How to get away with murder 3×02: There are worse things than murder

How to get away with murder 3x02: There are worse things than murder

How to get away with murder 3x02: There are worse things than murder

Series: How to get away with murder

4 Stars

Summary

Connor Walsh es el encargado de representar al nuevo cliente asignado al curso de Annalise Keating, y no se trata de un caso fácil: el de una mujer que lleva casi toda su vida en prisión por matar a un marido que la maltrató durante años. Un caso que llega en un momento especialmente complicado para Connor, tras la reciente ruptura con Oliver.

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Connor Walsh ha sido el protagonista indiscutible de este episodio, tanto dentro como fuera de los juzgados. Unos juzgados que no han sido tan glamurosos como en ocasiones anteriores por eso de que es el juzgado de una cárcel donde se va a decidir si se le concede la libertad condicional a una asesina, pero que sirve perfectamente para mostrar esa cara del mundo de la abogacía que hasta ahora no habíamos tenido ocasión de ver en la serie. Esto es, la de los abogados que defienden a sus clientes no por el dinero o por el simple deseo de ganar, sino porque realmente sus clientes merecen ser defendidos y salir de la cárcel. Y además, lo hacen con algo que casi parecía una utopía en el mundo de Annalise y sus chicos: contar la verdad.

Va a ser verdad que las cosas realmente han cambiado.

Lo malo es que han cambiado bastante dentro de los juzgados, pero no tanto fuera de ellos. O al menos, no han cambiado tan rápido como uno cabría esperar. Porque no sé vosotros pero cuando he visto a Connor y Oliver llevando una rutina prácticamente igual a la mantenida cuando eran pareja, me ha parecido un tanto contradictorio: ¿no se supone que lo habían dejado porque Oliver se lo había pedido? ¿Cómo es que siguen viviendo juntos entonces, que es lo peor para intentar avanzar, y encima con una naturalidad y buen ambiente nada lógico dentro de una ruptura?

Que noooo. Que Connor no engañó a Oliver. ¿Por qué nadie le cree al pobre?
Que noooo. Que Connor no engañó a Oliver. ¿Por qué nadie le cree, con esa cara de bueno que tiene?

La respuesta, por supuesto, no ha sido otra que alargar un poco más el sufrimiento de Connor, y de paso el del espectador. ¿Es que no fue suficiente la ruptura de la semana pasada? ¡Por qué nos hacen sufrir de nuevo con ese si realmente quieres hacerme feliz, tienes que dejarme ir! Una frase hecha para clavarse como un puñal y luego echarle sal a la herida.

Lo bueno, porque hay que buscar siempre el lado positivo, es que al menos ya sabemos que Oliver no es el muerto de la casa de Annalise, por lo que podemos respirar tranquilos en ese sentido… Lo malo, porque esto no deja de ser “Cómo defender a un asesino” y en esta serie las malas noticias nunca llegan solas, es que Oliver ya está bien metido en el mundo de Annalise, lo que lógicamente va a ser bien aprovechado por ella; por ejemplo, haciéndole borrar la información de su móvil cuando acaban de detenerla como sospechosa del incendio de su propia casa.

Cuidado Ollie, que te estás acercando demasiado a Annalise...
Cuidado Ollie, que te estás acercando demasiado a Annalise...

Qué duro es ver al inocente Oliver, ese que dos meses atrás se presentaba en la clase de Annalise todo inocente y servicial, adentrándose en la senda de pecados de Annalise.

Pero además de Oliver y Connor y el juicio de un caso trágico y cruel, el episodio de esta semana también ha servido para dar pequeñas pinceladas sobre las relaciones y forma de ser del resto de personajes… Sí, parece mentira después de dos temporadas, pero seguimos sin conocer todos los secretos de nuestros queridos alumnos y ayudantes.

Y parece ser que las próximas novedades serán las relacionadas con Frank Delfino y Laurel Castillo.

Y los muertos siguen acumulándose...
Los muertos se avn acumulando. Primero el padre de Wes, luego el espía de Annalise... ¡y el cádaver que hay bajo la sabana!

