House of Cards 3×07

House of Cards 3x07

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Series: House of Cards

4 Stars

Summary

Los Underwood se han declarado la guerra tras la salida de tono de Claire ante el presidente de Rusia. Una delicada situación que podría arruinar todo lo que han conseguido hasta ahora.

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La relación entre el matrimonio Underwood no podía haber quedado más en vilo que como lo hizo en el capítulo anterior de House of Cards. Pero para sorpresa de todos nos encontramos con una primera escena donde Claire y Francis están… ¿renovando sus votos matrimoniales? ¿Qué ha pasado en el mes que transcurre entre que vuelven de Rusia, con la guerra ya declarada entre ellos, y un presente donde están renovando su amor?

Si algo se aprende de los Underwood en este capítulo son dos cosas: Uno, los Underwood son únicos para humillar a todo el mundo, incluyendo esa persona a la que en teoría quieren. Y dos, que por muy mezquinos que sean entre ellos, aun con engaños de por medio, en el fondo se quieren más de lo que lo hacen muchos matrimonios que aparentan ser más cariñosos y felices que los Underwood.

Quién lo diría pero el incidente con Petrov, donde Claire Underwood se puso en contra de su marido ante todo el mundo, ha servido para fortalecer una relación que estaba bastante tirante entre ellos, hasta el punto de que todavía no habían compartido el lecho presidencial desde que fueron nombrados Señor Presidente y Primera Dama.

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Pero por supuesto, el modo en que Claire y Francis demuestran su amor es uno un tanto curioso y que cuesta descubrir, pero donde ante todo existe un profundo y sincero respeto entre ellos.

Reconozco que me hubiera gustado que la tirantez entre ellos hubiera durado un poco más que este único capítulo, pues ver a los Underwood tirándose dardos envenenados delante de su equipo es de lo más entretenido. Aunque en el fondo tiene sentido que hayan conseguido solucionar sus diferencias. Si no jamás habrían llegado hasta la Casa Blanca, pues está claro que el suyo es un trabajo de equipo donde los dos se entienden a la perfección, con lo que no tendría ningún sentido que estuvieran en pie de guerra como dos chiquillos durante más tiempo.

Por ello me quedo con ese momento en el que Francis Underwood visita el monumento dedicado a Roosvelt y en un momento dado, a solas, contempla el monumento que también se erigió a la Primera Dama, Eleanor Roosvelt, como primera delegada de EE.UU en las Naciones Unidas.

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Y es asombroso cómo, pese a ser el mismo hombre que gobierna a sus hombres como un tirano y que ya ha matado en varias ocasiones, es capaz de mostrar en ese momento tal desolación al pensar que su mujer, con todo lo que ha hecho por él, puede acabar tan sola y olvidada como lo estuvo Eleanor con respecto a su marido y presidente.

Todos estos sentimientos se completan con una emotiva metáfora a través de los monjes budistas creando el tapiz de arena solo para ser borrado, así como las escenas intercaladas de ellos recitando sus votos de renovación del matrimonio. Todo ello deja claro que lo importante no es el resultado final sino el proceso que se lleva a cabo para conseguirlo.

Los Underwood salen con fuerzas renovadas de su pequeño bache en el camino. La cuestión es ¿será suficiente para hacer frente a los nuevos obstáculos que surjan ante ellos?

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Barbara Cruz

Periodista y escritora a tiempo completo. En los ratos libres veo de todo y leo cualquier cosa que caiga en mis manos. Nunca se sabe cuál será mi nueva obsesión.

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