House of Cards 3×01

House of Cards 3x01

House of Cards 3x01

Series: House of Cards

4 Stars

Summary

Francis Underwood ya es presidente de los EEUU pero su popularidad está por los suelos. Su siguiente objetivo es recuperar la confianza del pueblo, sin importar a qué precio ni a quién deje en el camino.

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Cuando comenzó House Of Cards, hace ya dos años, sorprendió que Kevin Spacey fuera el protagonista de una serie de Netflix donde hacía algo tan poco común como mirar a la cámara para contar qué es lo que pensaba, y encima siendo unos pensamientos nada “políticamente correctos”, menos aún viniendo de todo un Congresista de Washington. Ya han pasado dos años desde aquel primer capítulo y, 27 después, las sorpresas no dejan de caer cual cartas en un castillo de naipes.

En la primera temporada de House of Cards pudimos ver cómo el Congresista Francis Underwood, acompañado de su inseparable esposa Claire, hacía lo imposible para vengarse de los que le apartaron del poder, escalando poco a poco hasta convertirse en el mismísimo Vicepresidente.

En la segunda temporada se confirmó que el ansia de poder de Underwood no iba a parar cuando estaba tan cerca de la cúspide. Así fue como, con una astucia y bastante inocencia por parte del presidente de Estados Unidos, consiguió que el mismísimo Presidente dimitiera y le nombrara su sucesor, incluso dándole las gracias por ello.

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Ahora con la esperadísima tercera temporada de House of Cards, la pregunta que se está haciendo el espectador es evidente: ¿Y ahora qué? Porque ya no hay nadie por encima del Presidente y actualmente Underwood es el hombre más poderoso del mundo libre. ¿Qué es lo que tendrá en mente entonce el nuevo presidente de los Estados Unidos? Porque está claro que Underwood siempre tiene algo en mente.

Y vaya si lo tiene. Salvo que las cosas van a ser un poco diferentes con respecto a lo que habíamos podido ver hasta ahora en la serie. Y eso es precisamente lo mejor de todo, pues da una nueva perspectiva a House of Cards sin abandonar los elementos que tanto gustan de ella: la brutalidad de los actos de todos sus personajes sin importar las consecuencias con tal de cumplir el objetivo deseado, creando toda una red de mentiras donde el aliado de hoy es el enemigo a batir mañana.

De entrada los escenarios cambian y ya no vemos la residencia de los Underwood. O sí que la vemos, salvo que ahora esa residencia es la Casa Blanca. Eso sí, acostumbrarse a su nueva residencia no parece que les haya a resultado muy problemático, aunque otra cosa es plantearse cómo va a ser su futuro a partir de ahora.

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Porque hasta ahora Francis Underwood estaba acostumbrado a mover los hilos entre las sombras, consiguiendo que sus superiores fueran los que acabaran pagando los platos rotos, incluido el mismísimo prescíndete. Pero ahora que ÉL es el presidente, ¿cómo hacerlo sin que se note que está haciendo su voluntad sin importarle el resto de ciudadanos, los mismos para los que en teoría trabaja?

Eso, queridos seguidores de la serie, es precisamente lo que aparece como novedad en esta tercera temporada de House of Cards, y lo que a mi modo de ver confirma que estamos ante unos excelentes guionistas que, lejos de limitarse a hacer lo mismo que han hecho hasta ahora, pensando que si ha funcionado bien lo mejor es no abandonar la gallina de los huevos de oro, proponen nuevos retos que exigen nuevas maneras de solucionarlo.

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Pero como el matrimonio Underwood no es de esos de andarse con chiquitas, la nueva manera de afrontar los retos, incluso ahora que son la cabeza visible del gobierno, no va a seguir precisamente el camino de la discreción. Antes bien, sabiendo que ellos son los que tienen la última palabra, no van a tolerar que nadie les tosa con lo que veremos momentos memorables de un presidente de los Estados Unidos que más parece un dictador y al que no le va a importar deponer a sus asesores de manera discreta y humillante a la vez… Solo alguien como Francis Underwood es capaz de hacer algo así, y encima ganándose el aplauso del espectador.

Llegado a este punto uno podría pensar que entonces la travesía de los Underwood por la Casa Blanca va a ser un dulce camino de rosas. Nada más lejos de la verdad. Si algo bueno tiene Washington es que hay gente ambiciosa de poder en cada esquina y callejón, con lo que enseguida aparecerán pequeños baches en ese camino.

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Baches que en la mayoría de los casos provienen de su círculo más cercano y que no deja de ser lógico. Si el propio Francis no toleró que le apartaran cuando su partido llegó al poder, ¿por qué van a tener que hacerlo ahora sus ayudantes? Eso sí, en alguno de estos casos la nueva situación de los colaboradores de Underwood es tan deprimente, como es el caso de Doug Stamper y en el que se centra la mayor parte de este primer capítulo, que resulta difícil aceptar lo bajo que puede llegar a caer el ser humano con tal de recuperar esa situación de poder que habían alcanzado en el pasado.

Y como colofón final tenemos a la Señora Underwood. Un personaje que hasta ahora había dado claras muestras de no ser lo inocente y discreta que pretendía hacer crear, pero que en esta ocasión va a ir a por todas. Porque puede que su marido sea el hombre más poderoso del mundo pero ella no piensa convertirse en una Primera Dama al uso cuya única misión consista en estar perfecta para la foto. Ella no es de esas…

Todo indica que se avecinan tiempos revueltos en el apacible matrimonio Underwood… Que tiemble la Casa Blanca.

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Barbara Cruz

Periodista y escritora a tiempo completo. En los ratos libres veo de todo y leo cualquier cosa que caiga en mis manos. Nunca se sabe cuál será mi nueva obsesión.

About Barbara Cruz

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