Ese momento en el que por fin Annalise explica cómo conoció Sam a Frank no he podido por menos que gritar ¡aleluya! Y es verdad que sólo ha sido una frase, soltada así como si nada, pero POR FIN sabemos cómo tuvo lugar esa confluencia entre tres bombas de relojería a punto de estallar: Frank Delfino y el matrimonio Keating. Y al igual que ocurriera con Bonnie, que resultó ser una paciente del psiquiatra Sam Keating, Frank Delfino también era un paciente del doctor… salvo que en su caso le visitaba en la cárcel.

Tenemos así un acontecimiento aparentemente normal, como es a un psiquiatra visitando a un convicto en la cárcel (falta saber, por supuesto, por qué estaba allí, pero de momento eso puede esperar), pero que servirá como detonante para meter a un hombre peligroso de por si, en el círculo de un matrimonio que no son precisamente unos santos. Y sí, puede que fuera Sam el primero en aprovecharse de las peculiares capacidades de Frank, pero Annalise tampoco le puso pegas cuando le tocó a ella hacer lo mismo.

Que levante la mano quién se muere de curiosidad por ver al padre de Laurel haciendo sus cosas
Que levante la mano quién se muere de curiosidad por ver al padre de Laurel en el trabajo haciendo "sus cosas"

Pero, por si esto no fuera suficiente, tenemos otro detalle traído directamente del pasado de nuestros chicos, y que es de esperar veremos en profundidad la semana próxima: el padre de Laurel.  Es verdad que ya le habíamos visto en una ocasión, cuando se mostró el modo tan alegre en que los chicos y Annalise disfrutaban de las Navidades en familia allá por la primera temporada, pero esta vez todo apunta a que veremos al señor Castillo en un ambiente más profesional… En otras palabras, preparados para alucinar cuando la pequeña Laurel llame a su padre porque Annalise se lo ha pedido para solucionar el asuntillo con Frank Delfino.

Y es que Frank sigue figurando entre la lista de sospechosos de los carteles que circulan por la universidad, acusando a Annalise de asesina, y que han estado a punto de mandar a Annalise de patitas a la calle… Salvo que la Keating es mucha Keating Y abogada, por lo que no ha tardado en amenazar a la junta directiva de la Universidad con acusaciones millonarias que, de momento, parecen haberles dejado tranquilitos.

Los rectores de la Universidad ha sido los mán inocente de todos: ¿Amenazar a Annalise con despedirla? ¡Es que no saben quién es esta mujer!
Los rectores de la Universidad son los mán inocentes: ¿Amenazar con despedir a Annalise? ¡Es que no saben quién es esta mujer!

Pero una cosa es cierta y esa es que Frank Delfino no es ningún santo. O a lo mejor intenta serlo pero el pobre no lo consigue, porque no llevamos ni dos episodios y ya ha matado a un hombre, lo que hace que las cifras de esta temporada ya sean de récord: dos episodios y dos muertos, más el asesinato de un tercero que todavía está sin resolver.

Y hablando de resolver, son muchísimos los nuevos interrogantes que han surgido para que los sumemos a la lista de pendiente que ya teníamos:

Con esa cara de buena, seguro que Meggy esconde unos cuantos cadáveres bajo la alfombra
Con esa cara de buena, seguro que Meggy esconde unos cuantos cadáveres bajo la alfombra

¿Quién demonios es Meggy Travers, la nueva novia de Wes, de dónde ha salido y por qué es tan repelentemente perfecta?

¿A qué están jugando Michaela y Asher, intercambiando sus papeles todo el rato y tan pronto es Asher el salido que hace comentarios poco afortunados sobre Michaela, como es él el enamorado y ella la que le trata como un trozo de carne?

¿Por qué Laurel actúa como la novia desolada que sólo quiere que vuelva Frank pero de pronto se interesa demasiado por todo lo concerniente a Wes?

Y el interrogante más importante de todos:

¿Por qué han puesto una nueva cerradura en la casa de Annalise? ¿Significa eso que van a empezar a cerrar la puerta con llave para que no entre todo el mundo?

Eso sí que sería un auténtico cambio…

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Barbara Cruz

Periodista y escritora a tiempo completo. En los ratos libres veo de todo y leo cualquier cosa que caiga en mis manos. Nunca se sabe cuál será mi nueva obsesión.

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