con todos sus pecados (aunque es cierto que Wes sí fue quien mató a Sam), esa no deja de ser la solución que un buen abogado habría hecho desde el principio. Porque como ya había dicho Annalise en una de sus primeras clases, un buen abogado no es el que cuenta la verdad para salvar a su cliente, sino quien utiliza todo lo que tiene a su alcance para que la ley no pueda demostrar que es culpable. Y en ese sentido un cadáver siempre será la mejor opción, porque los cadáveres no hablan y no suben al estrado a declarar.

Claro que una cosa es aceptar que hacer algo así, por muy ruin que sea, es la mejor opción para poder salvarse todos… y otra muy distinta es ver que eso ocurre en el mismo instante en que nosotros los espectadores, y sólo nosotros, estamos viendo morir a Wes y sabemos que su muerte no tuvo nada que ver con los Mahoney, sino con un padre celoso que no quería que su hija se relacionara con alguien como él.

Entonces sólo puedes pensar que da exactamente lo mismo que hayan podido liberar a Connor de las zarpas de Denver o que Frank haya podido salir de la cárcel e incluso haya habido un acercamiento por su parte con Annalise después de tanto tiempo… Porque nada de eso importa si resulta que los verdaderos culpables (el artífice y quién dio la orden del asesinato) no sólo están libres sino que además tienen la desfachatez de hablar con una de las personas que más ha sufrido con la muerte de Wes.

Y eso es justo lo que ha ocurrido en ese momento final en el que por fin teníamos las respuestas que llevábamos hora y media esperando: Quién mató a Wes: Dominick. Cómo le mató: ahogándole tras haberle drogado y antes de hacer estallar la casa. Por qué le mató: por orden del padre de Laurel.

Y lo dicho. Llegado a ese punto no queda claro qué es lo que más duele: saber que Dominick está abrazando a la mujer a la que ha convertido en una madre soltera (si al final decide tener el bebé, claro) sin que Laurel lo sepa, o que habrá un momento en que Laurel descubra que ha abrazado al asesino del padre de su hijo.

Y es así como han conseguido, en apenas hora y media, que las ganas que tengamos por que vuelva “Cómo defender a un asesino” sean por otras completamente distintas. Porque si hasta ahora cada final de temporada terminaba con una pregunta en el aire: ¿Quién mató a Rebecca o quién mató a Wallace Mahoney? Ahora ni siquiera hay una pregunta, porque ya sabemos quién le mató. Nosotros somos los únicos que lo sabemos.

Pero, curiosamente, aunque por primera vez desde que comenzó la serie el espectador es quien parte con ventaja, ello no hace que la perspectiva ante la nueva temporada sea más tranquilizadora porque, “hey, ya sé el gran secreto”. Todo lo contrario: precisamente porque sabemos quién mató a Wes, cada mísero capítulo va a ser una completa agonía hasta que llegue ese devastador momento en que el resto lo sepa… Y madre mía cuando lo sepan…

Eso sí, esto no sería “Cómo defender a un asesino” si no mantuvieran algunos de sus principios, como es dejar unas cuantas dudas abiertas en el aire. Y aparte del hecho de que tal vez en la próxima temporada por fin sabremos quién mató a Wallace Mahoney (no sé si es que ya se ha dado por hecho que fue Frank, porque yo nunca me lo he creído), también quedan por saberse los motivos exactos por los que el padre de Laurel quiso deshacerse de Wes… En fin, a lo mejor soy yo quien quiere verle tres pies al gato, pero aquí las sorpresas nunca han venidos solas, por lo que tal vez haya mucho más que un padre al que no le gustaba el novio de su hija.

Y llego así a ese detalle que comentaba al inicio de este análisis (pido una vez más perdón por lo increíblemente largos que son mis análisis de final de temporada). Me refiero en concreto al hecho de que, aunque efectivamente no fue Charles Mahoney quien mató a Wes… ¿no ha resultado muy llamativo el hecho de que Dominick se acercara a Laurel JUSTO cuando ella iba a disparar a Charles, convencida de que él mató a Wes?

Sí, puede ser causalidad pero… Uno: esto es Cómo defender a un asesino y aquí las casualidades no existen (salvo cuando se trata de Connor estando en el despacho de Denver justo cuando Asher decide llamar al número desconocido, eso sí). Y dos: Dominick no deja de ser un sicario. Y los sicarios suelen trabajar para cualquiera que les pague lo suficiente. Y ahí tanto el padre de Laurel como el padre de Wes tienen mucho dinero… Y los hombres que tienen mucho dinero, lo normal es que se conozcan entre ellos. Y… ¿tal vez el padre de Laurel no era el único interesado en deshacerse de Wes?

Lo sé. Estoy desvariando demasiado, pero es que me resulta muy difícil creer que al final los Mahoney no tuvieran nada que ver con la muerte de Wes con todo el historial de crímenes que llevaban arrastrando.

Así que, tal vez, aquí hay mucho más de lo que parece a simple vista…

Pero, como siempre, eso lo descubriremos la próxima temporada, que se las promete de lo más intensa.

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Barbara Cruz

Periodista y escritora a tiempo completo. En los ratos libres veo de todo y leo cualquier cosa que caiga en mis manos. Nunca se sabe cuál será mi nueva obsesión.

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